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por
Bruno Estrada
Economista
13 Mayo 2026
del Sitio Web
Publico

Imagen de la
maratón de
humanoides
celebrada en
Beijing.
Mientras todo el planeta aguantaba la respiración con las
maniobras imperiales de Trump y Netanyahu en Irán,
varios miles de kilómetros más hacia el Este de la
Ruta de la Seda estaba sucediendo
algo que tal vez tenga mucha mayor transcendencia en las próximas
décadas, y que sin embargo ha pasado completamente desapercibido:
China aprobó el pasado 12 de marzo su XV Plan
Quinquenal (2026-2030) con un objetivo claro, seguir
modernizándose para convertirse en una potencia económica,
tecnológica y militar en 2035.
Conviene recordar que el gobierno chino tiene por
costumbre cumplir con alrededor del 80% de las metas de sus planes,
a diferencia de
la UE, donde después de un año y
medio apenas se han puesto en marcha un 15% de las 383
recomendaciones recogidas en el
Plan Draghi.
Si hoy se habla del "milagro económico chino" es
gracias al alto grado de cumplimiento de los anteriores planes
quinquenales.
El país ha pasado, en menos de cinco décadas,
de una situación de pobreza y de extrema dependencia del sector
rural a convertirse en la segunda nación más rica del mundo.
Hay que tener en cuenta que el actual sistema
chino de planificación del desarrollo dista mucho de los sistemas de
planificación centralizados soviéticos.
Desde la aprobación de la Ley de Planificación
Nacional de 2022 el Estado establece marcos estratégicos, y el
mercado opera en ellos con una autonomía significativa.
Este modelo de desarrollo conjuga planificación
indicativa - sin duda más fuerte que la experiencia de planificación
indicativa francesa que se desarrolló desde 1947 hasta los años
sesenta, pero con la que tiene cierto paralelismo - un marco legal
robusto y una experimentación pragmática descentralizada.
Por supuesto, en la mayor parte de los sectores
no implica fijación de precios ni asignación directa de recursos.
La experiencia desarrollada por China en estos últimos años, desde
su perspectiva, supondría una alternativa al falso dilema occidental
entre intervencionismo ineficiente y fundamentalismo de mercado.
El Partido Comunista Chino (PCCh) ha
creado una estructura económica e institucional en la que el Estado
y el mercado se complementan, admitiendo que a corto plazo el
mercado es más eficiente que una intervención estatal centralizada
en la asignación de recursos, pero que presenta graves limitaciones
para movilizar inversiones hacia objetivos a largo plazo.
Los resultados son impactantes:
En los últimos cuarenta años el gobierno
chino ha sacado de la pobreza extrema (ingresos inferiores a
1,90 $ diarios) a 760 millones de personas según el Banco
Mundial.
Las políticas de transformación económica han
logrado un crecimiento sostenido durante el último medio siglo,
que ha hecho que la renta per cápita de China se haya
multiplicado por treinta, con un incremento medio anual del
8,2%.
El XV Plan Quinquenal (2026-2030) supone una
nueva fase en el proceso de ascenso del país en el mundo, para
recuperar su antigua posición de
Imperio del Centro.
En las últimas décadas se ha convertido en la "fábrica
del mundo", pero ahora su voluntad, mediante una transición
ordenada hacia industrias de mayor valor añadido, es competir, e
incluso liderar, sectores y tecnologías clave.
El Plan refleja dos grandes ideas:
-
La competencia sistémica con EE.UU. será
larga y estructural, durará décadas y se decidirá en la
carrera tecnológica.
Debido a ello los conflictos geopolíticos
se intensificaran, el déficit de gobernanza global aumentará
y las cuestiones de seguridad ganarán peso.
Pekín asume que la rivalidad con EE.UU.
será un elemento determinante en el planeta, ya que las
políticas estadounidenses de proteccionismo y hegemonismo
suponen una grave amenaza.
