por Emilio José Triviño Triviño
16 Julio 2026
del Sitio Web BrownstoneEsp

 

 

Emilio José Triviño Triviño

es abogado y ha colaborado como articulista en distintos medios digitales entre ellos en el blog Acción Democrática Abstencionaria, firmando sus artículos con el pseudónimo de Cincinnatus.

En el año 2020 creó un canal en Youtube junto a Alberto Iturralde y Alejandro Villalba con el nombre Camino a la libertad. El tema central de sus artículos y sus programas es la libertad política.









Las instituciones que deben cuidar

de los intereses de una nación,

están sufragadas con el dinero

que endeuda a los estados.

 

Constituciones como la española

están al servicio de la oligarquía...




En 1935 el General Butler, el militar más condecorado en la historia de los Estados Unidos, escribió un libro titulado La Guerra es una Estafa, en el que denuncia el uso de las fuerzas armadas estadounidenses para los exclusivos intereses de una élite económica.

 

Sus primeras líneas dicen así:

"La guerra es una estafa. Siempre lo ha sido.

 

Posiblemente es el tipo de estafa más antiguo, sobradamente el más lucrativo, seguramente el más perverso. Es el único de alcance internacional. Es el único en el que las utilidades se calculan en dólares y las pérdidas en vidas humanas.

 

Creo que la mejor descripción de una estafa es algo que no es lo que parece ser para la mayoría de la gente.

 

Solamente un pequeño grupo "enterado" sabe de qué se trata. Se realiza para beneficio de los muy pocos a expensas de los muchos. Gracias a la guerra un pequeño número de personas amasa fortunas enormes.

 

En la Primera Guerra Mundial un puñado de individuos recogió las utilidades del conflicto. Durante la [Primera] Guerra Mundial, surgieron en los Estados Unidos por lo menos veintiún mil nuevos millonarios y multimillonarios.

 

Ése fue el número que admitió sus enormes y sangrientas ganancias en sus declaraciones juradas del Impuesto a la Renta.

Nadie sabe cuántos otros millonarios, surgidos de la guerra, falsificaron sus declaraciones juradas de impuestos.

¿Cuántos de estos millonarios de la guerra portaron un fusil sobre sus hombros?

 

¿Cuántos de ellos cavaron una trinchera?

 

¿Cuántos de ellos supieron lo que significó padecer hambre en un refugio subterráneo infestado de ratas?

 

¿Cuántos de ellos pasaron noches de miedo y desvelo, evadiendo los bombardeos, las esquirlas y las balas de las ametralladoras?

 

¿Cuántos de ellos rechazaron una carga a la bayoneta del enemigo?

 

¿Cuántos de ellos resultaron heridos o perecieron en el campo de batalla?

Como producto de la guerra, las naciones victoriosas conquistan territorio adicional. Simplemente se apoderan de él.

 

El territorio recién capturado es explotado prontamente por unos pocos, los mismísimos pocos que destilaron dólares a partir de la sangre vertida en la guerra.

El pueblo paga la cuenta.

 

¿Y cuál es esta cuenta?

 

La cuenta traduce una contabilidad terrible...

Lápidas recién colocadas.

 

Cuerpos despedazados.

 

Mentes destrozadas.

 

Corazones y hogares rotos.

 

Inestabilidad económica.

 

Depresión y todas las amarguras relacionadas.

 

Impuestos agobiantes por generaciones y generaciones. (…)".

Parece mentira que sigamos cayendo en la misma trampa, en la misma estafa criminal.

 

Dónde están esos politólogos, polemólogos, diplomáticos, en fin, esas personas con alguna notoriedad institucional que sean capaces de decir una verdad mínimamente parecida a la que en tan pocas palabras expresó el general Butler.

 

Nada, las instituciones que deben cuidar de los intereses de una nación, están alienadas y sufragadas con el dinero que endeuda a los estados.

 

Hay un férreo control de la información de modo que solo unas pocas voces individuales y heroicas puedan tener algún eco mediático, como es el caso del profesor Jeffrey Sachs, quien el pasado 26 de mayo publicó una carta abierta en el periódico Berliner Zeitung dirigida al Canciller Friedrich Merz en la que le hacía ver lo siguiente:

"La forma de 'defender' Ucrania no es continuar con la matanza, sino la paz en términos aceptables para todas las partes.

 

En cambio, nos enfrentamos a una escalada, con más muertes, más destrucción y la perspectiva real de una guerra que se extienda más allá de Ucrania.


