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por Juan Manuel de Prada
23 Agosto 2026
Este sintagma que se ha convertido en una suerte de placebo inane que, sin embargo, se sigue presentando como una suerte de panacea universal.
Pero lo cierto es que,
Frente a los eventuales y voltarios 'valores' se alzan las inmutables virtudes, que los antiguos invocaban en circunstancias similares a las que nosotros ahora sufrimos.
Pero para que tales virtudes puedan ser
invocadas, hace falta reconocer una ley moral de la que tales
virtudes emanen, cosa a la que nuestra época no parece dispuesta.
...etcétera, pero hablar de 'valores' es como hacer un brindis al sol...
Pues lo cierto es que,
Referirse en una sociedad 'plural' a los valores es como referirse a los gustos personales:
En nuestras sociedades, más que una 'crisis de
valores', hallamos una 'plétora de valores', un 'supermercado
de valores' - a veces conformados por las ideologías en liza, a
veces por la pura conveniencia personal - que las incapacita para
los esfuerzos colectivos.
La ley moral ya no obliga a la voluntad de la
persona - como pretendía el iluso de Kant - sino que la
voluntad de la persona establece a su capricho la ley moral, que ya
no es ley ni moral, sino repertorio de valores ad hoc.
Pero esa 'disciplina ética' acaba relajándose tarde o temprano, pues se limita a enjuiciar las acciones por sus consecuencias - criterio de pragmatismo - sin atreverse a reconocer una norma suprema que enjuicie la naturaleza de las acciones en sí.
Así, por ejemplo, la 'disciplina ética' vigente en nuestra época postula que,
Pero no se acepta la calificación de la naturaleza de nuestras acciones, independientemente de las consecuencias que acarreen, pues para ello tendríamos que restringir nuestra libertad, tendríamos que someterla a un freno moral previo.
Y esto exigiría reconocer una ley moral universal que no puede ser modificada en atención a nuestras preferencias e intereses, y cuyo castigo no dependa - o sólo dependa a la hora de establecer su graduación - de las consecuencias dañinas que pueda acarrear a terceros.
Mientras esa ley suprema no sea restablecida, todo intento de regeneración social será baldío; pues las 'disciplinas éticas' acaban relajándose, adaptándose a las circunstancias, para poder seguir satisfaciendo preferencias e intereses personales, hasta finalmente pudrirse.
A esto lo solemos llamar 'crisis de valores',
pero es la desembocadura natural de la 'plétora de valores'...
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