por David Herrera Santana
17 Abril 2026
del Sitio Web ALAI

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Introducción

Cuando se piensa en el trumpismo, el movimiento MAGA y la derecha extremista en Estados Unidos, vienen a la discusión conceptos como fascismo y neofascismo, que sitúan la cuestión en parámetros de experiencias internacionales que no necesariamente explican la complejidad y especificidad del caso.

 

No proponemos que no existan herencias y presencias de las ideologías y movimientos fascistas en Estados Unidos, pero sí que el radicalismo de derechas estadounidense posee una especificidad propia.

La dogmática democrática estadounidense siempre ha planteado que todo aquello que resulta disruptivo y conflictivo no es parte de su buen proyecto social, sino que viene de fuera y con algún propósito de interrumpir el propio experimento democrático.

 

Ello también ha sido muy introyectado dentro del pensamiento social en otras latitudes, en sectores que piensan a Estados Unidos como el lugar por antonomasia de la democracia mundial y que ahora deben aceptar una "matriz fascista", una "cara oscura" que contrasta con la "cara brillante" que, de cuando en cuando se asoma para engendrar dirigencias como la de Trump.

Al contrario, aquí nos proponemos un breve recorrido por la formación histórica de una derecha extremista dentro de una sociedad que, en su liberalismo intrínseco, engendra también una intolerancia política y un fuerte conservadurismo social, derivado de la ausencia de experiencias revolucionarias, pero así también por la conformación de un fuerte elitismo plutocrático, que muy pronto se transformó en un verdadero fenómeno de masas, aceptado por grandes sectores sociales no sólo por convencimiento ciego sino también por aprobación forzada.

 

Liberalismo y conservadurismo coexisten sin mayor problema y engendran también formas extremistas de derecha que constantemente afloran, sin mayor conmoción, como movimientos locales y/o nacionales que buscan "rectificar" las formas "desviadas" de política, reorientando el curso del buen proyecto hacia su "cauce natural".

 

Así, también aparecen liderazgos extremistas que responden a esas demandas y coadyuvan en las correcciones solicitadas.

Nos proponemos, entonces, plantear las características generales de este extremismo ideológico y su práctica política, desde un punto de vista teórico-histórico, a partir de ciertos referentes que nos ayuden a encontrar en la trayectoria histórica las peculiaridades del extremismo de derecha en Estados Unidos, pero así también la manera en cómo se nutre de otras expresiones radicales a nivel mundial.

 

 

 


¿Dónde ubicar las Raíces del Extremismo de Derecha en Estados Unidos?

La tradición liberal en Estados Unidos, que lleva a caracterizar a esa sociedad como una de carácter "liberal natural", es decir, donde el liberalismo es de origen (Hartz, 1991), también implica pensar en una sociedad en cuya experiencia histórica se encuentra ausente tanto un pasado feudal como una práctica verdaderamente revolucionaria.

 

La única revolución la encontramos en la manera cómo las grandes corporaciones se hacen con el control del aparato estatal e inciden desde ahí en la vida pública y en la socialización toda:

la revolución corporativa (Orozco, 1987) es el único episodio en que un cambio profundo en las estructuras socio-políticas ocurre, pero jamás como consecuencia de una disrupción popular, sino más bien en el sentido de una revolución pasiva de Gramsci.

De estas características parte Antonio Gramsci para hablar del Americanismo, uno de cuyos componentes es la estructura racional de la población, es decir, que frente a la falta de lo que denomina "clases parasitarias",

como en el caso europeo donde algunas clases parasitan a otras a partir de formas rentistas y de apropiación de excedentes productivos mediante jerarquías que devienen de estructuras anteriores,

...así como de una oposición capaz de desestructurar el orden imperante, no existe clase social que no se encuentre inmersa en el proceso productivo (Gramsci, 2000).

Con ello, también se desdobla una característica central: el hecho de que las clases dominantes, que se nutren de ese entorno liberal, al emanar de una forma capitalista radical, es decir, de origen, que impone al mercado como centro de la socialización general (Echeverría, 2008), también se vuelven ellas mismas el sector más conservador dentro de la sociedad, aquel que busca mantener las jerarquías y estructuraciones sociales predominantes, de las cuales se benefician, al ser los miembros de este sector los grandes dueños de la tierra y el capital, así como los fundadores de la estructuración sociopolítica moderna que cobra forma a partir de 1789.

 

Liberalismo y conservadurismo coexisten en la conformación de las clases dominantes con muchas contradicciones, pero habitando un universo de sentido y praxis política que les permite cohabitar sin mayor confrontación desestabilizadora (Herrera, 2020).

Es en este contexto en el que también se dan las condiciones del surgimiento del extremismo político-ideológico, sobre todo de carácter sumamente conservador.

 

Nutrido por el moralismo cristiano-puritano-calvinista, propio del consenso entre la élite colonial (Horsman, 1981) y heredado a la visión nacional, así como por la idea mesiánica del destino y la refundación social, tanto como por posturas abiertamente racistas y xenófobas, que surgen de un nativismo irracional (la idea de la pertenencia a un lugar y la exclusión de quien es diferente), llega también a formular un fundamento conspiranoico sobre la existencia del mal y el contenido del buen proyecto (Lipset y Raab, 1981), amenazado siempre por "el otro (y las otras)", el exterior y lo desconocido.

