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por Blas Moreno del Sitio Web ElOrdenMundial
2026 será un año incierto y crítico marcado por los conflictos y el deterioro del sistema internacional...
Donald Trump va a controlar Venezuela, pero también,
Y el año solo acaba de empezar.
El viejo eslogan de Facebook parece escrito para Trump.
Su vuelta a la Casa Blanca ha sido más disruptiva de lo que esperábamos hace un año.
Durante 2025,
...y avanzado hacia el autoritarismo en Estados Unidos.
Europa está en pánico,
China y
Rusia ganan
influencia.
Será aún más agresivo en todos los frentes, con consecuencias difíciles de anticipar.
Vivimos la volatilidad de los
cambios de era. Nunca, desde que en 2019 empezamos a
publicar artículos sobre lo que le espera al mundo en el año
entrante, habían sido tan inciertos estos análisis.
El país que creó el orden internacional de posguerra lo está destruyendo.
Las dos grandes preguntas para 2026 son,
La primera definirá todo el año. La segunda empezará a resolverse en noviembre, con las elecciones de medio mandato.
Lo más probable es que traigan una victoria demócrata que limitará el poder del presidente, pero también podrían consolidar su plan de,
El primer escenario a vigilar es, por supuesto, Venezuela.
Secuestrar a Maduro era la parte fácil. Ahora empieza el reto: La nueva presidenta, Delcy Rodríguez, se muestra colaborativa y por ahora no hay señales de conflicto entre los viejos aliados de Maduro.
Pero no hay que descartar tensiones internas, en particular con Diosdado Cabello, líder del aparato político del chavismo.
También podrían darse protestas populares que
pongan a Washington en una difícil tesitura de permitir la represión
para mantener la estabilidad.
Menos probable son unas elecciones en Venezuela o la llegada al poder de la oposición venezolana, descartada por el propio Trump.
Estados Unidos tampoco sacará gran provecho económico de su control sobre el petróleo venezolano. Reactivar la obsoleta industria petrolera venezolana exigiría una gran inversión en tiempo y dinero en un país muy inestable.
Con el barril por debajo de sesenta dólares, las
petroleras estadounidenses están
más interesadas en reducir la
producción para elevar los precios que invertir en el poco rentable
crudo venezolano.
La principal podría ser un cambio de régimen en Cuba, un objetivo que el influyente secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, no esconde.
Colombia y México también están en el punto de mira.
Trump amenazó al presidente colombiano, el izquierdista Gustavo Petro, con seguir el mismo destino que Maduro.
Pero no necesita una operación armada para expulsarle:
Con todo, no es descartable que Estados Unidos bombardee las infraestructuras del narco en el país.
México podría sufrir la misma suerte continúa en esta espiral militar.
No debería:
La demostración de fuerza de Trump en América se beneficia de la ola derechista que recorre la región.
Washington ya cuenta entre sus aliados a Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador, o los líderes de Bolivia y Ecuador, a los que se unen ahora los recién elegidos presidentes de Chile y Honduras.
El giro derechista se reforzará con Colombia y
Perú, que también escogerá presidente en abril.
Trump intentará influir para derrotar a Lula, uno de sus mayores críticos en la región.
Así lo califica ya el servicio de inteligencia danés.
La nueva estrategia de seguridad nacional de Washington, publicada en noviembre, pone negro sobre blanco la ruptura de la alianza atlántica:
El primer objetivo es Groenlandia...
Este ataque de Estados Unidos a otro socio de la OTAN supondría la muerte de la Alianza:
Será interesante ver cómo responde Europa ante una amenaza así.
Una defensa militar de Groenlandia parece impensable, pero son muchas las palancas diplomáticas y económicas que puede desplegar la UE.
Sea como sea, Europa prestará enorme atención a su seguridad este año.
Se hablará mucho sobre compromisos de defensa e industria militar europea. Varios países empezarán a reintroducir el servicio militar voluntario, como Francia o Alemania, o incluso obligatorio, como Croacia.
