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por Christian Cirilli 17 Agosto 2026 del Sitio Web ChCirilli
tan rápidamente, Parte de la Religión, Charly García
El Pacto de La Meca procura posicionar a un terceto de potencias regionales sunitas, todas ellas estrechamente vinculadas con Estados Unidos, para proyectar poder, en principio, frente a la potencia emergente iraní.
Lejos de doblegar a Teherán, la ofensiva militar,
económica y diplomática no consiguió alcanzar sus objetivos
estratégicos fundamentales - el cambio de comportamiento del
régimen, el desmantelamiento de sus capacidades disuasivas y el
aislamiento regional de la República Islámica - y terminó
favoreciendo un reordenamiento del equilibrio de poder en Oriente
Medio que, paradójicamente, reforzó la posición geopolítica iraní.
Los constantes esfuerzos de Washington por escalar y desescalar, sus sucesivos virajes y sus reiterados golpes de bruces solo revelan una cosa:
Este reacomodamiento deja a Israel - tanto mentor como protegido de Washington - con escasas expectativas de imponer sus condiciones.
Siempre he hecho alusión a que la Pax Hebraica era y sigue siendo una de las grandes fuerzas impulsoras de este caos geopolítico.
Los multimillonarios judeo-sionistas, como la influyente Miriam Adelson o la tenebrosa cofradía jasídica Jabad-Lubavitch o el lobby de AIPAC, que dominan ideológicamente el Congreso estadounidense, la Mainstream Media, Sillicon Valley y el Beltway, no dejarán de insistir en la destrucción absoluta de Irán y en el dominio de las riquezas de Medio Oriente.
Cueste lo que cueste.
El problema es que Washington tendría que atreverse a dar ese paso.
El sector más belicista del establishment israelo-estadounidense no deja de incentivar esa opción:
Es la conclusión primaria.
Podría hacerlo a partir de un "hecho conmocionante" de falsa bandera.
Pero, de todos modos,
Los tiempos han cambiado sustancialmente, pero la fórmula de reunir a hermanos enfrentados bajo un mismo paraguas ya había demostrado su eficacia durante la operación "Desert Storm" contra Irak.
En aquella
oportunidad, varios Estados musulmanes - entre ellos Siria, Egipto,
Arabia Saudita y Turquía - terminaron alineándose con la coalición
liderada por Estados Unidos, mientras Washington hacía lo necesario
para mantener a Israel fuera del conflicto y evitar que una
intervención israelí fracturara la participación árabe.
Así, surge otra hipótesis:
En este sentido, podría advertirse una delicada maniobra de la Casa Blanca, orientada a controlar "a través de terceros" aquello que Washington, condicionado por sus relaciones peligrosas con Israel, no parece capaz de contener directamente:
Recuérdese que Turquía, desde la Cumbre de la OTAN de Ankara, ha sido consagrada como un actor euroasiático de enorme significancia, dada su capacidad de operar simultáneamente en el Mar Negro y en Medio Oriente.
Washington abrió además un amplio campo de oportunidades para que sus 3.000 empresas de defensa abastezcan a los miembros de la Alianza y, ahora también, a saudíes y pakistaníes, al tiempo que allanó el camino para que Ankara vuelva a acceder a tecnología militar de alta sensibilidad, como los cazas F-35A.
Asimismo, la experiencia turca en la administración del libre tránsito por los estrechos de Bósforo y Dardanelos guarda una sugestiva correspondencia con la pretensión estadounidense de "liberar" Ormuz:
Por eso, la Cumbre de Ankara elevó el valor geopolítico de Turquía como potencia de equilibrio.
Eso encaja muy bien con la hipótesis de que Washington podría estar recurriendo a Turquía para gestionar indirectamente un escenario regional que se le ha vuelto mucho más difícil de controlar directamente.
A Israel no le hace gracia este
pivote.
En
ese tablero, su contribución a la caída de Bashar al-Assad y su
respaldo decisivo a Ahmed al-Charaa resultaron fundamentales para
ampliar su esfera de influencia y proyectar su poder hacia el
corazón de Medio Oriente. Esto contrasta con la aspiración del Eretz
Israel HaShlema que cierta élite rabínica guarnecida en el poder
impulsa como destino bíblico.
En octubre, Qatar hizo lo propio con Turquía. Ahora
todos confluyen. Y ninguno de los confluyentes firmó los
Acuerdos de
Abraham que legitiman la Pax Hebraica.