 

Como buena ideología, se trata de una formación estratégica (Wallerstein, 2010) cuya función es producir ordenamientos y formas de regulación en un contexto social de fuertes divisiones y contradicciones raciales, de clase y de género, como argumenta Zinn, que logren cohesionar esta formación inicialmente plutocrática y conciliarla con el entramado de divisiones, exclusiones y formaciones miserables que produce y amenazan en cada momento con desestructurarlo todo.

Encontramos en la historia estadounidense,

tanto movimientos de base ultraconservadora como movimientos de élite, que comparten entre sí el moralismo cristiano, la intolerancia nativista y el sustento conspiranoico, lo que da como resultado,

  • un bagaje cultural común (valores compartidos)

  • un bagaje político (conceptualización de lo que amenaza y lo que es extraño)

  • un sentido de politización en torno a esos valores y percepciones de lo político,

...que, en el caso de los movimientos de élite que conectan con las bases populares, además se presenta como la necesidad de proteger y potenciar la buena moralidad social (como guardianes de la moralidad, representantes del nativismo y combatientes contra las conspiraciones), lo que coadyuva en el combate a las tensiones y divisiones de clase, inherentes a esta sociedad capitalista radical, e ideológicamente inexistentes en el sentido de una base común entre intereses del "pueblo" y de la élite dirigente (Lipset y Raab, 1981).

 

El KuKluxKlan, la John Birch Society y el movimiento MAGA, son expresiones de este extremismo en movimiento.

 

 

 

 

 


El Extremismo Estadounidense y sus Aprendizajes Globales

 

Aunque posee bases históricas muy concretas y relacionadas con su propia conformación y trayectoria, el radicalismo extremista de derecha en Estados Unidos también se ha nutrido de elementos provenientes de otras experiencias, tradiciones y reflexiones mundiales, como es el fascismo, los neofascismos y las nuevas derechas europeas.

 

Refiriéndonos a estas últimas, cobran relevancia dos aspectos:

  • el primero, el surgimiento y despegue de la nueva derecha francesa, como reacción conservadora ante los movimientos estudiantiles y de corte obrero-popular en Francia

     

  • el segundo, la reacción intelectual que se gestó en ese mismo contexto

Es quizá la obra de Alain de Benoist (1982) la que más ha influido en la reconfiguración de las derechas a nivel global, al plantearse la discusión sobre la derrota cultural de las vanguardias de izquierda que debían ser mermadas por parte de una nueva derecha que pudiera dar la batalla y ganar "las mentes y corazones" de la población.

 

El sentido de construcción de una nueva hegemonía de derecha se ubica ya en sus planteamientos.

 

Junto con él, las reflexiones de René Girard sobre el chivo expiatorio (1982) también serán centrales en la articulación de un nuevo referente sobre la resolución de los conflictos en sociedades con entornos abiertamente inestables, divididos y con tendencias disolutivas, que resolverán la violencia inherente mediante la unificación de su agresión contra una víctima inocente, pero en cuya existencia recaerá la culpa de los males y contradicciones presentes, algo que embona perfectamente con la herencia conspiranoica del extremismo de derecha estadounidense.

Estas influencias se conjugan con otras que provienen de un sector de la plutocracia estadounidense, específicamente relacionado con tecnología de punta, finanzas y provisión de servicios para el Departamento de Guerra, además de fuerte financiador del presidente y vicepresidente actuales.

 

Es, principalmente, Peter Thiel, filósofo y fundador con Elon Musk de PayPal y luego accionista principal de fondos financieros de alto riesgo (Clarium Capital), así como de Palantir (contratista de defensa-guerra), quien ha planteado la discusión sobre,

el agotamiento de la forma democrática y la desconfianza profunda en las formas de representación popular, su adherencia a la lógica de Girard sobre la gestión de la violencia y las contradicciones sociales, así como también la necesidad de perfeccionar la administración de los riesgos sociales a partir de tecnologías de punta.

Para Thiel, se ha agotado la etapa de la ilustración moderna y ha sido reemplazada por el conflicto abierto, donde la religión vuelve a ser fundamento de la política.

El libertarismo plutocrático, una utopía anarcocapitalista y las formas más retrógradas de un moralismo cristiano, se funden con esas propuestas y tendencias para formar el trumpismo,

una amalgama de sectores y corrientes ultraconservadoras que convergen en la "necesidad" de refundar Estados Unidos y su papel en el mundo, a partir de una visión monista (cerrada en su propio universo de sentido), beligerante, conspiranoica, xenófoba y racista que busca producir concepciones de mundo que tratan de superar las contradicciones internas y la forma decadentista del americanismo presente.

Se trata de un reajuste del poder de clase y un intento de rediseño del mundo, así como del rescate de un proyecto que languidece...
 

 

 

 

Referencias

  • Benoist, A. (1982). La nueva derecha. Planeta.

  • Hartz, L. (1991). La tradición liberal en los Estados Unidos. Siglo XXI.

  • Echeverría, B. (2008). La americanización de la modernidad. Era.

  • Herrera, D. (2020). El siglo del americanismo. Akal.

  • Lipset, S. y Raab, E. (1981). La política de la sinrazón. Fondo de Cultura Económica.

  • Orozco, J. L. (1987). La revolución corporativa. Editorial Hispánica.

  • Wallerstein, I. (2010). Análisis de sistemas mundo. Siglo XXI.