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por David Topí
27 Marzo 2026
del Sitio Web
EMEDT

Para los que estáis haciendo el curso de Sueños y Mundo Onírico,
y como parte de la experiencia cotidiana de los sueños que se va
incrementando a medida que uno pone en práctica las diferentes
técnicas y métodos para recordarlos y trabajar con ellos, ya veis
que,
en la mayoría de ocasiones, se atraviesan
cada noche escenarios, situaciones, emociones e incluso
conflictos profundamente significativos sin llegar a que
terminemos de ser del todo conscientes de que estamos viviendo
una realidad generada por los procesos subconscientes de nuestra
propia mente, lo que convierte al sueño en un proceso
automático, pasivo, y, en gran medida, desaprovechado
desde el punto de vista del autoconocimiento.
Sin embargo, con la práctica repetida y la
experiencia, existe un momento sutil, casi imperceptible, en el que
esta dinámica puede cambiar radicalmente: el instante en el que el
soñador deja de estar completamente absorbido por la narrativa del
sueño y comienza a observarla.
Ese instante es el que marca el nacimiento
de la conciencia onírica, una transición fundamental que no
solo transforma la experiencia del sueño, sino que también,
abre la puerta a una comprensión más profunda
de la mente y de los procesos de archivado y gestión del
material del cuerpo mental que se están llevando a cabo por la
noche, así como de la percepción que tenemos de ellos y, en
última instancia, de la propia realidad que se intenta
reorganizar en nuestra psique tras cada día de almacenamiento y
recopilación de datos.
Soñar - La Inmersión Total en la
Narrativa Inconsciente
Cuando soñamos de forma habitual, lo hacemos desde un estado en el
que la conciencia reflexiva, aquella que nos permite,
cuestionar, analizar o distanciarnos de lo
que ocurre se encuentra prácticamente inactiva, lo que implica
que aceptamos como real todo lo que sucede, por incoherente o
imposible que pueda parecer desde la perspectiva de la
personalidad y nuestros yoes "de vigilia".
En este estado, el soñador no se reconoce como
creador ni como observador de la experiencia, sino que se identifica
completamente con ella, reaccionando emocionalmente a los estímulos
del sueño como si fueran eventos externos y objetivos que el cuerpo
estuviera recibiendo en la vida "real".
Así,
podemos sentir miedo al ser perseguidos,
tristeza ante una pérdida o euforia ante una situación favorable
dentro del sueño con la misma intensidad que fuera de este, sin
cuestionarnos en ningún momento la naturaleza de lo que estamos
viviendo.
Soñar, en este sentido, es estar completamente
dentro de la experiencia onírica sin saber que se está dentro de
ella, lo que convierte al sueño en una especie de simulación
inmersiva donde la mente proyecta contenidos emocionales, simbólicos
y narrativos que el soñador experimenta como si fueran ajenos a sí
mismo.
Este fenómeno está profundamente relacionado con la forma en la que
funciona la esfera mental subconsciente, que organiza, procesa y
expresa información a través de imágenes, metáforas y escenarios que
no siguen necesariamente la lógica lineal de la vigilia, pero que
poseen una coherencia interna propia, muchas veces más emocional que
racional.
Observar el Sueño - El Surgimiento
del Testigo Interno
Frente a este estado de inmersión total, existe otra posibilidad:
la de comenzar a observar el sueño mientras
este ocurre, lo que implica la activación de una forma de
conciencia que no está completamente absorbida por la
experiencia de lo que se está captando o "viendo" en el sueño,
sino que mantiene una cierta distancia respecto a ella.
Observar el sueño no significa necesariamente
controlarlo, sino reconocerlo, y este matiz marca la diferencia
entre la manipulación del entorno onírico y la comprensión de su
naturaleza.
