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por Christian Cirilli
10 Mayo 2026
del Sitio Web
ChCirilli
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Christian Cirilli
es un analista
político argentino, nacido el 20 de junio de 1972 en
Buenos Aires. Licenciado en Administración (UBA),
manifestó su interés en asuntos internacionales,
economía, geopolítica y globalización, expresando sus
opiniones en su "bitácora" personal: LA VISIÓN.
Colabora con medios como KontraInfo y ha participado en
programas de radio como Otras Voces (FM Crisol) y Radio
Gráfica, además de numerosos canales de YouTube.
Sus artículos son
replicados por muchos portales y periódicos del mundo, y
suelen ser utilizados en la Licenciatura en Relaciones
Internacionales de la Universidad del Centro de la
Provincia de Buenos Aires (UNICEN). |

A diferencia del tortuoso "Proyecto Libertad" instalado en
Argentina, que aún pervive pero muere lentamente en un menjunje de
miseria, decepción y escándalos de corrupción, el "Proyecto
Libertad" de Donald Trump - consistente en garantizar la
"protección militar estadounidense" al tráfico marítimo
internacional por el Estrecho de Ormuz a partir del 4 de mayo -
apenas logró sostenerse 48 horas...

El presidente estadounidense
Donald Trump
quiso retomar
la iniciativa en el conflicto iraní
con su "Project
Freedom" ("Proyecto Libertad"),
una operación
militar naval lanzada en mayo de 2026
para intentar
reabrir el tránsito comercial
en el Estrecho
de Ormuz. 1
Sin embargo, el
proyecto colapsó rápidamente.
El "Proyecto Libertad" consistía en:
-
Desplegar buques y aeronaves
estadounidenses
-
Crear corredores "seguros" para el
tránsito marítimo
-
Guiar o escoltar petroleros y cargueros
civiles
-
Garantizar el flujo de petróleo y
mercancías estratégicas,
...pero básicamente,
La Casa Blanca lo presentó como una "cuestión
humanitaria" y temporal, destinada a proteger "barcos neutrales e
inocentes" frente a los ataques iraníes.
Pero el ardid, muy básico y elemental, hasta
infantil diría, se encontró rápidamente con la firme resolución
iraní de no permitirlo.

El "Project Freedom"
sólo logró que Irán
radicalizara aún más
el control sobre el
Estrecho de Ormuz.
Así las cosas, el proyecto colapsó rápidamente
dado que, cómo era de prever, se produjeron enfrentamientos navales
con fuerzas iraníes, que respondieron con drones y y misiles
antibuque.
Al mismo tiempo, Arabia Saudita y Kuwait se
resistieron a facilitar bases y espacio aéreo, mientras las navieras
continuaron considerando demasiado riesgoso atravesar el Estrecho de
Ormuz.
En definitiva,
acabamos de presenciar un fiasco absoluto,
que ahora se suma al fracaso del intento de apoderarse del
uranio iraní en pleno desierto.
Todo ello constituye una demostración contundente
de los límites reales del poder estadounidense en el Golfo Pérsico.
Sin embargo, también estamos siendo testigos de una nueva instancia
en la "Guerra de Inflexión", que recientemente - específicamente el
8 de abril - fue interrumpida por agotamiento y por treguas tácticas
impulsadas por Estados Unidos con fines de presión diplomática y
económica, pero dista mucho de haber concluido y me remite,
vagamente, a las distintas fases de la Guerra Irán-Irak.
Recordemos que aquella prolongada guerra de ocho años (1980-1988)
también le fue impuesta de manera sorpresiva a una República
Islámica recién nacida, con el objetivo de sofocarla antes de que
pudiera consolidarse.
Las ambiciones de poder del presidente Saddam
Hussein, decidido a erigirse en líder del "mundo árabe", fueron
oportunamente alentadas por las potencias occidentales y financiadas
por las petromonarquías del Golfo, temerosas de que la "ola chiíta"
terminara por engullir sus autocracias.
Al mismo tiempo, la Unión Soviética abasteció
masivamente de armamento al ejército iraquí, preocupada ante la
posibilidad de que el ejemplo revolucionario iraní se propagara
hacia los "stanes" de su periferia musulmana.
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A fines del año 1980, cuando la guerra aún
parecía sonreírle al autoproclamado adalid del panarabismo Saddam
Hussein, el rey saudí Fahd bin Abdulaziz Al Saud visitó Bagdad
acompañado por una nutrida comitiva y le obsequió un fusil de asalto
Kalashnikov AK-47 bañado en oro.
El presente no era meramente ceremonial:
simbolizaba la legitimación de Irak como "escudo árabe" frente a la
revolución islámica de Irán, así como el explícito respaldo político
y financiero saudí al esfuerzo bélico iraquí. |
Pero toda la imaginería sobre la debilidad iraní y el
aprovechamiento del "momento oportuno" se desplomó más pronto que
tarde.
