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por Christian Cirilli
28 Junio 2026
del Sitio Web
ChCirilli

El 19 de junio de 2022 se produjo un cambio verdaderamente
paradigmático en la política colombiana:
por primera vez, la coalición de izquierda
Pacto Histórico obtuvo la victoria en las elecciones
presidenciales y accedió al gobierno nacional.
Su candidato, Gustavo Petro, antiguo
integrante de la guerrilla del M-19 - movimiento que se desmovilizó
en 1990 tras un acuerdo de paz con el Estado colombiano - se impuso
en la segunda vuelta con el 50,4% de los votos.
Derrotó a Rodolfo Hernández, empresario y
exalcalde de Bucaramanga, quien se presentó como candidato de la
independiente Liga de Gobernantes Anticorrupción y obtuvo el
47,3% de los sufragios.
La llegada de Gustavo Petro al poder puso fin a una sucesión de
gobiernos de orientación liberal-conservadora iniciada en 2002 con
el "Ciclo Uribista".
Paradójicamente, el ascenso de la izquierda al
gobierno en Colombia se produjo en un contexto regional menos
favorable para las fuerzas progresistas que el existente dos décadas
antes.
Mientras la victoria de Uribe coincidió con la
denominada "marea rosa", caracterizada por el ascenso de gobiernos
de orientación soberanista y de izquierda como los de,
...la de Petro tuvo lugar en un escenario de
mayor fragmentación política y de desgaste de buena parte de
aquellos proyectos, varios de los cuales habían sido desplazados del
poder o atravesaban profundas dificultades de gobernabilidad.
Lo cierto es que la llegada de Petro al poder apareció como una
excepción en el contexto regional o, mejor aún, como la
reivindicación de años de militancia, convencimiento y
perseverancia, despertando la esperanza de que su victoria
constituyera el punto de partida para una renovada proyección
continental de la izquierda latinoamericana.
Pero mucho más que eso …
El denominado "ciclo uribista" se inició con la elección de Álvaro
Uribe, quien imprimió un giro decisivo a la política colombiana. Su
gobierno se caracterizó por el fortalecimiento de las Fuerzas
Armadas y por una estrategia de confrontación frontal contra las
FARC, [1] tras el fracaso de las negociaciones de
paz impulsadas por la administración de Andrés Pastrana.
Durante sus dos mandatos (2002-2010), Uribe
consolidó una política de seguridad centrada en la ofensiva militar
[2] y en la expansión de las capacidades del
Estado para combatir a las organizaciones insurgentes, que algunos
críticos la señalan como la máxima expresión del Terrorismo de
Estado.
Este período estuvo marcado por graves denuncias
de violaciones a los derechos humanos, entre ellas las ejecuciones
extrajudiciales conocidas como los "falsos positivos", [3]
así como por señalamientos sobre la connivencia de sectores
estatales con grupos paramilitares como las AUC (Autodefensas Unidas
de Colombia), supuestamente desmovilizadas.

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Los dos
gobiernos de Álvaro Uribe estuvieron marcados por una
política de "Seguridad Democrática" que fortaleció a las
Fuerzas Armadas y debilitó significativamente a las
FARC, recuperando el control estatal sobre amplias zonas
del país.
Sin embargo, este proceso también estuvo
acompañado por graves cuestionamientos en materia de
derechos humanos, denuncias sobre vínculos entre
sectores del oficialismo y el paramilitarismo, tensiones
diplomáticas con países vecinos y una creciente
polarización política que marcaría la vida institucional
colombiana durante las décadas siguientes. |
Asimismo, la relación entre Álvaro Uribe y Estados Unidos fue uno de
los pilares de su política exterior y de seguridad.
Durante sus dos mandatos (2002-2006 y 2006-2010),
Colombia se convirtió en el principal aliado estratégico de
Washington en Sudamérica.
Entre sus hitos se encuentra la intensificación
del "Plan Colombia", iniciado en el año 2000 bajo el gobierno de
Pastrana, por el cual Washington destinó miles de millones de
dólares en asistencia militar, entrenamiento de tropas,
inteligencia, provisión de armamento y programas de "lucha contra el
narcotráfico".
Además, a diferencia de la tendencia regional que culminó con el
rechazo al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) durante la
IV Cumbre de las Américas, celebrada en Mar del Plata (Argentina)
los días 4 y 5 de noviembre de 2005 gracias a la acción coordinada
de Néstor Kirchner, Lula da Silva y Hugo Chávez, el gobierno de
Álvaro Uribe profundizó su alineamiento estratégico con Washington.
En ese marco, impulsó la firma del Tratado de
Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos en 2006, consolidando a
Colombia como "una cabecera de playa" norteamericana en el
subcontinente.

