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por Christian Cirilli
11 Junio 2026
del Sitio Web
ChCirilli
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Christian Cirilli
es un analista
político argentino, nacido el 20 de junio de 1972 en
Buenos Aires. Licenciado en Administración (UBA),
manifestó su interés en asuntos internacionales,
economía, geopolítica y globalización, expresando sus
opiniones en su "bitácora" personal:
LA VISIÓN.
Colabora con medios como KontraInfo y ha participado en
programas de radio como Otras Voces (FM Crisol) y Radio
Gráfica, además de numerosos canales de YouTube. Sus
artículos son replicados por muchos portales y
periódicos del mundo, y suelen ser utilizados en la
Licenciatura en Relaciones Internacionales de la
Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN). |

Los reconocidos analistas Larry Johnson y Pepe Escobar
sostienen que la República Islámica de Irán ya habría desarrollado
ojivas nucleares y que esta capacidad habría sido comunicada de
manera indirecta y discreta a las autoridades estadounidenses.
Si se trata de una capacidad real aún no verificada, de una amenaza
deliberadamente ambigua o de una magistral operación de
desinformación es algo que, por ahora, permanece abierto a la
especulación.
Pero, en términos estratégicos, la diferencia puede ser irrelevante.
Como en el panóptico descrito por Foucault, no es
la certeza de la vigilancia lo que disciplina las conductas, sino la
posibilidad permanente de ella.
Del mismo modo, la mera sospecha de que Irán haya
alcanzado dicha capacidad produce efectos políticos y estratégicos
comparables a los que generaría su comprobación. En ese sentido, el
temor inducido por esta hipótesis ya parece estar provocando efectos
colaterales en la Administración Trump.
Rebobinemos:
el jueves 4 de junio de 2026, ambos analistas
liberaron públicamente la noticia de que Irán ya posee o muy
pronto poseerá armas nucleares.
Como especularán, esto sería un órdago total
a la estabilidad de Medio Oriente, e incluso, global.
Puede que parezca una consecuencia lógica de la "Guerra (de
decapitaciones) de 12 días" (junio de 2025), de la
hiperestimulada Revolución de Color de enero de 2026 y de la
obscena ofensiva israelo-estadounidense del 28 de febrero, cuyos
efectos distan mucho de haberse agotado y actualmente reviven en
un nuevo intercambio de fuego.
Sin embargo, lejos de constituir una aspiración histórica, como
lo han sostenido reiteradamente Israel y Estados Unidos en
diversos foros y denuncias mediáticas, Irán se ha mostrado
tradicionalmente renuente al desarrollo de armas de destrucción
masiva, no solo de carácter nuclear, sino también químico o
biológico, posición fundamentada tanto en consideraciones
estratégicas como en argumentos de carácter religioso y
doctrinario.
Para poner un ejemplo paradigmático, durante la
Guerra Irán-Irak (1980-1988), las fuerzas de Saddam Hussein
no solo se revelaron como un instrumento agresor e invasor, sino que
recurrieron al empleo de armas químicas, incluyendo gas mostaza
(iperita) y agentes nerviosos como el tabún, sarín y VX, contra
combatientes y civiles iraníes, sin que Teherán respondiera de
manera similar.
Aunque estas armas comenzaron a utilizarse de manera limitada a
partir de 1983 y se volvieron más frecuentes entre 1984 y 1986, su
empleo alcanzó una dimensión sistemática y masiva durante los años
finales del conflicto, entre 1987 y 1988, cuando los iraquíes
comenzaron a flaquear.
A pesar de ser los iraníes víctimas de estas horribles masacres, uno
de los episodios más notorios (para Occidente) fue el ataque contra
la ciudad kurda-iraquí de Halabja, entre los días 16 y 19 de marzo
de 1988, donde unos 5.000 civiles murieron como consecuencia de una
combinación de todos esos agentes químicos citados.
La operación se inscribió en la campaña de
represión emprendida por Bagdad contra la insurgencia kurda, a la
que el régimen de Saddam consideraba aliada de Irán.

