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por Christian Cirilli
06 Febrero 2026
de cierto mar ¡ay! de serpientes sueño yo.
Largas, transparentes, en sus barrigas llevan lo que puedan arrebatarle al amor.
Oh, oh, oh... La mato y aparece una mayor.
Oh, oh, oh...
Con mucho más infierno en digestión. de la canción
La Revolución fue la respuesta a
un régimen autoritario, socialmente excluyente y dependiente en un
contexto donde la vía armada apareció como la única salida posible.
Todo empezó con el fracaso del asalto al Cuartel Moncada, en 1953.
Pero la lucha guerrillera se afincó, a partir de 1956, en la Sierra Maestra, liderada por el Movimiento 26 de Julio encarnado en Fidel y Raúl Castro, Ernesto "Che" Guevara y Camilo Cienfuegos.
El movimiento se hizo muy popular porque combinaba guerra irregular, apoyo campesino y una amplia oposición urbana al régimen batistiano, caracterizado por la corrupción, la represión y su estrecho alineamiento a Estados Unidos.
Fidel Castro, flanqueado por Camilo Cienfuegos (a la izquierda de la imagen) y Huber Matos, en el triunfo revolucionario. Cienfuegos moriría tempranamente, el 28 de octubre de 1959, a los 27 años, cuando regresaba de Camagüey tras sufrir un accidente aéreo. Había sido enviado a esa provincia con la orden de arrestar a Huber Matos, quien había denunciado la creciente "infiltración comunista" en el proceso revolucionario. Matos, finalmente, fue condenado a 20 años de prisión por traición y conspiración contra el Estado revolucionario, pena que cumplió íntegramente.
Tras la victoria, el nuevo gobierno impulsó reformas profundas:
Estas medidas soberanistas fueron muy mal recibidas tanto por las corporaciones estadounidenses como por el propio establishment de la política exterior de Washington.
La respuesta no se hizo esperar:
Si bien el desembarco fue rápidamente sofocado por las Fuerzas de Defensa Cubanas, constituyó una advertencia inequívoca para la dirigencia revolucionaria:
Así, se llegó a la comprensión de que el martinismo (por José Martí) inicial funcionaba más como un relato de unidad que como un programa de gobierno.
No alcanzaba para sostener el poder, gestionar la economía 2 ni adaptarse adecuadamente al tablero geopolítico de la Guerra Fría.
El giro al comunismo, por el contrario, garantizaba la supervivencia porque ofrecía protección militar, financiamiento, un mercado asegurado para el azúcar y respaldo diplomático.
Pero el precio era el alineamiento internacional al bloque socialista.
Cuando la Revolución se consagró comunista, las corrientes martinistas, socialdemócratas e incluso liberales que la apoyaron fueron desplazadas, dado que se adoptó una doctrina disciplinaria, con un fuerte aparato de control y una narrativa de legitimación permanente.
Una hilera de contrarrevolucionarios detenidos tras el fallido desembarco en Bahía de Cochinos. El episodio resultó profundamente traumático para Cuba. Lejos de alcanzar sus objetivos, Washington aceleró la radicalización del proceso, empujando a La Habana a los brazos del comunismo soviético y facilitando que, apenas un año después, se autorizara el despliegue de misiles nucleares en la isla.
A la vez, las cicatrices de la invasión convencieron a Fidel Castro de que solo la disuasión nuclear podía inhibir de manera efectiva nuevos intentos de desembarco en la isla, de lo contrario, los estadounidenses vendrían por más, mucho mejor preparados.
Y no fallarían...
La historia de manera elocuente, terminó dándole cierta razón: es el arsenal nuclear el que ha protegido a Corea del Norte de una aniquilación directa; es la capacidad misilística iraní, junto con su potencial técnico de nuclearización, la que ha sembrado dudas persistentes en los mandos militares estadounidenses desde 2003 hasta hoy.
Del mismo modo, la abrumadora paridad nuclear disuade a la OTAN de involucrarse directamente contra Rusia en el frente oriental europeo, y es esa misma lógica de equilibrio estratégico la que impide que los conflictos indo-pakistaníes se desborden más allá de choques breves y contenidos.
Por el contrario,
La oportunidad llegaría muy pronto:
¿Acaso alguna mejor que Cuba?
Así, misiles balísticos nucleares soviéticos R-12 Dvina (designación OTAN SS-4 "Sandal"), con un alcance aproximado de 2.000 km, y algunos otros R-14 Chusovaya (SS-5 "Skean"), de hasta 4.000 km, fueron instalados en Cuba entre agosto y octubre de 1962 como parte de la operación secreta "Anadyr".