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Álvaro Uribe
brinda con el presidente estadounidense George W. Bush
en la Casa Blanca, poco antes de recibir la Medalla
Presidencial de la Libertad el 13 de enero de 2009.
En
la misma ocasión también fueron distinguidos el primer
ministro británico Tony Blair y el primer ministro
australiano John Howard.
Según Washington, Uribe fue
premiado por "consolidar la democracia" y por "convertir
a Colombia en un modelo en materia de reconciliación y
respeto por la dignidad humana". |
En 2010 fue elegido como presidente el ex ministro de Defensa de
Uribe, Juan Manuel Santos, quien, aunque inicialmente pareció
continuar la política uribista, se distanció de su antecesor al
abrir negociaciones de paz con las FARC.
Sin duda, el principal hito del período fue la firma del Acuerdo
Final de Paz de 2016, que puso fin formalmente a más de cinco
décadas de conflicto armado entre el Estado colombiano y las FARC,
utilizando los buenos servicios de la mediación cubana.
No obstante, el acuerdo fue rechazado por un
estrecho margen en el plebiscito celebrado el 2 de octubre de ese
año, resultado que reflejó la persistencia de la influencia política
del uribismo y la profunda polarización de la sociedad colombiana en
torno al proceso de paz.
Tras una renegociación que incorporó diversas
modificaciones, el nuevo texto fue aprobado por el Congreso y entró
en vigor.
Este proceso dividió al país entre quienes
respaldaban una salida negociada al conflicto y quienes consideraban
que el acuerdo otorgaba concesiones excesivas a la antigua
guerrilla.
Entre estos últimos, muchos calificaron a Santos
de haber traicionado los principios de la política de seguridad
impulsada por Álvaro Uribe y del cual él mismo fue parte
fundamental.
En reconocimiento a sus esfuerzos para alcanzar la paz, Juan Manuel
Santos fue distinguido con el Premio Nobel de la Paz en 2016.

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El presidente
de Cuba, Raúl Castro (centro), apoya sus manos sobre el
saludo del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos
(izquierda) con el líder de las FARC, Rodrigo Londoño
(alias "Timochenko") en La Habana, el 23 de septiembre
de 2015.
Ese día se acordó alcanzar un acuerdo de paz
definitivo en un plazo máximo de seis meses, en el marco
del conflicto armado más prolongado de América Latina. |

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El presidente
de Colombia, Juan Manuel Santos, recibió el Premio Nobel
de la Paz el 7 de octubre de 2016, apenas cinco días
después (2 de octubre de 2016) de que el plebiscito
sobre el Acuerdo de Paz con las FARC fuera rechazado por
un estrecho margen.
Santos afirmó que el premio había
sido "un regalo del cielo", ya que le otorgó el impulso
político necesario para perseverar en el proceso de paz.
A partir de entonces promovió una renegociación del
acuerdo, incorporando diversas propuestas formuladas por
la oposición, tras lo cual el nuevo texto fue refrendado
por el Congreso colombiano, donde el oficialismo contaba
con mayoría parlamentaria.
Asimismo, Santos anunció la
donación íntegra de la dotación económica del premio -
ocho millones de coronas suecas, equivalentes entonces a
unos 871.000 dólares - a las víctimas del conflicto
armado. |
El plebiscito, y el Acuerdo de Paz re-negociado
subsiguiente, tuvo varias consecuencias trascendentales:
-
Reveló la profunda polarización de la
sociedad colombiana respecto del proceso de paz.
-
Consolidó a Álvaro Uribe como el
principal líder de la oposición al gobierno de Santos.
-
Marcó el inicio de una nueva etapa
política en la que el debate sobre la paz pasó a ocupar un
lugar central en las elecciones de 2018 y 2022, esta última
ganada por Gustavo Petro.
De esa polarización devino el retorno del
uribismo de la mano de Iván Duque (2018-2022), gobierno que
estuvo marcado por una combinación de incumplimientos del Acue
Duque llegaba en un contexto regional marcado por
el retroceso de los gobiernos progresistas y el resurgimiento de
administraciones conservadoras, lo cual le permitió aparentar estar
bajo la corriente correcta.
Durante este periodo en Colombia se dieron las
masivas protestas sociales de 2019 y, especialmente, de 2021, que
reflejaron el creciente descontento con la desigualdad, el desempleo
y la gestión gubernamental.