Tras la detención de las fuerzas iraquíes a unos cientos de
kilómetros del inmenso territorio iraní hacia junio de 1981 - la
invasión fue iniciada el 22 de septiembre de 1980 - Bagdad
comprendió que la guerra ya no podía ganarse.
Las tropas iraquíes se habían empantanado en un
conflicto de desgaste sin perspectivas de victoria decisiva.
Sin embargo, el furibundo respaldo de sus aliados
y patrocinadores regionales, sumado al orgullo herido de Saddam
Hussein, prolongó la contienda durante siete años más, recurriendo a
toda clase de medios y estrategias con tal de infligir el mayor daño
posible al enemigo.

Soldados iraquíes celebran los
primeros éxitos
obtenidos
en los combates de junio de 1980,
apenas cruzaron
la frontera.
Obsérvese a uno
de ellos intentando desgarrar
una bandera de
la incipiente República Islámica.
De 1982 a mediados de 1985, el conflicto se circunscribió a asaltos
tácticos pero ya no a grandes operaciones masivas.
En muchos aspectos, hubo un retorno a la guerra
de trincheras de la Primera Guerra Mundial, con intercambios
repetidos de artillería y algunos ataques frontales iraníes
convertidos en inútiles masacres.
Ya hacia finales de 1985, Irak había perdido toda iniciativa
operacional e, increíblemente, Irán pasó a desplegar ofensivas cada
vez más consistentes, sustentadas en su superioridad numérica y en
el fervor combativo de sus fuerzas.
Desesperado, Saddam Hussein abandonó todo prurito
moral y comenzó a emplear - con la aprobación y el asesoramiento de
Occidente - armas químicas, principalmente gas sarín y gas
mostaza.
Pese a las espantosas consecuencias provocadas
por el uso de esas armas, el ayatolá Ruholá Jomeiní prohibió
mediante una fatwa el desarrollo de armas de destrucción masiva, a
las que consideraba "pecaminosas" ("haram").
Resulta, entonces, cuanto menos desconcertante que Israel y Estados
Unidos agiten desde hace décadas el fantasma de una supuesta "nuclearización
bélica" iraní, cuando ni siquiera en los años más brutales de la
guerra contra Irak - con sus soldados diezmados bajo devastadores
ataques químicos - Irán respondió de manera recíproca; máxime si se
considera que las armas químicas son muchísimo más simples de
desarrollar y producir que las nucleares, y se hallaban
perfectamente al alcance de la capacidad científica e industrial
persa.
Desde 1987, la guerra derivó en dos fases claramente definidas: la
denominada "guerra de las ciudades" y la llamada "guerra de los
petroleros".
La primera se caracterizó por el lanzamiento
masivo de misiles balísticos iraquíes contra Teherán y otras grandes
ciudades iraníes, con el objetivo de quebrar el respaldo popular al
"régimen".
Irán logró responder con la misma lógica aunque a
una escala y con una intensidad incomparablemente menores.
La segunda fase estuvo marcada por la intensificación de los ataques
aeronavales contra buques cisterna en el Golfo Pérsico,
especialmente mediante el empleo de misiles antibuque franceses
AM.39 Exocet, así como por el uso cada vez más extendido de minas
marinas destinadas a obstaculizar la navegación y perturbar el
comercio petrolero regional.

Los franceses facilitaron a Irak
sus preciados
cazabombarderos Mirage F.1 en diferentes variantes.
Cuando se
inauguró la "guerra de los petroleros", Dassault adecuó
específicamente
para Irak la versión F.1EQ-5,
adaptada para
el lanzamiento de misiles antibuque AM39 Exocet,
que ya habían
demostrado una notable eficacia
durante la
Guerra de las Malvinas.
Es importante señalar que fue durante estos años que la dirigencia
iraní recurrió a Corea del Norte para adquirir algunos rudimentarios
misiles tipo Scud [R-17 Elbrus], dando así inicio a su propio
programa misilístico que, con el tiempo, evolucionaría hasta
convertirse en uno de los pilares estratégicos de la defensa iraní y
en una de las principales preocupaciones geopolíticas de la
actualidad.

En mayo de 1989, el ayatolá Alí
Jameneí
- quien aún no
era Líder Supremo, sino presidente de Irán -
visitó Corea
del Norte y se reunió con el líder Kim Il Sung.
La visita constituyó,
en gran medida,
un gesto de
agradecimiento por el apoyo norcoreano
durante la
guerra entre Irán e Irak, asistencia que incluyó
transferencia
de tecnología misilística.