Pero el 14 de octubre de 1962, un avión espía Lockheed U-2 de la USAF fotografió los emplazamientos en construcción, detonando la crisis.
Mucho menos conocido es que la URSS también desplegó bombarderos tácticos Ilyushin Il-28, con capacidad para portar bombas atómicas, así como 36 misiles tácticos 2K6 Luna, 12 de ellos dotados con ojivas nucleares, concebidos para repeler un eventual desembarco anfibio estadounidense.
Alcances de las armas soviéticas desplegadas en Cuba: los bombarderos Il-28 podían alcanzar 1.166 km, pero los misiles R-12 hasta 1.880 km y los R-14 aún más, del orden de los 4.070 km. Esta circunstancia aterró a las autoridades estadounidenses.
Lo cierto es que esta situación desembocó en la Crisis de los Misiles, que mantuvo en vilo al mundo entero.
Estados Unidos había descubierto algo tardíamente la instalación de estos artefactos estratégicos, contra los cuales - por proximidad geográfica - no tenía ninguna defensa efectiva ni capacidad de reacción.
Por primera vez, Washington se percibía absolutamente vulnerable, por lo que la paranoia se apoderó de los despachos decisorios.
Para Moscú, el despliegue buscaba proteger a Cuba, pero sobre todo restablecer el equilibrio frente a la OTAN, que ya mantenía misiles apuntando al corazón soviético desde Turquía.
Encerraba, además, el placer de hacerle probar al adversario su propia medicina.
Imposibilitado de actuar sin generar una guerra termonuclear, el presidente John F. Kennedy respondió con un bloqueo naval (al que llamó "cuarentena") alrededor de la isla, exigiendo la retirada inmediata del armamento.
Durante 13 días, el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear, con enfrentamientos diplomáticos, incidentes militares y decisiones tomadas al límite.
Los estadounidenses cercaron la isla para impedir la llegada de nuevos buques rusos con más misiles y sistemas. Todos los países de la OEA se sumaron al bloqueo, excepto México, que se abstuvo y mantuvo su doctrina histórica de no intervención.
Finalmente la crisis se resolvió mediante un acuerdo secreto por el cual la URSS retiraba los misiles de Cuba, Estados Unidos los sacaba de Turquía y a la vez se comprometía a no invadir la isla.
Esa crisis llegó a tal límite que inauguró el establecimiento de comunicaciones directas, como el célebre teléfono rojo entre Washington y Moscú.
Sin embargo, Fidel Castro no había quedado nada conforme:
Además, Cuba había quedado al margen de la negociación final, lo que la colocaba en una posición subordinada dentro del bloque soviético, pese haber sido el territorio donde se había jugado la partida.
Ahora no tendría escudo nuclear sino una "palabra de caballeros" 3 de poca validez.
Empero, Estados Unidos no volvió a intentar - al menos por ahora - una invasión militar directa sobre territorio cubano, aunque nunca abandonó la política de sanciones, embargos y acusaciones sistemáticas, ni las operaciones encubiertas y de desestabilización.
Estas herramientas se endurecieron progresivamente tras el colapso de la URSS, cuando Cuba quedó privada de su aliado estratégico fundamental y pasó a enfrentar la presión estadounidense en un escenario de disparidad completa.
Que conste:
Estos actos de temeridad y radicalización soberanista llevaron a la Revolución Cubana a alcanzar un gran impacto continental, e incluso extracontinental, como lo demuestra su decisiva participación en la independencia de Angola y Namibia.
Esa combinación de audacia política, resistencia y proyección internacional convirtió a Cuba en un faro simbólico, capaz de inspirar movimientos guerrilleros y proyectos revolucionarios en amplias regiones del planeta.
Pero también la convirtió en el blanco preferido de los Estados Unidos.
El 5 de noviembre de 1975, a solicitud del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), el gobierno cubano, en su rol internacionalista, montó la Operación Carlota, enviando un batallón de tropas especiales del Ministerio del Interior, que luego se extendería a varios miles de soldados. En la foto, Fidel Castro con António Agostinho Neto, líder del MPLA. La intervención cubana luego influyó en la liberación de Namibia (marzo de 1990) y el fin del sistema de segregación racial en Sudáfrica.
Desde la desintegración soviética en 1991, Estados Unidos desplegó contra Cuba una guerra asimétrica de baja intensidad, no convencional y multidimensional, orientada no a la invasión, sino al agotamiento estructural del Estado cubano y a forzar un cambio de régimen por implosión.