-
China está preparada para afrontar este
reto, respondiendo con una estrategia coherente, ambiciosa y
respaldada por capacidades estatales e industriales
difíciles de igualar.
Pese a las incertidumbres globales
provocadas por EE.UU., China considera que podrá seguir
avanzando en su proceso de desarrollo.
Sus fortalezas (su capacidad de
inversión, desarrollo tecnológico, capacidad industrial,
estabilidad política, capacidad de coordinación política y
la cantidad y calidad de sus recursos humanos) le permitirán
superar sus actuales debilidades (estancamiento de la
demanda interna, involución de precios, endeudamiento y
declive demográfico).

Tabla comparativa de
exportaciones
mundiales por país.
Bruno Estrada
Los cuatro instrumentos para conseguir esos objetivos son,
-
el nacionalismo tecnológico
-
la planificación estatal
-
la modernización industrial
-
la apertura internacional selectiva
Las seis prioridades estratégicas
definidas en el XV Plan Quinquenal son:
-
Hacia la construcción
de un nuevo orden internacional
En primer lugar supone un cambio sustancial de la estrategia
internacional de China, ya no se trata de integrarse en el
sistema global, meta plenamente lograda, sino de configurar
uno nuevo.
En un contexto "inestable y dominado por el unilateralismo",
China busca ganar capacidad de acción y aumentar su
influencia global.
En este vacío en la gobernanza global el
gobierno chino aspira aplicar su propio modelo, que combina
financiación, desarrollo de infraestructuras y exportación
tecnológica, con una menor exigencia política a sus socios
de la que quiere imponer EE.UU, tal como ha plasmado
Trump en su Estrategia de Seguridad Nacional.
En términos de soft power, China pretende proyectar una
imagen "creíble, amable y respetable", presentándose como
defensor del Sur Global, y utilizando estructuras
multilaterales como los BRICS o la Organización de
Cooperación de Shanghái para promover un orden multipolar.
Pero a la vez busca un cambio de sustancial en la red de
países aliados que forman parte de la Nueva Ruta de la Seda,
en la que están Grecia, Portugal, Austria y Polonia.
Además de grandes infraestructuras
físicas que favorezcan el comercio con China, el nuevo y
ambicioso objetivo es que los países miembros de esa
Alianza, adopten tecnología y sistemas de gestión chinos que
refuercen el liderazgo de Pekín, lo que permitirá ampliar su
influencia política, económica y tecnológica.
-
Conseguir una mayor
seguridad integral, tanto estratégico-militar como económica
-alimentaria, energética y tecnológica
En el terreno militar China dispone en la actualidad de 600
ojivas nucleares. Y la previsión del Pentágono es que llegue
a las mil en 2030.
Para garantizar su seguridad alimentaria China apuesta por
impulsar la agricultura inteligente, creando nuevas
oportunidades en tecnología agrícola, gestión del agua,
procesamiento de alimentos y genética agrícola.
En términos de seguridad energética el Plan apuesta generar
energía a gran escala a partir de centrales nucleares y
fuentes renovables (solar, eólica e hidráulica) en el norte
y oeste del país, donde hay más recursos naturales
disponibles.
La apuesta por la diversificación energética es una pieza
clave en la estrategia de seguridad nacional, al reducir la
dependencia de importaciones energéticas y la exposición a
shocks externos, como ha pasado recientemente por el bloqueo
estadounidense del estrecho de Ormuz.
-
Lograr un crecimiento
económico de alta calidad
El Plan también busca consolidar a China como como una
superpotencia tecnológica, autosuficiente y global, a través
de un cambio estructural:
dejar de competir por costes, dejando
atrás su papel como fábrica de bienes de bajo valor
añadido, y hacerlo por control tecnológico, ocupando
posiciones centrales en las cadenas de valor, definiendo
estándares industriales.
