por Christian Cirilli

23 Mayo 2026
del Sitio Web
ChCirilli

 

 

Christian Cirilli

es un analista político argentino, nacido el 20 de junio de 1972 en Buenos Aires. Licenciado en Administración (UBA), manifestó su interés en asuntos internacionales, economía, geopolítica y globalización, expresando sus opiniones en su "bitácora" personal:

LA VISIÓN.
Colabora con medios como KontraInfo y ha participado en programas de radio como Otras Voces (FM Crisol) y Radio Gráfica, además de numerosos canales de YouTube.

Sus artículos son replicados por muchos portales y periódicos del mundo, y suelen ser utilizados en la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN).

 

 

 

 

 

 


El 30 de noviembre de 2025 publiqué un artículo de lectura ineludible, titulado "La nueva arquitectura global y sus detractores", cuyo revisionado estimo particularmente oportuno en el presente contexto.

 

En aquel texto abordaba, con especial énfasis, las tensiones subyacentes al proceso de reconfiguración del orden internacional, señalando las resistencias - cada vez más explícitas y a menudo desesperadas - de los actores hegemónicos occidentales frente al emergente "Nuevo Orden Mundial" de matriz sino-rusa, el cual avanza de manera progresiva en su consolidación.

En dicha reflexión, procuraba delinear no solo la dinámica de disputa entre centros de poder, sino también las narrativas en conflicto que acompañan este tránsito histórico, donde la transformación del equilibrio global se expresa tanto en el plano material como en el simbólico.
 

 

El 4 de febrero de 2022,

Vladimir Putin y Xi Jinping

sellaron una "amistad sin límites",

una alianza que funciona tanto de

escudo defensivo ante amenazas como de

motor impulsor de sus capacidades.

 


El hito fundacional de dicha arquitectura tuvo lugar el 4 de febrero de 2022, fecha que se inscribe como un punto de inflexión paradigmático en la configuración del orden internacional contemporáneo.

 

En ese momento se hizo visible la convergencia estratégica entre la Federación Rusa y la República Popular China, cristalizada en la "Declaración Conjunta sobre la Nueva Era y el Desarrollo Sustentable Global", suscripta por los presidentes Vladimir Putin y Xi Jinping.

Más que un simple documento diplomático, aquel texto emergió como una formulación programática de alcance global, donde se entrelazan visiones de poder, gobernanza y futuro, delineando una arquitectura de cooperación que aspira a redefinir los equilibrios del siglo XXI.

En dicha Declaración, ambas potencias - de raigambre predominantemente asiática y ya inmersas desde al menos 2013 1 en un proceso sostenido de acercamiento, distensión y progresiva comprensión mutua - consolidaban de manera decisiva una serie de posiciones comunes en torno a un amplio espectro de cuestiones geoestratégicas de alcance global.

Sin configurarse como una alianza formal en los términos clásicos del mundo occidental, aquel entendimiento cristalizaba en la formulación de una "amistad sin límites", sustentada en convergencias de intereses, afinidades estratégicas y un esquema de respaldo recíproco que, lejos de ser circunstancial, se proyectaba como un eje estructurante de su interacción.

El texto en sí adquirió una relevancia singular en tanto plasmó, de manera explícita, aquellas voluntades políticas levantadas frente al orden internacional hegemonista occidental, con énfasis en el liderazgo de los Estados Unidos.

En ese sentido, la Declaración no solo operó como un enunciado, sino como un verdadero órdago que dejó entrever las afinidades orientadas a reequilibrar las dinámicas del sistema internacional vigente.

Entre sus principales ejes se destacaban:

  • La defensa de un orden mundial "multipolar", concebido como contrapeso a las estructuras de concentración hegemónica
     

  • El cuestionamiento a la expansión de la OTAN
     

  • La reivindicación del principio de soberanía estatal y de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados
     

  • El apoyo al libre comercio y el repudio a las sanciones y restricciones unilaterales
     

  • La cooperación económica, tecnológica y energética
     

  • El impulso a nuevas estructuras de gobernanza global alternativas a las dominadas por Occidente
     

  • La afirmación de que la amistad entre ambos Estados no tendría espacios ocultos sino una diáfana transparencia

Muchos analistas, entre los que humildemente me encuentro, consideran esta declaración como el punto de inflexión que formalizó una sintonía estratégica sino-rusa de largo alcance.

