por Christian Cirilli

16 Mayo 2026

del Sitio Web ChCirilli

 

 

Christian Cirilli

es un analista político argentino, nacido el 20 de junio de 1972 en Buenos Aires. Licenciado en Administración (UBA), manifestó su interés en asuntos internacionales, economía, geopolítica y globalización, expresando sus opiniones en su "bitácora" personal:

LA VISIÓN.
Colabora con medios como KontraInfo y ha participado en programas de radio como Otras Voces (FM Crisol) y Radio Gráfica, además de numerosos canales de YouTube. Sus artículos son replicados por muchos portales y periódicos del mundo, y suelen ser utilizados en la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN).

 

 

 

 

 



Recordemos los antecedentes de la última reunión entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo chino Xi Jinping, líderes de las dos mayores potencias del planeta.

Trump llegaba tras una "exitosa" gira por Kuala Lumpur, entre los días 26 al 28 de octubre, donde se celebró la 47 Cumbre de la ASEAN (Association of Southeast Asian Nations), un poderoso bloque económico integrado por,

Brunéi, Camboya, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Filipinas, Singapur, Tailandia, Vietnam y Timor Oriental.

En el marco de ese grupo, Trump no tuvo grandes logros en asuntos económicos, excepto su reconciliación con el invitado extracontinental Brasil, un país que cuenta con una suculenta reserva de tierras raras y otros recursos naturales (incluyendo petróleo, siendo además miembro del OPEP+).
 

 


Tras meses de

acusaciones cruzadas y maniobras de desgaste,

Donald Trump y Lula da Silva estrecharon sus manos

al margen de la Cumbre de la ASEAN,

l 26 de octubre de 2025, sellando así

una reconciliación política.



Si bien no se alcanzó allí un acuerdo formal, sí se produjeron diversos entendimientos políticos y económicos de relevancia:

  • el compromiso de avanzar hacia la eliminación de los aranceles estadounidenses del 50% sobre productos brasileños

  • la suspensión o eventual cancelación de las sanciones estadounidenses contra figuras del entorno judicial y político brasileño

  • el cese del apoyo político a Jair Bolsonaro

  • la decisión de mantener canales directos de diálogo

Lula da Silva sintetizó el espíritu del encuentro con una frase elocuente:

"Él tiene mi número y yo tengo el suyo".

También hubo conversaciones sobre Venezuela:

¿acaso un entendimiento tácito que otorgaría manos libres a Brasilia frente a una eventual intervención armada de Washington?

Es posible...

 

Ya Brasilia había colaborado indirectamente al evitar el ingreso de Caracas al BRICS, veto ejercido durante la cumbre de Kazán en 2024.

Pero detrás de este súbito entendimiento entre Brasil y Estados Unidos - aunque nada de ello fuera anunciado públicamente - flotaba una cuestión central:

el acuerdo bilateral en torno al suministro brasileño de tierras raras y otros minerales críticos, precisamente el punto que más tensiones generaba con China.

Brasil emergía así como una pieza estratégica, no solo por sus vastas reservas de tierras raras, niobio, litio y otros recursos esenciales, sino también porque Washington buscaba reducir su dependencia de Beijing, mientras Lula intentaba capitalizar esa necesidad estadounidense para negociar desde una posición de mayor fortaleza frente a los aranceles y sanciones.

Por eso, muchos analistas interpretaron la reunión Trump-Lula como una suerte de "trueque geopolítico implícito", una distensión comercial y una reapertura diplomática a cambio de mayor cooperación estratégica en minerales críticos.

 

Y no le erraron...

Estados Unidos intentó ir un paso más allá en su acercamiento con Brasil:

impulsar un alineamiento geopolítico capaz de fracturar al BRICS desde adentro (algo que prácticamente ha logrado ahora con India y Emiratos Árabes Unidos).

Pero Lula optó por una posición intermedia:

aceptaría inversiones estadounidenses, aunque sin conceder exclusividad estratégica.

Más aún, abrió la misma puerta a la participación china en el desarrollo del sector de minerales críticos, siempre y cuando el procesamiento industrial y la agregación de valor permanecieran dentro de Brasil.
 

 


El presidente brasileño Lula da Silva

y su homólogo chino Xi Jinping

durante la visita oficial del sudamericano a Beijing,

 el 14 de abril de 2023.



Ese éxito en la apertura de negociaciones con Brasil le permitió a Donald Trump encarar las conversaciones con Xi Jinping con algo más de margen y flexibilidad, pese a la poderosa artillería estratégica china, que llegaba a la mesa con claras ventajas a su favor.

¿Qué ocurrió ahora, antes de la visita de Trump a Beijing?

Exactamente el mismo reflejo condicionado.

El 7 de mayo de 2026, Lula da Silva visitó Washington con el objetivo de "relanzar" la relación bilateral con Donald Trump, en una reunión donde se abordó una amplia agenda que incluyó,

  • comercio bilateral y disputas arancelarias

  • minerales críticos y tierras raras

  • combate al crimen organizado transnacional

  • tráfico de armas y drogas

  • la situación regional latinoamericana

  • cooperación estratégica en materia de seguridad

 


El 7 de mayo de 2026,

el presidente brasileño Lula da Silva

visitó la Casa Blanca.

Mostró su "química personal" con Trump

y la voluntad mutua de evitar una ruptura estratégica

 entre Washington y Brasilia.



De hecho, uno de los resultados más concretos fue la creación de un grupo de trabajo bilateral para intentar resolver en 30 días el conflicto comercial abierto bajo la Sección 301 1 estadounidense.

 

Esta iniciativa se produjo en consonancia con la nueva Política Nacional de Minerales Críticos y Estratégicos de Brasil, sector en el que Washington manifestó un marcado interés por invertir.

Asimismo, Brasil y Estados Unidos acordaron profundizar operaciones conjuntas para bloquear financieramente a organizaciones criminales y combatir el tráfico de armas y drogas sintéticas.

 

Este paso es importantísimo para Brasil:

recordaremos que apenas dos días después de la concordia brasileño-estadounidense lograda en Kuala Lumpur, específicamente el 28 de octubre, tuvo lugar un mega-operativo policial en el Estado de Río de Janeiro que terminó con una masacre (132 víctimas fatales), marcada por los intereses del bolsonarismo y su prédica contra el "narcoterrorismo izquierdista".