El objetivo es desplazar su modelo
económico hacia sectores de alto valor añadido, como,
-
los minerales críticos
-
la energía solar y eólica
-
las baterías para vehículos
eléctricos
-
los propios vehículos eléctricos
-
la fabricación avanzada
-
la maquinaria industrial de
precisión
-
los drones comerciales
Aunque eso no significa el abandono de
los sectores tradicionales, como el acero o el cemento, y la
industria petroquímica, electrónica y textil, que generan
una gran cantidad de empleo.
Para que China pueda mantener su
competitividad frente a otros países emergentes con mano de
obra más barata tendrá que hacer un gran esfuerzo de
digitalización, automatización y robotización.
Aunque el Plan también propone "ordenar
la competencia" en alguno de esos sectores, limitando su
capacidad productiva y promoviendo fusiones.
Incluso contempla fondos para cerrar
instalaciones obsoletas, siempre teniendo en cuenta la
inestabilidad social que ello pueda generar.
-
Avanzar en una mayor
autosuficiencia tecnológica
Para acelerar esta transición el gobierno chino impulsara
"nuevas fuerzas productivas de calidad", apostando por
sectores y las tecnologías del futuro como,
-
la IA avanzada
-
la tecnología y computación
cuántica
-
la biotecnología, biomedicina y
bioingeniería
-
los materiales avanzados
-
el hidrógeno
-
la robótica humanoide
-
la industria y tecnología
aeroespacial
Pero esta prioridad estratégica se
enfrenta a un grave límite externo, los cuellos de botella
estratégicos. La guerra tecnológica con EE.UU. ha
restringido el acceso de China a materiales y procesos
claves para el desarrollo de la IA.
El gobierno tiene perfectamente
identificados los sectores donde todavía tiene una alta
dependencia tecnológica de Occidente y que se podrían usar
como elementos de presión en un potencial conflicto:
semiconductores avanzados, equipos de
fabricación de chips, software industrial y de
automatización del diseño electrónico, chips específicos
para la IA, motores aeronáuticos, instrumentación
científica y médica avanzada, materiales de alta
tecnología.
En todos ellos China va a buscar la
autosuficiencia en los próximos cinco años.
Por otro lado, la aplicación y difusión de la IA es una
estrategia nacional e integral que abarca todos los
sectores, desde la agricultura inteligente, la industria,
los servicios, el transporte, la educación, la sanidad, los
cuidados y el envejecimiento, el consumo y el comercio hasta
la administración pública.
-
La transición
energética como eje del nuevo modelo
El XV Plan integra por primera vez objetivos energéticos y
de lucha contra el cambio climático en un mismo capítulo
estratégico.
Para 2030 el gobierno chino fija la
reducción de las emisiones de GEI por unidad de PIB en un 17
%, así como elevar la cuota de energías no fósiles al 25 %
del consumo total.
Hay que recordar que China es el país que
está gastando más recursos en reducir las emisiones de
carbono.
Los avances tecnológicos desarrollados en los procesos de
descarbonización de la economía tienen como finalidad situar
a china en el corazón del motor industrial de este siglo.
La electrificación masiva que del
transporte, la industria y el consumo doméstico es el núcleo
de esta transformación productiva.
Aunque el gobierno chino todavía tiene previsto mantener un
alto volumen de energía eléctrica generada a partir de
centrales térmicas basadas en carbón, tanto para garantizar
la estabilidad del sistema eléctrico y asegurar el
suministro, como por razones estabilidad social, para
proteger el empleo en las zonas mineras que están muy
alejadas de las zonas costeras donde se concentra el
desarrollo económico.
-
Fortalecer el mercado
interno
El Plan también identifica la debilidad estructural de
China: la demanda interna sigue siendo insuficiente.
Este es el talón de Aquiles del XV
Plan Quinquenal, ya que impulsar el consumo interno
exige reformas profundas - salarios, redistribución, Estado
del bienestar - que lleva décadas posponiendo.
Aunque, a diferencia del plan anterior,
ahora el gobierno busca impulsar el consumo aumentando los
ingresos, con subidas del salario mínimo, y ampliando la
protección social, mejorando la cobertura sanitaria (la
básica ya cubre a un 95% de la población), las pensiones o
el acceso a servicios públicos.
