por Xavier Diez
24 Diciembre 2025

del Sitio Web BrownstoneEsp

 

 

Xavier Diez (Barcelona, 1965),

Historiador, escritor y articulista en diversos medios. Doctor en historia, ha sido también profesor, y publicado diversos libros

de ensayo y narrativa.

Entre sus últimos libros destacan Una historia critica de les esquerres (El Jonc), L’escola: espai en destrucció (El Martell), El anarquismo individualista en España (1923-1938) (Virus editorial) y El pensament polític de Salvador Seguí (Virus editorial).

Colabora cada lunes como tertuliano en Debates intempestivos, el espacio semanal sobre actualidad en formato podcast

de Brownstone España.

 

 

 

 

 

 


Berlín, con sus merkelianos

y sus verdes globales,

se ha hecho con el control

de las instituciones europeas

y nos está poniendo

en riesgo extremo...




Cualquier aficionado a los coches habrá oído los muchísimos problemas que están dando los nuevos motores de combustión de las principales marcas europeas.

 

Entre sus defectos destacan,

la diferencia entre el consumo teórico y el real, y la tendencia a averiarse de forma irreversible hacia los 80.000 kilómetros cuando lo habitual es que sus antecesores, diseñados hace veinticinco años, pasasen con facilidad los 300.000 si eran de gasolina o los 500.000 si se trataba de diésel.

De hecho, sólo hace falta un vistazo a la calle para darnos cuenta la creciente antigüedad media del parque automovilístico que circula en nuestras calles (a pesar de los esfuerzos políticos por impedirlo).

Cuentan mecánicos e ingenieros que este fenómeno, exclusivo de las grandes marcas continentales, es un daño autoinfligido. Ni los trabajadores ni los ingenieros de hoy son más ineptos que los de antaño.

 

El problema se llama "regulaciones comunitarias"...

 

Con la voluntad de reducir emisiones, los fabricantes han estado obligados a fabricar motores más pequeños y ligeros, con menos cilindros y con una serie de indicaciones para que puedan superar las pruebas de emisiones en laboratorios o espacios controlados.

 

Esto, según los ingenieros, aparte de engañar a los inspectores para satisfacer las imposibles exigencias de reducción de la polución y CO2 (en condiciones reales, estos parámetros no se cumplen), obliga a los ingenieros a desafiar a la física, y por tanto,

hacer unos diseños extraordinariamente complejos (por ejemplo, aplicar turbos e inyecciones directas a determinadas temperaturas) que acaban generando daños colaterales y que convierten en inservibles a los coches en pocos años, haciendo, además, que sean más caros.

Porque, efectivamente, la tecnología es más compleja, y encima, las multas de la UE por forzar a una transición eléctrica cuando la tecnología no es suficientemente madura y va unos pasos por detrás los fabricantes asiáticos, disuade a las marcas de ofrecer coches asequibles

Es así como una de las industrias que había conferido prestigio, orgullo y utilidad a los europeos ha sido destruida por burócratas europeos que,

  • a partir de la presión de unos 'ecologistas' (los cuales, en el balance histórico han demostrado ser los principales enemigos de la clase trabajadora)

     

  • o a partir de expectativas poco realistas de reducción de emisiones,

...han empujado a los fabricantes a tomar decisiones desacertadas, y a abocarlos a la desaparición junto a sus fábricas, a industrias auxiliares y a puestos de trabajo calificados con buenos salarios.

En la dictadura contemporánea de las 'buenas intenciones', podríamos parapetarnos tras la narrativa,

del cambio climático, la contaminación y tantas otras cosas...

La cruda y la dura realidad es que la movilidad eléctrica que quisieran los burócratas europeos, resulta inalcanzable para la mayoría de ciudadanos de rentas medias o bajas, mientras que los transportes públicos, no es que no mejoren, sino que se están hundiendo a base de recorte de inversiones y creciente indisciplina cívica.

Los suizos ya no dejan entrar a trenes alemanes por los retrasos sistemáticos.

 

Cualquier día la convención de Ginebra ilegalizará Cercanías.

 

Estar en el metro, apretujado y en tensión para que nadie te robe sólo hace generar estrés.

 

Y los carísimos Tesla parecen coches que pasan más tiempo en el taller que en la calle.

Sin tantas regulaciones capaces de hacer palidecer al propio Kafka, con la tecnología de hace una década, sería posible comprar Clios, Ibizas, Corsas y Sanderos por debajo de 10.000€.

 

Es obvio que,

los burócratas europeos han decidido rebajar el estatus de los trabajadores obligando a cambiar los utilitarios por patinetes eléctricos.

 

Los burócratas europeos viven en un mundo paralelo, como si Europa fuera el ombligo del mundo, como antes de la guerra de 1914.

Sin embargo, y en base a las políticas europeas, y como señalaba la reciente Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense, los europeos hemos pasado de representar el 25% del PIB mundial en 1990 al 14% actual.

 

En el mundo hay 1.644 millones de vehículos, de los que 282 están en la UE, es decir, uno de cada seis del mundo.

 

Si descontamos a China, que ha hecho una apuesta estratégica y planificada (e intervenida y subvencionada por el Estado por el coche eléctrico, básicamente porque la superpotencia asiática no tiene petróleo), y tenemos en cuenta que Trump ha acabado con las políticas de electrificación de la modalidad, podemos concluir que las políticas ecologistas para detener el clima son lágrimas en la lluvia, como ejemplifica la estrategia de ecologismo en un solo país (la UE tiene sólo 447 millones de habitantes, respecto de los 8300 millones actuales, es decir, poco más del 18%).

 

O de otro modo,

constituyen el suicidio económico que tantas élites predican.