[Véase "Latinoamérica bajo asedio"].

Es importante subrayar los acuerdos alcanzados con Brasil en la antesala de las conversaciones con China, porque difícilmente puedan considerarse casuales:

Brasil es la gran potencia sudamericana y el único territorio del hemisferio donde incluso la Doctrina Monroe parece verse obligada a "pedir permiso".

No descubro nada si digo que es un país gigantesco por escala y recursos, aunque todavía condicionado por problemas estructurales que le impiden consolidarse como una potencia plenamente desarrollada.

 

Aun así, su peso es imposible de soslayar:

posee un territorio inmenso, abundancia energética, recursos minerales estratégicos, una industria relevante con burguesía nacional, una agricultura de escala planetaria y un mercado interno masivo de más de 200 millones de habitantes.

Pero, importante anotarlo, Brasil tiene por principal socio comercial a China, a quien le vende enormes volúmenes de soja, mineral de hierro, petróleo y carnes.
 

 

Mientras que Brasil tiene con China un comercio de 181.900 millones de dólares, con Estados Unidos tiene uno de 88.700 millones. No obstante, los capitales estadounidenses tienen una mayor inversión directa, del orden de los 225.000 millones (contra 53.000 millones de los chinos) fundamentalmente en servicios financieros, manufactura, energía y tecnología y comunicaciones.


 

El año pasado, Trump no solamente "utilizó" a Lula como carta triunfal en su encuentro con Xi Jinping:

también recurrió a la conservadora primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, para abordar "asuntos de seguridad" y "fortalecimiento de cadenas de suministro", temas especialmente sensibles para China, que inevitablemente evocan viejas reminiscencias históricas.

De manera deliberadamente provocativa, ambos mandatarios visitaron en Yokosuka el portaaviones nuclear CVN-73 USS George Washington como demostración de unidad estratégica, un gesto que luego se vería agravado por las declaraciones de Takaichi sobre la voluntad de Tokio de auxiliar militarmente a Taiwán en caso de un conflicto bélico.
 

 


En octubre de 2025,

el presidente estadounidense Donald Trump

y la primera ministra japonesa Sanae Takaichi

alcanzaron varios acuerdos estratégicos

enfocados en seguridad, minerales críticos

y contención indirecta de China.



También en esta ocasión, el 19 de marzo de 2026, los máximos dirigentes de Estados Unidos y Japón volvieron a encontrarse, esta vez en Washington.

Cabe recordar que el viaje original de Trump a China estaba programado entre el 31 de marzo y el 2 de abril de 2026, aunque debió ser postergado debido al agravamiento de la crisis en Medio Oriente.

En ese contexto, y en pleno desarrollo del conflicto con Irán, Sanae Takaichi respaldó sin fisuras la operación "por la paz" impulsada por Trump, aunque evitó comprometer a Japón en el despliegue de una flota expedicionaria destinada a garantizar la apertura del Estrecho de Ormuz, amparándose en las restricciones constitucionales vigentes.
 

 

El presidente estadounidense Donald Trump habla durante una reunión con la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, en el Despacho Oval de la Casa Blanca, el jueves 19 de marzo de 2026, en Washington. En el ámbito de las conversaciones, Trump tuvo una gaffe cuando sostuvo que no informó a su aliado japonés de la sorpresiva operación bélica contra Irán para mantener el secretismo y que eso no debía incomodar a Tokio porque "¿quien conoce mejor de sorpresas que Japón? ¿Acaso nos avisaron sobre Pearl Harbour?".


 

Takaichi considera a China una amenaza estratégica creciente y ha profundizado - en línea con sus antecesores Shinzo Abe, Yoshihide Suga y Fumio Kishida - el proceso de rearme y expansión militar japonesa.

El cierre por parte de Irán del Estrecho de Ormuz genera pánico en los círculos especializados nipones:

creen que podría ser un ejemplo para que China tome Taiwán y consolide su influencia en la llamada "primera cadena de islas" del Pacífico.

Pero eso aún pertenece al terreno de la especulación.

 

Lo que sí constituye un hecho incontrastable es que casi todo el petróleo que abastece a la isla proviene justamente del Medio Oriente.

Del total importado hasta marzo de 2025 - 78,39 millones de barriles - unos 75,93 millones tuvieron origen en los países árabes del Golfo, es decir, el 96,9% del suministro total.

¡Esto explica la preocupación de Takaichi al visitar urgentemente Washington apenas los iraníes decidieron cerrar Ormuz!

Pero sigamos con los paralelismos entre 2025 y 2026, porque en apenas siete meses se acumuló una enorme cantidad de acontecimientos y todavía hay mucha tela por cortar.

Hasta lo que he repasado, Trump tuvo exactamente la misma estrategia previa al encuentro con Xi Jinping:

la utilización de Brasil como reservorio de tierras raras, en posible sustitución de la fuente china, y la manipulación de un Japón remilitarizado como una sombra proxy en la vecindad cercana.

Vale decir,

Trump intenta reducir las ventajas competitivas de China en el comercio internacional mediante una estrategia de presión geoestratégica.

Sigamos, porque a partir de 2026 la situación tenderá a complejizarse.

 

A la luz de la experiencia de octubre de 2025, Washington pudo concluir que la aparente cooptación de Brasil, el estímulo estratégico hacia Japón y la renovada inserción en la ASEAN no fueron movimientos capaces de alterar sustancialmente el posicionamiento de China.

La reunión entre Donald Trump y Xi Jinping, celebrada el 30 de octubre de 2025 en el Aeropuerto Internacional de Gimhae, en Busan, Corea del Sur, no resultó plenamente satisfactoria para la dirigencia estadounidense, ya que los tres grandes objetivos estratégicos planteados entonces por Trump apenas pudieron alcanzarse de manera parcial y bajo condiciones impuestas por Beijing.

Trump pretendía:

  1. Eliminar las restricciones chinas a la exportación de tierras raras a Estados Unidos.

     

    Es importante acotar que China concentra alrededor del 70% de la producción mundial y más del 85% del procesamiento y refinamiento global.

