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por José Luis Marín
12 Julio 2026
del Sitio Web
ElOrdenMundial

Fuente
El autor
de 'Cómo Ocultar un Imperio'
sostiene en su
libro
que el
presidente estadounidense
es ante todo un
matón.
Pero uno que
profundiza
las lógicas de
dominación
que han marcado
la estrategia internacional
de la Casa
Blanca...
Estados Unidos arrebató a España su colonia en Filipinas en 1899...
El episodio, que marcó el fin a cinco siglos de
expansión imperial española, es de sobra conocido en estas
latitudes.
Mucho menos famoso es que, desde el mismo el final de ese
conflicto, el país norteamericano comenzó otra sangrienta guerra
colonial contra los mismos filipinos a los que había apoyado en su
sueño de independencia.
La masacre se extendió durante quince años y a
día de hoy se mantiene como la segunda guerra más larga en la
historia de Estados Unidos, sólo después de la de Afganistán.
Daniel Immerwahr
(1980), profesor en la Universidad de Northwestern
(Illinois) y colaborador de
The New Yorker, ha pasado gran
parte de su carrera estudiando las
relaciones exteriores de Estados Unidos.
En ese ámbito ha destacado por analizar
cómo,
la gran potencia estadounidense se convirtió en
un imperio
colonial prácticamente desde su fundación, lo amplió, lo transformó
y luego lo ocultó bajo un sistema de alianzas que le ha llevado a
tejer una vastísima red de bases militares en todas las esquinas del
mundo.
Hoy, el imperialismo estadounidense es motivo de
críticas hacia su acepción moderna:
esa pax americana que
se sustenta en,
Sin embargo, su pasado colonial, al estilo
tradicional de las antiguas potencias europeas, sigue siendo un
fantasma que se diluyó bajo nuevas lógicas y que nunca ha terminado
de emerger.
Immerwahr, que se considera un "crítico de
izquierdas", ha plasmado esta idea en
Cómo
Ocultar un Imperio, editado en España por Capitán
Swing en 2023.
En los últimos tiempos, el académico ha tratado
de explicar, apoyándose en estos conocimientos históricos, la
coyuntura que atraviesa su país de la mano de
Donald Trump.
En esta entrevista con El Orden Mundial,
realizada a través de videollamada, repasa, en muchas ocasiones con
un humor afilado, los cambios que el presidente está provocando en
política exterior y cómo ha dado forma a sus
ambiciones
expansionistas en Groenlandia y Canadá, así como las intervenciones
en Venezuela e Irán o sus amenazas a Cuba.

Foto:
Daniel Immerwahr
Northwestern
University.
(cedida)
El magnate neoyorquino, asegura Immerwahr, no es
un aislacionista, sino más bien un obseso de la fuerza bruta y el
abuso, un matón para el que la diplomacia sólo es un escollo para
alcanzar sus objetivos.
PREGUNTA – Venezuela, Irán, Cuba,
Groenlandia, Canadá... ¿Estamos ante el inicio de una nueva era
imperial de Estados Unidos o nunca desapareció?
RESPUESTA – Depende de cómo se mire, Estados
Unidos ha sido un imperio desde su fundación.
Por su nombre
puede parecer que sólo es una unión de estados, pero desde que
ratificó su independencia de Gran Bretaña ya era una colección
de estados y territorios.
Eso es cierto hoy y ha sido cierto cada día
de su historia.
Dicho esto, están ocurriendo cosas nuevas con
Donald Trump: ha pasado mucho tiempo desde la última vez que
vimos a un presidente estadounidenses pedir y desear la anexión
de grandes extensiones de tierra.
No sé si Trump nos está llevando de vuelta a
una nueva era de expansión imperial, o si es sólo una de sus
piruetas, pero en las próximas dos décadas veremos la
acaparación de recursos que se vivió en el periodo previo a la
Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial.
Y si es así, estamos ante un escenario que
será muy peligroso.