Al reclamar cada vez más armas, una capacidad bélica cada vez mayor y demostraciones cada vez más sonoras de "determinación", y al dar a entender que Alemania se está preparando para la guerra en lugar de trabajar para ponerle fin, ha permitido que Berlín se convierta en un acelerador, en lugar de un freno, de una guerra a escala europea."

¿Cómo hemos llegado a este punto?

 

¿Qué estamos defendiendo frente a la mayor potencia en armamento nuclear para que nuestros dirigentes políticos arriesguen llevarnos a una guerra?

 

La política se ha convertido en algo siniestramente esotérico, cuyos personajes van mudando, permaneciendo no obstante la estructura, los sistemas de gobierno.

Ya en 1986 el entonces Cardenal Ratzinger, en su Instrucción Libertatis Conscientia hace esta llamativa afirmación en el párrafo 75, cuyo enunciado es "Primacía de las personas sobre las estructuras":

"La primacía dada a las estructuras y la organización técnica sobre la persona y sobre la exigencia de su dignidad, es la expresión de una antropología materialista que resulta contraria a la edificación de un orden social justo.

No obstante, la prioridad reconocida a la libertad y a la conversión del corazón en modo alguno elimina la necesidad de un cambio de las estructuras injustas.

 

Es, por tanto, plenamente legítimo que quienes sufren la opresión por parte de los detentores de la riqueza o del poder político actúen, con medios moralmente lícitos, para conseguir estructuras e instituciones en las que sean verdaderamente respetados sus derechos"

Al año siguiente, 1987, Juan Pablo II habla en su encíclica Sollicitudo Rei Socialis de,

las "estructuras de pecado" precisamente para referirse a la degeneración de las relaciones humanas, sometidas a sistemas económicos y políticos alienantes.

Y por último, el pasado 23 de junio, la revista Executive Intelligence Review informaba de la intervención del Papa León XIV en la sede romana del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, para tratar el problema del hambre en el mundo y su directa relación con los conflictos geopolíticos.

 

El artículo indicaba lo siguiente:

"El Papa planteó la cuestión estructural directamente:

las crisis, él hizo notar, han pasado de ser eventos aislados a realidades persistentes de inseguridad alimentaria crónica y conflicto social, y esto requiere formular una pregunta fundamental:

¿Qué configuración del orden global es capaz de producir, reproducir y, a veces, normalizar tales condiciones?

El problema no está ya limitado a cómo intervenir; por el contrario, éste se extiende a entender por qué el sistema crea constantemente problemas que después él está forzado a corregir."

La pregunta planteada por el Papa León XIV y respondida por Ratzinger de manera certera pero genérica en la citada Instrucción, apunta al verdadero problema, que me permito concretar a través del pensamiento político de Antonio García-Trevijano.

 

Ciertamente la realidad política es muy compleja, pero si queremos empezar a cambiar su funesto designio, debemos empezar por no engañarnos.

 

Debemos penetrar el tejido político como si fuéramos patólogos realizando una biopsia.

 

Y para ello conviene tener presente lo que ya en 1970 advirtió Hannah Arendt en su libro titulado 'Sobre la Violencia':

"Hoy día todas estas viejas máximas acerca de la relación entre la guerra y la política o sobre la violencia y el poder ya no pueden aplicarse.

 

No fue la paz lo que siguió a la Segunda Guerra Mundial sino una guerra fría y la instauración de un complejo laboral, industrial y militar.

 

Decir que,

"la prioridad del potencial bélico es la fuerza estructural más importante en la sociedad", mantener que "los sistemas económicos, las filosofías políticas y los corpora iuris sirven al sistema bélico y lo desarrollan, y no al contrario", concluir que "la guerra es el sistema social básico, dentro del cual otras formas secundarias de organización social se enfrentan o se alían",

...suena mucho más creíble que las fórmulas decimonónicas de Engels o de Clausewitz."

De esta forma Arendt da la vuelta a la narrativa oficial, esto es,

denuncia que los sistemas políticos están al servicio del negocio bélico y su desarrollo...

El ser humano, como miembro de una sociedad, no tiene valor ninguno:

las decisiones son adoptadas siguiendo objetivos políticos y económicos que benefician a una minoría que no asume los costes de las guerras y que además también salen indemnes de las crisis económicas, del desempleo, de la precariedad laboral, de la presión fiscal, de la inseguridad jurídica.