     

    Aunque Washington consiguiera esta materia prima desde otros lares, no tendría la capacidad de procesarla adecuadamente y en escala suficiente.

     

    Que se entienda:

todo el vasto complejo industrial-militar estadounidense depende de estas materias primas críticas.

Si China decidiera firmemente no exportar este insumo, Estados Unidos colapsaría su propia industria de defensa en el mediano plazo.

  1. Que China le compre ingentes cantidades de productos agrícolas a Estados Unidos, fundamentalmente soja.

     

    Previo al encuentro, China compró soja desde Argentina y Brasil.

     

    Los farmers, que son la base electoral de Trump, pusieron el grito en el cielo, pues dependen prácticamente de la demanda china.
     

  2. Que China adquiera petróleo a Estados Unidos y deje de comprárselo a Rusia.



En Corea del Sur se concretó el esperado encuentro

entre los presidentes de las dos

mayores potencias económicas del planeta:

Donald Trump, por Estados Unidos, y Xi Jinping, por China.



Sin embargo, Xi Jinping fue intransigente, y apenas se dignó a resignar migajas.

No dio lugar a ninguna desviación respecto de su relación con Rusia, negándose a dejar de comprar petróleo y gas de ese origen, con lo cual, desestimó toda posible provisión desde Estados Unidos.

 

Incluso para tranquilizar a Moscú, Xi Jinping aceptó reunirse con el primer ministro ruso Mijaíl Mishustin el 4 de noviembre de 2025, en Beijing, donde intercambiaron impresiones sobre el curso de los acontecimientos.

No casualmente, el Kremlin anunció que el presidente Vladimir Putin visitará China "muy pronto", apenas días después del viaje del presidente estadounidense Donald Trump, repitiéndose, una vez más, el patrón.

 

Al cierre de este artículo, la fecha se confirmó para el 19 y 20 de mayo 2026.

Respecto de las exigencias estadounidenses sobre las tierras raras procesadas, Beijing aceptó únicamente suspender hasta noviembre de 2026 - es decir, de manera temporal y no indefinida - la aplicación de nuevas restricciones de exportación.

 

En otras palabras, China no renunció a su potestad de controlar esos flujos estratégicos, sino que simplemente postergó la implementación de medidas adicionales por un plazo acotado.

 

En términos prácticos, se trató de una moratoria táctica, no de una liberalización real del sector.

 

Conclusión:

la dependencia estructural de la industria estadounidense respecto del procesamiento chino se mantuvo inalterada.

Eso ayuda a explicar por qué Trump volvió a solicitar una reunión y también por qué fue él - y no a la inversa - quien acudió nuevamente al encuentro del líder chino.

Beijing aceptó también comprar 12.000 toneladas de soja estadounidense - además de otros productos agrícolas no especificados - lo que contribuye a estabilizar el dependiente sector primario de Estados Unidos.

Pero lo que en apariencia pareció un triunfo de Trump fue, en realidad,

una jugada funcional a ¡los intereses chinos...!

Los exportadores brasileños de soja habían elevado el precio de la tonelada aprovechando las restricciones impuestas por Beijing a las importaciones agrícolas estadounidenses.

 

En ese contexto, la "compra de favor" china terminó operando como un amortiguador de precios internacionales y, al mismo tiempo, como una concesión política visible para la administración estadounidense.
 

 


Las delegaciones negociadoras

china y estadounidense

en Corea del Sur, en octubre de 2025.



¿En qué cedió Trump?

 

Anunció una rebaja en algunos aranceles (por ejemplo, reducción selectiva vinculada a precursores de fármaco/ítems específicos del 20% al 10%), lo que dejó la tarifa promedio sobre cierto universo de productos chinos en torno al 47% (de un 57%) que alivia la presión inmediata sobre el comercio bilateral.

En términos estratégicos, el encuentro mostró que China logró administrar la tensión sin ceder en los puntos estructurales más sensibles:

mantuvo intacta su herramienta de presión sobre las tierras raras, evitó una escalada arancelaria inmediata y, además, obtuvo concesiones comerciales visibles de Washington.

Recordemos cómo fue el "puntapié inicial" de este segundo mandato de Donald Trump.

 

El 2 de abril de 2025 - el pomposo Día de la Liberación - Trump lanzó su guerra comercial con el objetivo de,

revertir la balanza comercial con China, debilitar la asociación estratégica sinorrusa, atraer inversiones extranjeras para reindustrializar Estados Unidos y golpear la proyección geoestratégica china en espacios como BRICS.

[Véase "Nace el post-globalismo" y "No despierten al dragón"].

Sin embargo, esa ofensiva comenzó a diluirse a medida que Beijing fue amortiguando los excesos de Washington.

Bastaron tres medidas para alterar el equilibrio:

  • primero, restringió la exportación de metales e imanes de tierras raras

  • segundo, redujo drásticamente la compra de soja estadounidense

  • tercero, desaceleró el ritmo de reinversión en bonos del Tesoro de Estados Unidos

Ante esa elevada dependencia estructural, Washington terminó reformulando sus prioridades y concentró sus exigencias casi exclusivamente en lograr que China levantara esas restricciones.

En pocas palabras,

China demostró que su economía y sus redes de suministro sin duda podrían verse afectadas por una guerra comercial con Estados Unidos, pero de ningún modo dependen exclusivamente de ella.

La razón es sencilla:

China no opera sobre la lógica del "monocultivo", no mantiene relaciones clientelares excluyentes y dispone de un amplísimo margen para absorber internamente buena parte de sus exportaciones.

 

La actitud altanera de Donald Trump durante la cumbre del G20 de Osaka (Japón) del 29 de junio de 2019 contrasta marcadamente con la posición que exhibe hoy. Por entonces, Trump había desatado una furibunda - aunque en muchos aspectos silenciosa - guerra híbrida contra China y se mostraba convencido de que la ofensiva arancelaria terminaría doblegando a Beijing. Sin embargo, China logró capear el temporal, absorber buena parte de la presión económica y reposicionarse estratégicamente. Hoy, Beijing se encuentra en una situación de relativa solidez y con una ventaja comparativa mucho más favorable que la de aquellos años.