"Trump ha estado
en contra del orden de
posguerra
desde que comenzó su
carrera política
en los años ochenta"
En su acepción moderna, el
imperialismo estadounidense lleva mucho tiempo bajo la lupa de
la opinión pública más crítica. Por ejemplo, con lo sucedido con
las invasiones de Irak y Afganistán. ¿Hay algún factor diferente
entre lo que estamos viendo ahora con Trump y las últimas
décadas?
Los presidentes de las últimas décadas no han
sido tímidos respecto al poder de Estados Unidos, pero el tipo
de poder que han intentado lograr ha tenido generalmente una
forma diferente.
Estados Unidos tiene cientos de bases
militares.
No sabemos exactamente cuántas, pero 750 es
una estimación bastante sensata. Sin embargo, en las últimas
décadas el país no se había planteado ganar poder aumentando su
territorio.
Hay otras formas en las que ha buscado
imponerse sobre otros países y hacer lo que quiere en el mundo.
Y puedes llamarlas imperiales si quieres, pero no han tomado la
forma del
imperialismo clásico de acaparamiento de colonias.
Estados Unidos tiene bajo control cinco
territorios, millones de personas viven en ellos, pero la idea
de sumar más territorios como una forma de volverse más poderoso
estaba descartada.
Trump tiene una visión diferente, un camino
diferente hacia el poder. Y parte de eso es que se siente
profundamente incómodo con el tipo de poder que nuestros
presidentes han ejercido desde 1945.
Trump no siente ninguna afinidad por el orden
de la posguerra, y ha estado en su contra desde que comenzó su
carrera política en los años ochenta.
De hecho, Trump ha destacado por su
interés en figuras de la época expansionista y colonialista de
Estados Unidos...
Trump se siente incómodo con el orden mundial
posterior a 1945 - puedes llamarlo "orden mundial liberal" si
eres fan de él o pax americana si eres un crítico -
pero está tan obsesionado con el poder que busca otras formas de
alcanzarlo con modelos anteriores.
Se ha sentido atraído por la doctrina Monroe,
que es del siglo XIX y fue revivida a principios del siglo XX.
Se siente atraído por
William McKinley, que fue presidente a finales del siglo XIX.
Se siente atraído por el movimiento America First de
principios de la década de 1940.
Todos son modelos presentes en su mente. Y
aunque no fue particularmente así en su primer mandato, en su
segundo mandato se ha obsesionado con la idea de que Estados
Unidos reclame territorios.
Al principio, enumeraba un montón:
Canadá, Gaza - siempre que se pueda
limpiar étnicamente de gazatíes - la Zona del Canal de
Panamá...
Y también se ha centrado en Groenlandia.
Pese a su interés en figuras del
pasado, Trump también ha destacado por su revisionismo
histórico. ¿Está más centrado en recuperar el imperio de Estados
Unidos o en construir uno propio?
Eso es lo complicado con Trump:
tiene un deseo claro de dominación pero,
a diferencia de los presidentes anteriores, él tiene dos
caminos para eso.
Uno es que quiere expandir su imperio de
negocios personal; el otro, que también parece interesado en
acaparar cierto poder para Estados Unidos.
Los presidentes pasados no han tenido ese
conflicto de intereses donde buscan expandirse personalmente
además de en nombre del país.
Pero Trump sí está claramente interesado en
su negocio como una entidad global en crecimiento.
Y para ello está haciendo un extraño juego
donde toma decisiones diplomáticas en nombre de Estados Unidos
que obviamente no son buenas para el país, pero que le
benefician personalmente.
Y eso es algo con los ciudadanos en Estados
Unidos no hemos tenido que lidiar durante mucho tiempo.
En tu libro mencionas que después de
varias décadas de expansión y colonialismo algo cambió tras el
fin de la Segunda Guerra Mundial: Estados Unidos ganó una gran
cantidad de territorio, pero eligió no incorporarlo por varios
motivos. Uno eran los movimientos de emancipación, pero también
por razones tecnológicas. ¿Qué ha cambiado para Trump ahora para
buscar Groenlandia, por ejemplo?