Es más, las instituciones políticas protegen esos intereses, y todavía, a estas estructuras las llaman democráticas, ¿cómo es posible?

Parte de la respuesta la encontramos en el proceso denominado captura epistémica.

 

En un reciente artículo el doctor Robert Malone viene a describir este proceso como,

la apropiación de cada creador de conocimiento y de sus comunicadores por parte de una industria o grupo con intereses comunes para formar un marco de pensamiento en la sociedad que la incapacita para detectar los problemas reales y, a partir de ellos, buscar una solución a los mismos, ya que el conocimiento adquirido a través de este marco epistémico sirve únicamente a los captores que han conseguido condicionar las formas de entender e interpretar el mundo.

El doctor Malone en su artículo se refiere a este proceso en el contexto de la medicina y la ciencia, y yo aquí lo empleo para referirme al poder político...

Mi tesis es que hay todo un proceso de captura epistémica para lograr que la sociedad obedezca a unas instituciones políticas dirigidas por una oligarquía, y para ello es necesario que el sistema de gobierno oligárquico sea reconocido como un sistema de gobierno legítimo; necesitan convencer al ciudadano de que vive, según la teoría política, en el mejor de los sistemas políticos conocidos, esto es, el democrático.

 

Una vez inculcado ese marco de pensamiento mediante la más tiránica hegemonía institucional, el verdadero poder político-económico solo tiene que cuidarse de no perder la aquiescencia social.

La razón por la que insisto en la diferencia existente entre un sistema oligárquico y un sistema democrático reside en la diferencia estructural; una diferencia que determinará el funcionamiento de las instituciones políticas.

 

García-Trevijano solía decir:

"dadme una constitución y os diré quién la ha escrito".

Como gran jurista, Trevijano sabía que lo relevante de una constitución no es su nombre, es el funcionamiento del sistema de poder en ella constituido; esto es, lo relevante es saber quién asume la dirección de las instituciones políticas, cómo llega a esa dirección, de qué modo ejerce el poder, si existe un contrapoder y si puede revocarse o no ese poder y por quién.

 

Ahí reside el verdadero principio del sistema político.

Por lo tanto, y respondiéndome a la pregunta planteada por el Papa León XIV, las estructuras de poder crean y cronifican las crisis porque el diseño estructural de estos sistemas de gobierno responden al principio funcional del interés oligárquico.

 

Y la única manera de comprender su poder destructivo, es atendiendo al modo en el que nacen estos sistemas políticos, es decir,

a las fuerzas creadoras de las respectivas constituciones.

Como afirma también Arendt en su libro titulado 'Sobre la revolución':

"Lo que salva al acto del origen de su propia arbitrariedad es que conlleva consigo su propio principio, o, para ser más precisos, que origen y principio, principium y principio, no solo son términos relacionados sino que son coetáneos. (…)

 

La forma en que el iniciador comienza cuanto intenta hacer, dicta la ley que regirá los actos de todos aquellos que se le unen para participar en la empresa y llevarla a término."

Es en el origen de los sistemas de gobierno donde se recoge el principio político y lo cierto es que tanto la Constitución española como otras muchas que nacieron tras la Segunda Guerra Mundial son constituciones putativas (toda constitución debe establecer la separación de poderes en origen), porque no nacen del acto político fundador legítimo por naturaleza, esto es, de la Libertad Política Colectiva.

 

Estas constituciones son fruto del pacto oligárquico institucionalizado en los partidos políticos y, como tales, obedecen al principio de poder oligárquico, ya que su iniciador es una oligarquía.

Establecida así la gravedad y profundidad del problema en el que estamos inmersos, la única solución pasa por el cambio de las estructuras de poder.

 

Necesitamos un sistema de gobierno con origen en la Libertad Política Colectiva, y,

  • solo así podrá nacer ese sistema que garantice las libertades políticas individuales

  • solo así podremos conjurar los conflictos bélicos alimentados impunemente por poderosas minorías,

...porque el pueblo que vive en libertad no necesita hacer la guerra.


Como dejó escrito Benedicto XVI:

"Es, por tanto, plenamente legítimo que quienes sufren la opresión por parte de los detentores de la riqueza o del poder político actúen, con medios moralmente lícitos, para conseguir estructuras e instituciones en las que sean verdaderamente respetados sus derechos."

Es nuestro deber, no nuestro derecho...