 

Como un boxeador de cuerpo endurecido, China hizo que los golpes lanzados por su oponente se estrellaran contra una masa muscular prácticamente inconmovible.

Los golpes que antes hacían daño, hoy apenas surten efecto, porque China ha crecido demasiado.

Sin embargo, aun con toda esa magnanimidad china para salvar las cadenas de abastecimiento mundiales y evitar que la sangre llegue al río en cuestiones económicas, los estrategas estadounidenses no pueden dejar de ver esa relación como una Trampa de Tucídides.

Apenas iniciado este año, el imperialismo estadounidense - ahora envalentonado bajo la NSS 2025, la Secretaría "de Guerra" y la llamada "Doctrina Donroe" - pisó el acelerador para ir por un paso más que pudiera horadar el poder chino, aislarlo y desacoplarlo del sistema.

La gran movida de 2026 ya no fue pactar con Brasil y guardarse la carta nipona,

sino apoderarse de las riquezas estratégicas de Venezuela e Irán, mientras se dejaba en evidencia que el llamado "espíritu de Anchorage" - el entendimiento con los rusos, aliados de China - no era más que un farol diplomático.

El objetivo de fondo era golpear el bajo vientre de China en lo que Washington consideraba su principal vulnerabilidad: la provisión energética.

 

Como instrumentos complementarios de presión se sumaron, además, las sanciones económicas y la ofensiva arancelaria. [Véase "América como bastión: EE.UU. redefine amenazas" y "Washington Ilimitado"].

 

Esto incluso podría constituir la antesala de un conflicto militar, como suele ocurrir cuando lo que está en juego es el control de los flujos energéticos.

El "éxito" obtenido sobre Venezuela - una baza difícilmente sostenible para China debido a la distancia geográfica y a las particularidades del entorno político latinoamericano - envalentonó la lógica depredadora de Washington, que terminó por sobreestimar sus propias capacidades y considerar como "poco costosas" sus tácticas de presión.

El círculo íntimo de Trump, con Hegseth y Rubio a la cabeza, creyó que el ejemplo venezolano era aplicable a cualquier otra nación de mierda. 2

 

Adicionalmente impulsados por las hienas israelíes, en Washington creyeron que había llegado el momento de avanzar contra el debilitado gobierno de Irán y propinarles un tiro de gracia.

 

Sin embargo,

la guerra contra la nación persa terminó convirtiéndose en un fracaso de enormes proporciones, del que no saben cómo retirarse sin sufrir un serio desgaste político y estratégico.

Esta situación altera profundamente el marco de esta segunda cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump.

 

Ya no se trata simplemente de cuestiones arancelarias o presiones políticas:

existe aquí un antecedente serio, marcado por un movimiento militar sobre la "periferia" económica de China.

Al procurar afectar a Irán, Washington intentó una maniobra indirecta pero significativa contra los tentáculos estratégicos chinos, y el resultado terminó siendo adverso.

 

De allí que la actitud de la delegación estadounidense apareciera mucho más cautelosa, e incluso suplicante, lejos de cualquier tono familiarmente altanero.
 

 

Caricatura política del artista neerlandés Tom Janssen centrada en las figuras de Donald Trump y Xi Jinping, en la que se insinúa una negociación transaccional: Taiwán aparece bajo el brazo izquierdo de Xi, como quien carga una barra de pan, mientras Irán actúa como un pesado "grillete de Ormuz" que limita y entorpece la movilidad de Trump. Ambos líderes se estrechan la mano, pero Xi conserva una leve sonrisa y una postura erguida, transmitiendo serenidad y control, mientras Trump aparece desequilibrado, tenso y con una expresión nerviosa, fuera de control.


 

China sabe que Estados Unidos se encuentra profundamente empantanado en Oriente Medio, y eso le otorga cierta satisfacción:

cada recurso estadounidense comprometido allí es un recurso menos disponible para el Indo-Pacífico.

 

Toda munición disparada contra Irán es una munición que no podrá emplearse en un eventual escenario de tensión con China.

 

Cada revés para Estados Unidos en el berenjenal iraní, es un fortalecimiento para la imagen china en su vecindario y más allá.

Aun así, Beijing - que procura mantener relaciones estables con todos los países del globo y no suele presentarse como promotora de conflictos abiertos - tiene interés en preservar la libre circulación por el Estrecho de Ormuz para garantizar la continuidad de sus suministros energéticos.

 

Pero, al mismo tiempo, tampoco observa con malos ojos que Washington continúe desgastándose política, militar y económicamente en ese atolladero regional.

A decir verdad, el vínculo energético entre China e Irán nunca llegó a interrumpirse por completo.

 

El flujo de crudo continúa a través de petroleros en operaciones clandestinas que navegan en las proximidades de las aguas territoriales iraníes y pakistaníes, incluyendo transferencias de barco a barco en alta mar.

 

Paralelamente, las refinerías chinas - como ya he señalado - han operado bajo directrices explícitas de priorizar el abastecimiento, aun en tensión con las sanciones estadounidenses sobre el crudo iraní.

Como si esto fuera poco, el corredor ferroviario euroasiático que conecta Xi’an con Teherán refuerza esa continuidad logística y pone de manifiesto que el intento de estrangulamiento marítimo no alcanza para dejar "sin aire" al gigante asiático.

En ese contexto, la estrategia de presión - que combinó la expectativa de cooptación en Venezuela con el intento de bloqueo o debilitamiento de Irán - terminó reforzando, en los hechos, la centralidad de China como actor de equilibrio y mediación, junto a Rusia, en diversos episodios de tensión regional y en los sucesivos altos el fuego intermitentes.
 

 

Los iraníes han tendido a privilegiar los canales de mediación rusos y chinos antes que sentarse a una mesa de negociación en Islamabad bajo patrocinio estadounidense. La concepción general es que Washington enfrenta serias dificultades para sostener acuerdos de largo plazo, lo que reduce los incentivos para confiar plenamente en su capacidad de arbitraje y compromiso.


 

La idea detrás del estrangulamiento petrolero es relativamente sencilla:

si Estados Unidos se apodera de la oferta, puede atar el dólar a la transacciones y mantener su capacidad magistral de endeudamiento "ilimitado".

