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por
Valentina Araya
15 Diciembre 2025
del Sitio Web
DiarioUno

Este desierto de América del Sur
dejó de
ser un borde del mapa
para
convertirse en un nodo central
del
sistema alimentario mundial...
Durante décadas, el desierto fue sinónimo de límite.
Tierra árida, lluvias escasas, horizonte
inmóvil...
En América del Sur, una extensa franja desértica
parecía condenada a la improductividad, lejos de los grandes centros
agrícolas del mundo.
Sin embargo, contra toda lógica climática, ese paisaje de
América del Sur terminó transformándose en uno de los motores
silenciosos del comercio global de alimentos.
Hoy, desde un suelo donde casi no llueve, salen
frutas y hortalizas que llegan a las mesas de Estados Unidos, China
y Europa, de esta nueva potencia agroexportadora.

Se trata del desierto costero de
Perú, una región que se
extiende a lo largo del océano Pacífico y que, gracias a una
combinación de ingeniería, inversión y condiciones naturales
particulares, se convirtió en una potencia agroexportadora, según el
Instituto de Desarrollo e Investigación Agropecuaria Tecnificada
(IDIAT).
Lo que antes era arena y polvo, en corazón de América del Sur, hoy
es un mosaico de campos verdes, atravesados por sistemas de riego
que trasladan agua desde los Andes hacia la costa.
Allí se producen,
espárragos, arándanos, paltas, uvas, mangos y
cítricos que abastecen mercados internacionales durante todo el
año.
El fenómeno no ocurrió de un día para otro.
Fue el resultado de proyectos de irrigación a
gran escala, políticas orientadas a la exportación y una demanda
global creciente de alimentos frescos fuera de temporada.
El desierto, lejos de ser un obstáculo, terminó
ofreciendo ventajas inesperadas:
suelos controlables, baja presencia
de plagas y una radiación solar ideal para cultivos intensivos...

Como es que este País de América
del Sur logro su Transformación
Clima estable:
la casi ausencia de lluvias en esta región de
América del Sur permite planificar cosechas sin el
riesgo de tormentas o heladas, algo clave para la producción a
gran escala.
Irrigación artificial:
megaproyectos hidráulicos llevan agua desde
ríos andinos hasta zonas desérticas, haciendo posible la
agricultura donde antes no existía.
Producción contra-estacional:
Perú puede exportar frutas y
verduras cuando el hemisferio norte atraviesa el invierno, lo
que lo vuelve estratégico para EE.UU., Europa y Asia.
Alta productividad:
los cultivos en el desierto
alcanzan rendimientos elevados gracias al control total del agua
y los nutrientes.
Orientación exportadora:
gran parte de la producción está pensada
directamente para mercados internacionales, con estándares
exigentes de calidad.
Impacto global:
supermercados de Nueva York, Shangai o Madrid
reciben alimentos cultivados en uno de los paisajes más áridos
de América del Sur.
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