Las repúblicas bálticas y Polonia
alcanzarán o rozarán en 2026 el 5% del PIB en gasto en defensa.
Otros, como España o Italia, siguen muy
por debajo y serán presionados para aumentarlo.
Trump se mueve entre su prisa por lograr una paz y su deseo de desentenderse del conflicto. Seguirá presionando a Zelenski para que ceda territorios y celebre elecciones. A partir de principios de junio, la guerra de Ucrania habrá durado ya más que la Primera Guerra Mundial, y sin visos de resolución.
Rusia no tiene incentivos para parar:
Rusia, envalentonada contra Europa, escalará sus agresiones híbridas. Putin busca elevar el coste para los europeos de apoyar a Ucrania.
A lo largo de 2025 hemos visto sabotajes de cables submarinos y otras infraestructuras, interferencias en sistemas GPS, incursiones de drones, cazas y globos en el espacio aéreo europeo, o injerencia electoral en Rumanía o Moldavia.
Todo esto continuará en 2026, pero con una novedad:
El muro de drones de la UE debería empezar a estar operativo a finales de año.
Las tres mayores economías europeas:
Alemania celebra elecciones regionales en cuatro länder, y en todas la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) crece con fuerza en las encuestas.
Ganará al menos en los dos del este:
La votación pondrá a prueba la capacidad del
canciller, el conservador Friedrich Merz, de mantener su
coalición con los socialdemócratas mientras se resquebraja el cordón
sanitario a AfD.
Sería el quinto primer ministro en caer en dos años.
Para superar el bloqueo, quizá el presidente Macron convoque elecciones legislativas, que ganaría Agrupación Nacional, el partido de Marine Le Pen.
No es descartable, por tanto, que Francia acabe 2026 con un primer ministro de extrema derecha.
La situación en la calle podría calentarse si hay
protestas de agricultores ahora que se ha aprobado, tras veinticinco
años, el acuerdo de libre comercio entre la UE y Mercosur, rechazado
por Francia y tan criticado por el sector agrario francés.
Su mala imagen arrastrará a los laboristas a una dura derrota en Inglaterra y Escocia, donde los nacionalistas amenazan con buscar un nuevo referéndum de independencia si ganan.
La izquierda podría incluso perder Gales, donde ha gobernado desde 1999.
Tras este descalabro, los laboristas derrocarán a
Starmer y estallará una pugna interna por sucederle.
Se demostrará de nuevo que el mayor peligro para un primer ministro
británico no es la oposición sino
sus propios compañeros de partido.
Aquí, como en Alemania y el resto de Europa,
veremos injerencias desde Estados Unidos. Farage es amigo de Trump,
y Elon Musk ha criticado duramente a Starmer y apoya a la
ultraderecha británica, AfD y otras formaciones ultras del
continente. Además, este año hay elecciones generales en Suecia, en
septiembre, y Dinamarca, antes de noviembre. Conviene vigilar estas
últimas, que se celebrarán en el contexto de las tensiones por
Groenlandia; la izquierda podría perder el poder que ostenta desde
2019. De ser así, casi el único Gobierno socialdemócrata que
quedaría en la UE sería el de España, que tampoco tiene seguro
llegar a final de año.
Un cambio de Gobierno en Hungría permitiría a la Unión Europea tomar decisiones importantes sobre el apoyo a Ucrania, entre otros asuntos, que Orbán bloquea.
No obstante, en Hungría las elecciones ya no son justas. Orbán controla todas las palancas y además es aliado de Putin y Trump, que harán lo posible para ayudarle.
Su salida del poder es muy improbable...
El país ha inaugurado 2026 con protestas masivas, respondidas con una represión durísima que deja ya entre decenas y cientos de muertos. El régimen pasa por su momento más débil desde 1979 a causa de la hiperinflación y la derrota en la guerra contra Israel en 2025, que coronan décadas de desgaste.
