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por Christian Cirilli
29 Enero 2026
del Sitio Web
ChCirilli

Cuando, poco antes de asumir su segundo mandato presidencial,
Donald Trump manifestó a viva voz su intención de impulsar un
irredentismo explícito sobre todo el continente americano -
incluyendo Canadá y Groenlandia - tales declaraciones no suscitaron
una reacción significativa en el Viejo Continente.
Cabría suponer que tales afirmaciones fueron interpretadas como una
excentricidad retórica, una hipótesis utópica, o en el peor de los
casos, como una herramienta diplomática orientada a fortalecer la
posición negociadora de Estados Unidos en materia comercial.
Es más: probablemente dichas declaraciones hasta fueran
interpretadas de manera parcial; esto es, creíbles para
Latinoamérica, pero poco y nada creíbles respecto de los "aliados
históricos".
En Europa ha existido cierta comprensión - y, en muchos casos, una
justificación - de la proyección de dominación estadounidense sobre
América Latina.
Los países latinoamericanos, caracterizados como
economías subdesarrolladas pero ricas en recursos naturales, fueron
muchas veces vistos como espacios "naturalmente" destinados a quedar
bajo la tutela de Estados Unidos, en tanto potencia desarrollada y
hegemónica.
Existe, asimismo, una indulgencia persistente hacia la actividad
depredadora de Estados Unidos; indulgencia que no se concede a los
impulsos emancipadores y soberanistas surgidos de las entrañas
latinoamericanas.
Como si unos estuvieran llamados - y legitimados -
a dominar, mientras que otros quedaran inexorablemente condenados a
la sumisión.
Sin embargo, Europa difícilmente imaginó que, tras décadas de
condición de aliado privilegiado de Washington - sustentada en el
vínculo estructural de
la OTAN - y en un contexto marcado por una
creciente rusofobia - en ocasión del
conflicto de Ucrania - también
debería confrontar las ambiciones territoriales explicitadas por
Donald Trump hacia regiones del Atlántico Norte y polares,
vinculadas a herencias históricas británicas, francesas y danesas.
La expectativa europea resulta comprensible:
la proyección del poder
estadounidense siempre se dirigió "hacia el sur", sobre América
Latina, en intensidades y modalidades variadas.
Cualquier aliado
estratégico no-hispano que poseyera territorios en América - en
especial los británicos - era respetado en honor a los vínculos y
las membresías.
Como expresa el dicho:
"entre bueyes no hay
cornadas".
En este sentido, la expansión y el ejercicio del poder
imperial rara vez se han dirigido contra territorios pertenecientes
al círculo de socios privilegiados.
Los desgraciados de siempre
Para quienes han nacido y se han formado en el contexto
latinoamericano - como este humilde servidor argentino - el concepto
de "imperialismo estadounidense" no remite a una categoría abstracta
o meramente teórica, sino a una experiencia histórica concreta,
signada por intervenciones políticas, económicas y militares
recurrentes.
El imperialismo estadounidense, en parte heredero de las formas de
proyección de poder del Imperio británico, se expandió mediante una
diversidad de mecanismos destinados a asegurar su influencia
política, económica y estratégica.
Dichos mecanismos no se limitaron
a la dominación territorial directa, sino que incluyeron modalidades
indirectas de control, más refinadas, adaptadas a distintos
contextos históricos y regionales.
Durante el siglo XIX, Estados Unidos llevó adelante una fase de
expansión territorial directa, legitimada por la doctrina del
Destino Manifiesto, de fuerte impronta puritana, que concebía como
legítima la apropiación y explotación de territorios considerados
subutilizados o poco aprovechados.
Ejemplos paradigmáticos de este
expansionismo de carácter bélico fueron la guerra contra México
(1846-1848), que derivó en la anexión de aproximadamente 2.400.000 km² de territorio mexicano, así como la
intervención en Cuba tras la
guerra hispano-estadounidense de 1898, que permitió a Estados Unidos
consolidar su control sobre dicha isla y Puerto Rico y extender su
presencia estratégica a Guam y Filipinas (Asia Oriental).

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El hundimiento del USS Maine - un autoatentado o falsa bandera - no
fue tanto la causa de la guerra hispano-estadounidense como el
catalizador de una decisión estratégica previamente madurada, que
permitió a Estados Unidos legitimar ante su opinión pública una
guerra de expansión imperial largamente deseada. |
Ya durante la primera parte del Siglo XX, Estados Unidos implementó
una tutela política y militar sobre Estados considerados soberanos.
Implementó la Doctrina Monroe (con corolario rooseveltiano)
[1], impuso y sostuvo "burguesías-compradoras" ligadas a
Washington y, cuando tuvo que usar el Big Stick, lo hizo sin ninguna
contemplación:
Fue la etapa temprana del "disciplinamiento"
y la cooptación.

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Marines estadounidenses posan con la bandera
capturada de Augusto César Sandino, Nicaragua, 1932. Las operaciones
militares de Estados Unidos en dicho país respondían al objetivo
estratégico de asegurar el control sobre la eventual construcción de
un Canal de Nicaragua. Sandino fue posteriormente asesinado por la
Guardia Nacional al mando de Anastasio Somoza. De este apátrida,
Franklin D. Roosevelt diría: "Somoza may be a son of a bitch, but
he's our son of a bitch". |
Tras la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos profundizó el control
estructural sobre las economías latinoamericanas, desplazando el
énfasis desde la intervención directa hacia formas de dominación
económica.
Este proceso estuvo marcado por la expansión del
corporativismo estadounidense y por el ascenso de grandes
conglomerados empresariales que operaron, en la práctica, como
auténticos virreinatos económicos.
Compañías como,
-
United Fruit
Company
-
Standard Oil
-
Ford
-
ITT,
...alcanzaron niveles de influencia
decisivos sobre las estructuras estatales locales.
En particular, la United Fruit Company desempeñó un papel definitivo en Centroamérica,
hasta el punto de dar origen al término "repúblicas bananeras",
utilizado para describir regímenes políticamente subordinados y
económicamente dependientes de intereses corporativos extranjeros.