El principal nexo de
esa cooperación militar
fue Akbar
Hashemi Rafsanjaní,
quien había visitado
Pyongyang en 1985 para
profundizar los
vínculos estratégicos y las adquisiciones de armamento.
Posteriormente,
Rafsanjaní asumiría la presidencia iraní
durante el período
1989-1997.
La última etapa de aquella infame guerra fue la de la
"internacionalización" del conflicto, cuando Estados Unidos
incrementó su intervención naval en el Golfo Pérsico mediante
escoltas marítimas y el reabanderamiento de petroleros kuwaitíes
bajo pabellón estadounidense.
El punto culminante llegó con la Operación "Praying
Mantis", mediante la cual la U.S. Navy atacó a la Armada iraní y a
varias plataformas offshore; y, poco después, con el derribo
del Vuelo 655 de Iran Air el 3 de julio de 1988, un
verdadero atentado terrorista que causó la muerte de 274 pasajeros
(66 niños) y 16 tripulantes, sin dejar sobrevivientes.

La "guerra de los petroleros" se
convirtió
en otro símbolo
de la guerra Irán-Irak.
En la foto, el
superpetrolero Norman Atlantic,
impactado el 6
de diciembre de 1987
cerca del
Estrecho de Ormuz por fuerzas iraníes.
Desde marzo de
1984 hasta julio de 1988,
los
beligerantes atacaron
430 buques
mercantes y hundieron 72.
Ese horrendo asesinato fue perpetrado por el crucero misilístico
USS
Vincennes (CG-49), al mando del comandante William C. Rogers III,
quien finalmente ordenó disparar dos misiles antiaéreos SM-2ER.
Los operadores de radar afirmaron haber
"confundido" al avión comercial Airbus A300 con un caza F-14A Tomcat
perteneciente a la IRIAF.
La explicación estadounidense fue ampliamente cuestionada, ya que el
vuelo civil seguía una ruta comercial regular y transmitía
correctamente las señales de identificación correspondientes al
momento de ser derribado, además de presentar perfiles radáricos
completamente distintos a los de un avión de combate.
El aparato fue abatido sobre el Estrecho de
Ormuz, dentro del espacio aéreo iraní y sobre aguas territoriales
iraníes.

El Airbus A300B2-203 EP-IBU de
Iran Air
que fuera
derribado por el crucero estadounidense
USS Vincennes
el 3 de julio de 1988 con un par de misiles antiaéreos.
La ruta del
Vuelo 655 era Teherán-Bandar Abbas-Dubái.
Esto fue un
tremendo Crimen de Guerra
que no tuvo
ninguna consecuencia penal.
No obstante, en
1996, Estados Unidos acordó pagar
compensaciones
económicas a las familias de las víctimas
en el marco de
un arreglo ante el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ),
aunque sin
admitir culpabilidad.
Este acto atroz convenció al Líder Supremo ayatolá Ruholá Jomeiní
de que Washington se había volcado definitivamente a favor de Saddam
Hussein.
Los ocho años de guerra y las penurias
provocadas, más la decisiva intervención estadounidense en su
contra, hicieron que Jomeiní "bebiera un cáliz de veneno" (sic) y
aceptara el alto el fuego (no un tratado de paz formal) articulado
por la Resolución 598 del Consejo de Seguridad de la ONU. La tregua
entró en vigor el 20 de agosto de 1988.
Paradójicamente, Saddam Hussein terminaría aceptando la
vigencia del Acuerdo de Argel de 1975 sobre el delta de Shatt al-Arab,
la "excusa geográfica" que lo llevó a iniciar la guerra en 1980.

Tras expulsar a las fuerzas
iraquíes de su territorio,
el ayatolá
Ruholá Jomeiní decidió llevar la guerra
hasta las
entrañas mismas de Irak, con la ambición de derrocar
a Saddam
Hussein e internacionalizar la Revolución Islámica.
Fue entonces
cuando comenzaron a resonar consignas
como "el camino
a Jerusalén pasa por Karbalá".
Pero la
ofensiva iraní también acabaría empantanándose en suelo iraquí.
Y cuando
parecía que Teherán podría finalmente quebrar
el equilibrio
del conflicto, la intervención decisiva de Estados Unidos en 1988
terminó
inclinando la balanza y abrió el camino hacia el alto el fuego.
Jomeiní
aceptaría aquella tregua diciendo que
había tenido
que "beber un cáliz de veneno".
¿Por qué saco a relucir estos antecedentes históricos?
Pues porque la coalición israelo-estadounidense, al igual que
ocurrió durante aquella interminable guerra protagonizada por Irak
en los años ochenta, también parece atravesar distintas fases del
conflicto - treguas unilaterales, guerra de cisternas, ataques
esporádicos, negociaciones fingidas - aun sabiendo que ninguno de
los objetivos políticos originales podrá cumplirse plenamente.
