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por Geopolítica Rugiente
14 Abril 2026
del Sitio Web
GeopoliticaRugiente

'Humanidad', 'libre mercado', 'derecho internacional'...
¿Cuántas veces... en la televisión, en los
periódicos, con la familia o en conversaciones informales con
colegas - hemos tenido que soportar la naturaleza intrusiva y
vacía del significado de estos términos?
Quizás no simultáneamente, pero sí repetidamente,
cronológicamente hablando. En cualquier caso, de forma redundante...
Conceptos que se recitan a menudo de memoria,
como un rosario, como remedios ideales para,
-
la discriminación social
-
la desigualdad
-
los ejércitos en guerra
Sí, al menos sabemos esto. La humanidad no
existe, al menos no en una forma comúnmente aceptada.
Como nos recuerda
Dominique Venner en su
testamento político:
"En su diversidad, los seres humanos existen
solo por lo que los distingue - clanes, pueblos, naciones,
culturas, civilizaciones - y no por lo que superficialmente
tienen en común.
Solo su animalidad es universal".
Lo mismo se aplica al sistema teorizado por el
economista
Adam Smith ya en 1776.
La mano invisible que supuestamente
regula automáticamente - o más bien, como por arte de magia - el
equilibrio entre la oferta y la demanda, en un extraño juego
donde se suponía que numerosos intereses egoístas construirían
el bienestar colectivo.
Un resultado, sin embargo, (obviamente) imposible
de lograr sin la intervención del Estado.
Porque, como explican los keynesianos,
la competencia, en última instancia, nunca se
ha autorregulado.
La misma crítica puede dirigirse al concepto
actual de derecho internacional.
Hoy en día, se percibe como un conjunto de
reglas que trascienden a los Estados, normas neutrales y
compartidas.
Es lamentable que no quede rastro de este
supuesto orden jurídico estable, de un poder central capaz
de imponer automáticamente reglas y sanciones.
En resumen:
las relaciones se basan, en realidad, en
dinámicas de poder...
Estas dos palabras mágicas -
frecuentemente utilizadas por periodistas, políticos y diversos
actores del sector - sirven para hacer creer al público
en,
la existencia de un principio racional e
infalible, como la famosa mano invisible del libre mercado...
Los Estados actúan sobre la base de acuerdos, y
sus posiciones solo tienen peso gracias a su propia fuerza - si es
que se le puede llamar así - y a su capacidad de disuasión.
En efecto, el derecho (al igual que la
economía) es siempre consecuencia de la política:
el primero es una herramienta al
servicio de la segunda.
Dos acontecimientos cruciales marcan la historia
del derecho internacional, uno por cada guerra mundial (y esto no es
casualidad).
En 1919, el
Tratado de Versalles, con su
paz impuesta, humillante y punitiva, impuso condiciones
extremadamente duras a Alemania.
Veintiséis años después (1945), los
Juicios de Núremberg - donde la
moral de los vencedores prevaleció sobre fundamentos jurídicos
más apropiados - establecieron el derecho penal internacional.
Un rasgo destacable:
por primera vez en esta región, la acusación
se formalizó al final del conflicto y se aplicó
retroactivamente.
Durante ese mismo período, la creación de
la ONU tenía como objetivo
garantizar el derecho internacional para todo el mundo...
Es lamentable que, dentro de sus filas, las
potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial se
extralimitaran repetidamente, como lo hicieron los
angloamericanos en Corea en la década de 1950, en Vietnam
durante las dos décadas siguientes y a principios del nuevo
milenio en
Afganistán y
Libia.
¿Y qué decir de
Israel en
la Franja de Gaza?
Lo anterior es solo una lista no exhaustiva de
ejemplos que ilustran que el derecho internacional no es un sistema
de normas autónomo y coercitivo.
En el mejor de los casos,
puede definirse como un conjunto de normas
basadas en dinámicas de poder...
Y ahí radica el verdadero problema.
El respeto al derecho internacional dentro de las fronteras
nacionales se logra mediante la acción política en los temas
esenciales:
defensa y rearme, aceleración de la
transición hacia la independencia energética y un renovado
dinamismo demográfico.
Todo lo demás es mera retórica vacía...
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