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Samuel Zemurray (nacido como Schmuel Zmurri Blausman en el Imperio
Ruso) fue una figura clave del imperialismo corporativo
estadounidense en Centroamérica. Fue el propietario de la United
Fruit Company, el mayor conglomerado frutero del mundo durante la
primera mitad del siglo XX. Zemurray financió y organizó golpes de
Estado para instalar gobiernos favorables a sus intereses, mantuvo
ejércitos privados, influyó en legislaciones laborales y fiscales y
controló infraestructura crítica (puertos, ferrocarriles, tierras).
En los hechos, UFC operó como un Estado paralelo en una buena
cantidad de países. |
Durante la
Guerra Fría, el imperialismo estadounidense adquirió un
marcado carácter ideológico y securitario.
En este período, la
política exterior de Washington se orientó prioritariamente hacia la
contención del comunismo, lo que se tradujo en una especialización
en estrategias de contrainsurgencia y en el respaldo - directo o
indirecto - a golpes de Estado en América Latina.
Para tal fin, Estados Unidos promovió el entrenamiento y la
reconfiguración doctrinaria de las fuerzas armadas latinoamericanas,
despojándolas de orientaciones nacionalistas y subordinándolas a
funciones de control interno, en el marco de la Doctrina de la
Seguridad Nacional y a través de instituciones como la
Escuela de
las Américas.
Este proceso desembocó en episodios de profunda
ruptura institucional y violencia política, entre los que se
destacan,
-
el golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende
en Chile (1973)
-
el derrocamiento de María Estela Martínez de Perón
en Argentina (1976),
...ambos inscriptos en la coordinación represiva
regional conocida como
Plan Cóndor, entre numerosos otros casos.
mmm
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El dictador chileno Augusto Pinochet y el secretario de Estado
Henry
Kissinger se saludan en el marco de la Asamblea General de la OEA,
celebrada en Chile, en 1976. El encuentro es recordado porque, pese
a las denuncias internacionales por violaciones sistemáticas a los
derechos humanos, Kissinger expresó en privado su comprensión, en
plena vigencia del Plan Cóndor. |
En el período de Posguerra Fría y hasta el advenimiento del
trumpismo 2.0, Estados Unidos ejerció una forma de dominación menos
visible y más estructural, basada fundamentalmente en mecanismos
financieros y normativos.
El denominado Consenso de Washington [2]
operó como un marco de disciplinamiento económico,
promoviendo
políticas de privatización, liberalización comercial y ajuste fiscal
que, en numerosos países latinoamericanos, derivaron en procesos de desindustrialización, pobreza estructural y acelerado endeudamiento
externo.
En este contexto, organismos financieros internacionales
como el Fondo Monetario Internacional (IMF), el Banco Mundial
(WB) y el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) adquirieron una centralidad inédita
como instrumentos de condicionamiento y orientación de las políticas
económicas nacionales.

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Durante la década de 1990, la Argentina fue
presentada como el "mejor alumno" del Consenso de Washington. En la
imagen, el presidente argentino Carlos Saúl Menem (1989-1999) junto
al presidente de los Estados Unidos, George H. W. Bush, y su hijo
George W. Bush, quien años más tarde también ocuparía la
presidencia. |
Esta nueva era en proceso de parto, bajo los augurios de la
National
Security Strategy 2025, nos revela un imperialismo transaccional,
coercitivo y des-institucionalizado, que privilegia la presión
bilateral, el castigo económico y la instrumentalización de la
seguridad y la migración, aunque, de alguna manera, parece
cohesionar todas las características de cada periodo, aplicado según
el caso.
En síntesis, la política exterior estadounidense hacia América
Latina - históricamente caracterizada por una flexible pero
persistente erosión de soberanías - no genera hoy sorpresa ni
conmoción (penosamente)...
Lo verdaderamente llamativo es que,
esa
lógica se proyecte también sobre aliados y vecinos estratégicos,
como lo es Canadá, y que resurja, además, una pulsión abiertamente
anexionista respecto de Groenlandia, no ya desde la posición de una
potencia hegemónica establecida, sino desde la de una potencia
territorialmente expansiva.
Creía que éramos amigos
Di mi primera impresión sobre Groenlandia y el expansionismo
estadounidense en mi artículo del 29/12/2024 "Trump
pone la mirada sobre el Ártico y el Canal de Panamá"
cuando el presidente norteamericano ya daba señales de actualizar el
irredentismo histórico sobre América Latina, pero ahora, ampliando
el campo de proyección hacia el Ártico.
Lo cierto es que, tras un episodio inédito - y ya podríamos decir
paradigmático - de intervención militar estadounidense en Venezuela
que incluyó el secuestro del presidente Nicolás Maduro, la
Administración Trump intensificó su retórica sobre la "necesidad
urgente" de asegurarse Groenlandia por motivos de seguridad
nacional.
La idea de que Estados Unidos pudiera aspirar a ejercer un control
directo sobre un territorio autónomo de un aliado histórico -
Dinamarca y, por extensión, la Unión Europea y la
OTAN - sorprendió
profundamente a los gobiernos europeos y generó un amplio rechazo
político, subrayándose que la soberanía groenlandesa no podía ser
objeto de apropiación unilateral por otra potencia.
Claro, esto en principio y basado en principios... cuando las
presiones estadounidenses se hagan más y más insoportables, los
fundamentos europeos se toparán con una inusitada flexibilidad.
A
veces, la política internacional, mucho más entre dirigentes
pusilánimes, se guía por la célebre frase marxista (por Groucho, no
Karl):
"estos son mis principios, pero si no les gustan, tengo
otros".
Desde comienzos de esta década, Europa ha renunciado como nunca a
cualquier vestigio de soberanía y autonomía política.
Encorsetada
por las élites burocráticas de la Unión Europea, se ha subordinado
de manera vergonzosa a cada sugerencia emanada desde Washington.
Cuando
Biden proclamó a los cuatros vientos que "América ha vuelto"
y anunció la embestida contra Rusia, todo el continente siguió
dócilmente al flautista de Hamelin...
Se lanzaron a sancionar,
censurar y abastecer el conflicto con un fervor rusofóbico acrítico
y enfermizo (excepto Hungría).
En una demostración de obediencia
ciega, cortaron los lazos con el suministro energético - gasífero -
que sostenía a sus industrias y se entregaron al GNL estadounidense,
sensiblemente más caro.
Incluso fingieron no saber qué pasaba cuando
Washington saboteó los Nord Stream. Finlandia y Suecia quebraron su
propia neutralidad y se afiliaron a la OTAN por pura disciplina.
Entregaron dignidad, empleos y capacidad productiva. Y ahora,
encima, se endeudan para destinar hasta el 5% de sus PIB al gasto
militar, armamento que, inevitablemente, comprarán del otro lado del
Atlántico.
¿Todo para qué?
Para descubrir que su protector y guía
los ha traicionado, y que puede hacer uso del
ius primae noctis si
así le place...
Por acomodaticia y lisonjera, Europa se ha encaminado
hacia su propia autodestrucción y, aun así, parece incapaz de
comprender por qué es vilipendiada, ninguneada, absorbida y
permanentemente amenazada.