Si bien existen varios vectores de acoso, el eje central fue, es y sigue siendo la guerra económica:
En paralelo, se desplegaron persistentes campañas de guerra psicológica y comunicacional, centradas en los derechos humanos, la escasez material y la cuestión migratoria, y, en no pocos casos, presentando a Cuba como "promotora del terrorismo", con el objetivo de aislarla diplomáticamente y erosionar su legitimidad internacional.
A modo subrepticio, facilitado por la geografía insular de Cuba, se llevaron a cabo operaciones de guerra biológica:
Pero a partir del 11 de julio de 2021 se produjo en Cuba un fenómeno sin precedentes en la historia reciente de la isla:
Miles de personas se congregaron simultáneamente en más de 50 ciudades y localidades, coreando consignas dirigidas contra el presidente Miguel Díaz-Canel como "Patria y Vida" 4 - en abierta contraposición al lema "Patria o Muerte" 5 - "Libertad", "Abajo el comunismo", junto a reclamos urgentes por alimentos, medicamentos, servicios básicos y derechos civiles.
Desde los medios occidentales se sostuvo que las protestas eran espontáneas y surgían como consecuencia directa de las restricciones económicas y sociales, agravadas aún más por el impacto de la pandemia de COVID-19 en 2020.
Como ocurre habitualmente, siempre existe un componente genuino de malestar social, pero rara vez insurrecciones de esta magnitud se desarrollan sin liderazgos identificables ni algún tipo de apoyo externo, ya sea material, logístico, comunicacional o simbólico.
El pasquín alemán Deutsche Welle cubrió las manifestaciones en Cuba interrogándose abiertamente sobre si se trataba del fin del régimen castrista. Resultó llamativo que, poco tiempo antes, se hubieran registrado protestas violentas y de gran escala en Chile y Colombia sin que esos mismos comentaristas aventuraran escenarios de colapso estatal. En el caso cubano, en cambio, el diagnóstico mediático derivó rápidamente hacia la profecía de una inminente "guerra civil", evidenciando un doble rasero narrativo en el tratamiento informativo.
Muy probablemente, el neoconservador Joe Biden, que había asumido la presidencia el 20 de enero de 2021, consideró necesario golpear con rapidez mediante una metodología ultra conocida - aunque no por ello menos eficaz - en un contexto en el que ya no gobernaba la "vieja guardia revolucionaria", sino uno de sus herederos políticos, Miguel Díaz-Canel, presidente desde abril de 2018, con menos arraigo y carisma que los "padres fundadores".
La lectura habría sido que el relevo generacional ofrecía una ventana de vulnerabilidad para ensayar una ofensiva de desestabilización que antes no había prosperado.
Al iniciar su mandato, el Deep State / Biden practicó tres acciones subversivas sucesivas en América antes de emprender la acción final contra Cuba, a saber:
Estos sucesos se dieron en un proceso no superior a un año calendario, pero hubo dos que fracasaron (Nicaragua y Venezuela).
La particularidad es que todos han sucedido en la "Cuenca del Caribe", lugar que Estados Unidos considera una verdadera extensión natural de su territorio.
¡A no confundirse...!
Sin embargo, es menester señalar que durante las últimas administraciones, Estados Unidos incurrió en una clara sobreextensión estratégica, otorgando un protagonismo desmedido al "rediseño de Medio Oriente" (Bush), al "pívot hacia Asia" (Obama) o al "asunto ucraniano" (Biden), en detrimento de los asuntos caribeños y latinoamericanos.
Trump, en su primera presidencia, intentó estar en todos los frentes simultáneamente - apuntando especialmente a Venezuela con la consagración de Juan Guaidó y la formación del Grupo de Lima - pero esa lógica suele producir el efecto inverso: estar en todos lados termina siendo no estar en ninguno.
La relativa "indiferencia" de Estados Unidos hacia una región tradicionalmente mansa y obediente abrió una brecha que varios gobiernos de la llamada "ola progresista", surgida tras el colapso del experimento neoliberal de los años noventa, supieron aprovechar para ensayar esquemas de mayor autonomía política.
Desde comienzos de la década de 2000, y con avances y retrocesos, emergieron gobiernos de orientación "izquierdista" que promovieron proyectos de integración regional y estrategias de diversificación política y económica, al tiempo que facilitaron el ingreso sostenido de inversiones chinas.
El caso más emblemático de esta colaboración fue el eje venezolano-cubano, inaugurado con la firma, el 30 de octubre de 2000, del Convenio Integral de Cooperación entre Hugo Chávez y Fidel Castro.
Dicho acuerdo permitió a la isla acceder al estratégico suministro de petróleo venezolano en condiciones altamente favorables, mientras La Habana aportaba contingentes de profesionales - principalmente médicos, docentes, técnicos y entrenadores deportivos - destinados a programas sociales en Venezuela.