El contexto internacional tampoco ayuda: Irán ha
perdido a su red de milicias y no tiene aliados frente a Estados
Unidos e Israel: han desaparecido, como Maduro o Bashar al Asad,
demasiado ocupados en otros frentes, como Rusia, o no se
involucrarían, como China o India.
Trump podría precipitar las cosas:
Si estalla una revolución, las consecuencias son difíciles de predecir.
Una transición a la democracia es muy improbable.
Una cosa es segura:
Acabar con la República Islámica siempre ha sido su obsesión y tiene incentivos para unirse al ataque. Israel debería celebrar elecciones de aquí a octubre y Bibi llega a ellas con varios problemas:
Su gran baza diplomática, la normalización de relaciones con Arabia Saudí, se aleja:
Pero sería un error dar por acabado a Netanyahu, todo un superviviente político.
Se anotará un gran tanto si cae el régimen iraní y contará con el apoyo de Trump en la campaña electoral. Y no es descartable que, para reforzarse, abra un nuevo conflicto contra Hamás en Gaza, o intervenga en Siria con el pretexto de defender a los drusos o en Líbano contra Hezbolá, que no ha llegado a desarmarse tras la guerra de 2024.
Incluso perdiendo las elecciones, Bibi podría
seguir en el cargo si la oposición no se pone de acuerdo en las
siempre complicadas negociaciones postelectorales israelíes.
Pronto debería entrar en vigor la segunda fase del plan de paz de Trump, la más complicada. Está destinada a fracasar: ni Hamás será desarmado por completo ni Israel se retirará, y seguirán los ataques. Pero sí es probable algún primer paso, si bien simbólico, en la reconstrucción o la constitución de la junta internacional de Gobierno, logros que Trump desea para mejorar su imagen internacional.
Quizá incluso veamos el despliegue de las primeras fuerzas de paz internacionales, que podrían incluir efectivos de países tan dispares como Indonesia, Canadá o Azerbaiyán.
El líder turco, Recep Tayyip Erdoğan, gana peso internacional:
Erdoğan aprovechará las cumbres de la OTAN, en julio, y la del clima, en noviembre, de las que será anfitrión, para ganar aún más influencia.
Se rumorea que planea convocar un referéndum
constitucional este año para convertir Turquía en una república
islámica, ampliar los poderes presidenciales, y suprimir el límite
de mandatos, con lo que podría eternizarse en el cargo. Pero en un
mundo donde avanzan los autoritarismos, Erdoğan no debe preocuparse
por las críticas.
El país está inmerso en la recuperación económica. Ha lanzado una nueva moneda y se han convocado dos grandes ferias de donantes internacionales en mayo y noviembre para atraer fondos para la reconstrucción. Pero sigue habiendo choques con las minorías kurda y drusa.
Por tanto, no es descartable una operación del Gobierno, apoyado desde el norte por Turquía, para acabar con las fuerzas kurdas, a las que Ankara considera una amenaza y a las que Israel, a su vez, podría apoyar.
El hecho de que Estados Unidos sea aliado de todos estos actores,
...no impide que estos puedan enfrentarse y es
una prueba de que la implicación de Trump en Oriente Próximo se está
reduciendo.
Sus intereses cada vez se alejan más.
Las dos potencias del Golfo están construyendo alianzas opuestas:
Allí se concentran varios conflictos internos, pero también disputas entre países vecinos, todo agravado por intereses de potencias externas.
La situación en Sudán, inmersa en una cruenta guerra civil desde 2023 que ya es la peor crisis humanitaria del momento, debería girar a favor de las Fuerzas Armadas gracias al apoyo de Arabia Saudí y Turquía.
Somalilandia, reforzada por el reconocimiento de su independencia por parte de Israel, buscará más apoyos para alejarse de Somalia.
Un conflicto en la zona podría afectar al tráfico marítimo en el mar Rojo, como ya ocurrió entre 2023 y 2025 con los ataques hutíes.
Pero, además, el primer ministro, Abiy Ahmed, podría llevar el conflicto fuera de sus fronteras.
