|
por Giorgio Agamben del Sitio Web BrownstoneEsp
Por eso quizá sea bueno que los culpables sean castigados, pero no es igualmente seguro que los justos deban ser premiados.
Ellos recorren el mundo sin ser reconocidos hasta el fin de los tiempos y, solo de ese modo, dice la leyenda, salvan al mundo.
Desde luego, no se trata de una cualidad de un sujeto, de un atributo de este o aquel hombre, de esta o aquella mujer.
La justicia - escribió Benjamin - es un estado del mundo, una dimensión del ser, no de la voluntad ni de la intención. Las cosas son justas, decía Spinoza, cuando no las ves en un determinado tiempo o en un determinado lugar, sino cuando las ves en Dios.
Por eso la justicia es algo que nunca puedes
poseer, sino únicamente contemplar.
Nunca olvidaré las palabras de una joven que formaba parte de una organización de la resistencia en un país ocupado por los nazis.
Cuando fue liberada, sus compañeros quisieron celebrarla como a una heroína; le decían que, si había logrado soportar la tortura, era gracias a la fuerza de sus convicciones políticas, a su fidelidad a la causa y a otras tonterías semejantes...
Pero ella negaba con la cabeza y solo decía:
Había visto la justicia, había sentido una exigencia que la sobrepasaba por todas partes, pero no había pensado ni por un instante que ella fuera justa, que la justicia pudiera pertenecerle.
Si solo hubiera creído en la justicia de la
causa, pero no hubiera visto la justicia, habría cedido a la
tortura, habría hablado.
Así como la pena nunca puede provenir de la justicia, sino solo del derecho, tampoco el premio ni el reconocimiento pertenecen a la justicia.
El misterio del derecho, es decir, el misterio de la culpa y de la pena, no debe confundirse con el misterio de la justicia.
Por eso quizá sea bueno que,
Ellos recorren el mundo sin ser reconocidos hasta
el fin de los tiempos y, solo de ese modo, dice la leyenda, salvan
al mundo...
|