Este entendimiento constituyó el puntapié inicial para la posterior creación del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), concebida como un proyecto político-económico de integración regional y como alternativa explícita al modelo neoliberal del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) impulsado por Estados Unidos.
La alianza venezolana-cubana se sustentó en la sintonía emocional e ideológica entre Hugo Chávez y Fidel Castro, y funcionó como un polo alternativo de solidaridad política y estratégica al margen de los intereses estadounidenses. No resulta casual que, bajo la concepción de "hegemonía hemisférica" adoptada por Donald Trump, Venezuela y Cuba sean los principales blancos de su política de presión y castigo.
Los presidente Miguel Díaz-Canel y Nicolás Maduro continuaron la relación estratégica entre ambos países, leales a la voluntad de Castro y Chávez.
Pero conviene retroceder sobre algunos antecedentes de la llamada "Revolución de Color" en Cuba de julio de 2021, episodio que constituye a la vez un hito clave para comprender los intentos de "cambio de régimen" en la isla y el actual contexto de acoso político y económico.
Apenas asumió Biden el poder en enero de 2021, expresó su intención de realizar una "Cumbre por la Democracia" para reordenar el tablero ideológico global y reafirmar el liderazgo estadounidense en el mundo, pero especialmente, en el continente americano.
Se trataba de un foro internacional impulsado por Washington para reunir a gobiernos considerados "democráticos" y coordinarlos bajo su dirección para enfrentar al "autoritarismo"
Por supuesto, China, Rusia, Irán estaban en la lista de Estados autócratas.
Mientras Biden lanzaba la idea con vistas a la cumbre, ocurrían los sucesos en Cuba, Haití, Venezuela y Nicaragua citados.
Considérese la importancia del eje Haití-Cuba en el radar caribeño:
El control de los océanos fue siempre la piedra angular del comercio ultramarino. Quien los domina, domina la globalización.
Por eso, en la Carta del Atlántico de 1941, Reino Unido (Churchill) y Estados Unidos (F.D. Roosevelt) firmaron el irrenunciable dominio de los mares y se constituyeron como talasocracias.
Estados Unidos creó siete inmensas flotas, mientras que los británicos se resignaron a compatibilizar su flota, más pequeña pero igualmente importante, con la norteamericana.
En tal sentido, el dominio oceánico y de los mares circundantes, especialmente los conectores, es de interés geoestratégico para la hegemonía angloestadounidense.
La Cuenca del Caribe corresponde a la franja geográfica que arropa a las naciones caribeñas, y que parte de la fachada costera, al norte de Venezuela y Colombia, pasa por el este de Centroamérica y termina rozando el sur de Florida.
Ese amplio espacio marítimo es primordial para Estados Unidos porque se considera tanto una "buffer zone" (zona de amortiguación) como una zona de proyección. Eso la hace un objetivo frecuente en términos de injerencia e intervenciones de todo tipo, incluso militares, convirtiéndola en la zona más invadida por Estados Unidos en su historia como nación.
El oceanógrafo Alfred Mahan, en su libro intitulado "La influencia del poder marítimo en la historia: 1660–1783", inspiró al presidente Theodore Roosevelt para expandir el poder marítimo estadounidense con el fin de asegurar recursos y rutas navales.
Y no olvidar que fue Roosevelt quien impulsó la superioridad naval estadounidense y quien reinterpretó (con su Corolario Roosevelt) la Doctrina Monroe, brindando la base ideológica del "Big Stick" y de décadas de tutela regional.
Su primo lejano, Franklin D. Roosevelt, relanzó el poder naval estadounidense a tal magnitud que derrotó a la flota más desafiante de entonces:
Además, fue el arquitecto del orden liberal internacional actual...
Franklin Delano Roosevelt y Theodore Roosevelt eran primos lejanos. Como nota de color: la esposa de Franklin, Eleanor, era sobrina de Theodore. Esta dinastía política fue fundamental en el expansionismo estadounidense.
Alfred Mahan manifestaba en el citado libro:
En mi artículo "Ártico, descomposición del orden atlántico" destiné un capítulo a "Los desgraciados de siempre" donde resumo las etapas irredentistas estadounidenses y sus variantes en Latinoamérica y Caribe.
Sin embargo, las últimas invasiones estadounidenses en el Caribe ocurrieron en 1983 (Granada) y 1989 (Panamá). A partir de allí, Washington ejerció su dominio en forma de amenazas vedadas y programas comerciales.
Con la notable persistencia de la Revolución Cubana - y, en menor medida, de la experiencia sandinista - seguida más tarde por el ciclo bolivariano, comenzó a tomar forma en el Caribe un esquema de organización política que contrastaba abiertamente con décadas de dominio estadounidense.