Turquía, por ejemplo, mientras condena retóricamente las matanzas de gazatíes, continúa siendo el corredor por el que el petróleo de Azerbaiyán - su "hermano" caucásico - llega a territorio israelí.
El crudo azerbaiyano transportado por el oleoducto
Bakú-Tiflis-Ceyhan arriba al puerto turco de Ceyhan y desde allí es
embarcado hacia Israel.
Por otra parte:
No debemos perder jamás de vista que la actual inestabilidad de Oriente Medio comenzó, precisamente, con un ataque militar conjunto israelo-estadounidense contra Irán.
Y aquí reside una de las claves del nuevo reordenamiento regional:
De todas maneras y más allá de lo comentado, Estados Unidos ha perdido asidero en la región. Esto es innegable.
El bamboleante movimiento de Washington, que alterna entre la flecha y el olivo de manera casi esquizofrénica, revela una creciente pérdida de rumbo y de falta de opciones.
Sinceramente, parece no saber ya qué hacer con
Irán. Incapaz de darle "jaque mate", Washington redujo sus objetivos
originales - cambio de régimen, neutralización del programa misilístico, desarticulación del Frente de la Resistencia,
prohibición del enriquecimiento de uranio - a preservar el libre
flujo del petróleo, garantizar la seguridad de Israel, proporcionar
seguridad a sus Estados clientes y bloquear cualquier país o
combinación de países que ose desafiar la primacía israelo-estadounidense
en la región (no encajaría aquí, al menos por ahora, el Pacto de La
Meca).
Esa imagen de entropía contrasta fuertemente con las exigencias incólumes realizadas el 10 de agosto por el (entonces) secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mohammad Bagher Zolghadr, quien puso seis condiciones sintéticas, que poco y nada difieren del Memorando de Entendimiento:
El mensaje es inequívoco:
El 9 de agosto, Zolghadr fue nombrado asesor político del Líder Supremo Mojtabá Jameneí.
En su puesto, ascendió Mohsen Rezai, ex comandante del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) durante el periodo 1981-1997.
En pocas palabras, el liderazgo iraní
se ha endurecido como nunca.
Los neutralizados estadounidenses, sin embargo, no parecen haber abandonado la idea de castigar a Irán:
Pero
hay algo más…
En verdad, así no se construye una política de Estado duradera; pero India acomoda sus apoyos de acuerdo al marco situacional de corto plazo.
Durante la primera semana de la
Guerra de Inflexión, depositó
sus expectativas en una fulminante victoria israelo-estadounidense.
La apuesta le salió mal y sus intentos de desmarcarse de la
situación fueron bastante fútiles (la admisión de Irán en el Nuevo
Banco de Desarrollo del BRICS pudo ser una compensación a esa gaffe).
Este
resquemor está siendo hábilmente explotado por
Trump.
Considérese que el presidente estadounidense insiste en que el Estrecho de Ormuz se convertirá en territorio de Estados Unidos.
Si bien Trump suele formular declaraciones grandilocuentes o difícilmente realizables, algunas de sus amenazas terminan traduciéndose en acciones concretas.
Esta podría ser una de ellas, dada la presión israelí en el intramundo americano. La única forma de lograrlo sería a través de una invasión terrestre convencional. Pero no sobre todo Irán, lo cual es virtualmente imposible. Sino sobre la franja costera.
Los iraníes saben que eso es probable.
Para lograrlo se necesita inhabilitar cualquier refuerzo desde el interior iraní. Por ello, el empleo de armas nucleares tácticas como recurso destinado a obtener una ventaja decisiva es cada vez más probable.
La presión del sionista Bolton va en ese sentido. Su empleo sería contra posiciones fortificadas y objetivos estratégicos situados en lo profundo del territorio iraní, tanto para lograr un estado de horrorosa conmoción como para impedir los movimientos defensivos en la costa.
Los israelíes se sumarían al fuego nuclear gustosamente.
En paralelo o poco después, debería realizarse un desembarco anfibio de proporciones considerables. Sin el bombardeo nuclear, las posibilidades de éxito de un Día-D en el Golfo son mínimas.
Hablé oportunamente de un
potencial Galípoli en Ormuz.
También lo asimilé a la costosísima conquista de
Iwo Jima (marzo de
1945) que ¡oh casualidad! dio paso al uso de bombas atómicas sobre
Hiroshima y Nagasaki.
Ahora bien:
Desde 2016, India tiene firmado con
Estados Unidos un Memorando de Acuerdo de Intercambio Logístico que
permite a ambas naciones utilizar las instalaciones militares
designadas de la otra para repostar, reparar y reabastecer
suministros en un caso recíproco.