 

Porque, por ahora, sólo el 3,5% de los vehículos en el mundo son eléctricos.

 

En veinte años, difícilmente lo serán más del 20%.

 

Y eso que la tecnología actual permite ya combustibles sintéticos neutros en carbono o biológicos...

Esto es sólo un ejemplo de pésimas decisiones que han tomado las 'élites' europeas...

 

Porque es obvio que, en los últimos años hemos asistido a un cúmulo de cagadas monumentales que han ido, desde,

  • las deslocalizaciones industriales que han tenido como consecuencia la transferencia de tecnología a competidores

  • la vulnerabilidad industrial del viejo continente

  • una política de inversiones que se ha dedicado a devastar regiones industriales en el sur de Europa...

Ahora asistimos a la siguiente fase, como,

  • los opacos acuerdos agrícolas con Marruecos

  • los intentos desesperados por firmar otro con el Mercosur, con presiones de todo tipo...

Sobre Marruecos, hace poco hablaba con una representante de una cooperativa agrícola dedicada al aceite del Priorat.

 

Contaba la montaña de papeles, controles, inspecciones y burocracia a la que debían hacer frente para hacer posible una pequeña producción de la que vivían unas sesenta familias - incluso para quien tiene cuatro olivos para repartir cuatro garrafas entre amigos y familia - y que contrastaba con la nula supervisión del aceite del norte de África.

 

Es decir,

resulta prácticamente imposible saber si el aceite que compramos en el supermercado viene de allí.

Cualquiera que tenga una explotación agraria, por pequeña que sea, debe realizar una montaña de trámites, papeleo, controles, en definitiva, más exigentes que preparar unas oposiciones a notaría.

 

La llegada de productos del Mercosur, la mayoría de ellos producidos en grandes latifundios por feudales y multinacionales, imposibilita una competición justa con nuestros campesinos.

Si ya nos hemos quedado sin industria, permanecer sin agricultura equivale a dejarnos a merced de nuestros competidores y enemigos internacionales, que, si lo decidieran, podrían matarnos de inanición.

Es más, de hecho,

en Francia se suicidan de promedio 180 campesinos al año (para que nos hagamos una idea, tres veces los crímenes machistas en España), una casuística vinculada a la imposibilidad de hacer frente a las deudas y a la perspectiva de perder su explotación.

Sin embargo, la prensa oficial, regada con fondos globalistas ignora el problema y silencia la revuelta campesina global a la que estamos asistiendo.

En Bruselas se está intentando obligar a los países a aceptar este acuerdo comercial, no se sabe exactamente bajo qué propósito.

 

Debiera resultar curioso que quien hasta ahora se ha mantenido firme con una negativa total ante estas exigencias es la presidenta italiana Meloni.

¡Luego algunos se preguntan cómo es que tanta gente vota la 'extrema derecha'...!

Esta semana hemos asistido a otra de las cumbres críticas.

  • Primero, intentando obligar a Bélgica a que expropie los fondos rusos que tienen depositados en Bruselas (cargándose todas las leyes internacionales y comerciales, y sabiendo que cualquier tribunal de arbitraje dará la razón a Moscú)

  • Finalmente creando eurobonos por 90.000 millones de euros.

La palabra eurobono puede sonar bien.

 

En la práctica es pulsar el botón de la fotocopiadora de los billetes, lo que equivale a una depreciación de la moneda común, o en otros términos,

que vamos a financiar la guerra de Ucrania con la inflación que ataca directamente el bolsillo y los ahorros de todos los lectores...

Y menos mal que aún no hemos robado el dinero a los rusos, porque es obvio que esto hubiera representado una declaración de guerra.

 

En este sentido, siento hacer de historiador, pero las guerras se saben cómo comienzan, aunque no se saben cómo terminan. Y segundo consejo, ¡no cabreemos a los rusos!, pues no suele salir bien.

Es obvio que la obsesión por Ucrania no responde a ninguna razón de carácter moral, por mucho que intenten presentarlo así.

 

Si tuviéramos que entrar en un conflicto armado contra un malvado,

¿por qué no reclamamos los 44.000 kilómetros cuadrados que la URSS arrebató ilegalmente en un acto de guerra e invasión a Finlandia entre 1939 y 1944 (el 11% de sus territorios) y pedimos una reparación para los 410.000 finlandeses que perdieron sus casas y tuvieron que desplazarse a otros territorios (el 12% de la población)?

O, aún más escandaloso…

¿por qué no echamos a Turquía de Chipre (un país de la UE), tierra que ocupa ilegalmente desde 1974, que representa el 37% de la isla (reconocida internacionalmente como un solo país) y que provocó el desplazamiento forzoso (crimen de guerra) de 200.000 greco-chipriotas (el 30-35% de la población)?

En Europa existe un problema, que básicamente,

¡se llama Alemania...!

La obsesión por Ucrania es la versión económica del Lebensraum que los geoestrategas de Berlín han hecho de este territorio como un espacio de expansión natural.

De ahí las diferentes y torpes maniobras previas para mover Kiev a su esfera de influencia (las revoluciones naranjas).

Y ahora pretenden que los vasallos europeos pongamos nuestro dinero, y quién sabe si nuestros jóvenes, para sus fantasías geopolíticas

 

Desde que los británicos se marcharon, asqueados de Europa, y Macron ha decidido librar una guerra de desgaste contra los franceses, Berlín, con sus merkelianos y sus verdes globales, se ha hecho con el control de las instituciones europeas.

 

Y si hay algo que ha caracterizado históricamente a la política exterior alemana ha sido actuar siempre con la sutileza de un grupo de adolescentes borrachos en un hotel de Mallorca...

 

Ahora pretenden que, con ellos, los europeos practiquemos el arriesgado deporte del 'balconing'...