Cuando esos tres "planetas" se alinearon, uno de los ejes estructurales fue la energía, el talón de Aquiles histórico de cualquier proyecto de autonomía caribeña.
En ese entramado, Venezuela se convirtió en el eslabón decisivo para sostener la cadena solidaria; no casualmente, Estados Unidos concentró de manera sistemática sus esfuerzos en la destrucción de ese eslabón.
Ya hacia 2015, la administración de Barack Obama lanzó la denominada Iniciativa de Seguridad Energética del Caribe, en cuyo marco el entonces vicepresidente Joe Biden dejó explícito que la energía y la seguridad tanto del Caribe como de Centroamérica constituían intereses estratégicos prioritarios para Estados Unidos.
El mensaje era inequívoco.
En la medida en que la Revolución Bolivariana había promovido - a través de Petrocaribe - una red solidaria entre las naciones caribeñas, articulada con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), con el objetivo de reducir la dependencia energética de Washington, Estados Unidos respondía con un contraproyecto destinado a recomponer y reencauzar esa dependencia.
Se trataba, en los hechos, de un ALCA más acotado y cuidadosamente disimulado.
Por consiguiente, la avanzada del 2021 sobre la Cuenca del Caribe estuvo coordinada y tuvo que ver con la retoma del control total y definitivo de un espacio que siempre les perteneció y que tiene atisbos de rebeldía y resistencia en Cuba y Venezuela.
Así como los "otros temas mundiales" abrieron una ventana de oportunidad para que los gobiernos soberanistas caribeños y latinoamericanos profundizaran sus vínculos, los avances tecnológicos ofrecieron una oportunidad equivalente a las agencias de inteligencia estadounidenses.
A partir de 2018, Cuba experimentó una rápida masificación de los teléfonos celulares y, con ella, la penetración de las redes sociales, plataformas particularmente funcionales a la difusión y amplificación de propaganda política.
Llamó poderosamente la atención que, conjuntamente con las movilizaciones aparecieron de manera masiva por Twitter los hachtag #SOSCuba y #CorredorHumanitario en un sinfín de combatientes mediáticos de la derecha regional, siendo las periodistas Yoani Sánchez y Patricia Janiot entre las más retuiteadas y con mayor exposición de la agenda de las protestas.
Esos hachtag fueron replicados por ejércitos de BOTS y demás instrumentos de la Big Data.
Un manifestante es arrestado por la policía en La Habana, el 11 de julio de 2021.
El presidente Díaz Canel convocó entonces a "los revolucionarios" a "ganar la calle" para contrarrestar el "golpe suave"... y cortó Internet.
Pronto, empezaron los saqueos y actos de violencia, que encontraron, lógicamente, una represión estatal. Gracias a ella, se exigió entonces - desde Miami - una intervención humanitaria, léase, militar, bajo el eufemismo de "corredor humanitario".
Si esto les suena a los recientes sucesos de Irán o a la "fantochada humanitaria" en Cúcuta, junto al Puente Internacional Tienditas, no es pura coincidencia.
Téngase en cuenta que el lenguaje humanitario es fundamental:
Un mes antes (23 de junio de 2021), la Asamblea General de la ONU había votado una nueva resolución rechazando el bloqueo, con 184 votos a favor, 2 en contra (EE.UU. e Israel, obvio) y tres abstenciones (Colombia, Brasil y Ucrania).
¿Y por qué la ONU sacó una nueva resolución contra el bloqueo en junio 2021?
Elementos tan imprescindibles y básicos como las jeringas estaban vedadas a Cuba, quien paradójicamente produce dos vacunas (Abdala y Soberana 02) pero no puede aplicarlas por el embargo de insumos básicos.
Pero tenemos que escuchar ahora a Mike Waltz decir que,
Cinismo ilustrado el de este hombre...
Mike Waltz es parte del mismo gobierno que en 2020 puso restricciones al material sanitario a Cuba... pero dice que eso jamás ha ocurrido. Dice que no hay bloqueo pero la Ley Helms-Burton sigue vigente. Y luego embate con la propaganda típica.
No sé qué le parece a ustedes, pero estas pequeñas colegialas dicen más verdades sosteniendo un cartelito que Mike Waltz en todo un discurso estudiado.
Pongamos en claro:
Las protestas civiles que comenzaron el 11 de julio, con personas manipuladas y otras seguramente cansadas de la crítica situación, conllevan la idea de que Cuba necesita de la intervención estadounidense o de la "comunidad internacional" (que no es lo mismo pero es igual) para resolver la crisis económica y humanitaria, que según los apóstatas norteamericanos, es de "única responsabilidad del régimen".