 

Que haya sucedido apenas 20 días antes del inicio de la Operación Militar-Especial rusa en Ucrania, desatada el 24 de febrero de 2022, nos sugiere que Beijing estaba al tanto de lo que vendría y (de alguna manera) apoyaba tácitamente la decisión.
 

 

Momentos iniciáticos de la guerra, en 2022, cuando los tanques T-72 rusos avanzaban alineadamente en formaciones cerradas y sin ninguna protección anti-drones. Nótese las insignias "Z" pintadas artesanalmente en blanco. Esta era la respuesta final de Moscú a la avanzada constante de Occidente contra sus fronteras y el espacio ex soviético.


 

Desde entonces, este documento suele ser interpretado como un texto fundacional, susceptible de estudio, que es coincidente y simultáneo con el "despertar" de Rusia, su contención al avance atlantista y su renovado giro euro-asianista, así como con el lanzamiento global de China hacia un proceso de reconfiguración económico-financiera - un verdadero reset sistémico - crecientemente articulado bajo su influencia.

 

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, en Beijing, en conversaciones con el secretario general del Partido Comunista y presidente de China, Xi Jinping, el 4 de febrero de 2022.

De allí surgió la famosa "Declaración".

 


Sin embargo, la "Declaración", llena de principios, no es una mera manifestación de deseos:

existe allí una naturaleza dinámica, una permanente construcción, sujeta a reajustes constantes y a un proceso de consolidación gradual.

En este sentido, su verdadera densidad no reside únicamente en su formulación inaugural, sino en la capacidad efectiva de sostenerse, adaptarse y reafirmarse frente a las tensiones propias del sistema.

Es por ello que las cumbres entre los primeros mandatarios adquieren una significación adicional y particularmente decisiva, en tanto se erigen como instancias privilegiadas de verificación, ajuste y reafirmación de los lineamientos estratégicos previamente enunciados.

 

En estos encuentros de alto nivel no solo se ratifican compromisos, sino que también se reinterpreta su alcance a la luz de las coyunturas cambiantes, permitiendo calibrar la continuidad del entendimiento político y la coherencia del rumbo trazado en el plano declarativo.

Contando esta última cumbre, ya fueron siete las ocasiones en que Xi Jinping y Vladimir Putin reforzaron el rumbo de su alianza, impulsados por varios motivos de peso que explican la frecuencia de esos encuentros, entre ellos,

  • la guerra en Ucrania

  • los negocios energéticos

  • los corredores comerciales

  • la influencia compartida en Asia Central

  • la competencia estratégica con Occidente colectivo

  • la consolidación de espacios multilaterales como BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái

  • la coordinación política en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el G20

A ello se suma un objetivo no menor:

proyectar una imagen de estabilidad y asociación duradera, evitando cualquier deriva hacia la desconfianza y limando con rapidez las diferencias que puedan surgir entre ambas potencias.

Todo empezó, en realidad, el 10 de marzo de 2023, el Congreso Nacional del Pueblo ratificó al presidente Xi Jinping para un tercer mandato presidencial con posibilidad de reelección indefinida.

 

Esto fue posible porque en 2018, en base a una reforma impulsada por el mismísimo Xi, China eliminó de su Constitución el límite de dos mandatos presidenciales.

 

Desde entonces, el cargo presidencial ya no tiene un límite formal de reelecciones y habilita a Xi a permanecer indefinidamente en el poder en tanto y en cuanto conserve el apoyo del Partido Comunista y de las instituciones estatales.

 

El presidente chino Xi Jinping presta juramento después de ser elegido por unanimidad como presidente durante una sesión del Congreso Nacional del Pueblo de China en el Gran Salón del Pueblo en Beijing, el viernes 10 de marzo de 2023. El líder chino Xi Jinping recibió un tercer mandato presidencial de cinco años, colocándolo en camino a permanecer en el poder de por vida.