Las tres grandes debilidades del
Imperio del Centro son:
-
En términos coyunturales la crisis
del mercado inmobiliario desatada en 2021, a partir de
la crisis del mayor promotor inmobiliario del país
Evergrande Group, que quebró tras reconocer una deuda de
300.000 $.
Como consecuencia de ello otros
muchos proyectos inmobiliarios colapsaron, con graves
consecuencias para los ahorros de millones de ciudadanos
que habían invertido en vivienda, y para los empleos de
cientos de miles de trabajadores.
-
En términos más estructurales la
transición demográfica es otro de los grandes retos. Se
prevé una disminución de unos 30 millones de la
población activa (15-59 años) durante el período del XV
Plan.
El envejecimiento poblacional, y la
contracción de la fuerza laboral en edades centrales,
plantean desafíos muy importantes para los sistemas de
seguridad social y protección, el mercado laboral y las
imprescindibles dinámicas de innovación.
-
Por último, pero no la menos
importante, es la cuestión del incremento de la
conflictividad laboral.
La gestión autoritaria es la norma en
las empresas chinas y la ausencia de sindicatos
independientes y representativos priva a los
trabajadores de canales eficaces para la resolución de
conflictos, lo que les obliga a recurrir a formas de
protesta cada vez más extremas, reflejo de las
deficiencias estructurales de su sistema de relaciones
laborales.
En la mayor parte de las empresas los
dirigentes sindicales son nombrados directamente por la
empresa, lo que hace imposible que el sindicato
represente verdaderamente los intereses de los
trabajadores, dificultando la defensa de sus salarios y
derechos laborales.
Si bien es cierto que en la actualidad
la protesta social es inferior a la vivida en la primera
década del siglo XXI, que alcanzó su cenit en el periodo
2010-2014, con la huelga de 40.000 trabajadores en la
industria del calzado en Dongguan en 2014, y la huelga de
1.900 trabajadores en la fábrica de Honda en Foshan que se
propagó por toda la cadena de suministros.
El estricto confinamiento por la 'pandemia'
del
COVID-19 y la acción
represora de las autoridades están detrás de esta menor
movilización laboral.
También es cierto que el gobierno
reaccionó con una nueva legislación laboral, en 2008 se
aprobaron la ley de Contratos Laborales, y la de Mediación
de Disputas Laborales y Arbitraje.
Y también hay que tener en cuenta que en
la última década se han incrementado notablemente los
recursos de la Policía Armada del Pueblo, una fuerza
paramilitar que actúa en los conflictos sociales y que
depende del PCCh y de la Comisión Militar Central.
No obstante, durante la primavera de 2025, según el
China Labour Bolletin, se produjo un notable incremento
de los conflictos laborales, contabilizándose cerca de un
centenar tan solo en abril.
La gran mayoría se sigue concentrando en
la
provincia de Guangdong, el
motor de la economía china, y por primera vez están
implicado a categorías tradicionalmente "más privilegiadas"
de trabajadores, como docentes (Shandong) y sanitarios
(hospital de Dongxin en Fuzhou).
Sectorialmente en torno a la mitad de los conflictos
laborales se han producido en la construcción, pero también
un elevado número en,
-
el sector electrónico (fábricas
de Foxconn en Hengyang y Tayuan)
-
la confección (Rockmoway Clothing
en Ningbo)
-
el automóvil (fábricas de BYD en
Wuxi y Chengdu)
-
la química (fábrica de BASF en
Donghai)
Este incremento de la conflictividad
laboral indica que la tensión social está alcanzando
umbrales críticos, mostrando las profundas contradicciones
estructurales del sistema.
Las autoridades chinas parecen encontrarse en una
posición cada vez más compleja, obligadas a encontrar un equilibrio
entre las exigencias del control social, y la necesidad de
mantener una prosperidad y estabilidad económica que siga
garantizando la legitimidad del régimen...
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