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En la imagen,
varios de los principales presidentes representativos
del giro conservador latinoamericano de fines de la
década de 2010, reunidos en el marco del Grupo de Lima,
un mecanismo de concertación política creado en 2017 con
el objetivo de promover una salida a la crisis
venezolana mediante el aislamiento diplomático del
gobierno de Nicolás Maduro.
De izquierda a derecha: Lenín Moreno (Ecuador), Iván Duque (Colombia), Jair
Bolsonaro (Brasil), Sebastián Piñera (Chile) y Mauricio
Macri (Argentina). |
Duque había impulsado una fuerte reforma laboral y previsional,
recortes presupuestarios en educación pública, y, en cuanto a
materia de seguridad, se había producido un aumento de los
asesinatos de líderes sociales y ex combatientes FARC que amenazó
con desmadrar la estabilidad lograda.
El Paro Nacional iniciado el 21 de noviembre de 2019, junto con las
sucesivas movilizaciones que se extendieron durante los meses
siguientes, constituyó la mayor ola de protesta social en Colombia
desde comienzos del siglo XXI.
Impulsadas por sindicatos, estudiantes, organizaciones indígenas y
diversos movimientos sociales, las manifestaciones articularon
demandas económicas, sociales y políticas. [4]
La respuesta de las fuerzas de seguridad,
especialmente tras la muerte del estudiante
Dilan Cruz,
intensificó las denuncias sobre el uso excesivo de la fuerza y
anticipó el ciclo de protestas masivas que se desarrollaría en 2021.

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La juventud
colombiana porta carteles rememorando a Dilan Cruz,
estudiante asesinado por el 23 de noviembre de 2019 en
Bogotá por el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) a
las órdenes de Iván Duque. |
Sin duda, las difíciles condiciones económicas,
agravadas por el desastre pandémico, junto con una errónea lectura
de una sociedad ya hastiada de la violencia fratricida, erosionaron
el aura del uribismo y de los partidos tradicionales, lo que abrió
paso a la victoria de Gustavo Petro, candidato del Pacto Histórico,
convirtiéndose en el primer presidente de izquierda elegido
democráticamente en Colombia.

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El momento en
que Gustavo Petro recibe la banda presidencial y se
abraza a la vicepresidenta Francia Márquez, el 7 de
agosto de 2022. |
Su gobierno tuvo que hacerse cargo de una
trabajosa agenda de reformas en materia laboral, sanitaria,
previsional, tributaria y ambiental, además de la política de "Paz
Total", destinada a negociar simultáneamente con distintos grupos
armados ilegales ("las disidencias" y el ELN).
Lógicamente, con esa "pesada mochila" de asuntos
aún no resueltos y un Congreso que ha dificultado la implementación
de las reformas propuestas, Petro ha enfrentado importantes
obstáculos para avanzar con su agenda de gobierno.