 


Además de presidente, Xi mantiene las posiciones más importantes del sistema político chino:

  • presidente de la Comisión Militar Central

     

  • secretario general del Partido Comunista de China

Con ese colosal triunfo político sobre sus espaldas - que no solo lo fortalecía como conductor de la nación más pujante del planeta, sino que además lo liberaba de toda restricción legal para permanecer en el poder,

Xi Jinping visitó apenas diez días después, entre el 20 y el 22 de marzo, a su aliado Vladimir Putin en el Kremlin de Moscú, en un contexto en el que la guerra en Ucrania atravesaba una etapa especialmente delicada para Rusia pues, tras la retirada de varias posiciones durante la contraofensiva ucraniana de septiembre de 2022, ya se especulaba a viva voz una gran ofensiva ucraniana respaldada por la OTAN para el verano boreal de 2023 que liquidase la aventura rusa.

Aunque inconfesable, la llegada de Xi fue como una especie de bálsamo para el Kremlin.

 

El presidente chino Xi Jinping brinda con su homólogo ruso Vladimir Putin el 22 de marzo de 2023, durante su primer encuentro posterior a la Declaración Conjunta del 4 de febrero de 2022. Para Putin, el respaldo de Xi resultaba esencial: Rusia venía de sufrir reveses en la guerra de Ucrania, había debido recurrir a una movilización parcial de reservistas y comenzaba a asumir que el conflicto se transformaría en una prolongada guerra de desgaste. En ese contexto, Moscú necesitaba más que nunca del apoyo tecnológico, comercial y financiero de Beijing para los años por venir.

 


La reunión terminó con varias conclusiones importantes:

  1. Profundización de la alianza, donde ambos líderes firmaron una declaración conjunta para fortalecer su "asociación estratégica integral".
     

  2. Mensaje común contra Occidente y la OTAN, con críticas hacia el "unilateralismo" de Estados Unidos y las expansiones atlantistas, como así también, a la influencia occidental en Asia-Pacífico. También rechazaron las sanciones unilaterales impuestas fuera del marco de la ONU.
     

  3. Apoyo político de China a Rusia, pero sin alianza militar formal. Xi evitó respaldar explícitamente la invasión rusa de Ucrania, pero dio legitimidad diplomática a Putin al visitarlo en plena guerra.
     

  4. Acuerdos económicos y energéticos orientados a ampliar el comercio bilateral y fortalecer la cooperación en energía, logística, agricultura, tecnología digital y cadenas de suministro. Para Rusia, estos acuerdos eran especialmente vitales, ya que necesitaba reemplazar los mercados europeos por el mercado chino tras el deterioro de sus vínculos económicos con Occidente.

Al despedirse, y frente a las cámaras, Xi tranquilizó a Putin diciéndole:

"Ahora mismo están ocurriendo cambios como no vimos en 100 años, y nosotros los estamos impulsando juntos… Cuídate, querido amigo."

Sucedió una segunda reunión, esta vez en Beijing, los días 17 y 18 de octubre de 2023, en el marco del Tercer Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional.

 

Fue especialmente significativa porque constituyó uno de los primeros viajes internacionales de Putin después de que la Corte Penal Internacional (CPI) emitiera una orden de arresto en su contra en marzo de ese año.

 

Sin embargo, Putin llegaba a Beijing en una posición considerablemente más cómoda:

para entonces, la insurrección de PMC Wagner había sido sofocada y la gran "contraofensiva de verano" ucraniana ya evidenciaba resultados muy por debajo de las expectativas occidentales.

Las líneas defensivas rusas - diseñadas en gran medida por el general Serguéi Surovikin - habían resistido con eficacia, frustrando los avances ucranianos y representando un duro revés estratégico para la OTAN.

Dado que el encuentro tenía un perfil predominantemente económico más que político, el conflicto en Ucrania fue deliberadamente relegado a un segundo plano.

Para Rusia, resultaba fundamental asegurar el compromiso chino para sostener sus ingresos energéticos, garantizar el acceso a componentes tecnológicos y mantener canales financieros alternativos frente a las sanciones occidentales.

 

Para China, por su parte, la relación le permitía acceder a recursos energéticos rusos a precios preferenciales y, al mismo tiempo - aunque sin admitirlo públicamente - beneficiarse del desgaste estratégico que implicaba para Estados Unidos su involucramiento prolongado en la guerra entre Rusia y Ucrania.

Considérese, asimismo, que acababa de estallar un grave conflicto en Medio Oriente.