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Civiles daneses observan con admiración a soldados de la División
Freikorps Danmark de las Waffen-SS recién regresados del Frente
Oriental, el 8 de septiembre de 1942. Pese a haber sido invadida por
Alemania, Dinamarca terminó aportando voluntarios al esfuerzo bélico
nazi contra la Unión Soviética. Si el comportamiento pasado es el
mejor predictor del futuro, resulta poco probable que Dinamarca
sostenga un enfrentamiento con Estados Unidos. Los más probable es
que termine cediendo y que se integre - más subordinada que nunca -
al designio del poder hegemónico estadounidense. |
Así las cosas, a los europeos les resulta aceptable confrontar de
manera permanente con Rusia, sacrificando el haber de sus cuentas y
(posiblemente mañana) sus juventudes.
También le resulta normal
observar con recelo el ascenso de China, como un
reflejo de Pavlov.
Ven como sano aplicar políticas de "máxima presión" sobre Irán - e
incluso tolerar incursiones unilaterales tan extremas como el
secuestro de un presidente latinoamericano - pero de ningún modo lo
es alterar el esquema tradicional de alianzas transatlánticas.
Eso
es inconcebible...
No encaja en la lógica dominante ni en la
arquitectura discursiva de una propaganda cimentada durante años:
los "malos" siempre han sido otros, los del este, los del sur, los
periféricos, los "de la jungla".
La pretensión estadounidense sobre
Groenlandia quiebra, precisamente, esos supuestos tácitos que
durante décadas estructuraron la relación entre Estados Unidos y sus
colegas europeos.
Y genera orfandad...
El "Asunto Groenlandia" llega a la
Agenda
Para el 21 de diciembre de 2025 - antes del secuestro de Nicolás
Maduro - se produjo un hecho que encendió las alarmas en la UE,
relegando la cuestión ucraniana a un segundo plano:
"uno de los
suyos" - Dinamarca - estaba siendo seriamente presionada por Estados
Unidos, que exhibía un interés concreto, explícito y persistente en
Groenlandia.
La Administración Trump había dado un paso
significativo al designar al gobernador de Luisiana,
Jeff Landry,
como representante especial del presidente para Groenlandia, un
gesto diplomático inusual que evidenciaba la gravedad estratégica
atribuida al asunto.
La figura del "representante especial" no es menor en la práctica
diplomática estadounidense:
suele ser empleada en escenarios de
guerra.
Aquí, sin embargo, el movimiento parece operar de manera
inversa: no como instrumento para gestionar una guerra en curso,
sino como un paso destinado a prefigurarla.
El gesto no carece de
carga simbólica. Luisiana fue un territorio francés adquirido a
precio vil por Estados Unidos en 1803.

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El presidente Donald Trump designó al gobernador de Luisiana, Jeff
Landry, como representante presidencial para Groenlandia. Carente de
experiencia en política exterior o en funciones diplomáticas, Landry
es un dirigente de un Estado del sur estadounidense, lo que vuelve
su nombramiento difícil de justificar. La decisión parece responder
a una reminiscencia histórica deliberada, evocadora de la Compra de
Luisiana de 1803, sin la cual el gesto resultaría, en rigor,
inexplicable. |
Lo extraño, sin embargo, no fue la acción estadounidense.
Lejos de
adoptar un tono de abierta confrontación - como el "Groenlandia no
está a la venta" de los primeros momentos - el primer ministro de
Groenlandia,
Jens Frederik Nielsen, se focalizó en las formas y no
en el fondo, mostrándose "abierto al diálogo" aunque "por los
canales adecuados".
Intentando acercar posiciones, cuestionó la
retórica desafiante de Trump, al señalar que,
"no es propia de
verdaderos amigos".
En una línea similar, la primera ministra danesa,
Mette Frederiksen,
instó,
"encarecidamente a Estados Unidos a poner fin a las amenazas
dirigidas contra un aliado históricamente cercano",
...reforzando así
la percepción de una tensión inédita dentro del entramado
tradicional de la alianza transatlántica.
Esa parece ser, en los hechos, la única respuesta de Dinamarca
frente a la hostilidad abierta de Estados Unidos:
apelar al vínculo
histórico y a la presunción de una amistad estratégica, sintetizada
en la desconcertada interpelación del "creí que éramos amigos"...
En Argentina tenemos un dicho:
"existe un 'momento Simpson'
para
prácticamente cualquier situación de la vida".
Por su parte, Trump no dejó margen de duda:
afirmó que Estados
Unidos "necesita" Groenlandia por razones de Seguridad Nacional,
sosteniendo - de manera discutible - que embarcaciones chinas y
rusas operan libremente en la región, presentando ese escenario como
una amenaza directa a los intereses estratégicos estadounidenses.
Con el reluctante senador Lindsey Graham a su lado,
el presidente
Donald Trump
reafirmó que irá por la anexión de Groenlandia
aludiendo "razones de Seguridad Nacional".
¿Cómo lo logrará? ¡Poco
importa!
¡Las opciones están sobre la mesa!
¡Incluso la militar!
Esto es patada en el tablero del Occidente Colectivo.
Aunque Trump no habló específicamente de una operación militar,
tampoco la descartó (hasta Davos).
Pero sí se advierte una intensa
campaña de presión política.
Según POLITICO, este objetivo sería
conseguido antes de las elecciones de medio término de 2026,
coincidiendo con el 250º aniversario de la independencia
estadounidense (4 de julio).
Una alternativa contemplada sería la suscripción de un Tratado de
Libre Asociación con Groenlandia - como el que se tiene con Puerto
Rico - mediante el cual Washington brindaría asistencia financiera y
asumiría la responsabilidad de la defensa del territorio, a la vez
que se mantendría la autonomía interna groenlandesa.
Este esquema
implicaría, en los hechos, una marginación de la autoridad soberana
de Copenhague.
Otra opción, de carácter abiertamente transaccional,
consistiría en la adquisición formal del territorio a Dinamarca, por
una suma que algunos analistas estiman en torno a los 700.000
millones de dólares.
Claro, queda una última:
fomentar la
independencia de Groenlandia y luego un referendo de anexión (como
hizo Rusia con las repúblicas del Donbás).

