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por Pedro Barragán
Economista y asesor de la Fundación Cátedra China
28 Abril 2026
del Sitio Web
Publico

Fotografía de archivo del
presidente
de
Estados Unidos, Donald Trump.
EFE
En un contexto internacional cada vez más convulso, marcado por
conflictos constantes y agresiones supuestamente estratégicas, el
concepto de "hegemonía depredadora" ha cobrado relevancia
para interpretar la conducta exterior de Estados Unidos.
Este término, popularizado por el académico
Stephen Walt de la Universidad
de Harvard,
describe una lógica de poder basada
en la extracción de beneficios unilaterales, incluso a costa de los
aliados.
Desde la perspectiva china, expresada en la
columna "Zhong Sheng" del
Diario del Pueblo, esta
tendencia no solo debilita el orden internacional, sino que acelera
la transición hacia un mundo multipolar.
El punto de partida de este análisis es,
la creciente inestabilidad global,
ejemplificada por los genocidios en Oriente Medio y los
recientes ataques contra Irán.
Más allá de los eventos concretos, lo que
preocupa a Pekín es,
...como instrumentos habituales de política
exterior.
Según comenta el Diario del Pueblo,
Estados Unidos ha dejado de actuar
como un garante del orden internacional para convertirse en el
ejecutor que lo instrumentaliza en su propio beneficio.
La "hegemonía depredadora", en este sentido,
no se limita a la confrontación con
adversarios.
Afecta también a los aliados tradicionales.
La idea de que toda relación internacional es un
juego de suma cero implica que cada interacción se convierte en una
oportunidad para maximizar ganancias unilaterales.
Este enfoque erosiona la confianza y debilita las
alianzas, ya que incluso los socios más cercanos comienzan a
percibir a Washington como un país impredecible...
China interpreta esta evolución
como una "degeneración" en dos niveles.
El primero es institucional.
Tras el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos
mantuvo una imagen de liderazgo responsable, promoviendo normas
internacionales y ofreciendo ciertos bienes públicos globales.
Sin embargo, en los últimos años, esa imagen
se ha deteriorado.
La retirada de acuerdos internacionales, el
uso selectivo del derecho internacional y la imposición de
sanciones unilaterales son vistos como señales de un cambio
profundo.
Estados Unidos ha pasado de ser un
"constructor" de reglas a un "saboteador" del sistema.
El segundo nivel es psicológico o estratégico.
El declive relativo del poder estadounidense
ha generado una ansiedad que influye en su comportamiento.
La reducción de su peso en la economía
mundial, junto con el ascenso de nuevas potencias y el
fortalecimiento del
Sur Global, ha alterado el
equilibrio tradicional.
Para China, esta ansiedad explica el giro
hacia políticas más agresivas y unilaterales, encapsuladas en el
lema de "Estados Unidos primero".
Este diagnóstico conecta directamente con una de
las principales advertencias de Stephen Walt:
la hegemonía depredadora contiene las
semillas de su propia decadencia.
Desde la perspectiva china, esta afirmación se
confirma en varios frentes.
En primer lugar, la confusión entre
poder e influencia.
Mientras el poder puede imponerse mediante la
coerción, la influencia duradera depende de la credibilidad y la
capacidad de generar consensos.
Cuando un país recurre sistemáticamente a la
presión y al chantaje, su legitimidad se erosiona.
En segundo lugar, el enfoque de suma cero genera
inseguridad entre los aliados.
Países que tradicionalmente han dependido de
Estados Unidos para su seguridad y estabilidad comienzan a
replantearse esa relación.
La búsqueda de autonomía estratégica se
convierte en una respuesta lógica ante la percepción de que la
alianza puede ser utilizada como herramienta de presión.
La pérdida de confianza, reflejada en
numerosas encuestas internacionales, es un síntoma claro del
desgaste de la hegemonía estadounidense.
Otro elemento clave es la subestimación de la dinámica
multipolar.
Según la narrativa del Diario del Pueblo,
el mundo actual ya no responde a la lógica de dominación
unipolar. La interdependencia económica, la diversidad de
países y el fortalecimiento de las economías emergentes han
creado un sistema más complejo y resiliente.
Intentar imponer un modelo basado en la
coerción resulta ineficaz y acelera la fragmentación
del orden internacional.
En este contexto, China se presenta como una
alternativa basada en el multilateralismo y la cooperación.
La crítica a la hegemonía depredadora no es solo
una denuncia, sino también una propuesta implícita.
Pekín defiende un modelo de relaciones
internacionales centrado en el beneficio mutuo, el respeto a la
soberanía y la resolución pacífica de conflictos.
Se articula como una respuesta a los excesos del
unilateralismo estadounidense.
La idea de que Estados Unidos está "entrando en el futuro de manera
regresiva" resume bien esta visión.
En lugar de adaptarse a un mundo cambiante,
estaría recurriendo a estrategias propias de otra época, basadas
en la dominación y la extracción de recursos.
Este desfase entre mentalidad y
realidad sería una de las principales causas de la actual
inestabilidad global.
A largo plazo, las consecuencias de esta estrategia van a ser
profundas. La pérdida de influencia, el debilitamiento de las
alianzas y el aumento de la desconfianza internacional son factores
que reducen la capacidad de Estados Unidos para liderar.
Desde la perspectiva de Walt,
esto no implica necesariamente el fin de su
poder, pero sí una transformación significativa de su papel.
En este escenario, China representa el
contrapunto pragmático.
Mientras Washington presiona incluso a sus
socios históricos - como Canadá, Dinamarca o Alemania - Pekín
propone un modelo basado en el respeto a la soberanía, la no
intervención y la cooperación económica mutuamente beneficiosa.
Esta estrategia le ha permitido a China evitar
los costosos atolladeros geopolíticos en los que Estados Unidos se
ha enredado repetidamente.
Walt
advierte que la hegemonía depredadora "contiene las
semillas de su propia destrucción".
Es, según argumenta,
una estrategia inadecuada para un
mundo multipolar donde
otras potencias, especialmente China, pueden ofrecer
alternativas que reduzcan la dependencia de Washington.
De hecho, a medida que Estados Unidos se retira
de organismos internacionales y recurre a la presión unilateral,
China ocupa esos espacios, contribuyendo a forjar las reglas
formales e informales que otros países seguirán.
El análisis de Walt sugiere que, en un orden internacional cada vez
más fragmentado, el enfoque 'no confrontativo' de China resultará
más atractivo para los países del
Sur Global que las tácticas
depredadoras de una superpotencia centrada exclusivamente en
extraer beneficios asimétricos...
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