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Descarnada y conmovedora imagen de una madre kurda
muerta abrazando a su bebé, ambos asesinados durante el
ataque iraquí dirigido por el general Ali Hassan al-Majid,
primo de Saddam Hussein, quien desde allí sería conocido
como "Alí el Químico". Entonces se creía que los kurdos
se alzarían contra el régimen baasista, razón por la
cual fueron brutalmente reprimidos. |

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Inédita fotografía del presidente de la República
Islámica de Irán, Alí Jameneí, visitando el monte Shnrwe
(también transcripto como Shinrowe, Shnirwe o Shindirwē),
situado al noreste de Halabja, en la frontera entre Irak
e Irán, poco después del ataque químico de marzo de
1988. |
Múltiples empresas del entramado de Occidente Colectivo tuvieron
especial incidencia en el montaje y funcionamiento del complejo
militar-industrial químico de Irak, cuyo epicentro era el
Establecimiento Estatal de Muthana (también conocido como
Proyecto 922 o por el
nombre-tapadera Empresa Estatal de Producción de Pesticidas),
ubicado en la Gobernación de Saladino, 40 kilómetros al noroeste de
Bagdad.

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La fabricación de armas químicas en Irak durante la
década de 1980 constituyó un emprendimiento de carácter
internacional en el que participaron empresas e
instituciones de diversos países mediante el suministro
de precursores químicos, equipamiento industrial,
tecnología de doble uso y componentes necesarios para la
producción y empleo de agentes químicos de guerra. Todo
ello tuvo lugar en un contexto de nula presión
internacional por parte de las potencias occidentales,
entre ellas Estados Unidos, cuya política hacia Bagdad
fue benevolente. |
La existencia de este programa de armas químicas, así como de un
programa paralelo de armas biológicas, salió "plenamente a la luz"
tras la derrota iraquí en la Guerra del Golfo de 1991, cuando las
inspecciones realizadas por la Comisión Especial de las Naciones
Unidas en el marco de la crisis de desarme de Irak revelaron la
magnitud y el alcance de dichos programas.
Claro, Irak ya no era el aliado fiel ni el presidente Saddam Hussein
un estadista respetable. Ya no había necesidad de justificaciones,
silencios cómplices ni encubrimientos.
Entrados los años noventa, Irak se había
convertido en una amenaza para la estabilidad del "Nuevo
Orden Mundial" surgido tras el fin de la Guerra Fría,
mientras que Saddam - a secas - era presentado como "un nuevo
Hitler".
Irak incluso desarrolló durante la década de 1980 un programa
nuclear incipiente, cuya infraestructura fue posteriormente
degradada y, en buena medida, desmantelada por una serie de ataques
llevados a cabo por sus dos principales adversarios regionales de
entonces:
Irán e Israel...
Aunque ambos países se habían convertido en
enemigos irreconciliables tras el triunfo de la Revolución Islámica,
compartían un interés estratégico en impedir que Bagdad adquiriera
capacidades nucleares, circunstancia que ha llevado a señalar una
coincidencia de objetivos basada en la vieja premisa de que,
"el enemigo de mi enemigo es mi amigo".
El 30 de septiembre de 1980, apenas una semana
después del inicio de la invasión iraquí de Irán, la Fuerza Aérea de
la República Islámica de Irán (IRIAF) con sus F-4E Phantom II lanzó
la Operación "Scorch
Sword" contra el Centro de Investigación Nuclear de
Tuwaitha, situado a unos 17 kilómetros al sudeste de Bagdad.
En el complejo se encontraba el reactor nuclear
de origen francés Osiris (llamado Osirak o Tammuz, en Irak) de 40
megavatios y aún en fase de construcción.
El ataque causó daños en diversas instalaciones
asociadas al reactor, aunque no logró destruirlo por completo,
retrasando temporalmente el programa nuclear iraquí. Durante la
operación, aeronaves iraníes de reconocimiento RF-4E obtuvieron
imágenes detalladas del complejo, las cuales fueron posteriormente
compartidas con Israel.
El 7 de junio de 1981, la Fuerza Aérea Israelí (Heyl Ha' Avir)
ejecutó la Operación "Opera", enviando una formación de los entonces
modernos cazabombarderos F-16A para atacar el reactor de Osirak.
En esa ocasión, la instalación fue destruida por
completo, asestando al programa nuclear iraquí un golpe del que
nunca llegó a recuperarse plenamente.