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El primer ministro de Groenlandia, Jens Frederik Nielsen, y la
primera ministra danesa Mette Frederiksen, en Nuuk, el 23 de enero
de 2026. El pequeño país europeo está en una de sus peores
disyuntivas históricas.
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Europa, que por ahora se rasga las vestiduras, podría terminar
presionando a Dinamarca para que ceda a Trump Groenlandia... a
cambio de su involucramiento directo en el conflicto de Ucrania.
Esto ya lo adelante en "Washington
Ilimitado". ¡Ahora me entero que POLITICO deslizó la
misma hipótesis!
Lo verdaderamente execrable es que,
mientras simulaban "defender los
intereses de Europa" con el envío de tropas meramente simbólicas y
hacían declaraciones grandilocuentes, el secretario general de la
OTAN, Mark Rutte, y el presidente francés, Emmanuel Macron,
intercambiaban mensajes privados por la red Signal con Donald Trump
- confiando estúpidamente en que éste jamás los haría públicos como
efectivamente hizo - adulándolo descaradamente.
En esos mensajes, Rutte y Macron elogiaban el accionar de Trump por
su accionar en Siria, Gaza y Ucrania, al tiempo que intentaban, con
tibieza cortesana, moderar su voracidad respecto de Groenlandia.
Rutte incluso firma con un servil "suyo, Mark", mientras Macron lo
intenta entusiasmar con un "podemos lograr grandes cosas en Irán".
La farsa europeísta quedaba así al desnudo...

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Mensajes de Mark Rutte y Emmanuel Macron a Donald Trump vía Signal.
Rutte incurre en una adulación desmedida, mientras Macron ofrece la
disposición francesa a "hacer grandes cosas en Irán" - difícil
interpretar eso como otra cosa que no sea destrucción - a cambio de
aliviar la ansiedad estadounidense por Groenlandia. |
Trump había amenazado a los 8 países europeos,
Dinamarca, Noruega,
Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia,
...que enviaron tropas simbólicas con una suba de aranceles de hasta el
25% si no se adecuaban a una negociación por Groenlandia, con
entrada en vigor para el 1º de febrero.

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"¡Íbamos juntos a saquear a Rusia!",
exclama una sorprendida Ursula von der Leyen,
apuntada ahora por el pistolón del 25% de Trump. |
Ya durante el Foro de Davos, el 21 de enero de 2026, Trump aludió a
Groenlandia solicitando el control o "derechos" sobre ella,
argumentándolo como una cuestión de seguridad nacional, pero,
por
primera vez dijo que no recurriría al uso de la fuerza para
obtenerlo, lo que fue destacado en su intervención.
Sin embargo,
exigió negociaciones inmediatas para discutir la adquisición o un
trato sobre Groenlandia, insistiendo en que sería beneficioso para
la seguridad común.
Aunque no habló de fuerza, su discurso incluyó
mensajes implícitos de presión política o económica, sugiriendo que
habrá consecuencias si su propuesta no era aceptada.
En tiempos de "guerras híbridas",
ya no es
necesario recurrir a la fuerza militar para intimidar,
y Trump dejó
en claro que los países que se opongan
a sus objetivos quedarán bajo
el foco de su rencor.
Apenas después del discurso de Trump, Mark Rutte consiguió una
bilateral donde, evidentemente, hizo concesiones fuertes, aun cuando
no tiene poder soberano sobre Groenlandia ni el resto de los países
europeos.
Poco después, Trump publicó en Truth Social algunas
consideraciones sobre ella:
"Tras una reunión muy productiva con el
Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, hemos establecido el
marco para un futuro acuerdo con respecto a Groenlandia y, de hecho,
a toda la región ártica"...
"Esta solución, de concretarse, será muy
beneficiosa para Estados Unidos y todos los países de la OTAN"...
"Con base en este entendimiento, no impondré los aranceles que
debían entrar en vigor el 1.º de febrero. Se están llevando a cabo
conversaciones adicionales sobre la Cúpula Dorada en relación con
Groenlandia"...
"Se proporcionará más información a medida que
avancen las conversaciones"...
"El vicepresidente J. D. Vance, el
secretario de Estado Marco Rubio, el enviado especial Steve Witkoff
y otros, según sea necesario, serán responsables de las
negociaciones"...
"Me informarán directamente".

Si este mensaje, de ser cierto, es verdadero,
supone una indigna y
absoluta rendición
de los intereses europeos.
Una más... y van.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump
conversa con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte,
durante
una reunión bilateral al margen de la reunión anual
del Foro
Económico Mundial en Davos,
el 21 de enero de 2026.
El ministro de Asuntos Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen
sostuvo que,
"Aplaudimos que Trump haya descartado la opción de
apoderarse de Groenlandia por la fuerza y haya suspendido la guerra
comercial.
Ahora, sentémonos a la mesa de negociaciones y
averigüemos cómo podemos tener en cuenta las preocupaciones de
seguridad de Estados Unidos en el Ártico, respetando al mismo tiempo
las líneas rojas del Reino de Dinamarca".
¿De qué manera Dinamarca sostendría la soberanía si lo que pretende
Estados Unidos como base de negociación es precisamente la
soberanía?
Existe, quizá, una "salida creativa":
el llamado "modelo chipriota"
del Reino Unido.
Como es sabido, los británicos
conservan en Chipre dos Áreas de
Base Soberana - el 3% del territorio isleño - desde las cuales
proyectan su control sobre el Mediterráneo oriental:
-
Dhekelia (en el sureste, cerca de
Lárnaca)
-
Akrotiri (al sur de la isla, próxima a
Limassol)
Dinamarca podría ensayar una fórmula similar para aplacar
el irredentismo de Trump, sin ceder totalmente su soberanía.
Estados Unidos obtendría soberanía sobre determinadas zonas de
Groenlandia para construir y operar infraestructura militar, entre
ellas, la delirante "Cúpula Dorada".
Queda por ver si eso es
realmente lo que busca Washington, pues todo indicaría que quiere
proyectarse marítimamente, con lo cual necesita la soberanía total
sobre las costas.
¿Acaso no son los barcos chinos y rusos el
problema?
Si firma ese improbable pacto... hay que ver cuánto
duraría. Muy seguramente el mismo conllevaría implícito un "acuerdo
minero" que monopolice la extracción de las riquezas del subsuelo
para los estadounidenses.
En los hechos, la soberanía danesa sobre
Groenlandia quedará reducida a "algo protocolar".
Por cierto, la "Cúpula
Dorada" (Golden Dome) es el nombre que Trump le ha dado a
un ambicioso plan de defensa antimisiles de Estados Unidos, que
remite inevitablemente a la Strategic Defense Initiative (SDI, mejor
conocida como "Star Wars") impulsada por Ronald Reagan para
neutralizar los misiles soviéticos.
Todo indica que su verdadero
objetivo sería forzar a Rusia a una desgastante carrera
armamentística.
Conviene recordarlo: la SDI - que incluso llegó a contemplar la
militarización del espacio mediante plataformas orbitales - nunca se
materializó.
En los años ochenta era técnicamente inviable y
financieramente un despropósito.
Sin embargo, cumplió una función
clave:
inquietó al Kremlin, empujándolo a realizar colosales
inversiones en tecnología misilística, radar, informática y
espacial, drenando recursos vitales de la economía soviética.
Inquieto por los avances rusos en armas estratégicas de nueva
generación - Oreshnik, Burevéstnik, Sarmat, Avangard, Zirkón y
Kinzhal, entre otras - que han vuelto en gran medida inoperante el
sistema antimisiles de la OTAN (NATO Ballistic Missile Defence, BMD),
desplegado desde 2002 como un arco defensivo sobre las fronteras de
Rusia,
Trump busca ahora reforzar su sensación de seguridad mediante
una constelación de radares avanzados, sensores, interceptores y
satélites-asesinos capaces de detectar y neutralizar misiles -
incluidos los hipersónicos - antes o durante su fase de vuelo.
Es el
primer paso a la militarización del espacio.