 

Asimismo, le facilitaría controlar el ritmo industrial chino, las finanzas rusas y en general, cartelizarse.

Es importante destacar que Estados Unidos mantiene el liderazgo mundial en producción de petróleo, habiendo alcanzado un nuevo récord en 2025 con una media de 13,6 millones de barriles diarios (mb/d) de crudo.

 

China, por su parte, también registró un nivel histórico al alcanzar aproximadamente 4,4 mb/d a principios de este año.
 

 


Estados Unidos lidera la producción petrolera mundial,

pero sus costos de extracción continúan siendo elevados

y las enormes necesidades energéticas de su economía

lo empujan a complementar la producción doméstica

con importaciones.



Sin embargo, el Talón de Aquiles está en el consumo:

Estados Unidos lo lidera con ~19 mb/d (18,7% del consumo global), pero China ocupa el segundo puesto, con una cifra superior a 16 mb/d, equivalente al 16,2% de la demanda global.

Antes de la crisis iraní y el cierre del Estrecho de Ormuz, China importaba ~45% del petróleo que transitaba por allí (~5,5 mb/d).

 

En contraste, Estados Unidos no solo produce lo suyo, sino que importa hidrocarburos desde Canadá, México, Guyana y, ahora también, Venezuela.

 

Ha reducido sensiblemente su dependencia del Medio Oriente en la última década.
 

 

El consumo de petróleo por parte de Estados Unidos es considerable, pero su elevada producción interna, sumada a fuentes alternativas de importación, le garantiza un abastecimiento relativamente sólido y diversificado. China también posee un consumo exorbitante, aunque sus fuentes de aprovisionamiento dependen en gran medida del Golfo Pérsico, razón por la cual esta región fue rápidamente colocada en la mira de Washington.


 

Un simple vistazo de esta "fotografía" sugiere que China enfrenta una situación delicada:

Beijing podría verse empujada a negociar bajo condiciones de presión creciente si se enfrenta a restricciones en los corredores energéticos o a un comando unificado estadounidense de la oferta.

Pero existe un salida lateralizada a esa encerrona:

Estados Unidos dispone de una capacidad de almacenamiento estratégico de ~400 millones de barriles.

 

China, en cambio, cuenta con una capacidad cercana a los 1.400 millones de barriles, lo que le permitiría cubrir hasta 220 días de importaciones netas, muy por encima de los 90 días recomendados internacionalmente.

 


China es el país

con mayores inventarios estratégicos

de petróleo en reserva.



A ello se suma una creciente diversificación de sus rutas de suministro:

  • oleoductos como el ESPO (Eastern Siberia–Pacific Ocean)

  • los gasoductos Myanmar-China y Kazajistán-China - que articulan el corredor energético de Asia Central

  • las incipientes rutas del Paso del Ártico y la terminal saudita de Yanbu (Mar Rojo),

...mantienen un flujo constante de aprovisionamiento.

Todo ello sin mencionar el esfuerzo sostenido del gobierno chino por "des-petrolizar" su matriz energética mediante la expansión del gas natural, el carbón, la energía nuclear y, sobre todo, las energías renovables - especialmente la eólica y la solar - áreas en las que China ya ostenta la mayor capacidad instalada del mundo.

En definitiva,

China lleva años preparándose para sortear el llamado "Dilema de Malaca" planteado en 2003 por Hu Jintao, antecesor de Xi Jinping.

 

La crisis de Ormuz funciona, en ese sentido, como una verdadera "prueba piloto" de su capacidad para resistir bloqueos, redirigir suministros y sostener su seguridad energética bajo presión.

 


El Estrecho de Malaca,

situado entre las costas de Malasia e Indonesia,

es un punto neurálgico para el comercio de China.

Conecta África y Medio Oriente (alimentos, minerales y petróleo)

con los puertos del este continental chino.



De hecho,

  • la Iniciativa de la Franja y la Ruta que conecta China con el Océano Índico y Eurasia

  • la ruta comercial de transporte ártico en colaboración con Rusia

  • el corredor ferroviario Irán-China en el corazón de Asia

  • el gasoducto de Myanmar

  • el gasoducto de Kazajistán,

...fueron diseñados para evitar aquellos cursos marítimos que pusieran en riesgo los intereses nacionales chinos y su autosuficiencia.

Como puede apreciarse, China se anticipó durante años a cualquier eventual maniobra estadounidense sobre la oferta petrolera.

Por otra parte, analicemos las "ofertas" estadounidenses en esta cumbre.

Trump llegó a este encuentro en casa visitante -  que abarcó los días 13 a 15 de mayo - con una legión de hombres de negocios, entre los que se contaban CEOs como,

  • Elon Musk (Tesla y SpaceX) 3

  • Jensen Huang (Nvidia)

  • Tim Cook (Apple)

  • Larry Fink (BlackRock)

  • Dina Powell McCormick (Meta)

  • Stephen Schwarzman (BlackStone)

  • Kelly Ortberg (Boeing)

  • Brian Sikes (Cargill)

  • Jane Fraser (Citigroup)

  • Larry Culp (General Electric)

  • David Solomon (Goldman Sachs)

  • Sanjay Mehrotra (Micron)

  • Jim Anderson (Coherent)

  • Jacob Thaysen (Illumina)

  • Michael Miebach (Mastercard)

  •  Ryan McInerney (VISA)

  • Christiano Amon (Qualcomm)

En comparación con hace nueve años - cuando tuvo lugar la primera visita de Donald Trump a Beijing, en 2017 - la delegación empresarial que hoy lo acompaña ha dejado de estar dominada por representantes de los sectores energético, aeronáutico y agroindustrial para pasar a ser encabezada por líderes tecnológicos y élites de Wall Street.
 

 


Los CEOs de empresas estadounidenses invitados a China

muestran quienes mandan detrás de la gerencia presidencial.



Salvo la joya de la aeronáutica civil - el tándem Boeing–GE - y la alimenticia Cargill, la mayoría de los empresarios que acompañaron a Trump provienen del mundo de las finanzas especulativas y de las innovaciones tecnológicas de Silicon Valley.

 

En ese sentido, Trump se apoyó precisamente en los pocos sectores en los que Estados Unidos aún conserva una ventaja estructural clara.