Si Cuba,
Ese es precisamente el objetivo que Estados Unidos persigue desde hace 65 años con sus acciones terroristas, su implacable bloqueo, su acoso en manada, y que ahora ve más posible que nunca, gracias a la neutralización de la lucha antiimperialista en el "régimen chavista".
La oportunidad está más diáfana que nunca.
En las palabras del presidente cubano subyace una pregunta inquietante: si los estados comunistas son "fallidos" por fisuras estructurales innatas, ¿por qué se empeña Estados Unidos en destruirlos en lugar de dejarlos colapsar por sí mismos?
Echemos un vistazo al mapa caribeño y cómo Estados Unidos viene consolidando su control total:
Panamá es un estado fallido que orbita sobre los peajes del canal y los paraísos fiscales.
El canal fue (construido y) administrado por Estados Unidos hasta 31 de diciembre de 1999, pero "por si las moscas" Washington invadió el país de manera devastadora en la Navidad de 1989 [Operation Just Cause], para que se les recuerde quien manda.
Trump solicitó al presidente panameño José Raúl Mulino que se salga de la Iniciativa de la Franja y la Ruta y el hombre obedeció inmediatamente.
Colombia es un país con 9 bases norteamericanas en su territorio.
Gustavo Petro es un presidente valiente y decidido, pero difícilmente pueda sustraerse de la órbita estadounidense, debido a la penetración histórica profunda, de impronta servil, forjada por décadas de presidentes-terratenientes indignamente supeditados al poder de Washington.
No es un dato menor:
Así terminó el chisporroteo dialéctico.
El presidente colombiano Gustavo Petro y el presidente estadounidense Donald Trump, el 4 de febrero de 2026, en la Casa Blanca, mantuvieron un encuentro constructivo.
Las Antillas Menores, Puerto Rico - estado libre asociado directamente a Estados Unidos, prácticamente una base militar de grandes proporciones - la isla La Española (Haití, en crisis humanitarias eternas, y República Dominicana), junto con Jamaica y las Bahamas, presentan economías fuertemente dependientes del turismo y de producciones de bajo valor agregado orientadas casi exclusivamente al mercado estadounidense.
Hasta la península de Yucatán fue desmembrada por los ingleses para crear el falso estado de Belice, que justamente, es bañado por las cosas del mar Caribe, privándole gran parte de la salida a dicho mar a Guatemala.
Durante décadas, Honduras funcionó como un enclave estratégico de Estados Unidos en Centroamérica.
Allí se encuentra la base aérea de Soto Cano (Palmerola), que alberga una presencia permanente del U.S. Army, y que durante la Guerra Fría fue una pieza clave de la proyección militar estadounidense en la región.
En los años ochenta, el territorio hondureño se convirtió en la zona de operaciones de La Contra, es decir, fuerzas paramilitares anticomunistas - integradas por ex guardias somocistas, mercenarios y grupos irregulares - especializadas en sabotajes, terrorismo rural y masacres contra objetivos civiles y militares nicaragüenses.
Estas fuerzas combatieron al gobierno sandinista con financiamiento, entrenamiento y armamento de Estados Unidos, incluso mediante métodos ilegales y encubiertos, como la venta de armas a Irán durante la guerra Irán-Irak, (escándalo Irán-Contra, que casi acaba con el gobierno de Ronald Reagan).
Más recientemente, Honduras volvió a ocupar titulares internacionales cuando el ex presidente Juan Orlando Hernández, fue extraditado y condenado en Estados Unidos por narcotráfico, exponiendo la profunda imbricación entre poder político, crimen organizado y tutela geopolítica estadounidense en el país.
Sin embargo, fue recientemente indultado por Trump, a poco de la operación de secuestro de Nicolás Maduro.
Como cereza en el postre, acaba de ganar la presidencia el ultraconservador Nasry Asfura.
Como verán, en la "Cuenca del Caribe" solamente existen dos anomalías con cierto grado de soberanía y decisión autónoma:
Ya sabemos lo que ocurrió con el último caso:
Ya nadie duda que la Revolución Bolivariana ha perdido su impulso "antiimperialista", convirtiéndose ahora en una "dictablanda" que hace buenos negocios con Washington, le vende todo lo que le quiere comprar, y le da muestras de que algunas cosas están "regularizándose" (como la liberación de "presos políticos").
El socio del T-MEC, México, incluso ha llegado a "perder" simbólicamente el nombre del Golfo - rebautizado por Trump como "Golfo de los Estados Unidos" - y, aunque se trata de un país de enorme peso en términos de extensión, población y capacidades, es objeto de un acoso permanente mediante amenazas de injerencia justificadas en el supuesto "desmanejo del narcotráfico".