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Donald Trump ha iniciado la creación de un sistema de defensa de
múltiples capas denominado Cúpula Dorada. Su elemento clave será una
red de satélites con armas láser capaces de destruir misiles
balísticos intercontinentales. Si los láseres fallan, estarán
respaldados por una segunda capa, con misiles interceptores a cotas
bajas. Se le ha ordenado al Secretario de Guerra que prepare un plan
para defender contra misiles balísticos, hipersónicos, de crucero
avanzados, en un plazo de 60 días. Nótese el entramado actual de
piquetes-radar rodeando Rusia y China. Si Estados Unidos logra
obtener Alaska y Canadá, el potencial de detección es tremendamente
superior, casi sin fisuras. |
Lo cierto, es que en Davos y ante "su hijito" Rutte,
Trump desplegó
su estilo negociador: grandes pretensiones - la adquisición o el
control directo del territorio - y amenazas de aranceles contra los
aliados europeos resistentes.
El método es conocido:
provocar
reacciones mediáticas, sembrar pánico, alimentar disputas
internas... y luego retroceder lo justo y necesario para proclamar
un "acuerdo", retirando la amenaza arancelaria.
La reacción europea fue disímil y dejó al descubierto fragilidades
estructurales: geopolítica y militarmente débiles, profundamente
dependientes del Complejo Militar-Industrial estadounidense, los
países de la UE carecen de músculo para responder, por lo que una
respuesta fáctica (militar) es utópica.
La dependencia energética -
desplazada de Moscú a Washington - los vuelve doblemente
vulnerables.
A ello se suma la dominancia digital y tecnológica de
las plataformas estadounidenses, que le otorga a Washington un poder
incluso superior al de los aranceles.
Bruselas no dispone de instrumentos asimétricos equivalentes:
los
aranceles de represalia apenas le hacen cosquillas a Trump y
regresarían como un bumerang, tal como ya ocurrió frente a una Rusia
comparativamente menos poderosa.
¿Qué puede hacer la genuflexa y debilucha UE...?
Negociar los términos
de su propia subordinación.
Asumir que el enemigo es Rusia y China y
marchar al ritmo de la comparsa de Trump.
Por eso "llegará a un
acuerdo" que (en definitiva) no lo es:
aumentará el gasto militar,
contendrá a Rusia en la frontera oriental, y liberará a Washington
para que reasigne fuerzas militares y recursos económicos hacia
otras regiones del planeta (América y Asia-Pacífico).
Como sentenció el primer ministro belga Bart De Wever,
"la Unión
Europea se enfrenta a la disyuntiva de ser un vasallo infeliz o un
esclavo miserable".
Bien podría terminar siendo ambas cosas.
No obstante las agachadas, dado que las presiones de Trump sobre
Dinamarca - miembro tanto de la Unión Europea como de la OTAN - son
persistentes y explícitas, la propia cohesión de la Alianza
Atlántica (y de la UE) queda en entredicho.
¿Qué ocurre cuando el
"enemigo" al que se supone que hay que "contener" no se encuentra
fuera, sino dentro del bloque?
¿A quién se recurre entonces: al
agresor o al agredido?
Rutte parece haber elegido la salida:
¡más
dependencia! ¡menos soberanía! ¡más resignación!
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"Comemos frijoles por nuestro amado líder", parece traslucir el
secretario general de la OTAN, Mark Rutte, al afirmar que gracias a
Donald Trump Europa hoy destina más recursos a la defensa - a costa
de mayor endeudamiento y del recorte de programas de desarrollo para
su población - ante la supuesta certeza de que en 2029, 2030 o 2031
"Rusia los invadirá". |
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El pusilánime canciller alemán, Friedrich Merz,
pasó de enviar poquísimos soldados a Groenlandia por la "idea
inadmisible" de una anexión... a agradecerle, con desfachatada
reverencia, a Donald Trump su "preocupación" por la defensa del
Ártico ¡contra los rusos!
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Como sostiene
Emmanuel Todd:
"sin consciencia nacional no hay
Estado-nación.
En el caso de la Unión Europea, ir más allá de la
nación es bastante fácil de aceptar porque está en el corazón mismo
del proyecto.
Lo curioso es la pretensión de las élites europeas de
permitir que la superación de la nación coexista con su
persistencia".
Se es una cosa o se es la otra:
a estas alturas, este tipo de hitos
históricos plantea el dilema de persistir como un supra-Estado
integrado al "centro" del poder global (como de hecho lo es) o
disolverse y regresar al modelo de Estados-nación soberanos y
separados.
No se puede ya simular estar en ambos conjuntos.
Groenlandia como proyección
marítima
Si bien la aproximación de Trump a Groenlandia presenta también un
marcado sesgo extractivista, el interés estadounidense no se explica
exclusivamente por la explotación de recursos naturales.
De hecho,
el valor central del Ártico no reside tanto en los recursos que
alberga como en su relevancia geoestratégica.
Observado desde el
Polo Norte, el planeta revela una cartografía distinta del poder
global, en la que el control de los espacios árticos adquiere un
significado decisivo para la proyección militar, logística y
política a escala mundial.