He descrito la forma que ha tomado el poder
del país después de 1945 como el "imperio puntillista".
No es que Estados Unidos haya renunciado al
territorio, sino que ha estado mucho más interesado en
ubicaciones pequeñas, bases militares o islas en lugar de un
territorio grande. Trump claramente ve las cosas de manera
diferente.
Si Estados Unidos
anexionara Groenlandia, lo cual creo que es poco probable,
ese sería el territorio más amplio que jamás haya conquistado.
Y creo que parte de ello es que Trump se
siente incómodo con las interacciones diplomáticas que se
requieren para mantener el imperio puntillista de bases
militares.
Tener presencia en todas partes del mundo te
exige estar constantemente negociando y cerrando tratos con
extranjeros. A Trump eso le gusta muy poco.
Hasta ahora, el poder de Estados Unidos ha
dependido de mantener un esquema en el que otros países son
miembros de un sistema. Miembros subordinados, sí, pero a fin de
cuentas miembros.
Pero Trump está interesado en la visión más
exclusiva del poder...
En este sentido, es interesante que los
territorios que más le interesan son aquellos que puede imaginar
vacíos. Allí puede dejar fuera a los extranjeros.
Groenlandia es un ejemplo. También Gaza, pero sólo si no hay gazatíes en ella. Y el canal de Panamá es la parte
históricamente blanca del país, la parte que no tiene tantos
nativos.
¿Hasta qué punto tienen los recursos
un peso importante en esta cosmovisión? En tu libro también
señalas que la anexión territorial del siglo XIX respondía, en
gran parte, a la necesidad de control de los recursos naturales.
Además de los recursos, el
imperialismo ha sido impulsado por el deseo de controlar
posiciones estratégicas.
Pero lo interesante es que hay dos
formas de obtener tanto posiciones estratégicas en el mapa como
recursos en lugares extranjeros.
Una forma es simplemente decir:
"Esto es nuestro. No se permite la
entrada".
La otra es comerciar y negociar.
Groenlandia es un caso muy claro porque en el
primer mandato de Trump, cuando comenzó a imaginar que Estados
Unidos podrían anexionar el territorio, muchos señalamos que ya
tiene una base militar allí y que además tiene un acuerdo que le
da derecho a tener más si lo desea.
No tienen limitaciones, pueden hacer lo que
quieran y tienen una larga historia de eso mismo, incluyendo
cosas a las que el Gobierno de Groenlandia y el danés se han
opuesto.
Además, el Ejecutivo danés ya se ofreció en
el caso de que Estados Unidos estuviera interesado en los
minerales estratégicos que se han liberado con el cambio
climático:
"Estamos abiertos a los negocios. Les
venderemos lo que quieran".
Así que decir que Estados Unidos tiene que
reclamar Groenlandia o cualquier otro lugar porque necesitan sus
recursos es confuso, porque ya tienen acceso a ellos.
Ahora bien, la colonización es a menudo algo
a lo que las potencias recurren cuando les preocupa no poder
obtener las posiciones y recursos que quieren en un mercado
abierto, especialmente cuando se están imponiendo barreras
comerciales y los países se vuelven más hostiles.
No sé si Trump intuye eso o si simplemente es
que no le gusta el modelo de comerciar con extranjeros.
"Trump es el presidente
más abiertamente
racista
que hemos tenido en
décadas"
¿Se ha instalado en la Administración
una recuperación de las tesis racistas del siglo XIX o de
teorías supremacistas como el destino manifiesto?
Parece que sí.
Ahora bien, sería totalmente posible tener un
presidente que fuera un anexionista territorial y que creyera
que Estados Unidos necesita más territorio, pero que no
estuviera comprometido con las formas de racismo del siglo XIX.