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Gustavo Petro
se esforzó por lograr la "Paz Total" con los grupos
disidentes y el ELN (Ejército de Liberación Nacional).
Aunque se alcanzaron algunos acuerdos parciales y un
cese del fuego temporal, no se ha firmado un acuerdo de
paz definitivo. Todo empeorará con Abelardo de la
Espriella. |
Por si fuera poco, Petro tuvo que enfrentar
presiones y discursos hostiles desde sectores políticos
estadounidenses, incluyendo acusaciones de connivencia con el crimen
organizado, en un contexto regional marcado por la intensificación
de la influencia de Washington en América Latina y, en particular,
por su política de confrontación hacia Venezuela, donde el gobierno
de Nicolás Maduro y su entorno han sido objeto de sanciones,
aislamiento internacional y bullying. [Véase "Una
guerra se cierne sobre Venezuela"]
La tensión total llegó el 3 de enero de 2026, con el secuestro del
presidente Maduro y su esposa Cilia Flores, con evidente complicidad
interna. [Véase "Cayó
Maduro. ¿Purgado por el chavismo?"],
pero también, con el ahogo económico y la amenaza constante de
invasión sobre Cuba. [Véase "Cuba,
un castigo ejemplar"].
En el durante y a posteriori, Trump ha
recurrido a una retórica de fuerte confrontación, incluyendo
acusaciones (infundadas) de narcotráfico dirigidas hacia Petro.
Estas declaraciones fueron perfectamente
interpretadas por el presidente colombiano como una presión política
e injerencia en asuntos internos, considerando especialmente que el
acoso y bloqueo contra Venezuela empezó justamente con una falsa
acusación de ese calibre. [Véase "Un
pretexto imperialista" y "Latinoamérica
bajo asedio"]
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Trump dice
que Petro "tiene que cuidar su trasero" tras la agresión
de EE.UU. contra Venezuela.
El grado obsceno de amenaza
y de demonización de Trump para con los líderes
progresistas latinoamericanos (Lula, Maduro, Sheinbaum,
el mismo Petro) se inscribe en un contexto marcado por
la "Doctrina Monroe 2.0" por el cual no se admite
disidencia alguna a los preceptos de Washington. |
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Previo a las
declaraciones de Trump (véase arriba), Gustavo Petro
acusó a Washington de "asesinar pescadores" en el marco
de la política de "acción cinética" asociada al bloqueo
naval en el Caribe, dirigida tanto contra Venezuela como
contra Colombia.
En ese contexto, reivindicó la defensa
del pueblo venezolano frente a escenarios de escalada
militar o de intervención, al tiempo que descartó que
Colombia pudiera poner su territorio a disposición de
operaciones ofensivas contra su vecino. |
Como dato adicional, el 6 de febrero de 2025 comenzó el inédito
juicio contra el ex presidente Álvaro Uribe, acusado de soborno a
testigos y fraude procesal, en el marco de un proceso que se originó
tras su denuncia contra el senador Iván Cepeda por presunta
manipulación de testigos.
En ese sentido, el caso terminó revirtiéndose
sobre el propio Uribe, configurando un giro inesperado en el
desarrollo judicial del expediente.
Pero llegaron las elecciones presidenciales y, dado que en Colombia
no existe actualmente la reelección, Petro no podía presentarse.
El candidato de Pacto Histórico fue Iván Cepeda -
sí, el senador acusado - mientras que su principal contrincante fue
Abelardo de la Espriella, del flamante movimiento Defensores
de la Patria, ligados al uribismo y a todos los partidos de derecha,
que oficiaron de soporte.
Uno podría entender que, lejos de las imposibilidades e impotencias
de Petro, su gobierno fue un digno representante soberano; que nunca
su fuerza podría perder frente a un candidato que ligera y
públicamente admite ser "leal a Trump", "favorable al sionismo
israelí" y que sostiene que ser independiente es un sinsentido que
"no ocurre en ningún país del mundo".
Sin embargo, el resultado de la segunda vuelta
fue de 12.960.166 votos (49,66%) para Abelardo y de 12.708.312 votos
(48,70%) para Cepeda.
¡Una diferencia de apenas 251.854 votos!, hecho
que fue confirmado por el CNE tras el escrutinio nacional.
Se trata de una derrota ajustada y disputada,
pero no por ello tremendamente dolorosa. Las elecciones de ese
domingo aún no están oficialmente selladas:
quedan impugnaciones masivas y denuncias por
evaluar.
Pero aunque al momento de escribir estas líneas
existe un conteo manual y denuncias de impugnaciones, Cepeda ya ha
reconocido la derrota.