En ese contexto, la estrategia parecería haberse desplazado hacia la
mera provocación de daños, buscando eventualmente una salida del
atolladero bajo la forma de un "empate técnico", al tiempo que se
procura ahogar la economía iraní para lograr el desistimiento.
Esa fue la conclusión a la que llegó Saddam Hussein tras un año y
medio de esfuerzos militares malogrados; sin embargo, su orgullo
personal y el enredado berenjenal en el que se había metido le
impedían retirarse indemne.
A ello se sumaba el respaldo de sus poderosos
mecenas - desde las monarquías del Golfo hasta actores tanto del
bloque socialista como capitalista - que lo alentaban a perseverar
en la contienda.
La cuestión derivó en los ataques contra
conglomerados civiles y el terrorismo energético, pero terminó
zanjándose, luego de un horroroso periplo de ocho años,
prácticamente en el mismo punto de partida, sin triunfadores ni
vencidos, y con un tendal de muerte.
¿Y qué dice ahora el secretario de Estado, Marco Rubio, sobre
esta guerra que fue desatada de manera ilegal, artera y cruel contra
Irán?
Pues, esencialmente, que el objetivo actual de su
gobierno es que "todo vuelva a ser como antes"; es decir, como antes
de que la región quedara sumida en el desastre que ellos mismos
provocaron irresponsablemente:
con el Estrecho de Ormuz abierto, el
flujo energético restablecido y sin tener que afrontar ninguna de
las consecuencias derivadas de sus actos inmorales y criminales...
|
El secretario de Estado
estadounidense Marco Rubio, que poco antes de que
Washington e Israel articularan la coalición de ataque
contra Irán pronunció un explosivo discurso en la
Conferencia de Seguridad de Múnich reivindicando un
retorno del Occidente colonial, sostiene ahora que solo
buscan que "todo vuelva a ser como antes", tras
comprobar la imposibilidad de imponer sobre Irán aquel
proyecto de destrucción y subordinación regional, al que
yo denomino "Pax Americana-Hebraica". |
|
A la vez, Marco Rubio dio por
concluida la Operación "Epic Fury".
Esto no significa que la guerra haya
finalizado, aunque cínicamente diga "preferimos el
camino de la paz".
Significa que está adoptando otra
fase, menos dramática pero igualmente intensiva. |
El "Proyecto Libertad" que quiso implementar Trump a partir del 4 de
mayo, con destructores y aeronaves escoltando barcos mercantes por
el Estrecho de Ormuz por "razones humanitarias", fue un intento de
retomar la iniciativa operacional, como lo hizo Saddam con sus
misilazos a Teherán o sus Exocet sobre cisternas.
Pero Trump se topó rápidamente con las
advertencias del general de división
Alí Abdollahi Aliabadí,
comandante del
Mando Militar Central de Jatam Al Anbiyá, sobre
ingresar allí con intenciones de escolta y apertura coercitiva.
En definitiva, serían retaliados y enfrentados, y
el entendimiento tácito de desescalar se convertiría en una escalada
brutal.
Por esta razón, el plan nació muerto:
¿qué armador o compañía de
seguros naviera atravesaría el Estrecho con la coordinación
estadounidenses mientras Irán, que lo controla y domina a sus
anchas, se opone a dichos movimientos?
Pero si algo aún le faltaba al llamado "Proyecto Libertad" era la
ampliación de la zona de control atribuida a Irán, que ahora
establece una nueva línea de delimitación que se extiende desde el
monte Mobarak (Irán) hasta el sur de Fuyaira (Emiratos Árabes
Unidos), y en el extremo meridional, desde la isla de Qeshm (Irán)
hasta Um al-Quwain (EAU).
Esta decisión del alto mando político y militar iraní está vinculada
a la reciente defección de Abu Dabi de la OPEP y la OPEP+, así como
a su intención de exportar petróleo bajo una "custodia humanitaria"
estadounidense.
En este contexto, cabe recordar que el
oleoducto Habshan-Fuyaira fue construido precisamente para transportar crudo
evitando el paso por el Estrecho de Ormuz; sin embargo, Irán
sostiene ahora que su área de control se proyectará más allá de ese
punto estratégico.
|
El periodista Rick Sánchez explica sin
rodeos en qué consiste la extensión de
la zona de control de Irán sobre el
Estrecho de Ormuz y cómo esa
jugada inhabilitó la salida
de EAU de OPEP/OPEP+. |
No deja de resultar una llamativa paradoja que cada intento de
imposición por parte de Estados Unidos termine encontrando una
respuesta de fuerza por parte de Irán, en un contexto en el que,
durante el último año y medio, Washington ha intensificado la
presión mediante medidas coercitivas que han puesto a prueba - una y
otra vez - la prudencia y la moderación iraní.