Pero en el caso de Trump hemos visto no sólo
a alguien comprometido con formas más antiguas de ejercicio del
poder, sino que también está cayendo en formas más antiguas de
racismo.
Es el presidente más abiertamente racista que
hemos tenido en décadas.
No es tímido al respecto, sino que parece
orgulloso de mostrar su visión del mundo en la que la gente
blanca importa más que el resto.
A nivel internacional, ¿esta nueva
política exterior expansionista de Estados Unidos está alineada
con los intereses de otras potencias como Rusia o China? ¿Están
estos países viviendo también un momento de resurgimiento
imperial?
Sí. Hace quince años,
Rusia y
China ya tenían ambiciones territoriales evidentes, pero
estaban contenidas.
Por ejemplo, si China atacaba Taiwán, habría
violado las normas del orden internacional y se habría
enfrentado a sanciones y a otros problemas que harían que no
valiera la pena. Ya no vivimos en ese mundo.
Obviamente, Rusia ha violado las normas
internacionales y ha logrado persistir.
Pero las normas funcionan al mantenerse por
cómo hablamos y cómo actuamos, y tener al presidente de Estados
Unidos hablando de sus deseos de anexionar otros países -
incluso si no lo hace - erosiona la expectativa de que habrá
sanciones coordinadas para cualquier país que intente este tipo
de cosas.
Eso hace mucho más factible para China el
considerar planes de expansión territorial.
En otra parte de tu libro señalas
que, tras la guerra con España, las elecciones de 1900 fueron
una prueba de fuego para los imperialistas que defendían la
anexión de Cuba y Filipinas, y que la superaron derrotando a los
antiimperialistas en las urnas. ¿Están teniendo estos últimos
movimientos de Trump algún coste electoral? ¿Le afectarán en las
elecciones de mitad de mandato?
Tal vez, pero es complicado decir cómo está
recibiendo todo esto la base de Trump.
Es indudable que tiene mucho apoyo. No es
popular entre la mayoría del país, pero tiene seguidores muy
fervientes. Y las cosas que les gustan de Trump son cosas como
que se va a enfrentar a la inflación y que no cree que los
expertos siempre sepan qué es lo mejor.
Hay muchas cosas que Trump ha prometido, que
su base quiere y que han sido consistentes con lo que ha hecho,
como el tema migratorio.
Pero Groenlandia, por ejemplo, no formó parte
de su campaña.
Habría sido extremadamente difícil encontrar
a alguien en la base del
movimiento MAGA que pensara que si reelegíamos a Trump iba a
intentar anexionarse otros países, pero su base sí aprecia las
demostraciones dramáticas de fuerza y le sigue cuando hace este
tipo de cosas.
Lo consideran como algo caótico, que distrae,
desconcertante. No sé si este tema por sí solo le va a costar a
los republicanos las elecciones de mitad de mandato, pero
ciertamente no ha ayudado.
¿Qué hay del Partido Demócrata? Dices
en el libro que en la misma campaña de 1900 los demócratas
argumentaban que el imperialismo conduce, inevitablemente, a
algún tipo de despotismo en casa. Es bastante profético visto lo
que está sucediendo con el
ICE, pero no parece que el Partido
Demócrata esté muy inclinado a sacar todo el rédito electoral a
las intervenciones de Trump, como la de Venezuela.
El Partido Demócrata ha sido muy crítico con
Trump respecto a Venezuela.
De hecho, en este momento son críticos con
todo lo que hace Trump, excepto con la medida de abolir el
penique, nuestra moneda de menor valor.
Pero no creo que el Partido Demócrata del
siglo XXI haya hecho ese vínculo que hizo el de principios del
siglo XX, de que el imperialismo en el extranjero conduce al
despotismo en casa.
En parte la razón es que recientemente
también han apostado por el uso de la fuerza. Trump no está solo
en todas las cosas que está haciendo, como montar una policía
militarizada o la disposición a desplegar unidades militares en
suelo estadounidense.