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Abelardo de
la Espriella cultiva un estilo personal marcadamente
histriónico y confrontativo.
Con una intensa presencia
en redes sociales, un discurso de fuerte carga emocional
y una permanente búsqueda de impacto mediático, ha
construido una imagen pública que privilegia la espectacularización de la política.
Su comunicación, más
cercana a la lógica del entretenimiento y la
polarización que al debate técnico, le ha permitido
captar la atención de sectores del electorado
desencantados con la política tradicional. |
¿Qué explica este retroceso en Colombia, luego de
años de violencia política, aplicación del neoliberalismo más
descarnado, y la polémica cucarda de estar "en el top 10 de los
países más desiguales del mundo"? [5]
Lo primero que podríamos decir es que hubo "voto castigo" contra
Petro por no cumplir las expectativas.
Sin embargo, Pacto Histórico obtuvo 1,3 millones
de votos adicionales [6] respecto a los alcanzados
por Petro en la segunda vuelta de 2022.
O sea, ¡expandió su base electoral! Los intentos
de juicio político y el bloqueo parlamentario contra las iniciativas
del Ejecutivo no generaron desafiliación sino más bien un incremento
del apoyo.
Pero ello, evidentemente, no fue suficiente:
"La Derecha" creció demasiado, más de dos
millones de votos.
Hubo un factor determinante: el voto desde el
exterior. He hablado de la diáspora colombiana en una de las "notas
al pie" (abajo). Estamos hablando de 1,4 millones de colombianos
habilitados para votar en consulados y embajadas de 67 países.
Allí, Abelardo duplicó los registros de 2022 y
obtuvo una ventaja neta equivalente al 70% de la diferencia
nacional. Solo en Estados Unidos, donde se concentra la mayor
comunidad colombiana - más de un millón cien mil - el 80% de los
votos se inclinaron por De la Espriella.
Y ello no es poco cuando hablamos de una
diferencia de 250.000 votos para acceder a la presidencia.
Este hecho reabre un debate clásico en las democracias
contemporáneas:
¿hasta qué punto el voto desde el exterior es
plenamente representativo cuando no está atravesado por las
dinámicas cotidianas del país de origen?
La cuestión no es nueva y se ha intensificado en
distintos procesos electorales, como el de Maia Sandu en Moldavia,
donde el voto de la diáspora tuvo un peso decisivo en el desenlace
[Véase "No
hay dos sin tres"].
Desde una perspectiva personal, la inquietud también me interpela y
la conecta con la esquiva relación entre ciudadanía y
territorialidad:
como ciudadano italiano nacido y residente en
Argentina, me pregunto en qué medida mi derecho al voto mantiene
una conexión efectiva con la realidad política, social y
económica de mi patria adoptiva y hereditaria.

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Una familia
se hace una foto a la entrada del Pabellón de
Convenciones de la Casa de Campo, el 20 de junio, en
Madrid, donde se celebró la segunda vuelta de las
elecciones presidenciales de Colombia. |
Otra cuestión a considerar es que De la Espriella se presentó como
un candidato desenfadado, joven y de arrolladora voluntad política,
en contraste con la imagen avejentada de Rodolfo Hernández,
[7] lo que lo volvió más atractivo para un
determinado segmento del electorado.
En contraste, el perfil intelectual y sobrio de Cepeda, que no
payasea, no entusiasmó lo suficiente entre los indecisos.

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Iván Cepeda
no es una figura estridente, sino un dirigente de estilo
discreto y metódico, que además ha mantenido un perfil
bajo en lo que respecta a su vida privada.
En una época
en la que la comunicación política privilegia la
exposición permanente en redes sociales como TikTok y
premia las actitudes efusivas, confrontativas o incluso
escandalosas, ese estilo sobrio podría constituir una
desventaja en términos de atractivo electoral. |
Pero si algo influyó en esta elección es el
entorno regional: el respaldo explícito de Donald Trump a De
la Espriella y la sintonía de éste con los fenómenos radicalizados
del subcontinente [8] jugaron a su favor.
Probablemente, Pacto Histórico subestimó el
fenómeno y se limitó a la denuncia institucional, descuidando la
"conexión del carisma". [9]
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Donald Trump
se echa flores a sí mismo endilgándose el éxito
electoral de Abelardo de la Espriella. |
De hecho, De la Espriella, que tiene tres
nacionalidades] [10], confesó desvergonzadamente:
"Es la primera vez que un presidente
colombiano será republicano. Voté por Trump en las elecciones de
2024".
Luego confesó:
"Quiero un plan Colombia II y que las bases
estadounidenses vuelvan". [11]
Así, De la Espriella se sube al carro del
momento: neoliberalismo, "mano dura" en materia de seguridad, ánimo
de revancha contra la izquierda, una imagen de modernidad,
vulgaridad cool y desenfado, un estrecho alineamiento geopolítico
con Washington y... una relación de cercanía personal con
Donald Trump.
Como si se tratara de un guión, De la Espriella pretende reducir "en
un 40%" el Estado en su periodo de cuatro años, a través de una
"gran revolución de la desregulación" que (según él) crearía un
"país de propietarios".
¿Su herramienta?
Baja de impuestos, fusión o eliminación de
ministerios, atracción de la inversión extranjera y dolarización
de la economía.
En fin, la infame "motosierra" de Milei...
Los felinos, al fin de cuentas, rugen exactamente
igual...
Por si fuera poco, al igual que en ese experimento argentino llamado
Milei, la derecha colombiana articuló una "batalla cultural"
centrada en la reivindicación del orden como principio rector de la
vida social.
El mismo no se alcanza únicamente mediante el
fortalecimiento de los dispositivos de seguridad y el endurecimiento
de las políticas punitivas, sino también a través de la eliminación
de "libertinajes" como el aborto, el feminismo, la homosexualidad,
el "globalismo" y el "marxismo cultural".
En ese marco, una intensa campaña propagandística
presentó a la izquierda - adepta a la ampliación de derechos civiles
y sociales - como responsable de un proceso de decadencia moral.
Así las cosas, la elección de Abelardo de la Espriella no constituye
simplemente una alternancia partidaria, sino el reflejo de una
reconfiguración más profunda del escenario político latinoamericano.
La relativa buena labor del Pacto Histórico no
alcanzó para continuar el proceso, a pesar de que amplió su base de
apoyo.
El ascenso de una nueva derecha, que combina
explotación de los recursos naturales, naturalización de la división
social, propaganda intensiva con uso eficaz de las redes sociales y
un explícito alineamiento con Washington y Tel Aviv ha hecho pensar
en muchos ciudadanos que votarlos equivale a una "conveniencia"
palpable, quizás no tanto en el terreno de las materialidades, sino
en el terreno de los valores y las emociones. [12]