Cuando antes Estados Unidos provocaba, Irán se retraía. Cuando ahora
provoca, Irán juega una carta más osada y desafiante.
El mismo 4 de mayo, día 65 del conflicto, Irán atacó dos buques
mercantes a 78 millas náuticas de la costa de Fuyaira. Los buques
intentaron cruzar el Estrecho de Ormuz sin el permiso de los Cuerpos
de la Guardia Revolucionaria (CGRI), con los transpondedores
apagados, en evidente coordinación con la U.S. Navy.
Asimismo, Irán también atacó, aparentemente con misiles antibuque,
dos destructores estadounidenses cerca de Jask después de que estos
desobedecieran también las advertencias de la CGRI.

Una batería terrestre lanza
un misil
subsónico antibuque Noor de fabricación iraní.
Este proyectil
es una copia sin licencia
del misil chino
YJ-83 (Código OTAN CSS-N-8 Saccade),
a la vez
inspirado en el Exocet francés.
Estos misiles
abundan en la costa sur iraní
y si bien
son "interceptables", pueden ser lanzados
en combinación
con otros misiles y drones,
y filtrarse por
las defensas.
Estos ataques persas no solo han desalentado el tránsito "limpio"
por el Estrecho, sino que, de forma tan espontánea como mágica, han
transformado en defensores del legalismo a Marco Rubio y al
Departamento de Estado, que ahora exigen a la ONU que condene,
mediante una resolución del Consejo de Seguridad, la "agresividad"
de Teherán.
¡Lo que finalmente rogó Saddam y aceptó a
regañadientes Jomeiní!
¡No me extrañaría que haya otra
"equivocación" sobre una aeronave civil!
De manera lúcida, Ibrahim Rezaei, portavoz del
Comité de Seguridad Nacional en el Parlamento iraní, declaró:
El Estrecho de Ormuz no se cerró con un tuit,
y no se abrirá con un tuit.
La forma de abrir el Estrecho es aceptando la
derrota, llegando a un acuerdo y reconociendo la soberanía y
liderazgo de Irán sobre el Estrecho, o regresando al campo de
batalla, aceptando otra derrota humillante y reconociendo la
soberanía y liderazgo de Irán sobre el Estrecho de Ormuz.
No queda otra forma que esta.
Ese mismo día, la terminal de Fuyaira fue
alcanzada por misiles iraníes, un hecho que fuentes oficiales persas
reconocieron, aunque lo atribuyeron a una represalia frente a un
supuesto ataque emiratí contra territorio iraní.
Lo cierto es que Teherán ha dejado claro que no
tolerará que Emiratos exporte petróleo desde esa infraestructura,
una postura que, por otra parte, no es vista con desagrado por Riad.
Poco después, Irán fue señalado como responsable
de un presunto ataque contra Dubái, acusación que negó
categóricamente.
¿Quién estuvo detrás?
¿Un autoatentado?
¿O una implicación saudí en la sombra?
Existe mucha niebla sobre los últimos
acontecimientos armados en verdad.
A la vez, Estados Unidos afirma haber destruido seis embarcaciones
pequeñas iraníes que habrían intentado atacar buques comerciales en
Ormuz.
Se trata de una capacidad que Washington destaca
con frecuencia:
la de neutralizar con rapidez unidades
navales ligeras, en escenarios donde la superioridad tecnológica
y de fuego resulta decisiva frente a medios de escasa protección
y limitada capacidad de respuesta.
También se afirma que hubo una serie de ataques
estadounidenses contra la costa iraní con el objeto de eliminar
instalaciones de lanzamiento, pero en rigor, las acciones militares
ya tienen menos impacto y se van diluyendo en efectividad.
Esto marca la transición de la guerra hacia una fase de "baja
intensidad" y confirma lo planteado en el artículo anterior, cuando
esbocé la idea de que ni el "cambio de régimen" ni la destrucción
total de la infraestructura ni el exterminio de la de la población
civil figuran ya en agenda ("Epic Fury ha terminado", dijo Marco
Rubio), sino más bien operaciones militares puntuales destinadas a
respaldar objetivos de restricción económica, habilitación de
sanciones y apertura forzada de los pasos navales.
¡El retorno del statu quo anterior!
Asimismo, como bien definió el ex diplomático estadounidense
Charles W. Freeman Jr., lo que estamos viendo es un "alto el
fuego con características israelíes":
una situación en la que ambos bandos
continúan enfrentándose, aunque procurando evitar una escalada
de mayor envergadura.
Mientras Estados Unidos intenta forzar un paso
libre con escoltas militares, Irán amplía la zona de control.
