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podría
llevarnos a otros planetas...
que la experiencia consciente no tiene por qué quedar encerrada en la biología terrestre, aunque no afirman que las máquinas disponibles sientan...
Dos filósofos sostienen que una mente puede
surgir en materiales muy distintos, una posibilidad que extiende la
pregunta desde la vida extraterrestre hasta las máquinas del futuro.
El salto más inquietante está en la posibilidad:
confundir conciencia con biología terrestre,
podría ser un prejuicio cósmico.
Nuestra anatomía sería un caso, no la regla que debe obedecer toda mente posible.
Su manuscrito, fechado el 26 de mayo de 2026, defiende la "flexibilidad del sustrato":
Los autores parten de una estimación prudente de al menos "mil" civilizaciones con conductas complejas a lo largo de la historia cósmica...
Si sus cuerpos se apoyan en químicas diferentes y algunas son conscientes, entonces la experiencia no pertenece a un único soporte.
El dilema también aparece en una sociedad simulada:
Schwitzgebel y Pober llaman "terracentrismo" a la suposición de que solo una arquitectura semejante a la de la Tierra puede sentir.
Su argumento no identifica qué estructuras bastan para despertar una mente, pero obliga a separar conducta y experiencia.
Un cerebro puede procesar lenguaje incluso bajo anestesia, sin que ese procesamiento resuelva por sí solo dónde empieza la conciencia.
No existe una prueba aceptada para detectar experiencia subjetiva en una IA.
Los modelos pueden describir miedo o alegría, y algunos análisis de Anthropic encuentran estructuras que recuerdan a procesos humanos, pero una semejanza funcional no demuestra sensaciones.
Tampoco el rendimiento creciente hacia
una posible singularidad responde
si hay alguien experimentando detrás de las palabras.
Comportarse como una sociedad no basta para
probar una vida interior, del mismo modo que una respuesta
convincente no revela por sí sola dolor, deseo o memoria vivida.
La pregunta deja de ser quién se parece a
nosotros y pasa a ser qué clase de sistema puede despertar...
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