 

El ataque de Hamás del 7 de octubre ya anticipaba una respuesta masiva de Israel, no solo sobre Gaza, sino también contra el conjunto del denominado Frente de la Resistencia alineado con Irán.

 

Para entonces, además, ya se especulaba con una posible escalada contra el país persa, recientemente incorporado a la OCS y a los BRICS. El eje Moscú-Beijing-Teherán ya se perfilaba como el núcleo duro de una gobernanza telurocrática asiática.

Un tercer encuentro tuvo lugar los días 16 y 17 de mayo de 2024, nuevamente con Putin como visitante en Beijing.

 

El motivo formal era la conmemoración del 75º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países tras la fundación de la República Popular China.

 

Sin embargo, el acontecimiento adquiriría una relevancia simbólica mayor, ya que se trataba del primer viaje al exterior de Putin después de su reelección presidencial del 18 de marzo y de la asunción de su quinto mandato el 7 de mayo.

A Putin comenzaban a complicársele varios frentes.

  • El 22 de marzo, el atentado contra el Ayuntamiento de Crocus - perpetrado por yihadistas tayikos contratados por el SBU ucraniano - sacudió a Rusia

     

  • Al mismo tiempo, Victoria Nuland auguraba "agradables sorpresas en el campo de batalla", anticipando un cambio de estrategia: del combate frontal hacia una fase de carácter insurgente

     

  • Paralelamente, Europa empezaba a delinear una "Coalición de los Dispuestos" orientada a una implicación más directa en la guerra contra Moscú, una posibilidad que hoy vuelve a cobrar enorme fuerza

Esta visita tuvo especial relevancia:

podríamos decir que aquí realmente se construyó una Entente...

No se trata de una alianza militar formal al estilo clásico, pero tampoco se descarta por completo el apoyo mutuo.

 

Tomó forma de "ambigüedad estratégica", de manera tal que pueden hacer frente conjuntamente a una amenaza común, preservando al mismo tiempo la autonomía de acción independiente.

 

El gran articulador de esta ambigüedad fue, y sigue siendo, Corea del Norte.

No resulta casual que, poco después de este encuentro, a comienzos de junio, Putin realizara una visita oficial a Pyongyang, donde sí terminó sellando una alianza militar en toda regla.

 

A mi juicio, aquella articulación evidenciaba una clara triangulación orientada a encubrir el respaldo técnico chino al esfuerzo de guerra ruso.

Como dato de color, en esa reunión Putin fue invitado a tomar el té con Xi en los míticos aposentos de Zhongnanhai.

 

Destaco este hecho porque algunos analistas declararon recientemente que el presidente estadounidense Donald Trump tuvo un trato preferencial por haber visitado ese "lugar exclusivo" este 15 de mayo.

Putin estuvo allí el 17 de mayo de 2024, dos años antes...

 


El presidente ruso Vladimir Putin, taza en mano,

conversa con su par chino Xi Jinping,

en los jardines de Zhongnanhai,

el 17 de mayo de 2024.
 


 

 

De manera absolutamente inusual, el líder chino despidió a su homólogo ruso con un afectuoso abrazo. Putin en principio pareció confundido por ese inhabitual gesto de confraternidad, pero luego lo aceptó y devolvió las palmadas, sin poder evitar nuevamente ingresar en la formalidad y darle por ultima vez la mano.

 


El cuarto encuentro se desarrolló en Kazán,

 

Rusia, entre los días 22 y 24 de octubre de 2024, durante la XVI Cumbre de los BRICS, quizá la asamblea de los BRICS más importante hasta el momento, dado que allí se incorporaron por primera vez los nuevos miembros plenos y se creó la categoría de países asociados.

 

Asimismo, por primera vez se delinearon las bases para una mayor autonomía financiera mediante el uso de monedas nacionales y el desarrollo de mecanismos alternativos al sistema SWIFT; ¡incluso se esbozó la posibilidad de una futura moneda BRICS...!
 

 

Aunque los BRICS sostienen discursivamente los principios de multipolaridad y horizontalidad entre sus miembros, durante la cumbre resultó evidente el liderazgo ejercido por Vladimir Putin y Xi Jinping en la conducción de las deliberaciones y en la orientación general del encuentro.



La quinta vez que se vieron la caras fue entre los días 7 a 10 de mayo de 2025, cuando Xi Jinping visitó Moscú para asistir al gran desfile conmemorativo del 80ª Aniversario del Día de la Victoria.