Mientras Estados Unidos estimula a sus socios a exportar mucho
petróleo, Irán se impone como objetivo impedir que Emiratos Árabes
Unidos debilite el cártel de la OPEP y ejerza presión sobre la
relación global entre oferta y precios.
A cada acción, cada reacción...
Esto explica por qué Donald Trump "pausó" la
maniobra compulsiva denominada "Proyecto Libertad". Duró menos de 48
horas y no consiguió abrir el Estrecho de Ormuz, porque Irán
respondió elevando la apuesta de inmediato.
¿Pero recuerdan el
artículo anterior, cuando sostuve que Arabia
Saudita no permitiría una guerra de precios impulsada por su vecino
sudoriental?
Bueno, al parecer tanto Arabia Saudita como
Kuwait, ambos miembros OPEP, restringieron el acceso estadounidense
a bases y espacio aéreo, lo que ayudaría a explicar aún más la
brevísima vida útil del "Proyecto Libertad".
Donald Trump ni siquiera habría consultado el
plan con sus aliados monárquicos - era un "regalo", según Hegseth -
algo que además cayó pésimamente en las cortes del Golfo.
Lo cierto es que Arabia Saudita sigue siendo el actor dominante
dentro de la OPEP y no desea una caída del precio del crudo más allá
de ciertos límites.
Y aunque jamás aceptarían que Irán administre el
Estrecho de Ormuz con plena soberanía - cobrando peajes en riales,
imponiendo rutas de navegación obligatorias o restringiendo el
tránsito a países hostiles - quizá tampoco observen con demasiado
desagrado que los emiratíes reciban un severo correctivo.
Considérese, además, que los saudíes sí pueden exportar a través de
su terminal de Yanbu, en el Mar Rojo, que no ha sido afectada por
los iraníes ni por sus agentes yemeníes.
A propósito, según el sitio The Cradle, el canciller iraní
Abbas Araghchi mantuvo una conversación con el ministro de
Exteriores saudí, el príncipe Faisal bin Farhan Al Saud, con
el objetivo de,
"continuar los esfuerzos diplomáticos y la
cooperación entre los países de la región para prevenir y
reducir las tensiones".
¿Pero qué pasó con este enemigo declarado?

Los ministros de Asuntos
Exteriores iraní, Abbas Araghchi,
y saudí,
príncipe Faisal bin Farhan Al Saud,
en su última
reunión personal, el 9 de octubre de 2024, en Riad.
El 6 de mayo
tuvieron una conversación telefónica
donde el
espíritu fue exactamente el de esa foto:
no más
problemas.
Caprichos de
destino, Araghchi lo llamó desde Beijing (China),
el gran
mediador entre ambos países.
Bueno... lo cierto es que Abbas Araghchi se encuentra embarcado en
una intensa gira diplomática que incluye a cuatro grandes actores
profundamente involucrados - aunque entre bastidores - en el
conflicto.
El primero fue Pakistán, única potencia nuclear musulmana, con
excelentes canales tanto hacia Washington como hacia el eje
Beijing-Moscú, que ofició de mediadora con relativo éxito y mantuvo
una actitud de no intervencionismo verdaderamente ejemplar.
El segundo destino fue Omán, nación ribereña y
copartícipe tácita en el control del Estrecho de Ormuz, además de
mediadora designada antes de que la guerra estallara sorpresivamente
por responsabilidad exclusiva israelo-estadounidense.
Omán nunca fue atacada por los iraníes porque no
tiene bases imperiales en su territorio.
La tercera escala fue Rusia, donde la asociación
estratégica quedó reforzada y coronada por la llamada telefónica de
Vladimir Putin a Donald Trump para advertirle sobre
los riesgos de elevar aún más el tono militar del conflicto.
Y ahora era el turno de China...

El ministro de Asuntos Exteriores
iraní, Abbas Araghchi,
recién llegado
al Salón del Pueblo de Beijing,
saluda con
firmeza al director de la
Oficina de la
Comisión Central de Asuntos Exteriores
del PCCh, Wang
Yi, el 6 de mayo de 2026.
En Beijing, Araghchi se reunió el 6 de mayo - mientras se disipaba
el desdibujado "Proyecto Libertad" - con el principal arquitecto de
la política exterior china, el director de la Oficina de la Comisión
Central de Asuntos Exteriores del Partido Comunista Chino, Wang
Yi.
No resulta ninguna casualidad que el "Proyecto Libertad" lanzado por
Trump con entrada en vigencia el 4 de mayo haya sido acompañado por
el endurecimiento de las sanciones estadounidenses contra refinerías
chinas que procesaban crudo iraní.