Recordaremos que las relaciones entre Washington y New Delhi estuvieron en entredicho por la presión insoportable de Trump sobre la compra de crudo ruso. India se negó rotundamente a renunciar al beneficioso negocio de la refinación y a la reventa.
Trump decidió entonces castigarla con un arancel adicional del 25% sobre las importaciones indias, y posteriormente, esgrimir la amenaza de llevar la penalización hasta el 100%, a través de la sanción definitiva de la Ley Lindsey O. Graham de Sanción a Rusia e Irán de 2026, ya con media sanción en el Senado.
Sin embargo, para julio de
2026, el petróleo ruso representó el 50,8% de las importaciones
indias de crudo, unos 2,47 millones de barriles diarios, el máximo
registrado. India ha ignorado las amenazas arancelarias.
En el conflicto por Cachemira de mayo de 2025, Trump se atribuyó el mérito de haber mediado en un alto el fuego, una afirmación que India negó rotundamente. Muy probablemente haya sido estimulado desde Washington - como el golpe de Nepal y el de Bangladesh - para evitar la deriva definitiva india hacia BRICS.
Desde entonces, Trump ha intensificado los vínculos personales con
dirigentes pakistaníes, en especial, con el jefe del Ejército,
mariscal de campo
Asim Munir, quien se erigió en mediador no oficial
en las conversaciones de paz entre Washington y Teherán y es el
verdadero "hombre fuerte" de Pakistán.
Irán
tampoco es árabe, sino una potencia mayoritariamente persa y chiíta.
Arabia Saudita, en cambio, sí es un país árabe y de mayoría sunita,
con el wahabismo como corriente histórica dominante.
Al tener 900 kilómetros de frontera con Irán, ha mantenido durante años un buena relación vecinal.
Hete aquí la composición:
Un hecho particular es que Pakistán mantiene una afinidad estratégica tanto con Estados Unidos como con China, producto de una política exterior signada por la más absoluta practicidad.
El Ejército pakistaní y el ISI (Inter-Services Intelligence) desarrollaron durante décadas estrechos vínculos con las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia estadounidenses.
Esta relación alcanzó su máxima expresión durante la guerra soviético-afgana de los años ochenta, cuando la CIA y el ISI articularon el apoyo a los muyahidines afganos, con una importante financiación proveniente del reino saudí.
Un empresario millonario cercano al reino de nombre Osama bin Laden canalizó recursos propios y ajenos contribuyendo a organizar una red de voluntarios árabes que acudieron a combatir a las fuerzas soviéticas.
De aquel entramado de guerra, financiación, inteligencia y movilización islamista surgirían posteriormente Al-Qaeda y otras estructuras yihadistas.
Esas milicias pasaban por las redes de entrenamiento y apoyo
establecidas en Pakistán.
Considerando este antecedente pakistaní en relación con el yihadismo
internacional, y teniendo presente asimismo que Irán había sido
golpeado por grupos terroristas en enero de este mismo año - véanse
"Irán sobrevive a un ataque híbrido" y "De la presión máxima a la
guerra regional", formulados en el preludio de esta guerra - Teherán
debía permanecer especialmente alerta frente a la posibilidad de
nuevas operaciones encubiertas y de guerra híbrida.
Por supuesto, esta ligazón se inscribe en la rivalidad con India, pero no exclusivamente.
China ha optado por una cooperación militar inaudita y amplísima, como parte de sus esfuerzos de contrapeso. Le ha proporcionado algunos de sus sistemas de armas más avanzados:
La confianza
alcanzada entre ambos países ha llegado a tal punto que China ha
transferido a Pakistán la producción del caza Chengdu JF-17 Thunder,
desarrollado conjuntamente por ambos países, cuya fabricación se
realiza en las instalaciones del Pakistan Aeronautical Complex
(PAC).
La idea estratégica es extraordinariamente importante para Beijing:
En ese
entramado, el puerto de Gwadar, en Baluchistán, adquiere una enorme
importancia geopolítica por su proximidad al... Estrecho de Ormuz,
principal arteria de salida del petróleo y el gas del golfo Pérsico
y uno de los puntos de estrangulamiento marítimo más estratégicos
del planeta.
Esta circunstancia geopolítica hace que muchos analistas crean que existe un "visto bueno" de China a la creación del Pacto de La Meca, al que proyectan como una forma "suave" de eliminar la tóxica presencia de Estados Unidos en el Golfo Pérsico.
