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por Genís Plana del Sitio Web BrownstoneEsp
Tiempo atrás fue un lozano jardín, pero ahora el césped ya no crece, y todo cuanto hay sembrado se descompone. ¿Somos conscientes de que vivimos
en el ocaso de
un vergel histórico?
"La historia no se detiene, sigue su curso, y lo hace sorprendentemente rápido, sobre todo desde que
Francis Fukuyama
declaró su final"
Los asuntos humanos desbordan con creces las demarcaciones académicamente establecidas de las disciplinas de conocimiento.
Mientras que, por el contrario, la capacidad de moverse a un lado y otro de las líneas de separación de los compartimentos del saber es algo que favorece la comprensión de las dinámicas relacionales que, a la postre, dotan de sentido estructural a una determinada realidad humana.
Tal sea, quizá, la ventaja con la que cuenta el
antropólogo, sociólogo e historiador
Emmanuel Todd.
Antes de ello, sin embargo, será pertinente presentar al investigador que dirige la expedición:
No estamos ante otro supuesto experto en cualquier cosa, uno de entre tantos opinólogos y comentólogos con acreditación de periodista, académico o activista, difundiendo sesgos explicativos, relatos propagandísticos o simplismos interesados.
Su rigor e imparcialidad están muy alejados de los exaltados ideólogos que firman las noticias de política internacional en periódicos o televisiones.
Y, hasta donde se sabe, sus investigaciones no
están apadrinadas por esos institutos, think tanks u
organizaciones no gubernamentales que, cuando no están
financiados por "mecenas"
multimillonarios, suelen ser una tapadera más de
servicios de inteligencia foráneos.
Ahora bien, no nos apresuremos a darle sepultura al cadáver... antes de que el enfermo agonizante reciba su extremaunción, o siquiera de tomarle el pulso al paciente, necesario resulta identificarlo.
Así que se impone un interrogante inicial:
Apartándose de otras definiciones más restringidas, Todd concibe Occidente como,
Estamos hablando de,
Ahora bien, no conviene obviar cuál fue el origen
de Occidente...
Asimismo, la lectura de la Biblia en lengua
vernácula propició una conciencia colectiva que contribuyó a la
formación de orgullosas culturas nacionales.
Ambos aspectos propiciaron el desarrollo de los Estados-nación.
Después de conceptualizar Occidente, ya podemos
buscar la causa profunda de su declive, y la encontramos en su
nihilismo. Este nihilismo es consecuencia de un estado religioso
cero en el que han desaparecido la moral compartida y los valores
heredados de la religión, los cuales posibilitaban esas creencias
colectivas que subyacen al vínculo cívico-nacional.
Al concentrar la economía en el ámbito de las finanzas, el neoliberalismo destruye el aparato productivo de los países.
Y ese impulso destructivo cuenta con un correlato social:
Quienes somos parte de Occidente asistimos a la
fragmentación de la que fue la relativa compactibilidad de las
comunidades nacionales, a la disolución de la cultura común de los
miembros de la sociedad política, y a la conversión de esa sociedad
en un mercado en el que seres sin moral se encuentran en constante
competencia.
Y ello explicaría la absoluta sumisión de la clase política europea a Washington.
Aquí Todd está sugiriendo una interesante hipótesis:
De lo comentado hasta aquí ya se infiere que nuestros países, otrora constituidos por una nación activa, hayan pasado a ser una nación inerte.
Es decir,
Expliquémoslo...
Pero las aspiraciones de la democracia liberal se encontraban mucho más acá:
En la actualidad, sin embargo, la mayoría popular ya no se encuentra representada, y solamente perdura la protección liberal a las minorías:
En ausencia de democracia, nuestro sistema liberal no es más que una oligarquía, una oligarquía liberal, con apariencia democrática al conservar instituciones de representación democrática.
A decir verdad,
Como resultado de lo anterior, en Occidente se expresa una escisión, cada vez más insalvable, entre un pueblo y una élite que desconfían mutuamente entre sí.
Se entiende, por consiguiente, que nos dirijamos hacia un sistema político estructurado por ese binomio populismo vs. elitismo que, aunque Todd no lo mencione, pondría fin, de una vez por todas, a la operatividad política del eje izquierda vs. derecha:
La aversión de las élites hacia el que históricamente ha sido su pueblo (especialmente en Reino Unido y Estados Unidos) comportaría su preferencia por otros grupos étnicos y raciales.
