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por
Eduardo Irastorza
presidente
estadounidense convertir el estratégico estrecho de Ormuz en un lucrativo negocio de peajes.
el magnate busca en Irán un negocio redondo con el petróleo y los peajes.
es un golpe directo a China, su verdadera bestia negra...
Lo que empezó planteado como un severo correctivo:
El paso del tiempo se ha ocupado de poner al
descubierto los motivos ocultos que llevaron a
Donald Trump a
intervenir militarmente en Irán.
Ninguno de ellos se ha alcanzado por ahora...
No obstante, existen otras tres poderosas razones para que la presencia norteamericana se mantenga en este escenario:
Precisamente esta es la más importante, la más rentable y la más proyectable en el tiempo.
Curiosamente, no es una razón sin precedentes.
Los hay desde el siglo XVI, concretamente desde 1507, en el que naves portuguesas se presentaron en el estrecho, levantaron una fortaleza y disuadieron al entonces Sha de Persia de que aceptase su "protección" a cambio de cobrar peajes al comercio marítimo.
Muy pronto esta fuente de ingresos se convirtió en una de las más importantes para Portugal y más tarde para España que, desde Felipe II reinaba también en Lisboa.
Su hijo, Felipe III, recibió en 1612 una revisión del acuerdo por parte de Sha Abbas I, un ambicioso monarca persa que ya se había hecho nada menos que con Barein y la isla de Qeshem.
El imperio español, por entonces hegemón del mundo, no se tomó la molestia de responder hasta 1619, pero ya era tarde porque Abbás I había encontrado un nuevo "partner" que se ocupase de controlar el estrecho:
No resulta por tanto extraño que Trump considere que el papel de cobrador del estrecho le corresponde a él como autoproclamado hegemón.
Si a esto añadimos que una de las ideas que el octogenario presidente tiene más claras, como inmobiliario acostumbrado a cobrar alquileres, es que los aranceles son el mejor recurso para sanear su amenazada economía, entenderemos mejor su decidida voluntad de mantener tropas sobre el terreno.
Sin embargo, Trump debe tener presentes tres aspectos clave:
Esto repercutiría en la factura en destino y por tanto en el conjunto de la economía.
Donald Trump y los suyos han entendido perfectamente y desde el principio que si vas a una guerra es sobre todo para hacer negocios.
El presidente cifra el éxito de esta en los beneficios que representen para sus industrias petrolera y armamentística.
Si a esto sumamos cobrar el paso, la jugada es redonda, materializada en pingües y sostenidos ingresos.
Además, el control tanto del estrecho como de la producción de petróleo iraní le permitirían asestar un buen golpe a su verdadera bestia negra:
El gigante asiático necesita de toda la energía del mundo para desafiar a Estados Unidos, ante todo en el terreno de,
El gobierno de Xi Jinping ya dedica un 54% de su PIB a estas partidas y mantenerlas vivas se ha vuelto más complicado desde que Trump empezó con las "guerras del petróleo".
Es cierto que China apuesta ahora con decisión por la energía nuclear, algo que le permite consolidarse como líder y proveedor de centrales llave en mano a nivel global.
Suena prometedor para sus intereses, pero por el momento seguirá necesitando mucho carburante y gas.
El conflicto está servido...
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