 

Ellos son:

  • las tecnologías de la información y la comunicación

  • la usura internacional

  • la extracción de petróleo y gas mediante fracking, que no estuvo en absoluto representada

Esos tres sectores constituyen hoy prácticamente las únicas áreas de especialización "industrial" estadounidense.

Pero esas fortalezas - las GAFAM, 4 la energía y Sillicon Valley - apenas consolidan a Estados Unidos en dos extremos de la cadena de valor: la abstracción digital -  un "servicio", en definitiva - y la provisión de energía - una materia prima, al final de cuentas.

 

Entre ambos polos se abre un vacío:

la manufactura...

Y es allí, en la producción concreta de bienes - la industria en el sentido más elemental de la palabra - donde la economía norteamericana arrastra su mayor fragilidad estructural y la china se envigoriza.

Justamente, la "economía real", la de los bienes manufacturados, es la que ha provocado un déficit comercial en el comercio sino-estadounidense de ~280.000 millones de dólares (2025).

China representa el +26% de la manufactura mundial, Estados Unidos, el 16% y en orden descendente.

Esa es la verdadera razón del viaje de Donald Trump a Beijing:

esa, y el fracaso de su intento por dominar la oferta petrolera mundial para erosionar el desarrollo de China.

Washington llegó con la expectativa de vender unas 500 aeronaves de Boeing, colocar cuotas adicionales de soja y crudo, y obtener una mayor apertura del mercado chino para bancos, financieras y empresas tecnológicas estadounidenses.

Empero, Estados Unidos acudió a China sabiendo que ya no está en condiciones de imponer términos unilateralmente y que, por el contrario, necesita de esa relación para aliviar desequilibrios estructurales propios.

 

El objetivo de fondo es comenzar a revertir un déficit comercial persistente, que no ha cedido,

ni con las jugarretas del "América para los americanos", ni con el cóctel de sanciones y aranceles, ni siquiera mediante las restricciones al comercio internacional de crudo.

Trump se tuvo que conformar con acuerdos menores y algunas promesas no garantizadas...

 

En asuntos como la IA, China no está en absoluto rezagada y confía en sus propios productos, por lo que abastecerá el mercado con su "producción vernácula".

Se da aquí una paradoja:

hace unos años, Trump utilizó un bloqueo generalizado de apps y software - que puso en aprietos a Huawei - y los microchips de Nvidia e Intel para desacelerar los avances en IA de China.

 

Pero lejos de lograrlo, China aceleró sus pasos en I&D incrementando su independencia tecnológica.

 

La novedad de la cumbre es que Trump "liberó" la venta de algunos microchips, en especial el poderoso modelo H200, para que puedan adquirirlos Alibaba, Tencent, ByteDance y JD.com, además de distribuidores como Lenovo y Foxconn.

 

El problema es que se hace a través de "licencias especiales" que conllevan un 25% de comisión para el Tesoro estadounidense, lo que constituye un arancel encubierto.

Trump comprende que no puede detener el fabuloso crecimiento tecnológico chino, pero lo que sí puede es sacarle una buena tajada a la venta tardía.

 

Resultado:

¡cero contratos firmados...!

China puede que siga hoy 12-18 meses ralentizada, pero más pronto que tarde alcanzará a su rival.

Nvidia pierde un mercado inmediato de más de 12.000 millones de dólares y el Tesoro norteamericano se queda sin su honorario.

Xi Jinping está llevando adelante su Plan Quinquenal (publicado en marzo).

 

En el mismo se aspira a una penetración del 70% de la IA en toda la economía china para 2027; y se compromete con redes de comunicación cuántica espacio-Tierra, líneas temporales de fusión nuclear e interfaces cerebro-ordenador.

 

¡No es ciencia ficción! ¡Y todo ello sin los microchips de Nvidia!
 

 


La presencia Jensen Huang (Nvidia)

 se llevó todos los flashes.

Los Señores de la Nube y los Señores de la Renta

tuvieron especial relevancia

en la comitiva empresarial.



En cuanto al mercado financiero, es altamente improbable que China lo abra a la financiarización especulativa, pues su modelo de crecimiento es, en términos ideológicos, radicalmente opuesto a esa idea.

Al mismo tiempo, Xi Jinping comprende que Washington difícilmente renuncie de manera voluntaria a sus ambiciones hegemónicas o a su aspiración de penetrar plenamente el mercado chino.

 

Como lección extraída de la historia - las Guerras del Opio lo atestiguan - Xi entiende que las potencias occidentales han tendido a cooptar mercados y colocar sus productos tanto por la persuasión como por la fuerza.

 

En ese marco, la guerra continúa siendo una salida tan extrema como tentadora.

Es por ello que Xi Jinping abrió las conversaciones con una notable advertencia respecto de Taiwán.

Beijing aspira a poner fin, de una vez por todas, a la Guerra Civil China, y para ello considera indispensable la reincorporación de la "provincia rebelde".

 

Sin embargo, Estados Unidos, amparado en su política de "ambigüedad estratégica", reconoce oficialmente el principio de "Una Sola China" mientras respalda a los sectores independentistas más ideológicamente hostiles al Partido Comunista Chino (PCCh).

 

Las multimillonarias ventas de armamento estadounidense a la isla no hacen más que profundizar las tensiones y alejar las aspiraciones nacionales de Beijing.

 

De izquierda a derecha, los principales funcionarios de la isla taiwanesa: Joseph Wu, secretario general del Consejo de Seguridad Nacional; Lai Ching-te, actual presidente de Taiwán y líder del Partido Progresista Democrático; y Wellington Koo, ministro de Defensa, alzan sus puños junto a la soldadesca. Todos tienen íntimas relaciones con el Deep State estadounidense.


 

Por supuesto, el reclamo por Taiwán no es nuevo.

Por el contrario, es constante...

Recuerdo, sin ir más lejos, la ceremonia del centenario de la fundación del PCCh, en Beijing, el 1° de julio de 2021.

 

Allí, un Xi Jinping con una estética y una puesta en escena claramente inspiradas en Mao Zedong, lanzó una advertencia cargada de desafío:

Nunca permitiremos a ninguna potencia extranjera acosarnos, oprimirnos o someternos.