Puesto que estas élites detentan el poder económico, ante el cual el poder político se muestra simplemente obediente, optan por confeccionar gobiernos compuestos, cada vez en una proporción mayor, por negros y grupos étnicos minoritarios:
Las clases instruidas, que en un tiempo pasado eran proclives a simpatizar con ideas revolucionarias, actualmente son las portadoras de las nuevas banderas de las élites.
Sus reivindicaciones se adecuan al modelo social prescrito en Occidente:
Y no creo que Todd se mostrase en desacuerdo ante
una afirmación como la siguiente...
Porque es más fácil, quizá no administrar, pero sí actuar inmunemente en una sociedad desestructurada, anómica, carente de positividad, constituida por individuos dispersos o grupos que anteponen sus lealtades particulares.
Tanto mayor será el dominio de las élites sobre
la sociedad cuantas más fracturas resquiebren la sociedad...,
vaciándola de sentido compartido.
Y el alma del neoliberalismo está constituida por un vacío ontológico.
El desprecio de las élites hacia el pueblo constata la disociación del poder realmente existente con respecto a unos valores y a una moral que permita estructurar a los individuos como parte de una sociedad cohesionada.
También es conocida otra afirmación de Thatcher en la que dice que,
En consonancia con ello, los individuos que
componen el grupo dirigente, desobedeciendo principios ideológicos
trascendentes, se mueven únicamente por incentivos y estímulos
procedentes de la red socioeconómica a la que pertenecen. Es evidente a nivel social, con unos índices de pobreza y unas tasas de mortalidad en aumento, y a nivel económico, pues buena parte de la economía estadounidense puede considerarse ficticia a causa de la sobredimensión de su componente financiero, sin descuidar una balanza comercial deficitaria que únicamente se sostiene porque el dólar sigue siendo moneda de reserva mundial.
Porque la preeminencia del dólar hace tan rentables ciertas profesiones improductivas que cualquier otra actividad carece de alicientes suficientes para despegar.
Así pues, Todd no ve posible que Estados
Unidos pudiera reorientar su masa laboral, reindustrializar su
economía y, a la postre, estabilizar su sociedad.
De hecho, Rusia se está sirviendo del conflicto contra Occidente para reivindicarse como adalid de unos valores tradicionales que, en contraposición a la ideología LGBT y a otras divisas progresistas, gozan de más simpatía a nivel mundial.
De manera que, en palabras de Todd,
Y, aunque pudiera parecer que estos párrafos han acentuado consideraciones que se apartan de la dinámica geopolítica, lo cierto es que los análisis de Emmanuel Todd están espectralmente atravesados por la más cruda expresión geopolítica:
La guerra en Ucrania es un acontecimiento en pleno desarrollo que puede acelerar el desmoronamiento de Occidente.
De la guerra se obtienen enseñanzas al respecto de la estructura social, política y económica de los países implicados en la contienda:
Según Todd, no podemos obviar que,
Comprender el origen de la guerra supone
comprender que el eje Berlín-París, que hasta hace pocos años
dominaba Europa, ha sido sustituido por un eje
Londres-Varsovia-Kiev dirigido desde Washington.
Pero si el suyo es un planteamiento que para muchos pudiera resultar tan atrevido como sugerente es por la importancia que le otorga a la antropología de las estructuras familiares, así como al fundamento religioso de las poblaciones.
Es en este punto, en lo relativo al inconsciente de las masas o las actitudes mentales profundas, que las explicaciones de Todd se muestran especialmente atractivas.
Y es ahí donde se observa la causa más recóndita del desmoronamiento de Occidente:
En el peor de los casos, el nihilismo da lugar a una deificación del vacío que se expresa, a veces por medio de una pulsión de violencia (y la complicidad con la masacre israelí es un ejemplo palmario), a veces mediante la negación de la realidad (y a este respecto, Todd alude a la cuestión transgénero propalada por el espacio occidental).
Ambos aspectos, tanto la violencia como el autoengaño, convergen en la arrogancia con la que esa parcela llamada Occidente sigue pensando que se ubica en la centralidad del mundo.
Y, sin embargo, buena parte del mundo sabe, o al menos intuye, que Occidente se descompone a medida que se desliza por el desagüe de la Historia...
Referencias
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