Etiopía es un país sin acceso al mar, pero Ahmed se ha propuesto acabar con esa dependencia. Se especula con que pueda reconocer a Somalilandia o atacar Eritrea para conseguir control de un puerto en la región.
La Gran Presa del Renacimiento, que
embalsa el Nilo antes de salir de Etiopía, fue inaugurada en
septiembre y tensionará la relación con Sudán y Egipto.
El yihadismo seguirá avanzando en el Sahel ante la impotencia de las juntas militares que gobiernan Malí, Níger y Burkina Faso.
Habrá nuevos intentos de golpe de Estado en estos y otros países de la región. La guerra en el este de la República Democrática del Congo entre el Gobierno y los grupos rebeldes, apoyados por Ruanda, continuará.
La frase se atribuye a Napoleón, pero podría ser el lema de Xi Jinping.
El líder chino sigue trabajando discretamente para hacer de China la primera potencia mundial y Donald Trump, con el daño que está haciendo a Estados Unidos, es su mejor aliado.
Pekín aprovechará el caos que exporta la
Casa Blanca para proyectarse como un país amistoso, estable
y confiable, un discurso que cala ya incluso en aliados de Estados
Unidos como Vietnam.
La producción de electricidad verde y barata es clave para ganar la carrera por la inteligencia artificial, y China ya domina este campo.
Al mismo tiempo, Pekín no quiere competir solo desarrollando los modelos de IA más avanzados:
El 15º Plan Quinquenal (2026-2030), que se
publicará este año, irá en esa línea: construir un país
electrificado, inteligente y autosuficiente en tecnologías clave
como los microchips.
Falta un año para el próximo Congreso del Partido Comunista, en el que probablemente se decidirá sobre su continuidad en el poder o se elegirá a su sucesor, y no querrá asumir riesgos. La solución, por ahora, seguirá siendo derivar el exceso de producción hacia la exportación.
No arreglará el problema a largo plazo, pero por
ahora le permite ganar cuota de mercado internacional aprovechando
las oportunidades que se abrieron con los aranceles de Trump.
Además, los aranceles están elevando la inflación en Estados Unidos, castigando el bolsillo de los votantes en año electoral, lo que obligará a Trump a rebajar su ofensiva.
Se espera que visite a Xi en abril, en otro símbolo de distensión entre ambas potencias.
El líder chino tiene incentivos para hacerlo este año: justo a tiempo para anotarse un tanto antes del Congreso de 2027 y con Estados Unidos distraído en sus elecciones de medio mandato.
Una invasión sigue siendo improbable, pero el
cerco se estrecha cada vez más. A finales de diciembre, China
celebró
las mayores maniobras militares en
torno a Taiwán en lo que va de siglo, y cada vez es
más difícil distinguir los ejercicios de un ataque real.
Japón avanzará en la remilitarización bajo el mando de la primera ministra conservadora Sanae Takaichi.
Corea del Norte, reforzado por su alianza con Rusia, exhibirá cada vez con menos reparo su creciente potencia militar: misiles balísticos, submarinos de propulsión nuclear...
Tampoco hay que descartar nuevos choques entre
India y Pakistán.
El ejemplo más preocupante es la desaparición de las restricciones a la proliferación nuclear.
En febrero caducará el New Start, o
Start III, firmado entre Estados Unidos y Rusia en 2009 para
limitar su arsenal estratégico. Es el último gran tratado nuclear
aún vigente y no se va a renovar. Con la querencia que Trump tiene
por el poderío militar, y en medio de las negociaciones por Ucrania,
2026 traerá titulares de una nueva carrera armamentística entre las
dos grandes potencias.
Debería sucederle una mujer, pero lo que marcará la elección será la tensión entre potencias.
Otro escenario de la erosión del multilateralismo será la reunión del G20, que se celebrará en diciembre en Florida.
No será una cumbre al uso:
Lo mismo cabe esperar del G7, que acogerá Francia: con Estados Unidos enfrentado a medio mundo,
En el plano simbólico, varios países europeos boicotearán el festival de Eurovisión en mayo en protesta por la presencia de Israel.