Ya para el 24 de abril de 2026, la administración Trump sancionó a
cinco importantes refinerías chinas - Hengli Petrochemical, Shandong
Jincheng, Hebei Xinhai, Shouguang Luqing y Shandong Shengxing -
junto con unas 40 compañías navieras y petroleras vinculadas al
transporte de petróleo iraní... pero a no equivocarse... no es para
horadar las capacidades fabriles chinas, sino como parte de su
campaña "humanitaria" para cortar la principal fuente de ingresos de
Teherán (obviamente, estoy siendo irónico).
Además, lo recordarán porque
inserté un vídeo de
Scott Bessent
comentando la decisión, cuando el Departamento del Tesoro
estadounidense instruyó a bancos y entidades financieras a extremar
controles sobre las llamadas "teapot refineries", las refinerías
independientes chinas que importan grandes volúmenes de crudo iraní.
¡Feliz coincidencia!
China era el principal comprador de crudo
venezolano en 2026, cuando Washington monopolizó manu militari las
exportaciones del país caribeño. Ahora es el principal comprador de
petróleo iraní, representando aproximadamente el 90% de sus
exportaciones.
Parece que allí donde los chinos compran petróleo
les cae la guerra como frente de tormenta.

Las delegaciones iraníes y chinas
en
conversaciones el 6 de mayo de 2026.
Desde Beijing,
Araghchi se dio un respiro
para conversar
telefónicamente
con su homólogo
saudí.
Beijing reaccionó duramente: calificó las sanciones de "ilegales" y
sostuvo que defendería los intereses de sus empresas.
Incluso instruyó a sus refinerías que ignoraran
las sanciones secundarias estadounidenses y continúen comprando
petróleo iraní. Esto es sencillamente inédito para la diplomacia
china.
El Estado chino ha dado la orden de ignorar
explícitamente las sanciones de Washington, a través del Ministerio
de Comercio, porque en esencia amenazan la seguridad nacional de su
país y además violan el derecho internacional.
Demás está decir que, en este contexto, el encuentro entre iraníes y
chinos tuvo una altísima carga estratégica:
China ha dejado clara su prioridad:
necesita estabilizar las rutas
comerciales, por lo que ha instado a Teherán a garantizar la
libre navegación en el Estrecho de Ormuz, fundamental para
el flujo energético global, mientras que Araghchi ha buscado
garantías de que Beijing no sacrificará su alianza con Irán
a cambio de beneficios comerciales en sus próximas
negociaciones con Washington.
Como resultado de este encuentro, China ha
reafirmado su rechazo tajante a las sanciones unilaterales contra
Irán y ha validado el carácter pacífico del programa nuclear iraní.
Además, ambos países han acordado acelerar su
pacto de cooperación estratégica de 25 años, reactivando proyectos
de infraestructura energética clave.
En definitiva, la reunión consolida a China como
el principal escudo diplomático de Irán y mediador indispensable
ante la nueva fase de la política exterior estadounidense.
Veremos, por supuesto, qué nos deparará la reunión bilateral entre
Xi Jinping y Donald Trump en Beijing, los días 14 y 15
de mayo de 2026.
Esa conversación, sin duda, "sacará chispas".
China ya no puede ignorar que la estrategia
global estadounidense consiste en dominar impúdicamente el mercado
petrolero:
cooptando la producción venezolana, atacando
a Irán para sojuzgarlo, fracturando la OPEP mediante la
defección de Emiratos Árabes Unidos y utilizando al ariete
Ucrania-UE para golpear refinerías y la "flota fantasma" rusas;
todo ello mientras impone sanciones contra navieras, refinerías
chinas y en general, todo el comercio internacional que no le
favorece.
Considérese que si China pierde a los
abastecedores del Golfo, depende más del crudo ruso (por eso la
maniobra de pinzas).
Estados Unidos se "juega la vida" en este intento: necesita atar el
dólar al crudo para garantizar su hegemonía económico-militar.
Y no habría que subestimar esa obsesión:
Washington llegó a extremos tan altos que
incluso dinamitó el gasoducto ruso Nord Stream en el mar
Báltico, partiendo el dos el enlace energético entre la primera
potencia nuclear del planeta, Rusia, y la gran potencia
industrial europea, Alemania.
Y no le importó nada más que su propio interés
nacional.
China debe calibrar cuidadosamente su postura: la política agresiva
de Estados Unidos en materia energética - que, vaya coincidencia,
recuerda a los pasos que precedieron la escalada con Japón en los
años cuarenta 🤔 - entraña implicaciones serias para la seguridad
energética y las cadenas de suministro chinas.
Si Beijing no reacciona, corre el riesgo de ser
"hervida a fuego lento, como una rana". 2
Paralelamente, Estados Unidos acaba de firmar con Indonesia - otro
miembro de los BRICS, ejem - un acuerdo de cooperación en defensa
que amplía el acceso operativo de las aeronaves militares
estadounidenses al espacio aéreo indonesio, incrementando de manera
significativa sus capacidades de vigilancia sobre... ¡el vital
Estrecho de Malaca!