La perspectiva cenital desde el Polo Norte
permite advertir que
Alaska, Canadá y Groenlandia
conforman una suerte de "costa
occidental" del Ártico,
en contraste directo con la "costa oriental"
rusa.
Lo mismo que los estrechos marítimos, como Panamá, Suez o Malaca, el
Ártico es una ruta marítima cada vez más importante, sobre todo si
tenemos en cuenta la presencia de Groenlandia, la isla más grande
del mundo, y su posición central en ese escenario.
Al derretirse
progresivamente el hielo ártico, nuevas rutas están tomando
creciente relevancia pero ninguna como las rutas árticas, que
conectan rápidamente el Atlántico y el Pacífico.
Es admisible notar que Groenlandia es geográficamente mucho más
cercana a Estados Unidos que a Dinamarca, lo que la convierte en una
zona de seguridad directa para Washington.
Pero de hecho, desde
1951, Estados Unidos tiene la responsabilidad exclusiva de la
defensa groenlandesa.
Ese año, en pleno contexto de Guerra Fría,
Estados Unidos y Dinamarca firmaron el Acuerdo de Defensa de
Groenlandia (Defense of Greenland Agreement), por el cual el reino
europeo le daba a Washington la asunción de la defensa militar,
permitiéndole instalar, mantener y operar bases militares.
A partir de ese acuerdo, Estados Unidos consolidó la Base Aérea de
Thule (hoy
base espacial Pituffik).
¿Entonces por qué insiste Trump
tanto en la seguridad nacional si ya tiene vigente con Dinamarca un
acuerdo que le cede absolutamente la defensa de la isla?
Bueno, aquí las especulaciones:
En primer lugar, Groenlandia posee una posición geoestratégica única
que la convierte en un puente natural entre Norteamérica, Europa y
Eurasia.
En ese sentido, su incorporación como territorio propio
supondría para Estados Unidos una extensión de su espacio aéreo y
marítimo sobre el casquete polar.
Hoy por hoy existen dos vías navegables intermitentes para el
comercio a través del Ártico:
-
la Ruta del Noreste (Northeast Passage
/ Northern Sea Route), clave para Moscú, que bordea la costa ártica
de Rusia y conecta Europa con Asia
-
la Ruta del Noroeste (Northwest
Passage), que entre las islas del archipiélago ártico de Canadá,
uniendo el Atlántico y el Pacífico por el norte de América.
En este
último caso, Canadá sostiene que se trata de "aguas interiores" bajo
su soberanía, mientras que Estados Unidos las considera un estrecho
internacional.

Existe una tercera Ruta que es la
Ruta Transpolar, de dificilísima
navegación por la concentración de hielos espesos.
En términos generales, las rutas árticas
representan una verdadera "bendición" para el comercio marítimo:
acortan distancias y tiempos de tránsito entre Asia, Europa y
América del Norte, eluden los cuellos de botella tradicionales -
Suez, Malaca y Panamá - y, a largo plazo, abaratan de forma
estructural los costos logísticos.
Pero la Ruta del Noreste es la
verdaderamente activa.
El problema que se suscita es que la Ruta del Noreste está
totalmente dominada por Rusia, quien, aparte, cuenta con una flota
adecuada de rompehielos, varios nucleares.
Esto permite utilizar la
ruta incluso en invierno.
En la 25ª Cumbre de la OCS celebrada en Tianjin (China) del 31 de
agosto al 1 de septiembre, así como en el Foro Económico Oriental de
Vladivostok, del 3 al 6 de septiembre de 2025, Putin y Xi Jinping
pusieron el acento en la exploración y explotación conjunta de la
región ártica, junto con el desarrollo de infraestructura
estratégica destinada a aprovechar los mares circundantes como
corredores clave para el comercio mundial (Una
"Nueva Era" viene pariendo un corazón).

|
El Corredor Transártico (también llamado indistintamente Ruta del
Norte o Ruta del Noreste) se extiende desde San Petersburgo, pasando
por Múrmansk, Arjanguelsk y la Ruta Marítima hasta Vladivostok. Se
trata de un sistema integral que permitirá combinar el transporte
acuático, ferroviario y automovilístico con el objeto de tejer una
red logística compleja. Esta red se desarrollará aprovechando las
cuencas de los grandes ríos de Siberia (el Obi, el Yeniséi y el
Lena) y se apoyará en la creciente infraestructura portuaria de la
zona ártica. |
Como se aprecia en el mapa de arriba, la Ruta del Noreste
bordea la
costa norte de Rusia a lo largo de 5.600 kilómetros, desde el
estrecho de Kara hasta la bahía de Providéniya, Chukotka, en el
extremo noroeste del Océano Pacífico.
En la última década el volumen
de mercancías se multiplicó por diez, alcanzando los 38 millones de
toneladas. Para 2030 esa cifra podría llegar a 103 millones de
toneladas.
Considérese además que el Ártico tiene tres grandes cuencas
petrolíferas: la costa del mar de Beaufort (norte de Alaska y el
delta del Mackenzie en Canadá), el Ártico canadiense nororiental (Nunavut)
y el noroeste de Rusia (mar de Kara).
Se estima que habría unos
90.000 millones de barriles de petróleo no descubiertos, 1.670
billones de pies cúbicos de gas natural técnicamente recuperable y
44.000 millones de barriles de gas natural líquido técnicamente
recuperable en 25 zonas geológicas definidas.
Esto significa que el
Ártico contiene aproximadamente el 13% del petróleo, el 30% del gas
natural y el 20% del gas natural líquido no descubierto en el mundo.
Y aquí viene la cosa…
Rusia y Estados Unidos (por Alaska) son "naciones árticas" (Noruega,
Canadá y Dinamarca, por Groenlandia, también).
China se declaró "estado casi
ártico" en 2018 (Near-Arctic State) en el marco de la "Ruta Polar de
la Seda".
Rusia tiene una evidente ventaja por gozar de una costa
enorme, por su flota apta, abundante y moderna, y sus constantes
exploraciones.
Pero lo cierto es que queda mucho por dilucidar en el
Ártico sobre "cuestiones limítrofes", lo que abre el apetito de las
grandes potencias.
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM,
de 1982) es el único marco jurídico válido para resolver
conflictos... pero no todos los países árticos la han ratificado.
En
virtud de dicha Convención los cinco estados costeros del Ártico
ejercen su soberanía sobre su Zona Económica Exclusiva (ZEE) dentro
de una franja costera de 200 millas náuticas (370 kilómetros) y más
allá, si pueden demostrar que el lecho marino reclamado constituye
una extensión de su plataforma continental.
Estados Unidos, como
superpotencia, está en clara desventaja para reclamar.