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Uno de los (entonces novísimos) General Dynamics F-16A
Fighting Falcon israelíes repostando combustible para
llevar a cabo la Operación Ópera. El 7 de junio de 1981,
una formación de cazas F-16A, escoltada por F-15A,
bombardeó el reactor Osirak en territorio iraquí. Fue el
debut operacional del F-16. |
Ironías de la Historia, Irán, un país acusado por Israel durante
décadas de perseguir capacidades nucleares militares, fue la primera
nación en atacar un reactor nuclear con el objetivo de impedir que
otro Estado de la región desarrollara armamento atómico:
el Irak baasista de Saddam Hussein...
Y no lo hizo solo:
la faena la culminaría Israel meses después,
nutriéndose de los informes de Inteligencia y las fotografías de
reconocimiento logradas y compartidas por la IRIAF...

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Técnicos franceses participan en la construcción del
reactor nuclear de Osirak, en el complejo de Tuwaitha,
cerca de Bagdad, a principios de 1980. La instalación
constituía el núcleo del programa nuclear iraquí antes
de ser atacada por la aviación iraní, en 1980, y la
israelí, en 1981. |

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Informe clasificado que confirma el ataque de dos F-4E
iraníes contra el centro de investigación nuclear
iraquí, en octubre de 1980. |
Lo que no admite discusión es que las amenazas a la seguridad de
Irán se manifestaron de manera evidente desde el triunfo mismo de la
Revolución Islámica de 1979.
La invasión iraquí, estimulada y respaldada por
las potencias occidentales e incluso el bloque socialista, planteó
para Teherán la posibilidad de enfrentar ataques con armas químicas,
biológicas y nucleares.
Y así ocurrió, en parte...

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Soldados iraníes en una trinchera improvisada con sus
máscaras antigás para evitar el efecto de los agentes
nerviosos sobre sus pulmones. |
No obstante, pese al enorme costo humano y material de una guerra
que se prolongó durante ocho años y que llegó a poner en riesgo la
supervivencia del Estado revolucionario, Irán no respondió
desarrollando ni empleando armas químicas o biológicas.
Asimismo, tampoco durante el conflicto emprendió
un programa activo destinado a producir armamento nuclear, a pesar
de los fuertes incentivos estratégicos que una situación semejante
podría haber generado.
Es más:
el ayatolá Ruhollah Jomeiní emitió en
plena guerra contra Irak una fatwa [1]
que impedía responder a los ataques químicos iraquíes con armas
equivalentes.
El líder supremo iraní consideraba inmoral y
contraria al islam la producción y el empleo de estas armas.
Años después, posiblemente en 2005, el Líder Supremo Alí Jameneí
emitió otra fatwa que prohibía la producción, posesión y uso
de armas nucleares, utilizando similares argumentos.

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La posición ética de Ruhollah Jomeini frente a los
ataques químicos iraquíes consistió en rechazar una
represalia equivalente. Según diversos testimonios de
funcionarios iraníes de la época, Jomeiní consideraba
que responder con armas químicas significaría "pagar con
la misma moneda" y no haría a Irán diferente del régimen
de Saddam Hussein. |

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El líder supremo Alí Jameneí también emitió una fatwa
como su predecesor: esta vez, prohibiendo la producción
del armamento nuclear. |
Pero todo podría haber cambiado a partir del 28 de febrero de 2026,
día en que una coalición israelo-estadounidense inició una serie de
ataques sorpresivos y devastadores contra objetivos militares,
políticos (descabezamiento) e infraestructurales de la República
Islámica de Irán.
Como si fuese poco, la ofensiva se produjo apenas
después del fracaso de los intentos de desestabilización interna -
una clásica "revolución de color" - registrados a fines de 2025.
El objetivo de la campaña, hartamente reconocido
por Netanyahu y Trump, era propiciar un "cambio de
régimen" e instalar un gobierno alineado con los intereses
occidentales.
El candidato indicado era el pusilánime
príncipe heredero en el exilio Reza Pahlavi II, figura
referencial para una eventual transición política.
Uno de los primeros actos, percibido por amplios sectores como
particularmente provocador, fue la eliminación física del ayatolá
Alí Jameneí.
El magnicidio del anciano líder fue celebrado
públicamente por Trump y Netanyahu como un inconmensurable éxito
estratégico.
En un gesto despreciable, el inquilino de la
Casa Blanca hasta se jactó de que él mismo nombraría al nuevo
Líder Supremo.
Sin embargo, aquella decisión probablemente
constituyó un gravísimo error estratégico...
Lejos de provocar desmoralización, resignación o
el colapso de la voluntad de resistencia iraní, la eliminación de
Jameneí pareció reforzar la cohesión interna del país.
La indignación generada por su muerte, sumada al
deseo de represalia frente a una agresión percibida como
existencial, contribuyó a fortalecer tanto el espíritu de lucha como
la identidad nacional iraní.
Así, en lugar de debilitar a la República
Islámica,
¡la operación terminó proporcionando un
poderoso elemento de movilización política y social...!