Los demócratas participaron en la
construcción del aparato militar de Estados Unidos.
Cuba lleva meses asfixiada por las
sanciones y está en el punto de mira de la Administración Trump.
En el libro argumentas que los acuerdos alcanzados con Cuba a
principios del siglo XX le dieron a Estados Unidos todos los
beneficios de la colonización sin las responsabilidades que
acarrea. ¿Crees que es lo que Trump intentó en Venezuela y que
lo intentará en otros lugares?
Sí, pero hay que distinguir lo que Trump
quería en Venezuela de lo que ha pedido en Groenlandia.
En Venezuela, Trump dijo:
"Dirigiremos el país sólo para
asegurarnos de que el petróleo venezolano - que él llama
'nuestro petróleo' - se produzca en cantidades suficientes y
que los banqueros se dirijan a los puertos correctos".
Pero no ha dicho:
"Nos gustaría apoderarnos de Venezuela y
que sea parte permanente de Estados Unidos".
Lo que parecen querer es tener el suficiente
control de la economía y la política exterior para asegurarse de
que Venezuela encaje
en un sistema más amplio.
[La Casa Blanca y Trump, no obstante, sí
difundieron un mapa de Venezuela con la bandera estadounidense y
el encabezado
'estado 51'].
Pero en Groenlandia, Trump realmente quiere
tomarla y ha sido claro en que no se sentiría satisfecho con la
solución comercial, que Estados Unidos ya tiene.
Has defendido la idea de que Estados
Unidos era y sigue siendo una especie de colección de estados y
territorios. ¿Qué le pasaría a Groenlandia si tuviera éxito la
anexión?
Es poco probable que Estados Unidos se
anexione Groenlandia, pero si ocurriera, la isla casi con
seguridad se convertiría en un territorio, no en un estado.
Esto significaría que, si funcionara de la
misma manera que los territorios han funcionado en el pasado,
sus habitantes no tendrían derecho constitucional a la
ciudadanía, a menos que se aprobase una ley especial.
No tendrían derecho a votar en las elecciones
presidenciales.
No tendrían derecho a tener legisladores que
tuvieran poder de voto en nuestro Congreso, y la Constitución -
que es supuestamente la ley del país - se aplicaría sólo en
parte a Groenlandia.
Así que respecto a las cuestiones de gobierno
más importantes, los habitantes de la isla estarían privados de
sus derechos o subordinados de alguna manera.
"Llevamos décadas viendo la
militarización
de la vigilancia policial en
Estados Unidos"
Pero no es sólo un tema exterior: a
nivel interno parece que la Administración Trump ha aplicando la
misma lógica, por ejemplo, en Minnesota. El ICE actúa como una
fuerza de ocupación.
Y no es la primera vez que sucede.
Simplemente responde a una mecánica
establecida:
cuantos más tanques se envían a lugares como Irak,
más tanques hay disponibles y más gente está entrenada para
ocupaciones extranjeras o que ha participado en ellas.
Esas personas están listas para actuar si de
repente hay una insurgencia interna.
Por lo tanto, existe una consecuencia obvia y
contraproducente del enorme despliegue militar que ha llevado a
cabo el país. Todas esas cosas no son grifos que se puedan abrir
y cerrar fácilmente porque todo el personal y el material sigue
aquí.
Los fabricantes de armas están ansiosos por
vender su equipo de "uso dual", lo que significa que no sólo
venderán al Ejército, sino que quieren poder vender a un mercado
más constante como los departamentos de policía.
Llevamos décadas viendo este tipo de
militarización de la vigilancia policial en Estados Unidos.
Volviendo al tema del racismo, hemos
visto a Trump haciendo bromas xenófobas sobre la población de
Groenlandia. En el libro señalas que Woodrow Wilson, presidente
del país entre 1913 y 1921, tenía una suerte de naturaleza dual
cuanto se trataba de lidiar con el aspecto colonial del país: el
Wilson antiimperialista y el Wilson racista y paternalista.