China se asegura su
representatividad a través de un esquema securitario local en donde
está incorporado uno de sus "hermanos de hierro"; así caracterizan
China y Pakistán su relación oficialmente.
China había asumido compromisos tecnológicos con el reino saudí en apoyo de su plan de conversión industrial Saudi Vision 2030... pero exigía a cambio, lógicamente, una buena vecindad con Irán porque "la sangre no es buena para los negocios". [3]
No fue casual que ni Israel ni Estados
Unidos recibieran con entusiasmo el acercamiento entre saudíes e
iraníes, alcanzado bajo la mediación de China.
Entre las hipótesis más
relevantes figura la utilización por parte iraní del sistema de
navegación satelital chino BeiDou - equivalente funcional al GPS
estadounidense - para mejorar la precisión de sus misiles.
Esta dimensión es
particularmente significativa porque transforma el apoyo chino de
una mera asistencia tecnológica en una forma de cooperación
indirecta sobre el campo de batalla. Sin embargo, la atribución
específica al satélite TEE-01B y su utilización por la Fuerza
Aeroespacial del CGRI debería presentarse como una hipótesis de
inteligencia, no como un hecho definitivamente establecido.
China continuó absorbiendo petróleo iraní y desarrolló rutas terrestres alternativas para mantener el intercambio bilateral pese a las restricciones marítimas.
Desde 2025 opera un corredor ferroviario de
aproximadamente 10.400 kilómetros entre Xi’an y Teherán, que
atraviesa Eurasia y permite reducir la dependencia de las rutas
marítimas tradicionales.
Un solo VLCC puede transportar unos 2,2 millones de barriles, mientras que un tren de gran longitud mueve apenas una fracción de ese volumen.
Por ello, más que una verdadera sustitución
del transporte marítimo, la ruta Xi’an-Teherán debe entenderse como
un instrumento complementario y como una señal política inequívoca
de que Beijing estaba dispuesto a mantener abiertos los canales
comerciales con Teherán.
Nótese que China podría constituirse en un factor equilibrante en Oriente Medio.
Mientras el eje israelo-estadounidense procura
imponer transformaciones geopolíticas - e incluso reconfiguraciones
territoriales -
bajo una lógica amigo-enemigo (o, parafraseando a
Netanyahu, bajo la dicotomía
Civilización-Barbarie o
Maldición-Bendición), China mantiene relaciones simultáneas con
actores enfrentados entre sí, lo que le permite preservar canales de
diálogo con las distintas fuerzas regionales y erigirse,
potencialmente, en un contrapeso capaz de moderar los desequilibrios
de poder en la región.
En este contexto actual, fue la cuña israelo-estadounidense
la que trajo inestabilidad y no un asunto intrínsecamente bilateral
entre saudíes e iraníes.
Por el contrario, desea contribuir a una arquitectura local de seguridad basada en el principio de seguridad indivisible.
En verdad, Beijing aboga porque los países de la región
resuelvan sus conflictos de manera madura y razonable sin depender
de potencias externas.
Su capacidad de influencia, por otra parte, descansa en una combinación de interdependencia económica, inversión e infraestructura.
La Iniciativa de la Franja y la Ruta, junto con sus inversiones en energía, ferrocarriles, puertos, infraestructura y comercio, le proporciona instrumentos para vincular a Estados que, aun cuando mantengan divergencias políticas, comparten intereses económicos.
En esta lógica, el comercio constituye un mecanismo de
integración; la guerra, por el contrario, una fuerza de dislocación.
Para Beijing, en definitiva, la interdependencia económica favorece
la cohesión regional, mientras que el conflicto armado la erosiona.
En este último frente, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció una nueva ofensiva de aislamiento económico contra Irán:
Lo que parece ignorar Bessent es que la economía iraní ya viene siendo sometida a la "máxima presión" desde larga data.
Y la autarquía persa hace que, más allá de los constreñimientos, produzca suficiente comida, energía y armas para sobrevivir a una larga campaña.
Tampoco Irán está aislado:
¡Irán no es
el Irak de los años noventa...!
Todas las opciones están sobre la mesa.
Increíblemente, el régimen hostil de Emiratos Árabes Unidos parece
advertirlo y está en negociaciones subrepticias con Teherán, pagando
onerosas sumas de dinero para "pasar algunos barcos por Ormuz" (que
pueden ser vistas fácilmente como "reparaciones de guerra")...
Referencias
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