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por David Herrera Santana
No proponemos que no existan
herencias y presencias de las ideologías y movimientos fascistas en
Estados Unidos, pero sí que el radicalismo de derechas
estadounidense posee una especificidad propia.
Ello también ha
sido muy introyectado dentro del pensamiento social en otras
latitudes, en sectores que piensan a Estados Unidos como el lugar
por antonomasia de
la democracia mundial y que ahora deben aceptar
una "matriz fascista", una "cara oscura" que contrasta con la "cara
brillante" que, de cuando en cuando se asoma para engendrar
dirigencias como
la de Trump.
Liberalismo y conservadurismo coexisten sin mayor problema y engendran también formas extremistas de derecha que constantemente afloran, sin mayor conmoción, como movimientos locales y/o nacionales que buscan "rectificar" las formas "desviadas" de política, reorientando el curso del buen proyecto hacia su "cauce natural".
Así, también aparecen liderazgos
extremistas que responden a esas demandas y coadyuvan en las
correcciones solicitadas.
La única revolución la encontramos en la manera cómo las grandes corporaciones se hacen con el control del aparato estatal e inciden desde ahí en la vida pública y en la socialización toda:
De estas características parte Antonio Gramsci para hablar del Americanismo, uno de cuyos componentes es la estructura racional de la población, es decir, que frente a la falta de lo que denomina "clases parasitarias",
...así como de una oposición capaz de desestructurar
el orden imperante, no existe clase social que no se
encuentre inmersa en el proceso productivo (Gramsci, 2000).
Liberalismo y conservadurismo coexisten en la conformación de
las clases dominantes con muchas contradicciones, pero habitando un
universo de sentido y praxis política que les permite cohabitar sin
mayor confrontación desestabilizadora (Herrera, 2020).
Nutrido por el moralismo cristiano-puritano-calvinista, propio del consenso entre la élite colonial (Horsman, 1981) y heredado a la visión nacional, así como por la idea mesiánica del destino y la refundación social, tanto como por posturas abiertamente racistas y xenófobas, que surgen de un nativismo irracional (la idea de la pertenencia a un lugar y la exclusión de quien es diferente), llega también a formular un fundamento conspiranoico sobre la existencia del mal y el contenido del buen proyecto (Lipset y Raab, 1981), amenazado siempre por "el otro (y las otras)", el exterior y lo desconocido.
Como buena
ideología, se trata de una formación estratégica (Wallerstein, 2010)
cuya función es producir ordenamientos y formas de regulación en un
contexto social de fuertes divisiones y contradicciones raciales, de
clase y de género, como argumenta Zinn, que logren cohesionar esta
formación inicialmente plutocrática y conciliarla con el entramado
de divisiones, exclusiones y formaciones miserables que produce y
amenazan en cada momento con desestructurarlo todo.
...que, en el caso de los movimientos de élite que conectan con las bases populares, además se presenta como la necesidad de proteger y potenciar la buena moralidad social (como guardianes de la moralidad, representantes del nativismo y combatientes contra las conspiraciones), lo que coadyuva en el combate a las tensiones y divisiones de clase, inherentes a esta sociedad capitalista radical, e ideológicamente inexistentes en el sentido de una base común entre intereses del "pueblo" y de la élite dirigente (Lipset y Raab, 1981).
El KuKluxKlan, la John Birch Society y el movimiento MAGA, son expresiones de este extremismo en movimiento.
Aunque posee bases históricas muy concretas y relacionadas con su propia conformación y trayectoria, el radicalismo extremista de derecha en Estados Unidos también se ha nutrido de elementos provenientes de otras experiencias, tradiciones y reflexiones mundiales, como es el fascismo, los neofascismos y las nuevas derechas europeas.
Refiriéndonos a estas últimas, cobran relevancia dos aspectos:
Es quizá la obra de Alain de Benoist (1982) la que más ha influido en la reconfiguración de las derechas a nivel global, al plantearse la discusión sobre la derrota cultural de las vanguardias de izquierda que debían ser mermadas por parte de una nueva derecha que pudiera dar la batalla y ganar "las mentes y corazones" de la población.
El sentido de construcción de una nueva hegemonía de derecha se ubica ya en sus planteamientos.
Junto con él, las
reflexiones de René Girard sobre el
chivo expiatorio (1982) también serán centrales en la
articulación de un nuevo referente sobre la resolución de los
conflictos en sociedades con entornos abiertamente inestables,
divididos y con tendencias disolutivas, que resolverán la violencia
inherente mediante la unificación de su agresión contra una víctima
inocente, pero en cuya existencia recaerá la culpa de los males y
contradicciones presentes, algo que embona perfectamente con la
herencia conspiranoica del extremismo de derecha estadounidense.
Es, principalmente, Peter Thiel, filósofo y fundador con Elon Musk de PayPal y luego accionista principal de fondos financieros de alto riesgo (Clarium Capital), así como de Palantir (contratista de defensa-guerra), quien ha planteado la discusión sobre,
Para Thiel, se ha agotado la etapa de la
ilustración moderna y ha sido reemplazada por el conflicto abierto,
donde la religión vuelve a ser fundamento de la política.
Se trata de un reajuste del poder de clase y un intento de
rediseño del mundo, así como del rescate de un proyecto que
languidece...
Referencias
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