 

Cualquiera que lo intente verá como su cabeza se estrella contra una enorme pared de acero forjada por 1400 millones de chinos.

 

Xi Jinping eligió vestirse en tono conmemorativo con una chaqueta "zhongshan zhuang" (maoísta) para evocar al fundador del movimiento, Mao Zedong, y así, de alguna manera, significar que él encarna la Segunda Revolución Cultural del país bajo la égida del Partido. Esto ocurrió el 1.° de julio de 2010, donde advirtió al mundo del "rejuvenecimiento" de la nación china.


 

Sin embargo, en esta oportunidad Xi no se anduvo con vueltas, dejó el lenguaje metafórico o diplomático, y advirtió a Trump marcándole la cancha:

La cuestión de Taiwán es la más importante en las relaciones chino-estadounidenses.

 

Si se gestiona adecuadamente, se convertirá en una fuente de estabilidad para nuestras relaciones bilaterales. De lo contrario, ambos países pueden entrar en una vía de confrontación, incluso de conflicto. (…)

 

La aspiración a la independencia de la isla es incompatible con la preservación de la paz y la estabilidad en la región.

China obviamente no desea una escalada frontal con Estados Unidos, pero observa con atención,

la proyectada venta de armamento por 14.000 millones de dólares a Taiwán y rechaza que Washington continúe interviniendo en la cuestión taiwanesa en un "modo extorsivo"; mucho menos desde que Xi Jinping comenzó a tender puentes con Cheng Li-wun, dirigente del Kuomintang y referente del principal espacio opositor taiwanés, quien se dispuso a viajar a Beijing en busca de una suerte de Entente Cordiale.

Tras la reunión, ya a bordo del Air Force One, Trump habló con algo de resentimiento sobre Taiwán diciendo:

Sobre Taiwán él [Xi] se siente muy firme, (pero) yo no asumí ningún compromiso en ningún sentido...

 


Donald Trump se mostró enigmático

respecto de si, "llegado el momento",

Estados Unidos ingresaría en una guerra

en defensa de Taiwán.

"Solo yo puedo saberlo y no quiero decirlo",

respondió, manteniendo deliberadamente

la ambigüedad estratégica.



Con esa advertencia a cuestas, Xi Jinping insistió en que Estados Unidos y China deben transitar un camino de reconocimiento mutuo y de cooperación para superar la Trampa de Tucídides y crear un nuevo paradigma de relaciones entre potencias.

Algunos analistas creen que esa situación es posible y ponen como ejemplo la "capitulación" del Imperio Británico durante y poco después de la II Guerra Mundial, cuando Londres formalizó ante el mundo su descenso frente a la potencia hegemónica estadounidense, en cumbres como las de Teherán, Yalta y Potsdam.

Sin embargo, el ejemplo no parece adecuado.

En primer lugar, porque la verdadera "subordinación" o "relegación" británica comenzó bastante antes, con la firma de la Carta del Atlántico en 1941, en plena lucha existencial contra la Alemania nazi - con los U-boote destrozando el comercio marítimo británico - y bajo una creciente dependencia financiera, industrial y militar de Estados Unidos.

 

En segundo lugar, porque el golpe definitivo a las aspiraciones imperiales británicas llegó recién durante la Crisis de Suez de 1956, cuando la libra esterlina quedó bajo una presión insoportable y Washington obligó a Londres a retirarse mediante amenazas financieras y monetarias. Allí quedó claro, de manera irreversible, que el Reino Unido ya no podía actuar como potencia global autónoma sin el consentimiento estadounidense.

Pero subsistía una bipolaridad:

aquella desplegada entre soviéticos y estadounidenses.

En este caso no se aprecia una "capitulación discreta" estadounidense a China.

Es solo el reconocimiento de "las desventajas del momento".

 

Trump no acaba de reunirse con el ganador de una guerra fulminante, ni tiene la economía en ruinas, ni carece de poder residual o está a las puertas de una implosión interna. ¡Nada de eso!

 

Trump sigue siendo presidente de una superpotencia global.

El problema es que tiene enfrente otra, de grandes capacidades, por lo que sus aspiraciones hegemónicas no son fácilmente conseguibles.

 

Por algo Trump habla de "G2" ninguneando a otras potencias aspiracionales (Rusia, la Unión Europea, India), como si se tratara de una Nueva Guerra Fría bipolar.

Mientras subsista esa lógica binaria, el conflicto seguirá siendo prácticamente inevitable.

No existe una verdadera capacidad de convergencia entre sistemas antagónicos.

 

Es casi como una ley física (perdonen mi nihilismo).

Cuando los soviéticos creyeron que aquello era posible, bajo el liderazgo del iluso Mijaíl Gorbachev, consciente de los problemas estructurales de la URSS y empeñado en alcanzar una "cooperación" con Occidente, lo que terminó cayendo sobre el sistema soviético fue un ácido diluyente que aceleró su descomposición interna.

 

Poco después, Occidente - el Bloque Capitalista o como se lo quiera denominar - avanzó con fuerza sobre los restos del derrumbe soviético, expandiendo su influencia política, económica y militar sobre espacios que hasta entonces habían permanecido bajo la órbita de Moscú.

 

El secretario general del PCUS, Mijaíl Gorbachev, creyó que podría gobernar mejor mediante un acercamiento cuasi ideológico con Occidente, en particular, con Estados Unidos. Impulsó una retirada estratégica de fuerzas militares de Europa Oriental y, en los hechos, abandonó a los regímenes comunistas del Bloque soviético a su propia suerte. El proceso que se desencadenó fue dramático: el derrumbe del sistema soviético dio paso a la "victoria de la democracia liberal", con privatizaciones salvajes, desindustrialización, concentración extrema de la riqueza y una profunda degradación social. En términos geopolíticos, se instaló un poder hegemónico, basado en el saqueo y las guerras.


 

La invitación del presidente Xi Jinping parece una expresión de deseos, una invitación a la "distensión" para que pueda desarrollar sus planes de consolidación nacional y global.

 

Pero Estados Unidos nunca se someterá al liderazgo chino. Pondrá todos los palos en la rueda habidos y por haber. Y China lo sabe.