¡Qué notable coincidencia!
Ormuz y Malaca constituyen dos de los principales
"cuellos de botella" comerciales y, sobre todo, energéticos, de los
que depende China.
Por Malaca transita cerca del 40% del comercio
marítimo mundial y alrededor del 80% de las importaciones petroleras
chinas.

El secretario de Guerra
estadounidense, Pete Hegseth,
y el ministro
de Defensa de Indonesia, Sjafrie Sjamsoeddin,
tras pactar una
colaboración en asuntos militares entre sus países.
No sorprende, entonces, que desde China hayan advertido que "el
camino de Trump hacia Beijing pasa por el estrecho de Ormuz".
La señal provino de una figura de segundo rango -
el embajador chino ante Naciones Unidas, Fu Cong - pero
quizás lo verdaderamente relevante sea el momento elegido:
desde el 1° de mayo, China ejerce la
presidencia del Consejo de Seguridad. Allí esta la "cocina" de
la sanciones legales...
Trump podría regresar a la guerra abierta y
brutal, pero difícilmente obtendría resultados decisivos y, además,
correría el riesgo de hundirse aún más en la impopularidad.
También podría mostrarse más flexible en las
negociaciones, aunque eso implicaría aceptar una suerte de "derrota
moral", con el consiguiente desgaste de su imagen de fuerza.
Por eso, la alternativa más viable para "salir
del atolladero" parece ser la profundización del asedio económico
contra las potencias competidoras.
No posee el impacto en sangre de la guerra ni
tampoco el costo simbólico de una negociación percibida como
débil.
Es una estrategia lenta, desgastante y hasta
tediosa, pero también menos onerosa en tanto y en cuanto se
conserven márgenes de maniobra.
Aunque China todavía no ha demostrado plenamente
su capacidad militar en un conflicto moderno de gran escala, sí
parece haber sido llamada a jugar precisamente en el terreno donde
más cómoda se siente: la disputa económica y comercial.
Referencias
-
El mensaje dice:
"Países de todo el
mundo, casi todos los cuales no están involucrados en la
disputa de Medio Oriente que se desarrolla de manera tan
visible y violenta, a la vista de todos, han preguntado a
Estados Unidos si podríamos ayudar a liberar sus barcos, que
están bloqueados en el Estrecho de Ormuz, por algo con lo
que no tienen absolutamente nada que ver - ¡Son
simplemente espectadores neutrales e inocentes!
Por el bien de Irán, el Medio Oriente y
Estados Unidos, hemos dicho a estos países que guiaremos a
sus barcos de manera segura fuera de estas Vías Navegables
restringidas, para que puedan continuar libre y hábilmente
con sus asuntos.
Nuevamente, estos son barcos de áreas del
mundo que no están involucradas de ninguna manera con lo que
está ocurriendo actualmente en el Medio Oriente.
He dicho a mis representantes que les
informen que utilizaremos nuestros mejores esfuerzos para
sacar a sus barcos y tripulaciones de manera segura del
Estrecho. En todos los casos, dijeron que no regresarán
hasta que el área sea segura para la navegación y todo lo
demás.
Este proceso, Proyecto Libertad,
comenzará el lunes por la mañana, hora de Medio Oriente. Soy
plenamente consciente de que mis representantes están
teniendo discusiones muy positivas con Irán, y que estas
discusiones podrían conducir a algo muy positivo para todos.
El movimiento de los barcos tiene como
único fin liberar a personas, empresas y países que no han
hecho absolutamente nada malo - son víctimas de las
circunstancias.
Este es un gesto humanitario en nombre de
los Estados Unidos, los países del Medio Oriente pero, en
particular, de Irán. Muchos de estos barcos se están
quedando sin comida y todo lo demás necesario para que
tripulaciones a gran escala permanezcan a bordo de manera
saludable y sanitaria.
Creo que esto contribuiría mucho a
mostrar buena voluntad en nombre de todos aquellos que han
estado luchando tan arduamente durante los últimos meses.
Si, de alguna manera, este proceso
humanitario es interferido, esa interferencia tendrá,
lamentablemente, que ser tratada con la fuerza".
-
La metáfora de la "rana hervida" sostiene
que, si una rana es arrojada directamente al agua hirviendo,
reaccionará y saltará para escapar; pero si se la coloca en
agua fría que se calienta lentamente, no percibirá el
peligro gradual y terminará muriendo hervida.
Se utiliza como imagen política para
describir procesos de deterioro progresivo - económicos,
institucionales, culturales o geopolíticos - que son
aceptados porque avanzan de manera paulatina y no mediante
un shock abrupto.
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