Allí, como una imagen que vale más que cien palabras, Xi Jinping y Vladimir Putin se mostraron lado a lado, reafirmando la asociación estratégica entre ambos países y el respaldo político de China a Rusia, no solo mediante su presencia, sino también a través de la legitimación de la narrativa histórica rusa vinculada a la lucha contra los fascismos y los supremacismos del siglo XX.

Para Rusia, la "Gran Guerra Patria" no constituye simplemente un acontecimiento del pasado, sino uno de los pilares fundamentales de su identidad nacional y de su narrativa histórica contemporánea.

 

En ese marco, la participación de Xi Jinping - incluida la presencia de tropas chinas en el desfile conmemorativo - implica no solo el reconocimiento de una memoria histórica compartida en torno a la derrota del fascismo y el imperialismo (nipón), sino también la emisión de un claro mensaje geopolítico:

Rusia conserva aliados de considerable peso internacional, no se encuentra aislada y dispone de una significativa retaguardia estratégica.

 


Vladimir Putin y Xi Jinping,

juntos, codo a codo,

en las gradas de la Plaza Roja.
 

 


Impecables tropas chinas

de las tres ramas de las fuerzas armadas

desfilan por el centro de Moscú.



Finalmente, y previo a este trascendental encuentro del que hablaré a continuación, Putin volvió a reunirse con Xi entre el 31 de agosto y el 3 de septiembre de 2025, en una visita oficial a China para participar en la 25ª Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) de Tianjin, y asistir, asimismo, al desfile militar conmemorativo del triunfo sobre el imperialismo japonés en la Segunda Guerra Mundial, devolviendo gentilezas.

En esa oportunidad, Putin estuvo también pegadito al líder chino, pero con el agregado, a la par, del gran triangulador de la relación, el líder supremo de la República Democrática de Corea, Kim Jong-un.

Como he aventurado en el artículo "Los Ecos de Barbarroja resuenan en Bruselas", la consolidación de esta tríada convenció a Trump de que los esfuerzos por aproximarse a Putin - en el marco de lo que comenzó a denominarse el "espíritu de Anchorage", surgido tras el encuentro del 15 de agosto en Alaska - con el propósito de procurar distanciar a Moscú de su entendimiento estratégico con China y Corea del Norte, eran vanos.

En este sentido, no resulta casual que la ambigüedad inicialmente desplegada por Trump respecto del apoyo estadounidense a Ucrania haya sido posteriormente abandonada, al tiempo que las promesas de cooperación con Moscú quedaron rápidamente sepultadas.
 

 

Durante el desfile militar chino del 3 de septiembre de 2025 que celebraba el 80ª Aniversario de la derrota japonesa, estuvieron presentes, en pie de igualdad, el presidente ruso Vladimir Putin y el líder norcoreano Kim Jong-un. Nótese a Xi Jinping vestido "a lo Mao".



Este 19 y 20 de mayo de 2026, en Beijing, tuvo lugar el séptimo encuentro personal entre Xi y Putin (la vigésima quinta visita de Putin a China), en ocasión del 25º aniversario del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa firmado entre ambos países en 2001, considerado uno de los pilares institucionales de la relación sino-rusa contemporánea.

Como suele ocurrir en este tipo de encuentros, toda instancia resulta propicia para ajustar posiciones, fortalecer vínculos políticos, limar diferencias e intercambiar perspectivas.

 

El objetivo central continúa siendo la reafirmación y profundización de la asociación estratégica bilateral, aunque en esta ocasión el encuentro adquirió una relevancia particular al celebrarse apenas días después de la visita de Donald Trump a la capital china.
 

 

El presidente ruso Vladimir Putin desciende del Ilyushin Il-96-300PU en la noche de Beijing, el 19 de mayo de 2026. Fue recibido por Wang Yi, Director de la Oficina de la Comisión Central de Asuntos Exteriores del Comité Central del Partido Comunista de China y Ministro de Relaciones Exteriores. De manera diferencial, Trump fue recibido por Han Zheng, vicepresidente de la República Popular, en términos diplomáticos, una figura más "ceremonial".



Las expectativas del presidente ruso para esta reunión eran elevadas, tal como lo anticipó en un mensaje previo a emprender el viaje.