Este discurso evoca inevitablemente la lógica insidiosa de la guerra mexicano-estadounidense de 1846-1848, que culminó con el despojo de 2.400.000 km² de territorio mexicano, mientras que la alusión al narcotráfico fue la excusa para asaltar Venezuela.
¿Quién queda en pie?
Cuba aparece como un objetivo "fácil" en la medida en que carece de recursos significativos para su defensa, pero al mismo tiempo constituye un problema histórico no resuelto por su tenacidad y determinación.
Tal como expuse al inicio de este artículo, la isla representa un desafío a la inflexible Pax Americana, a apenas 145 kilómetros de las costas de Florida, que ha sabido sortear situaciones extremadamente difíciles.
Sin embargo, tras el rapto de Maduro y el disciplinamiento de Delcy Rodríguez, el contexto habilita el retorno al acoso de Cuba.
Ahora Washington puede girar el dial del dolor a un costo bajo con grandes resultados. Y lo mejor/peor de todo es que a ningún Estado latinoamericano parece importarle.
La fragmentación política regional limita cualquier contrapeso a las acciones irredentistas estadounidenses. ¡Nunca Washington tuvo tanto viento a favor!
Es por ello que Trump prometió públicamente cortar el petróleo y el apoyo financiero de Venezuela a Cuba y advirtió a La Habana que,
Donald Trump ha amenazado a Cuba con la interrupción abrupta y total del suministro de petróleo venezolano, sugiriendo que haga un "trato" antes de que sea demasiado tarde. Pero, ¿a qué tipo de acuerdo se refiere? ¿Qué circunstancias beligerantes existían por parte de Cuba antes de que Washington decidiera cortar este flujo energético, mantener el bloqueo comercial de 65 años y amenazar incluso con un bloqueo naval?
La vulnerabilidad de Cuba está dada mayormente en su geografía.
La isla carece de importantes recursos naturales y depende de los acuerdos internacionales que pueda realizar para administrar la escasez. Si a eso sumamos el indigno bloqueo estadounidense / internacional, la cuestión se pone aún más crítica. Venezuela era una arteria aorta.
Sin el petróleo venezolano, Cuba ha visto drásticamente reducidas sus posibilidades de oxigenar su economía, pues la falta de crudo agrava una crisis energética que amenaza con paralizar gran parte del sistema productivo y social.
El acoso sobre Venezuela había hecho mermar en demasía el apoyo energético a Cuba. Es más, durante 2025, México fue el mayor proveedor de petróleo a la isla.
México ha intentado compensar con 20 mil barriles diarios pero ese suministro es insuficiente para cubrir el déficit energético.
El resultado: una serie de apagones que afectan toda la actividad económica y generan malestar social. Solo por ahora, la presión económica y el cuasi-colapso económico no han provocado una rebelión.
El miedo al caos radicalizó a las fuerzas estatales, que incluso han movilizado a las fuerzas armadas en previsión a una invasión estadounidense.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel en fajina militar, con otros mandos, ha dispuesto la movilización ante el peligro de guerra.
Pero quizás las autoridades estadounidenses no apunten ya a una sublevación abierta, como la de 2021, sino a incentivar una migración a gran escala que "vacíe" el país y refuerce su imagen de sistema insostenible.
Cientos de cubanos emigran como respuesta racional al deterioro de las condiciones materiales y a la ausencia de horizontes previsibles, mientras el relato dominante simplifica ese fenómeno bajo la consigna de que la gente "huye del comunismo".
En lo relativo al continente, parecen imponerse las decisiones más ásperas impulsadas por Marco Rubio - quien se presenta a sí mismo como un exiliado cubano animado por una lógica de revancha, como en general todo el espectro electoral "latino" de Florida - de modo que Cuba reaparece en el horizonte político estadounidense como una mancha persistente en la memoria, y no como una nación inofensiva y pacífica.
El secretario de Estado y consejero interino de Seguridad Nacional, Marco Rubio, se expresó en español sobre los sucesos del 11 de julio de 2021, insistiendo en que es el "régimen incapaz de gobernar", el responsable de las penurias que atraviesa la población. En su relato, quedan deliberadamente fuera de cuadro la guerra asimétrica e híbrida desplegada desde Florida y Washington, así como su impacto estructural sobre la economía y la vida cotidiana en la isla.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, niega rotundamente las acusaciones de terrorismo. Solo en los hornos de la mentira del Occidente puede sostenerse tamaña desfachatez con total desparpajo. No obstante, Díaz-Canel sí afirmó que existe una base militar que amenaza la seguridad: Guantánamo, una base estadounidense afincada en la península sur, en contra de la voluntad del pueblo cubano.