Es decir, cuando nosotros, soñando, empezamos a
observar ese sueño, aparece una especie de "doble posicionamiento":
-
por un lado, uno sigue estando dentro del
sueño, interactuando con él
-
por otro lado, emerge una capa de
conciencia (uno de nuestros yoes que hace de puente entre el
estado de vigilia y los procesos subconscientes) que es
capaz de darse cuenta de que todo lo que está ocurriendo
forma parte de un proceso interno.
Este fenómeno, que en
los sueños lúcidos se manifiesta de
forma clara,
representa la activación de lo que podríamos
llamar el "yo testigo interno" (el nombre me lo invento, es para
describirlo de forma que se entienda), una parte de los yoes que
forman la personalidad dependiente del "yo
observador" y que no se limita a reaccionar, sino que
percibe, reconoce y, en muchos casos, comprende suficientemente
bien aquel contenido mental que está dando lugar a ese sueño.
Aquí es donde el sueño deja de ser únicamente una
experiencia y se convierte,
en un espacio de observación consciente, lo
que transforma radicalmente su potencial, pasando de ser un
simple reflejo de procesos internos a convertirse en una
herramienta activa de exploración de aquello que esté formando
parte de nuestra programación y contenido psíquico y energético
de nuestra
AVH (Arquitectura Vibracional
Humana).
El Paso de la Inconsciencia a la
Lucidez
Uno de los aspectos más interesantes de este proceso es que el
cambio no ocurre en el contenido del sueño, sino en la forma en que
el soñador se relaciona con él.
Es decir, el escenario puede seguir siendo el
mismo (una ciudad, una casa, una situación cotidiana o incluso una
pesadilla), pero la experiencia subjetiva cambia completamente
cuando aparece la conciencia del "yo testigo" para observarla.
Es decir, el nacimiento de la lucidez no implica entrar en otro
mundo o nivel dentro del propio sueño, sino ver de forma diferente,
el mismo mundo que nuestro subconsciente está
generando mientras realiza sus tareas de mantenimiento de la
psique, lo que tiene implicaciones profundas no solo para el
trabajo con el mundo onírico, sino también para la comprensión
de la percepción en la vida diaria.
Este cambio está relacionado, entre otros
factores, con la activación por el Yo Observador de áreas del
cerebro vinculadas a la autoconciencia y la toma de decisiones, como
la corteza prefrontal, que en los sueños normales suele estar menos
activa, pero que en los sueños lúcidos participa en la experiencia,
generando un estado híbrido entre el sueño y la vigilia.
Y, desde un punto de vista de experiencia que se
tiene por la noche, este estado se caracteriza por la capacidad de
pensar, recordar, cuestionar e incluso decidir dentro del sueño, lo
que introduce una dimensión completamente nueva en la experiencia
onírica.
La Importancia de Reconocer sin
Controlar
Luego, más allá de la activación de este "yo testigo", que depende
del "yo observador", una de las confusiones más comunes cuando se
habla de
sueños lúcidos es la idea de que,
su objetivo principal es controlar el sueño,
es decir, modificar el entorno, volar, cambiar escenarios o
crear situaciones a voluntad.
Si bien estas posibilidades existen y forman
parte de la experiencia, y seguro que los que estáis haciendo los
ejercicios del curso lo vais a conseguir en algún momento.
Reducir la lucidez al control es limitar
profundamente su potencial, ya que el verdadero valor de este estado
reside en la capacidad de observar, interactuar y comprender lo que
emerge desde los estratos subconsciente e inconsciente del cuerpo
mental.
De hecho, en muchos casos, intentar controlar el sueño de forma
excesiva puede generar una pérdida de profundidad en la experiencia,
al
Básicamente, al menos en mi experiencia personal,
observar tus sueños de forma más o menos consciente implica permitir
que el sueño se exprese, mientras se mantiene la conciencia de que
se está soñando,
lo que crea un equilibrio entre participación
y distancia, entre experiencia y comprensión del contenido
onírico.
Este equilibrio es el que permite, por ejemplo,
enfrentarse a una pesadilla de forma consciente, no para eliminarla,
sino para comprender el mensaje o la emoción que está detrás de
ella, transformando así la relación con el contenido onírico y,
luego, en vigilia, poder trabajar con
tu YS, o con la técnica que sea,
para afrontar las causas de ese tema que causa esa pesadilla
nocturna y solucionarlo para siempre.
