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por Antònia Crespí Ferrer
Washington D.C.
27 Abril 2026
del Sitio Web
Publico

El presidente de los
EE.UU., Donald Trump,
a su llegada a la
comparecencia de prensa
tras la cena de
corresponsales.
KENT NISHIMURA / AFP
El
intento de magnicidio
es el
tercero
que sufre
el presidente en dos años,
pero la
polarización del país
se ha
cobrado vidas en ambos lados
del
espectro político...
El intento de atentado contra
Donald Trump durante la
cena de corresponsales de la Casa
Blanca ha devuelto la violencia política a la primera línea
informativa.
La consternación, sin embargo, ya no va
acompañada de la sorpresa.
El magnicidio frustrado contra
el presidente -
el tercero en dos años - es un
recuerdo de cómo la violencia política se ha asentado en la vida
de Estados Unidos.
El sábado por la noche, mientras en la sala de baile del hotel
Washington Hilton, Trump y numerosos miembros de su gabinete
participaban en el acto anual organizado por la asociación de
periodistas de la Casa Blanca, un hombre armado lograba cruzar
el control de seguridad.
A la carrera,
Cole Tomas Allen, cruzó el
perímetro hasta que fue detenido por los agentes del servicio
secreto.
En el salón donde estaban más de 200
periodistas y representantes extranjeros, se escucharon
tiros y, a los segundos, aparecían más agentes que se
llevaban rápidamente a Trump y al vicepresidente JD Vance.
Otros altos cargos, como el secretario de
Defensa,
Pete Hegseth, y el
secretario de Estado, Marco Rubio, también tuvieron
que ser escoltados.
El nombre de Cole se inscribe en una lista cada
vez más larga de casos de violencia política, donde Trump y la
extrema derecha intentan
capitalizar el relato.
Solo hay que comparar el diferente trato que la
Administración dio al asesinato del influencer de extrema derecha,
Charlie Kirk, y al asesinato de una congresista demócrata del
estado de Minnesota el año pasado.
En junio de 2025, meses antes del asesinato
de Kirk,
Melissa Hortman
y su marido fueron asesinados a tiros en su propia
casa en Brooklyn Park (Minnesota).
El atacante, Vance Luther Boelter, ese
mismo día también se dirigió al domicilio del congresista
demócrata John Hoffman, donde también abrió fuego.
Tanto Hoffman como su pareja resultaron
heridos, pero ambos sobrevivieron.
Cuando sucedieron los hechos, Trump apenas dedicó
un tuit a los hechos y lo escondió bajo la alfombra.
En cambio, cuando Kirk, uno de sus grandes
simpatizantes, fue víctima del mismo tipo de violencia, Trump
ofreció un discurso a la nación y capitalizó la situación para
declarar el movimiento antifascista como organización terrorista.
De hecho, desde que Trump firmó esa orden
ejecutiva, diversos intelectuales e historiadores de marcado perfil
progresista se han autoexiliado del país.
Uno de los primeros fue el profesor de
Filosofía de Yale, Jason Stanley.
El autor de Cómo funciona el fascismo
cruzó la frontera hacia Canadá con su familia para evitar una
persecución ideológica que prevé que vaya a más.
El profesor de Historia Mark Bray, y
autor de Antifa, se exilió a España el pasado mes de
octubre a raíz de una ristra de amenazas de muerte contra él por
su ideología.
Bray explicó en numerosas entrevistas cómo
alguien publicó la dirección de su casa en X y temía que alguien
se personara allí para atacarlo.
Un Síntoma más de la Polarización
que sufre EE.UU.
La deliberada decisión por parte de la Casa Blanca de ignorar o
subestimar la violencia contra parte de la población es un síntoma
más de la polarización que sufre Estados Unidos desde
hace ya una década.
En 2023, la agencia Reuters ya publicaba
un informe en el que apuntaba cómo la violencia política estaba en
su peor momento desde 1970.
Desde el 6 de enero de 2021 hasta el mes de
agosto de 2023, la agencia contabilizaba un total de 213 casos
de violencia política.
Dos terceras partes de estos casos eran
confrontaciones y asaltos físicos, y la otra tercera parte
habían sido ataques a la propiedad privada.
Asimismo, también apuntaba que de los 14
ataques políticos letales ocurridos en el país desde los
disturbios del 6 de enero, en los que el autor o el sospechoso
tenía una clara inclinación partidista, 13 fueron agresores de
derechas.
A pesar de que las víctimas de la violencia
política, pertenecen a ambos espectros políticos, la Casa Blanca
este lunes volvía a acusar a los demócratas del atentado contra
Trump.
La portavoz Karoline Leavitt decía en la
rueda de prensa que,
tanto los medios de comunicación como el
Partido Demócrata y todos "aquellos que tienen altavoz" son
responsables...
La Casa Blanca
ha acusado a
los demócratas y a los medios
del atentado contra Trump...
"Todo el Partido Demócrata ha planteado a los
votantes de todo el país que Donald Trump representa una amenaza
existencial para la democracia, que es un fascista y lo comparan
con Hitler", decía Leavitt.
La portavoz, a pesar de que aseguraba querer
desescalar la tensión y poner fin a esta espiral de violencia,
seguía echando leña al fuego con sus acusaciones...
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