Las extensiones
según costas hacia el Polo Norte.
Es por ello que necesita penetrar en Groenlandia para ampliar su
"costa" efectiva y, con ella, proyectar soberanía marítima sobre
mares y zonas adyacentes, así como extender su influencia más allá
de ellos.
Se rumorea que, en el marco de los contactos que rodearon la llamada
cumbre de Anchorage, Putin habría
ofrecido a Trump una colaboración amistosa en el Ártico como vía
para "iniciar el deshielo de las relaciones" bilaterales.
Rusia
habría tentado a Trump con la magnitud de los recursos árticos y la
posibilidad de explotarlos mediante joint ventures
ruso-estadounidenses, combinando capital y tecnología occidental con
reservas rusas.
Naturalmente, un esquema de este tipo requería condiciones previas:
-
el levantamiento de las sanciones occidentales
-
una salida "en
buenos términos" del conflicto en Ucrania
-
la recuperación de los
cerca de 300.000 millones de dólares de activos rusos inmovilizados
en bancos europeos, fondos que podrían destinarse directamente a
esas inversiones
La avanzada tecnología occidental en materia de
extracción permitiría, en ese contexto, un boom productivo de gran
escala.
Trump, consciente del endeudamiento público abismal de Estados
Unidos y de las desventajas industriales y comerciales frente a
China, estaría desesperado por asegurar el dominio del mercado
energético.
En esa lógica, la necesidad de replegarse en el llamado
"Hemisferio Occidental" - esto es, el conjunto del continente
americano - le permitiría construir un reservorio exclusivo de
recursos, también en el Ártico.
El problema estratégico, entonces, pasa por cerrar el continente
americano "hacia el norte" - Canadá y Groenlandia - para incorporar
plenamente el Ártico al mercado mundial bajo control estadounidense.
Desde esta perspectiva, Rusia y Estados Unidos tendrían intereses
convergentes, no divergentes, en el Ártico.
Moscú necesita
tecnología, capital y el levantamiento de sanciones para dinamizar
su sector hidrocarburífero, así como reducir el riesgo de fricciones
con la OTAN en la "fachada europea" del Ártico - con Noruega como
actor clave - a lo largo de la Ruta del Mar del Norte.
Pero el problema no solamente son los canadienses y los europeos,
sino los chinos:
Rusia querría incorporar a China en la ecuación;
las tres potencias compartiendo el Ártico (dejando afuera a los
europeos).
Estados Unidos no está a gusto con la inserción china por
su competencia sistémica.
El desarrollo de la Ruta Polar china no solamente es una vía
comercial para sus exportaciones sino también un canal seguro
energético:
Beijing procurará abastecerse de hidrocarburos
procedentes del Ártico ruso, dado que casi el 80% de sus
importaciones de petróleo provienen atraviesan el Estrecho de
Malaca, fácilmente bloqueable por las potencias occidentales (AUKUS
mediante).
No obstante, una vulnerabilidad similar existe en el
estrecho de Bering, lo que explica el interés adicional de China en
una cooperación ruso-estadounidense que garantice la estabilidad del
corredor entre el Pacífico y el Ártico.
Esta disposición rusa explicaría por qué Putin elige no confrontar
abiertamente las ambiciones estadounidenses en Groenlandia y, por el
contrario, señala el destrato danés.
El presidente ruso Putin
habla abiertamente de precios de compra
y
señala el destrato histórico del Reino de Dinamarca
a la población
groenlandesa.
Resumiendo:
la crisis entre Estados Unidos y Dinamarca - y, por
extensión, con Europa - obedece tanto a los recursos hidrocarburíferos y mineros como a las rutas comerciales abiertas
por el deshielo, una de las cuales ya se encuentra plenamente activa
y bajo control ruso, conectando el Pacífico con el Atlántico.
A ello
se suma, por supuesto, la cuestión de la defensa misilística.
La
cuestión es multidimensional para Estados Unidos:
seguridad contra
Rusia, recursos a costa de Europa, territorio para impedir el acceso
de China.
Groenlandia tiene la desgracia de ser un portaaviones inhundible,
situado en una posición geográfica central, condenada a adquirir un
valor estratégico desmesurado en el nuevo tablero ártico.
No
obstante, bastaría con que Washington incremente las condiciones ya
vigentes desde 1951 para ampliar su presencia militar en la zona sin
necesidad de considerar cuestiones de soberanía.
Pero no es el
caso... Trump necesita de las costas groenlandesas para proyectarse
al mar con legitimación propia, no como aliado OTAN.
Por elevación, Trump podría estar apostando a un objetivo
encubierto:
destronar a Europa definitivamente, dinamitarla y
fraccionarla para trabajar con sus restos: los
Estados-nación...
Esto
no es un objetivo subrepticio, sino declarado, como lo atestigua la NSS 2025.
Consideremos algunas "relaciones extrañas" y reacomodadas de las
últimas semanas.
En primer lugar, aunque con menos aspavientos que
la llamada Coalición de los Dispuestos conformada por Reino Unido,
Alemania y Francia, Dinamarca es parte activa del comando europeo
antirruso en Ucrania.
Pero, además, más allá de que sus Fuerzas Armadas están
prácticamente equipadas en su totalidad con material estadounidense
y de que su aparato de inteligencia se encuentra estrechamente
supeditado a la CIA - basta recordar el episodio del espionaje
telefónico a Angela Merkel - Copenhague integra hoy, junto con
Islandia, Noruega, Suecia, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y
los Países Bajos, la llamada Fuerza Expedicionaria Conjunta (Joint
Expeditionary Force,
JEF).
Esta estructura, bajo mando británico, busca incorporar a Ucrania
sin que esta sea formalmente miembro de la OTAN, configurando de
hecho una suerte de mini-OTAN de impronta británica.
Ya he abordado
este fenómeno en "La
rendición que Europa se niega a aceptar", un título que,
por lo visto, vuelve a resultar tristemente oportuno.