Será otra oportunidad para que Europa muestre su desunión con un gesto, por lo demás, poco efectivo: a esas alturas del año, y dada la volatilidad que promete 2026, la agenda internacional estará muy lejos del genocidio en Gaza...
2026 será crucial para saber si la democracia estadounidense sobrevive a Trump.
La república cumple 250 años en su momento más frágil de las últimas décadas. Su presidente busca anexionar territorios, victorias militares fáciles y convertir a sus aliados en vasallos en el exterior mientras socava el equilibrio institucional y espolea la violencia política en Estados Unidos.
El "rey", como él mismo se llama,
A lo largo de 2026 veremos cada vez más señales, más y menos serias, de la consolidación del poder presidencial de Trump y sus tendencias personalistas.
La Corte Suprema emitirá varias sentencias clave:
También analizará varios casos relevantes para las elecciones, sobre el voto por correo o la alteración de distritos electorales, y otros sobre el derecho a portar armas o de las personas trans, que alimentarán la guerra cultural.
La mayoría conservadora de la Corte favorecerá a
Trump, como ha venido haciendo en 2025.
No será galardonado con el premio Nobel de la Paz 2026, pero recibirá como regalo el de 2025:
Trump celebrará su cumpleaños, el 14 de junio, con un espectáculo de artes marciales mixtas en la Casa Blanca.
También en junio se inaugurará el Mundial de Fútbol, que se celebra en Estados Unidos, México y Canadá en el momento en el que Trump amenaza a sus dos vecinos.
Habrá voces que pedirán un boicot, pero el Mundial se celebrará. El presidente estadounidense aprovechará para ser agasajado por líderes internacionales y grandes magnates y atacar a las ciudades demócratas sedes del Mundial.
Trump espera coronar sus ambiciones imperiales con dos inauguraciones en la capital:
El presidente hará lo posible por ocultar que, en realidad, está en el momento más impopular de su carrera.
De fondo, está el riesgo de que la burbuja de la inteligencia artificial, que ha sostenido la economía estadounidense en 2025, estalle por fin este año.
Se renuevan la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y gobernadores y miembros del legislativo en multitud de estados.
Si las elecciones se dieran en un contexto normal, lo más probable es que los demócratas recuperen la mayoría en la Cámara, desde la que empezarían a limitar el poder de Trump a partir de enero 2027.
El Senado, con mucha seguridad, quedará bajo
control republicano.
Trump y sus aliados están haciendo todo lo posible para asegurarlo:
La presencia de agentes armados junto a los centros de votación podría desincentivar el voto en estados demócratas.
Trump incluso ha sugerido que podría cancelar las elecciones con algún pretexto. Y siempre existe el riesgo de que no reconozca la derrota:
La tensión provocada por el todopoderoso ICE hace que el contexto sea especialmente peligroso.
Sus agentes patrullan las calles vestidos de civil y con las caras cubiertas, cometiendo abusos, agrediendo, deteniendo y deportando inmigrantes y hasta ciudadanos estadounidenses sin autorización judicial.
Los barrios empiezan a organizarse para protestar, ante lo que el ICE está respondiendo con violencia.
El país está dividido incluso en su visión de la realidad.
Para el Gobierno y sus simpatizantes, el ICE es una agencia policial que cumple con su deber:
El Gobierno tachó a la víctima de Mineápolis de
terrorista, aunque protestaba pacíficamente.
A medida que se acerquen las elecciones, Trump podría usar los desórdenes públicos para justificar incluso la activación de la Ley de Insurrección, que permite al Gobierno federal desplegar al Ejército.
El escenario más pesimista hoy no se puede descartar:
Dentro de doce meses, el mundo puede ser muy distinto al de hoy:
Quizá nada de eso pase.
Pero que estemos valorando estos escenarios ya es señal de la gran convulsión que espera a la geopolítica global en 2026.
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