 

A diferencia de Trump, cuya visita apuntaba a concretar "negocios" y reducir el déficit, Putin llegó con el objetivo de reafirmar, consolidar e intensificar "asociaciones estratégicas".

 

La diferencia entre conceptos es abismal...

 

 

El mensaje del presidente Putin no tiene en absoluto un tinte empresarial, sino más bien, de sinergia y simbiosis entre las dos naciones. La eliminación de visados es un hecho fundamental para la interrelación cultural entre las ciudadanías.

 

 

El mayor resultado de la cumbre es, una vez más, un documento conjunto, denominado esta vez como "Declaración Conjunta sobre el Fortalecimiento de la Asociación Integral y Cooperación Estratégica y Profundización de Relaciones de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación", que implica básicamente que Rusia y China:

➡ Se oponen al hegemonismo y al unilateralismo, y rechazan cualquier retorno a un orden en el que rija "la ley del más fuerte", rescatando la autoridad de la ONU y la Carta Fundacional de la misma. Asimismo, condenan las sanciones unilaterales y secundarias, los aranceles aduaneros discriminatorios y otras restricciones comerciales.

➡ Condenan el bloqueo, la detención o la incautación de bienes y propiedades de Estados extranjeros.

➡ Condenan el lanzamiento de ataques militares "a traición" contra otros países, el uso hipócrita de las negociaciones como pretexto para preparar dichos ataques y el asesinato de líderes de Estados soberanos, así como el secuestro descarado de líderes nacionales para un juicio-farsa.

➡ China valora la iniciativa de Rusia de crear una arquitectura de seguridad euroasiática equitativa e indivisible. Rusia, por su parte, concede gran importancia a la Iniciativa de Civilización Global 2 de China.

➡ Rusia reafirma su compromiso con el principio de "Una sola China", mientras que China apoya los esfuerzos de Moscú para garantizar la seguridad y la estabilidad, la soberanía y la integridad territorial, y se opone a la injerencia externa en los asuntos internos de Rusia.

➡ Lamentan que la postura irresponsable de Estados Unidos haya impedido la preservación del tratado New START. China celebra el cumplimiento por parte de Rusia de los límites cuantitativos centrales del New START.

➡ Condenan cualquier provocación y acción hostil de Estados nucleares.

➡ Se opondrán conjuntamente al despliegue avanzado por parte de "ciertos Estados nucleares y sus aliados" de misiles terrestres de alcance intermedio y corto.

➡ Consideran que el proyecto estadounidense "Cúpula Dorada" representa una clara amenaza para la estabilidad estratégica.

➡ Solicitan el inicio inmediato de negociaciones para elaborar un tratado sobre la prevención del emplazamiento de armas en el espacio ultraterrestre, basado en el borrador ruso-chino.

➡ Están seriamente preocupadas por la política nuclear de Japón y las declaraciones de países de la UE que se declaran "formalmente no nucleares" a favor de la creación de armas nucleares.

➡ Están preocupados por las amenazas a la seguridad global de la información e intercambiarán experiencias en materia de regulación legislativa de Internet.

➡ Seguirán resistiendo los intentos de distorsionar la historia de la Segunda Guerra Mundial.

 

 

 

El presidente chino hizo un compendio donde sintetizó las pretensiones hegemonistas de ayer y hoy, y cómo Rusia y China se opondrán conjuntamente a todo tipo de pensamiento hegemónico

 

 

En materia de defensa - un terreno que hasta ahora ambas potencias evitaban siquiera mencionar explícitamente - el documento señala que continuarán,

"perfeccionando los mecanismos de cooperación, ampliando la práctica de ejercicios conjuntos y las patrullas aéreas y marítimas, reforzando la coordinación y la interacción en formatos bilaterales y multilaterales, respondiendo conjuntamente a diversos retos y amenazas, así como manteniendo la seguridad y la estabilidad a nivel mundial y regional".

También aparece un cambio no menor:

China habló por primera vez de "la necesidad de eliminar por completo las causas fundamentales de la crisis ucraniana", lo que la acerca enormemente a la concepción rusa del conflicto, vale decir, que fue la expansión de la OTAN ignorando compromisos y demandas rusas, más el golpe de Estado ilegal de Kiev y la construcción de un gobierno banderista rusofóbico, lo que quebró el principio de seguridad indivisible y llevó a la guerra.