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Más allá del lamento y la conmoción, el asesinato del
Líder Supremo Alí Jameneí constituyó un punto de
inflexión para la dirigencia iraní, que pasó a
considerar indispensables medidas extremas para
garantizar la supervivencia del Estado frente a una
ofensiva de dimensiones sin precedentes. |
A la vez, la gravísima crisis desencadenada por este ataque,
percibido en Irán como una acción ruin, pues fue realizada mientras
se desarrollaban negociaciones, alteró de manera significativa los
equilibrios internos de poder.
En ese contexto, las estructuras de seguridad del Estado, en
particular los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica,
habrían adquirido una influencia aún mayor en la conducción política
y estratégica del país.
Asimismo, es plausible que una situación de esta
magnitud haya contribuido a revisar postulados previamente
sostenidos en materia nuclear, especialmente aquellos vinculados con
la conveniencia, viabilidad o necesidad de mantener determinadas
restricciones autoimpuestas.
La elección de Mojtabá Jameneí, el 8 de marzo, de 2026 como
nuevo Líder Supremo por parte de la Asamblea de Expertos - el órgano
constitucional integrado por 88 clérigos encargado de designar a la
máxima autoridad de la República Islámica - pareció responder a una
lógica de continuidad política e institucional en un momento de
extrema crisis nacional.
Más que una simple transferencia hereditaria del poder, la
designación buscó proyectar la imagen de un clérigo con trayectoria
propia, identificado con los principios fundacionales de la
República Islámica y dotado de un fuerte capital simbólico.
El hecho de compartir el apellido del líder
asesinado, haber sobrevivido a un atentado que costó la vida a gran
parte de su familia y haber estado vinculado en su juventud a los
Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica contribuyó a reforzar
su legitimidad ante amplios sectores del establishment político
y de seguridad iraní.

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El texto en farsi dice "Luz sobre luz". Es una frase de
origen coránico (Corán 24:35, el llamado Verso de la
Luz) y se utiliza para transmitir una idea de
iluminación espiritual, guía divina o santidad. |
El flamante Líder Supremo asumió con un perfil extremadamente bajo,
tanto por cuestiones de seguridad como por la magnitud de las
decisiones existenciales que debía tomar en adelante.
Lo cierto es que Irán tuvo que asumir este conflicto con la seriedad
que requería la hora:
como un auténtico
punto de inflexión estratégico.
En lugar de limitarse a respuestas simbólicas o
calibradas, optó por una escalada multidimensional:
atacó bases estadounidenses situadas en las
(técnicamente beligerantes) monarquías del Golfo, golpeó
infraestructuras críticas de esos países con fines de coerción,
lanzó sucesivas oleadas de misiles contra Israel, dificultó y
evitó el acercamiento de fuerzas navales estadounidenses a la
zona de operaciones y, finalmente, procedió al cierre selectivo
del Estrecho de Ormuz, haciendo valer la soberanía sobre sus
aguas y cobrando peajes.
En otras palabras,
recurrió de manera simultánea a gran parte de
las herramientas de presión militar y geopolítica que durante
años había presentado como opciones de último recurso, pero que
hasta entonces se había mostrado reticente a emplear de forma
abierta por temor a las represalias.
Todas estas medidas fueron inesperadas por la
coalición israelo-estadounidense, dado que Irán nunca había
reaccionado tan temerariamente.
¿Sería, entonces, raro que Irán también cruzara
el Rubicón nuclear? Absolutamente no.
De hecho, durante la guerra hubo un acontecimiento que oportunamente
marqué como parteaguas:
fue el intento de capturar uranio enriquecido
en Isfahán a través de una operación que fingía ser un rescate
de un piloto abatido.
Hablé de ello en mi artículo "Una
tregua de cristal".
Aquel desembarco de comandos, llevado a cabo el 5
de abril, constituyó un fiasco operativo que apenas pudo ser
atenuado mediante una intensa campaña de relaciones públicas
impulsada desde Washington.