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Abelardo de
la Espriella, durante un encuentro con la Confederación
de Comunidades Judías de Colombia, en Bogotá, el 26 de
marzo.
El presidente electo ha prometido restablecer las
relaciones diplomáticas con Israel, suspendidas por
Gustavo Petro en respuesta al genocidio israelí sobre
Gaza.
Todo indica que Tel Aviv será el primer destino de
De la Espriella en su agenda internacional como
presidente.
¿Sorprende? |
Atento a que las propuestas de De la Espriella guardan marcadas
semejanzas con las impulsadas por Milei, Bukele, Noboa y
Kast,
sumadas a las particularidades históricas, sociales e
institucionales de Colombia, cabe prever un escenario para los
próximos años caracterizado por:
-
un giro muy fuerte en materia de
seguridad, que entrará en colisión con los grupos armados
disidentes y que podría incluir fórmulas de externalización
del sistema penitenciario, mediante la construcción de
megacárceles inspiradas en el modelo salvadoreño
-
un programa económico liberal, con
reducción del Estado, eliminación de organismos públicos,
apertura al capital extranjero y una super explotación de
los recursos naturales, todo ello, generador de desempleo,
salario real a la baja, criminalidad y más emigración
-
una agenda social conservadora, con
énfasis en la familia tradicional y la religiosidad
(fundamentalmente judía y evangélica, y anticatólica)
-
un realineamiento internacional
pro-estadounidense y pro-israelí, acompañado por un
distanciamiento de los mecanismos de integración
latinoamericana
-
una intensa negociación con el Congreso
para asegurar la aprobación de las reformas gubernamentales,
a través de prácticas clientelares y de intercambio de
favores
Que alguien guarde bajo siete llaves estas líneas
y las vuelva a abrir dentro de cuatro años, cuando llegue la hora
del balance y pueda juzgarse,
cuánto hubo de exageración, cuánto de
advertencia y cuánto de simple descripción anticipada de lo que
estaba por venir...
Notas al Pie
-
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia (FARC) fueron una organización guerrillera
insurgente de orientación marxista-leninista fundada en 1964
en Colombia que surgieron en el contexto del conflicto
armado colombiano con el objetivo declarado de tomar el
poder mediante la lucha armada y promover una revolución
socialista.
Se financiaban a través del "impuesto
revolucionario", pero también recurrieron al secuestro, la
extorsión, la minería ilegal y su participación en el
narcotráfico.
El conflicto entre las FARC, el Estado
colombiano y los grupos paramilitares se prolongó durante
más de cinco décadas y dejó cientos de miles de muertos,
millones de desplazados y numerosas violaciones de derechos
humanos.
En 2016, durante el gobierno de Juan Manuel Santos,
las FARC firmaron un acuerdo de paz con el Estado
colombiano.
Tras ese acuerdo, la mayor parte de la
organización depuso las armas y se transformó en un partido
político legal.
-
La Operación Fénix, ejecutada el 1 de
marzo de 2008 por la Fuerza Aérea Colombiana contra un
campamento de las FARC ubicado a unos 1,8 kilómetros dentro
del territorio ecuatoriano, en la provincia de Sucumbíos,
generó un conflicto diplomático internacional con Ecuador.
En la operación murió Raúl Reyes, considerado el segundo al
mando de la organización guerrillera. El gobierno de Uribe
justificó la incursión como una acción necesaria.
Sin