Un extracto importante del documento dice:

La mayoría de los Estados, teniendo en cuenta la experiencia histórica adquirida, ha tomado plena conciencia del advenimiento de una nueva era y de la necesidad de seguir el camino de la formación de una comunidad internacional más cohesionada, así como del respeto mutuo de los intereses fundamentales, la igualdad, la justicia y la cooperación en beneficio mutuo, sin dividir el mundo en regiones y bloques enfrentados.

En esencia, el nuevo documento es una potenciación de aquel suscripto el 4 de febrero de 2022.

 

En cada ocasión que chinos y rusos confluyen, dan un paso paulatino hacia una mayor integración y creación de confianza. La consciencia sobre los desafíos del futuro, y las amenazas del presente inmediato, es plena.

 

Los pasos para llevar esa cosmovisión a una realidad efectiva, son programáticos.

Desde hace años, Moscú y Beijing se han alineado en torno al concepto de multipolaridad como axioma fundamental del orden global.

 

Esto, por supuesto, se contrapone a la búsqueda hegemónica de Occidente, en particular, de Estados Unidos y su afán de "liderazgo" unipolar coercitivo.
 

 


Los primeros mandatarios en el acto de clausura,

cuando presentaron la declaración final

y los acuerdos bilaterales en diversos rubros.



Ambos tienen claro que la forma de dominar de Estados Unidos es mediante alianzas militares ofensivas, sanciones - donde la preeminencia del dólar ocupa un lugar fundamental - y el dominio del sistema financiero global.

 

Premian y castigan de acuerdo a su propio reconocimiento como primus inter pares.

Es por ello que el eje sino-ruso busca sinergias, no solamente para evitar relaciones de sometimiento o genuflexión, sino también para construir un "mundo mejor", libre de injerencias y respetuoso de las peculiaridades nacionales.

 

Plataformas como BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái son, en efecto, alternativas a las instituciones lideradas por Occidente.

En términos más llanos,

ambos países ya fijaron los parámetros básicos de acuerdo sobre el super-gasoducto Power of Siberia 2, lo que significa, en la práctica, el trazado final, los recursos y cronogramas de construcción.

Recuérdese que en la Cumbre OCS 2025 de Tianjin se firmó, con Mongolia, el memorando para la construcción de los gasoductos Power of Siberia 2 y Unión-Oriente, que suministrarán unos 50.000 millones de metros cúbicos anuales de gas natural ruso al gigante asiático. [Véase "Una "Nueva Era""]
 

 


El gasoducto Power of Siberia 2

que va desde la península Yamal en el Ártico ruso

hacia la opulenta ciudad de Shanghái.



Este fue uno de los más importantes acuerdos comerciales, de los cuarenta suscriptos en el marco de la visita.

 

Pero también hubo contratos sobre agricultura y ganadería, rutas ferroviarias de carga, ecología, exploración espacial y, por supuesto, la extensión del régimen sin visado hasta 2027, que es fundamental para el turismo bilateral y los intercambios culturales.

Lo que acabamos de ver, si tanta alharaca,

es un nuevo episodio en que Moscú y Beijing, Putin y Xi, Rusia y China, comprenden y viven su relación como cooperación "no orientada contra terceros", pero sí en defensa de sus intereses comunes por "acción de terceros".

El cómo estos dos vecinos de historia conflictiva, que atravesaron tanto momentos de convergencia ideológica como de cisma irreconciliable, pudieron darse cuenta con notable madurez política de sus posibilidades de cooperación y dar el paso hacia la confianza mutua, es un logro trabajoso, que requirió inversión de tiempo y de numerosos gestos.

Cuando "algunos" aprovechan las distensiones para clavar puñaladas por la espalda, cuando no pueden sostener su palabra empeñada o cuando toda oportunidad es una forma de sacar ventajas sin apego por la ley o la ética más elemental,

Rusia y China se presentan como pilares de un orden multipolar alternativo y una muestra viviente de que es posible compatibilizar intereses nacionales con construcción pacífica.

Global Times señala esta construcción con tres definiciones:

  • "amistad eterna"

  • "interacción estratégica integral"

  • "cooperación mutuamente beneficiosa"

Y lo cita en ese orden.