Y hete aquí la mayor coartada:
Pero la Administración Trump es sumamente restrictiva a la migración, aplicando la brutal ICE como fuerza de choque.
Por consiguiente, una emergencia humanitaria en el extranjero se gestionaría como una amenaza para la seguridad en el país.
Hoy, las estructuras estatales de Cuba asignan alimentos, medicamentos, energía y garantizan el orden interno.
En definitiva.
No obstante estas cifras dramáticas, la esperanza de los funcionarios trumpistas de que Cuba estuviese "lista para caer" se topa con la obstinación y el amor patrio de los cubanos:
Las exequias de los 32 combatientes cubanos que cayeron en cumplimiento del deber protegiendo la seguridad del presidente Maduro.
El presidente Díaz-Canel encabeza la multitudinaria marcha por Cuba y en contra de la guerra híbrida emprendida por Estados Unidos.
La idiosincrasia estadounidense no logra comprender que su amenaza de "mano dura" de enero de 2026 - con un bloqueo naval inminente y la posibilidad de invasión - choca con una nación que, pese a sus privaciones, está imbuida de un fuerte sentimiento patriótico, que trasciende el socialismo o el mero "apoyo al régimen".
Para Washington, que todo lo interpreta bajo su cristal, las movilizaciones populares son simplemente "adeptos" y no ciudadanos que buscan afirmar su existencia frente a la agresión imperialista.
Estados Unidos está generando una resistencia fanatizada, un Masada. 6
El presidente estadounidense Donald Trump hace bromas con el sufrimiento de la población cubana y asevera que el "régimen cubano" está por caer porque depende del petróleo venezolano.
No obstante, la coerción estadounidense podría generar un derrumbe económico acelerado y una transición caótica.
Pero el colapso humanitario podría estar a la vuelta de la esquina, generando una crisis migratoria masiva hacia Estados Unidos.
El 19 de enero, los chinos, esos 'energúmenos' que osan tocar continente americano, entregaron 30 mil toneladas de arroz (de 60 mil comprometidas) para subsanar la emergencia humanitaria.
Pero tratándose de Cuba, siempre hay que barajar el escenario de la supervivencia.
En los años noventa, con la desintegración soviética, la situación se había puesto extremadamente grave.
Fidel Castro inauguró entonces el "Período Especial" con racionamientos estrictos, fomento de la agricultura urbana, condiciones para el turismo internacional y un flujo limitado de dólares.
Así, contra todo pronóstico,
Cuba no es un anacronismo ni un capricho ideológico congelado en el tiempo.
La Revolución Cubana no sobrevivió por eficiencia económica ni por pureza doctrinaria, sino por una combinación de soberanía, disuasión, cohesión social y una lectura temprana - y brutalmente realista - del sistema internacional.
A Miguel Díaz-Canel le correspondió la ardua tarea de enfrentar una guerra híbrida, marcada por la pérdida de aliados estratégicos, la sombra persistente de Fidel y la estela cada vez más tenue de la Revolución.
Washington nunca toleró que una isla sin recursos estratégicos relevantes desafiara su hegemonía a poca distancia de su territorio peninsular.
Por eso, más allá de los discursos sobre democracia, derechos humanos o libertades civiles, el conflicto con Cuba ha sido - y sigue siendo - una guerra de desgaste destinada a quebrar una voluntad política.
No hay un trato para hacer.
Es supervivencia o rendición (o como diría Fidel, Patria o Muerte..).
Donald Trump no tiene ni la más mínima noción del "tipo de acuerdo" que espera concretar con el gobierno cubano. Eso es porque no hay ningún acuerdo posible, sino la subyugación y la rendición de toda soberanía cubana.
Sin embargo, la historia reciente demuestra que la coerción externa rara vez produce sociedades dóciles.
En Cuba, como antes en Irán, Corea del Norte o incluso Rusia, la presión extrema ha tendido a reforzar reflejos defensivos, a cerrar filas en torno a la idea de nación y a desplazar el conflicto desde el plano ideológico hacia el existencial.
No se trata ya de socialismo o comunismo, sino de pervivir frente a una potencia que no admite disidencias en su perímetro estratégico.
La paradoja es evidente:
El empeño obsesivo de Estados Unidos revela, precisamente, que Cuba sigue siendo un problema no resuelto, una herejía persistente en el corazón del Caribe.
Y mientras Washington continúe apostando al cerco y la inanición como herramientas de política exterior, lo más probable no sea la rendición ordenada que imagina, sino la reproducción de aquello que más teme:
Referencias
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