¿Esta es la forma de pensar del movimiento MAGA más
aislacionista?
No.
Cuando la gente busca la mejor versión de la
estrategia internacional de Estados Unidos, una visión con
la que el mundo entero podría estar de acuerdo, a menudo señalan
a Wilson, quien quería un mundo de naciones-Estado, no de
imperios; un mundo de comercio y paz, no de guerra y amenazas.
Lo complicado de Wilson era que también
parecía tener un paternalismo profundamente racista y pensaba
que algunas personas estaban listas para ser independientes y
otras no.
En el movimiento MAGA hay poco interés en la
visión idealista wilsoniana:
está interesado en la dominación y ve
poca ventaja para Estados Unidos en un gran sistema
vinculado al comercio.
Wilson creía que la forma de asegurar la paz
para su país era vincular a todos los países a un sistema donde
Estados Unidos fueran el centro, porque los países que comercian
entre sí no van a la guerra.
Trump y sus votantes se han sentido oprimidos
por esta política comercial, particularmente por la inclusión de
China en la Organización Mundial del Comercio, porque lo han
visto como una amenaza para los empleos.
De hecho, en un artículo en The
New Yorker argumentas que Trump nunca ha sido realmente un
aislacionista. Más bien, dices que es una especie de fanático de
la fuerza bruta y el abuso, un matón. ¿Toda la nueva política
exterior de Estados Unidos está centrada en esto o hay algo más?
Es la política exterior dominante.
En su primer mandato, Trump había heredado la
arquitectura del orden internacional liberal o pax americana.
A menudo se peleaba con sus subordinados sobre qué hacer con eso
porque despreciaba ese sistema.
Sin embargo,
no desmanteló el
despliegue exterior del ejército ni cerró las bases militares.
No sacó a Estados Unidos de la OTAN.
Ahora parece que Trump está tratando de
establecer las relaciones exteriores estadounidenses sobre una
nueva base y ha sido mucho más claro al respecto.
Tiene a gente a su alrededor que puede darle
forma a esos instintos y convertirlos en doctrinas de seguridad
nacional.
Y sí, no es una lógica aislacionista porque
no se trata de que el país se mantenga al margen, sino que se
trata de que Estados Unidos se relacione con otros países a
través de la amenaza en lugar de a través de la creación y
mantenimiento de un sistema amplio.
Mirando al futuro, ¿crees que esta
nueva política exterior podría revertirse, por ejemplo, si el
Partido Demócrata gana las próximas elecciones? ¿O será difícil?
La primera pregunta con Trump es siempre qué
cosas son reversibles y cuáles no, porque a veces
simplemente se dedica a destruir cosas y luego es muy
difícil reconstruirlas.
Por ejemplo, Estados Unidos ha pasado mucho
tiempo acogiendo a los estudiantes internacionales más
talentosos en sus universidades.
Trump ha hecho que la situación de los
visados de esos estudiantes sea tan precaria que es difícil
imaginarlos queriendo volver al país sabiendo que podrían ser
expulsados a mitad de su educación universitaria.
Incluso después de que Trump ya no sea
presidente, seguramente pensarán que esto podría volver a
suceder.
También es posible que podamos tener a otro
Joe Biden, y que ese presidente quiera restaurar todo el antiguo
orden. Pero los órdenes mundiales dependen mucho de la confianza
y las expectativas, y esas normas de comportamiento a largo
plazo han sido gravemente erosionadas.
Trump es un crítico de derechas de la
hegemonía estadounidense. Yo soy un crítico de izquierdas de eso
mismo. No creo que la pax americana haya sido buena
para el mundo.
La objeción de Trump es que ha sido mala para
Estados Unidos, pero muchos de nosotros siempre hemos estado
preocupados por la centralidad de Estados Unidos en todos los
asuntos diplomáticos, económicos y militares del mundo.