¿Pero miren quiénes se quieren proyectar
hacia el Atlántico Norte y
más allá?
¡Los ingleses!
¿Será entonces que Trump está entrando en abierta confrontación, no
tanto con Rusia, sino con Londres y Beijing?
Llama la atención estas
increíbles sintonías...

|
El primer ministro de Canadá, Mark Carney,
reunido con el presidente chino, Xi Jinping, este 16 de enero de
2026. Ambos países venían de un historial reciente de
confrontaciones extremadamente serias (caso Meng Wangzhou, por
ejemplo). Sin embargo, ellos también empezaron un deshielo. Debemos
recordar que el jefe de Estado canadiense es... ¡el rey Charles III
de Inglaterra! |

|
Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido, y
Xi Jinping, presidente de China, se reunieron en Beijing el 29 de
enero de 2026 durante la visita oficial del británico a China para
intentar relanzar y profundizar las relaciones bilaterales,
especialmente en lo económico y estratégico. |
Se sabe que Londres opera con frecuencia "en las sombras".
Por un
lado, ejerce una influencia significativa en la arquitectura de
inteligencia occidental en Europa, en estrecha articulación con la
CIA a través de sus vínculos históricos con el MI6
En ese marco, no
han faltado especulaciones acerca de si ambos servicios actuaron
como planificadores conjuntos en el frustrado atentado contra Putin
en Nóvgorod.
Moscú ha presentado a Trump pruebas concretas del involucramiento de
la Agencia estadounidense en esa maniobra.
Sin embargo, lo que rara
vez se menciona es la posibilidad - planteada en círculos analíticos
- de que el MI6 haya desempeñado un rol central en la planificación
estratégica, mientras que la ejecución habría recaído en otros
actores o estructuras intermediarias.
Además, la
City de Londres (o sea, la
Corona británica) está
apoyando a Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal (FED)
estadounidense, para que no ceda a Trump su autonomía.
Trump
necesita desesperadamente que
la FED baje la tasa de interés
bancaria, para reducir la deuda pública y fomentar el crédito -
además de devaluar el dólar y fomentar las exportaciones - pero Wall
Street y la City londinense se oponen, porque ellos viven de la
deuda pública norteamericana.
Aunque suene loco... ¡se podría decir
que Trump está luchando contra la élite financierista de Londres
agitando el asunto groenlandés!

|
Jerome Powell se niega a bajar las tasas de la
Reserva Federal porque sostiene que ello erosionaría la credibilidad
del dólar y reavivaría presiones inflacionarias. Históricamente, la
FED mantiene una autonomía del ejecutivo, pero es manejada por seis
grandes bancos privados: JPMorgan Chase, Bank of America, Citigroup,
Wells Fargo, Goldman Sachs y Morgan Stanley, es decir, por la élite
financierista global. |
Canadá y Reino Unido se acercan a
China
Tras visitar Beijing en un movimiento inesperado, el primer ministro
canadiense Mark Carney llegó al
Foro de Davos con un discurso
disruptivo, en el que llamó a "romper con el viejo orden mundial" e
instó a las potencias medias a coordinarse y actuar frente a la
política imperial de Trump.
Por supuesto, el conflicto canadiense-estadounidense viene
acelerándose con las declaraciones de Trump sobre la posibilidad de
convertir al país de la Commonwealth en el "Estado n 51" - lo cual
incluye sus ansias sobre la proyección polar - pero se agrava aún
más con la política arancelaria que Washington aplica de forma
recurrente contra su vecino del norte.
Desde julio de 2025, los
aranceles pasaron del 25% al 35%, y en octubre se añadió un 10%
adicional, profundizando una escalada comercial que erosiona
cualquier apariencia de relación privilegiada.
Canadá exporta el 70% de sus productos a Estados Unidos, dentro del
esquema T-MEC. Por ello, es extremadamente vulnerable a los
aranceles unilaterales.
Para reducir la dependencia económica y
política de Washington necesita acercarse a China, el único mercado
con escala suficiente para compensar.
Después de sacar rédito
Mark Carney descubrió que...
Carney, con la venia británica seguramente, se acercó a China para
lanzar una "nueva asociación estratégica", con un "acuerdo comercial
preliminar, pero histórico" para reducir aranceles en sectores
considerados sensibles.
El acuerdo incluye la importación de autos
eléctricos chinos y la exportación de productos agrícolas y
pesqueros.
Acto seguido:
Starmer visitó Beijing. Desde 2018 que un jefe de
gobierno británico no visitaba China.
Con él, fueron 50 líderes
empresariales británicos y su agenda incluye Shangai, la capital
financiera.
Por lo visto, antiguos aliados incondicionales de Estados Unidos
están buscando un acercamiento con su rival sistémico.
Para China,
estos acuerdos con (una parte de) la Anglosfera es una forma
inteligente de horadar el poder estadounidense y afincarse en el
orden globalista, que ya domina a sus anchas
Pero también podría
ser un recordatorio a Rusia de que su "amistad sin límites" tiene,
probablemente, límites contextuales.
Si Rusia pretende compartir el
Ártico con los estadounidenses sin China, entonces China hará las
paces con la Corona Británica e ingresará por esa puerta.
Notas
-
La Doctrina Monroe (1823) advertía a las
potencias europeas que no intentaran recolonizar tierras en
el Hemisferio Occidental y permitiesen las independencias
latinoamericanas. A cambio, prometía que Estados Unidos no
intervendría en los asuntos internos de las naciones
europeas ni en sus colonias existentes. El Corolario
Roosevelt (1904), añadió una "extensión", que implicaba que
si una país latinoamericano tenía conflictos internos o
deudas que pudieran dar lugar a una intervención europea,
Estados Unidos debería intervenir primero para "normalizar
la situación". Este corolario fue incorporado tras la crisis
de Venezuela (1902-1903), donde potencias europeas
bloquearon puertos para exigir cobranzas. El mensaje era
"Nosotros nos encargamos de los problemas aquí". Estas
políticas explican muchas de las tensiones históricas entre
Estados Unidos y América Latina, ya que sentaron las bases
para intervenciones militares y económicas.
-
El Consenso de Washington fue un conjunto
de recomendaciones de política económica orientadas
principalmente a los países de América Latina, que promovían
reformas estructurales de corte neoliberal con el objetivo
declarado de estabilizar las economías, promover el
crecimiento y facilitar su inserción en los mercados
internacionales... aunque provocaron el efecto contrario (desindustrialización,
desempleo, informalidad, pobreza, endeudamiento crónico y
dependencia exterior). El término fue acuñado en 1989 por el
economista John Williamson, para sintetizar el núcleo de
políticas que gozaban de amplio consenso entre el
Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el FMI, el Banco
Mundial y los principales think tanks económicos con sede en
Washington. En conjunto, estas medidas apuntaban a reducir
el rol del Estado.
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