embargo, Rafael Correa denunció que Colombia había violado
la soberanía territorial de su país y rompió relaciones
diplomáticas con Colombia, mientras Hugo Chávez expresó su
apoyo a Correa, movilizó tropas hacia la frontera colombiana
y condenó la incursión.
La crisis fue finalmente desactivada
durante la cumbre del Grupo de Río celebrada en Santo
Domingo.
-
Los denominados "falsos positivos" fueron
ejecuciones extrajudiciales perpetradas por miembros de las
Fuerzas Militares colombianas, quienes asesinaron a civiles
para presentarlos fraudulentamente como guerrilleros
abatidos en combate.
-
La emigración colombiana, al contrario de
la venezolana, tiene poca prensa.
Sin embargo, es uno de los
fenómenos migratorios más relevantes de Latinoamérica y se
caracteriza por ser prolongado, multicausal y relativamente
disperso, con oleadas asociadas principalmente al conflicto
armado interno y a crisis económicas.
Se estima que
alrededor de 3 a 4 millones de colombianos viven fuera del
país. Esto representa aproximadamente entre 6% y 8% de la
población.
-
Usualmente, se suelen nombrar estos
países como los más desiguales (no lo más pobres, sino de
peor distribución de la riqueza):
-
Sudáfrica, con un Gini de
~0,63–0,67.
-
Namibia, con un Gini de
~0,59–0,62.
-
Eswatini (Suazilandia), con un
Gini: ~0,54–0,60.
-
Zambia, con un Gini de
~0,55–0,59.
-
República Centroafricana, con un
Gini de ~0,56 aprox. (con mucha variación por
crisis)
-
Colombia, con un Gini de
~0,50–0,55.
El coeficiente de Gini es una medida
estadística que se usa para ver qué tan desigual es la
distribución de ingresos (o riqueza) dentro de un país.
Cuando tiende a cero, quiere decir que todos ganan lo mismo.
Cuando tiende a uno, una sola persona tiene todo el ingreso.
Un país con un Gini de 0,25 está bastante equilibrado.
-
Gustavo Petro: 11.292.758 votos en 2022.
Iván Cepeda: 12.708.712 votos en 2026.
-
De hecho, falleció el 2 de septiembre de
2024.
-
La elección de,
-
Nayib Bukele en El
Salvador en 2019 (reelecto en 2024)
-
Javier Milei en
Argentina en 2023
-
Daniel Noboa en Ecuador en 2023
(reelecto en 2025)
-
José Antonio Kast en Chile en
2025
-
A semejanza del "León"
Javier Milei,
Abelardo de la Espriella adoptó el apodo de "El Tigre", una
construcción simbólica destinada a proyectar fortaleza,
liderazgo y combatividad ante la opinión pública.
-
Es colombiano de nacimiento, e italiano y
estadounidense por adopción.
-
En 2009, el gobierno de Uribe permitió a
militares estadounidenses utilizar siete bases colombianas.
Sin embargo, la Corte Constitucional de Colombia determinó
en 2010 que el acuerdo debía pasar por el Congreso, por lo
que nunca entró en vigor.
Durante el gobierno de Petro, la
cooperación militar con Estados Unidos se redujo
parcialmente y hubo anuncios sobre revisar o retirar parte
del personal estadounidense.
Tras las elecciones de 2026, el
presidente electo Abelardo de la Espriella anunció un fuerte
acercamiento a Washington, incluyendo la incorporación de
Colombia al denominado "Escudo de las Américas" y una
ampliación de la cooperación en seguridad.
-
En Argentina, los libertarios solían
autodefinirse, y definir a sus votantes, como "la gente de
bien", una expresión que establecía una frontera moral entre
quienes adherían a su proyecto político y quienes, implícita
o explícitamente, eran presentados como responsables de la
decadencia del país.
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