  • La amistad, primero.

  • La estrategia, detrás.

  • El beneficio, por último.

Es una jerarquía en la que China y Rusia creen.

El dinero es lo último.

 

La prioridad es la estabilidad y las garantías de un "flanco seguro".

No obstante, el comercio bilateral, antes bastante insignificante considerando las escalas de ambos países, superó los 228.000 millones de dólares en 2025 - en 2024 alcanzó un récord de 244.800 millones 3 - , y la cooperación se extiende casi a todos los sectores y planos, y progresa eludiendo los prestamos del FMI, el SWIFT, los dólares y los puntos de estrangulamiento marítimos controlados por Occidente.
 

 


Comercio creciente entre

Rusia y China 2022 y 2024.



Por supuesto, ninguno ignora que la presión ejercida por Estados Unidos ha acelerado su acercamiento.

 

Algunos sostienen que, al estar cimentada más en el espanto que en el afecto, esta "amistad sin límites" carece de solidez real. Pero ese argumento quizá podía aplicarse en las primeras etapas del vínculo, no en esta fase actual de sinergias liberadas.

De lo contrario, Washington no mostraría tanta preocupación e inquietud por intentar desarticular ese provechoso acercamiento geopolítico.

 

Por tal motivo, el enfrentamiento con Estados Unidos - la Trampa de Tucídides que Xi advierte de evitar - parece cada vez más difícil de sortear.

 

Una confrontación está en el horizonte. Y es por ello que, más allá de las deseadas confluencias y las intenciones de desescalada, Rusia prueba y pone en servicio operativo a su misil balístico intercontinental RS-28 Sarmat 2 y China duplica la cantidad de ojivas nucleares de sus recientemente independientes Fuerzas Coheteriles del Ejército Popular de Liberación, ex Segundo Cuerpo de Artillería.

 

 

 

Referencias

  1. Ese año se reunieron cinco veces.

     

    Su primera reunión bilateral fue el 23 de marzo en Moscú, con motivo del primer viaje al extranjero de Xi Jinping como presidente chino.

     

    Xi Jinping fue nombrado secretario general del Partido Comunista Chino desde el 15 de noviembre de 2012, y se convirtió en el 7º presidente de la República Popular China desde el 14 de marzo de 2013.


     

  2. La Iniciativa de Civilización Global es una propuesta de política exterior y filosofía diplomática presentada por el presidente chino, Xi Jinping, en marzo de 2023.

     

    Para entenderla en su contexto real, representa el tercer pilar teórico con el que Beijing busca diseñar un modelo de orden internacional alternativo al de las potencias occidentales.

     

    Se suma a la Iniciativa de Desarrollo Global (2021) y a la Iniciativa de Seguridad Global (2022) bajo el concepto marco de construir una "comunidad de destino compartido para la humanidad".
     

    El núcleo de la iniciativa se divide en cuatro pilares fundamentales:

    1. Respeto a la diversidad de las civilizaciones: Defiende que no existe un único modelo válido de evolución política o social. Promueve la igualdad entre culturas y rechaza de raíz conceptos como la "superioridad civilizatoria" o el choque de civilizaciones.
       

    2. Abogacía por los "valores comunes de la humanidad": China redefine los conceptos de paz, desarrollo, equidad, justicia, democracia y libertad como aspiraciones universales, pero argumenta que cada nación tiene derecho a interpretarlos e implementarlos según sus propias condiciones nacionales, oponiéndose a que un bloque de países imponga su visión particular.
       

    3. Importancia de la herencia y la innovación: Propone que los Estados utilicen la profundidad de su historia y sus tradiciones culturales como motores de modernización en la Era actual, en lugar de asimilar mecánicamente modelos externos.
       

    4. Impulso a los intercambios personales e internacionales: Fomenta la creación de redes globales de diálogo, la cooperación cultural directa y el entendimiento mutuo entre los pueblos (diplomacia 'people-to-people').

     

  3. Esta baja no se debió a un enfriamiento político, sino a la caída de los precios globales del petróleo, la ralentización del consumo interno ruso debido a altas tasas de interés y ciertas fricciones logísticas y bancarias ligadas al temor de las empresas chinas a recibir sanciones secundarias de EE.UU.