Todo esto podría llevarnos a un resultado
inesperado: aunque su mandato será accidentado, Trump podría
destruir la pax americana desde dentro y eso podría
llevar a un sistema global más justo y democrático.
No creo que pueda confiar en esto, pero lo
que Trump está atacando es posiblemente algo que vale la pena
atacar.
En tu artículo de The New Yorker
también señalas que la aversión inicial de Trump a las
intervenciones también la manifestó George W. Bush antes de ser
presidente, y luego llegaron Afganistán e Irak. ¿Es un tema
personalista o es algo inherente a la lógica imperialista y de
potencia dominante?
Es posible que eso sólo se sienta al ser el
comandante en jefe del Ejército de Estados Unidos.
Es fácil imaginar que, cuando quieres algo en
un país extranjero o te preocupa el líder de algún movimiento,
los mandos militares te respondan:
"Mira lo que podemos hacer con nuestro
poder aéreo. Sólo danos las coordenadas y tus problemas
quedarán resueltos".
Bush esperaba eso. Pensó que simplemente
íbamos a hacer una serie de ataques limpios y de precisión y que
eso sería suficiente para cambiar el Gobierno en Irak y que ni
siquiera tendríamos que poner un pie en el país.
Por eso preparó un cambio de régimen pero no
una ocupación, porque pensó que sería fácil.
Y no fue fácil.
Trump estaba muy emocionado con lo que hizo
el ejército en Venezuela y lo limpio que parecía todo. Entras,
coges al presidente, lo capturas..., qué cosa tan increíble.
Pero esas fantasías suenan bien durante cinco
minutos; luego los próximos cinco años van a ser mucho más
difíciles.
¿Pueden Venezuela o Irán convertirse
en las Irak y Afganistán de nuestro tiempo?
No lo sé, pero Trump es fan de la idea de que
puede disciplinar a otros países con ataques aéreos decisivos.
George W. Bush también era fan de esa teoría.
Y mira cuál fue el resultado...
"Trump es un presidente
muy cartográfico.
Disfruta de que Estados
Unidos
haya tenido el mismo
aspecto sobre el mapa
durante mucho tiempo y
que ahora él lo pueda cambiar"
Durante la época imperial y colonial
de Estados Unidos, los mapas fueron una herramienta muy
importante para la política exterior. Ahora hemos visto a Trump
usar mapas de Norteamérica bajo la bandera de Estados Unidos.
¿Hasta qué punto la cartografía es importante en su visión del
mundo?
Trump es un presidente muy cartográfico.
Es verdad que usa inteligencia artificial
para hacer mapas, pero está muy interesado en la iconografía
impactante que surge al ver un mapa de manera diferente.
Ha habido momentos en nuestra historia en los
que el país se expandió y una forma de acercarse a eso fue
volver a mapearlos.
Cuando el presidente McKinley, a quien Trump
admira profundamente, estaba explicando su decisión de anexionar
Filipinas, dijo algo como:
"Lo pensé y decidí que deberíamos
añadirlo al mapa de Estados Unidos".
Existe una recompensa visual inmediata en la
captura de un territorio, y a muchos aquí les parece preocupante
porque Trump disfruta de estos shocks.
Entonces, ¿sólo es propaganda sin
valor geopolítico?
Está relacionado.
Trump tiene ambiciones anexionistas, pero
también disfruta de que Estados Unidos haya tenido el mismo
aspecto sobre el mapa durante mucho tiempo y que ahora él lo
pueda cambiar.
La mayoría de la gente no es consciente de
los otros territorios que Estados Unidos tiene bajo control
fuera del bloque continental, pero también es cierto que el país
se encuentra actualmente en el período más largo de su historia
sin cambios territoriales.
Se han mantenido durante mucho tiempo con la
misma forma en el mapa, excepto por las bases militares.
Y por eso a la gente le es llamativo que
Trump diga:
"Podríamos anexionarnos Canadá.
Imagina qué aspecto tendrá entonces
nuestro país y nuestro mapa"...
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