Sino no se explica su insistencia sobre no intervenir en el asunto interno de Taiwán.

Además… ¡Washington acaba de emprender una guerra sorpresiva contra un miembro del BRICS, eslabón fundamental en la telurocracia sinorrusa!

Así las cosas, auguro un periodo de escabrosa convivencia. No habrá jamás competencia pacífica, aunque se hable de ello para las cámaras.

 

La "trampa de Tucídides" está tendida:

China (Atenas) está en fase ascendente, Estados Unidos (Esparta) la ve como futura potencia dominante, ergo, entrará en paranoia e irá hacia la confrontación.

 

 

A pesar de la advertencia inicial,

Xi Jinping invitó a Donald Trump

a no entrar un una Trampa de Tucídides

de competitividad autodestructiva.



Beijing propuso encarar una "nueva posición" en las relaciones bilaterales, a la que denominó "estabilidad estratégica constructiva", donde la cooperación funcione como pilar central y la competencia quede acotada a ciertos límites claras.

 

La cuestión es que, para Washington, esas "reglas de combate" suelen parecerse más a un ring donde los golpes bajos forman parte habitual del repertorio.

En su visión, China percibe su expansión como un desarrollo colectivo, no como un juego de suma cero.

 

Washington, por el contrario, cree que alguien necesita perder para que ellos puedan ganar. Es por ello que no para de hacer movimientos contra los intereses chinos.

Sin embargo, algo ha quedado claro:

más allá del ramo de olivo, China viene ejercitando sus músculos.

 

Sus fuerzas armadas no dejan de crecer y modernizarse, su Armada se expande a un ritmo vertiginoso y hasta su arsenal nuclear ha incrementado sus números y capacidades.

Porque una cosa es sostener una vocación pacífica y otra muy distinta adoptar el pacifismo como doctrina de indefensión.

 

¡Si vis pacem para bellum...!
 

 

 

China ha aumentado

la cantidad y calidad de su arsenal nuclear.

Y lo ha hecho de manera secreta dado que nunca

ha firmado un acuerdo bilateral de garantías,

como el que en su momento suscribieron

Rusia y Estados Unidos (START).



Lo que sí puede afirmarse es que Estados Unidos llegó con expectativas de alcanzar grandes acuerdos, pero éstos brillaron por su ausencia.

 

Podrá mencionarse el compromiso - todavía aparentemente preliminar - de adquirir unos 200 aviones de Boeing, aunque la cifra queda bastante lejos de las 500 unidades que se esperaban inicialmente.

 

Más allá de eso, quedaron apenas algunas intenciones de compra de soja y petróleo. Poco más.

 

Sobrevuela, eso sí, la esperanza de una tregua arancelaria que pueda convertirse en el punto de partida de una cooperación que, desde la retórica diplomática, se intentó presentar como el gran resultado positivo del encuentro.

Mientras Trump buscaba victorias empresariales rápidas, Xi promovía un "reinicio" a largo plazo y un pacto para mantener relaciones comerciales estables, lo que subraya las diferentes prioridades de las partes.

Uno, detrás del dinero. Otro, administrando el tiempo.

Xi Jinping entendió perfectamente los límites del desacople económico ("decoupling") que intenta en vano Estados Unidos.

 

Ello se debe al profundo nivel de integración entre ambas economías -  arriba hablé del poder de la manufactura china y de su inversión en Bonos del Tesoro estadounidense - y a la dependencia global de las cadenas de suministro chinas.

Xi Jinping adoptó una postura relativamente magnánima al proponer un marco de "estabilidad estratégica constructiva" en reemplazo de la tradicional noción de "competencia estratégica" predominante durante la administración de Joe Biden.

 

La formulación sugiere,

una invitación implícita a que Estados Unidos se adapte a un escenario internacional crecientemente condicionado por el ascenso de China y por una correlación de fuerzas menos favorable para Washington.

En términos más amplios,

el mensaje parece indicar que Washington ya no posee la capacidad de imponer unilateralmente su agenda sobre Beijing, encontrándose de manera recurrente con límites políticos, económicos y estratégicos impuestos por la propia resistencia china.

En ese contexto, cuestiones tradicionalmente asociadas a la influencia estadounidense - como las "reformas estructurales", la "gobernanza económica global" o la redefinición del "sistema comercial internacional" - dejan de ser ámbitos donde Estados Unidos pueda establecer condiciones sin negociación ni contrapesos.

Ello constituye un indicio de las crecientes dificultades que enfrenta el ejercicio de las pretensiones hegemónicas e intervencionistas clásicamente asociadas al orden internacional liderado por Washington frente a una China más asertiva y consolidada.
 

 

 

 

Referencias

  1. La Sección 301 ("Section 301") es una disposición de la legislación comercial de Estados Unidos incluida en la Trade Act de 1974, que le permite al gobierno tomar represalias económicas contra países que considere responsables de prácticas comerciales "injustas" o perjudiciales para empresas y productos norteamericanos.
     

    En términos simples, la Sección 301 autoriza a Office of the United States Trade Representative a investigar a otros países y, si concluye que hay prácticas desleales, imponer medidas como: aranceles adicionales,
    restricciones comerciales, sanciones económicas, limitaciones a importaciones.
     

  2. Una frase atribuida al estratega Michael Ledeen, vinculada al neoconservadurismo estadounidense, decía,

"Every ten years or so, the United States needs to pick up some small crappy little country and throw it against the wall just to show we mean business",

...que podría traducirse como,

"Cada diez años aproximadamente, Estados Unidos necesita tomar a algún pequeño país de mierda y tirarlo contra la pared, solo para mostrar que hablamos en serio".

  1. El que alguna vez se encargó del Department of Government Efficiency (DOGE) para desregularizar el Estado.
     

  2. GAFAM es un acrónimo que se usa para referirse a cuatro grandes empresas tecnológicas estadounidenses: Google, Apple, Facebook (Meta), Amazon y Microsoft.

     

    El término comenzó a popularizarse en la Unión Europea para hablar del enorme poder económico, tecnológico y político que concentran estas compañías:

control de datos, plataformas digitales, publicidad online, comercio electrónico, sistemas operativos, servicios en la nube, etc.