El Sueño como Espejo - De la
Reacción a la Comprensión
Por lo tanto, cuando estamos soñando en general no solemos observar,
sino reaccionar según programación a lo que se genere en el proceso
del sueño, pero, cuando se consigue observar el sueño, entonces se
activan muchos procesos de comprensión del propio material soñado.
Esta transición resume de forma clara el cambio
que se produce con el nacimiento de la conciencia onírica.
En el estado de sueño inconsciente, las emociones dominan la
experiencia, y el soñador se ve arrastrado por ellas sin capacidad
de cuestionamiento.
En cambio, cuando aparece la observación, se abre
un espacio entre el estímulo y la respuesta, lo que permite una
relación diferente con lo que ocurre.
El sueño se convierte entonces en un espejo
consciente de la propia mente, donde es posible ver reflejados
patrones, miedos, deseos o conflictos sin quedar completamente
atrapado en ellos y poder despertarte por la mañana con material
nuevo para trabajar sobre aspectos de nosotros de los que, hasta la
noche anterior, no habíamos sido conscientes.
Este cambio de relación es el que permite utilizar el sueño como una
herramienta de transformación, ya que introduce la posibilidad de
intervenir no necesariamente modificando el entorno, sino,
cambiando la forma de percibirlo, lo
que tiene un impacto directo en la integración psicológica.
La Continuidad de la Conciencia -
Del Sueño a la Vigilia
Uno de los aspectos más profundos de este proceso es que la
capacidad de observar el sueño no surge de forma aislada, sino que
está estrechamente relacionada con la calidad de la atención en la
vida diaria.
No se aprende a observar en sueños sin
aprender antes a observar en la vigilia, ya que
ambos estados comparten mecanismos similares en cuanto a la
gestión de la atención y la conciencia.
La práctica de la autoobservación (que potencia
el "Yo
Observador"), el cuestionamiento de la realidad, la
atención a los propios pensamientos y emociones, y el desarrollo de
una actitud reflexiva durante el día, son factores que facilitan la
aparición de la lucidez durante el sueño por la activación paulatina
del "Yo testigo".
De este modo, el trabajo con los sueños deja de ser una práctica
aislada para convertirse en parte de un proceso más amplio de
desarrollo de la conciencia, donde la frontera entre vigilia y
sueño comienza a difuminarse y que conlleva que también durante
la vigilia vayamos haciendo ejercicios y potenciando las partes de
nuestra psique que luego permiten una mejor experiencia onírica.
El Inicio de un
Camino Consciente
La diferencia entre soñar y observar el sueño,
no es simplemente una cuestión técnica o
experiencial, sino un cambio profundo en la relación con la
propia mente, con la percepción y con la realidad que
proyectamos nosotros mismos usando ese mismo material que
ordenamos y archivamos cada noche, y con el que soñamos luego.
El nacimiento de la conciencia onírica marca el
inicio de un camino en el que el soñador deja de ser un espectador
pasivo de sus procesos internos para convertirse en un participante
consciente de ellos, abriendo así la posibilidad de explorar,
comprender y transformar aspectos que, de otro modo, permanecerían
ocultos o inaccesibles.
Como tenemos ya en nosotros todas las
herramientas y mecanismos que necesitamos para ello, se trata de
poner énfasis en ciertos aspectos, técnicas y métodos de forma
consciente de manera que se den, por si solos, los procesos
necesarios para ser conscientes dentro del soñar tanto como somos
conscientes dentro de la "vigilia".
En este sentido, aprender a observar el sueño no es solo
aprender a tener sueños lúcidos, sino empezar a desarrollar
una forma de conciencia que puede extenderse más allá del mundo
onírico, influyendo en la manera en que se vive, se percibe y se
comprende
la realidad en todos sus niveles.
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