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Restos de dos aviones MC-130J Commando II y los
helicópteros MH-6 Little Bird que portaba en su
interior. Esta operación fue montada el 5 de abril de
2026, según algunas fuentes, para extraer uranio
altamente enriquecido. Pero fracasó rotundamente. |
Tras aquella única y puntual incursión terrestre llevada a cabo por
Estados Unidos en territorio iraní, la dirigencia en Washington
pareció comprender que la ventana de oportunidad se había cerrado.
Es probable que dispusiera de información de
inteligencia que indicaba que Teherán había tomado la decisión de
avanzar hacia la obtención de un arma nuclear.
A decir verdad, hasta el inefable Rafael
Grossi lo había señalado (véase "Una
tregua de cristal"). Pero a esas alturas poco podía
hacerse: el nivel de alerta de las defensas iraníes era máximo.
La única alternativa concebible habría sido la
destrucción total del país vía ataque nuclear, algo que Trump
insinuó repetidamente con su particular retórica cuando afirmó que,
"toda una civilización morirá esta noche" o
cuando amenazó con "llevarlos de vuelta a la Edad de Piedra".
Probablemente, las advertencias rusas hayan
impedido esa situación, dado que hubo intercambios telefónicos entre
Putin y Trump durante esos infortunados episodios.
Lo cierto, es que después de 40 días de conflicto, los objetivos
establecidos por la operación "Epic Fury" - a saber:
-
propiciar un cambio de régimen
-
desmantelar los programas misilísticos
iraníes
-
poner fin al enriquecimiento de uranio
-
garantizar la seguridad del Estrecho de
Ormuz - no se alcanzaron
Buscando una salida política, Washington solicitó
una cumbre en Islamabad para intentar lograr a través de la
negociación todo aquello que no había podido lograr a fuerza de
bombazos.
Pero Irán impuso como base de negociaciones sus
"10 puntos", agenda que aún sigue incólume.

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Islamabad, capital de Pakistán, fue el escenario de
conversaciones entre una delegación iraní encabezada por
el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf,
y una delegación estadounidense liderada por el
vicepresidente J. D. Vance. El encuentro tuvo lugar el
11 de abril, pocos días después de la tregua unilateral
declarada por Washington el día 8 y a seis días de la
fracasada incursión en Isfahán para capturar el uranio
enriquecido. |
Como era de prever, las conversaciones se agotaron por pura
incompatibilidad, y la guerra, hasta entonces intensiva, retornó a
una fase de ahogo económico [Véase "Estrangular
las economías" y "La
guerra en Irán expone la pulseada China-EE.UU."]
y a acciones de "baja intensidad" que parecen simbólicas comparadas
con el grado de devastación previo.
Pero donde la guerra no dejó de manifestar su deshumanizada crudeza
fue en Líbano, donde Israel, quien parece "mandar" entre los
coalicionados, ocupa territorio ajeno y se dedica a lo que mejor
sabe hacer:
utilizar su fuerza aérea para aniquilar todo
ser viviente que deambule debajo, barriendo literalmente
ciudades como Bint Jbeil o Tiro [Véase "Ucrania,
Irán y la guerra de desgaste global" y mi último
escrito "Donde
nacen las resistencias"].
La idea:
destruir Hezbolá y mantener viva la llama del
conflicto contra Irán.
Hezbolá no solamente no ha cedido ante las
pretensiones de desmovilización y desarme, sino que vende cara la
ocupación israelí de Líbano, aun cuando las respuestas son
demoledoras:
cada pérdida material sufrida por los
israelíes - como la destrucción de un tanque Merkava por parte
de un dron de Hezbolá - suele ir acompañada de bombardeos de
represalia que matan familias enteras.
Es la
Doctrina Dahiya a pleno, en cada
ocasión.
Por esta cuestión, la relación entre el eje israelo-estadounidense e
Irán no puede analizarse de forma aislada.
Cualquier interpretación rigurosa exige
considerar simultáneamente la situación del Líbano - en particular
el papel de Hezbolá - y la evolución de los acontecimientos en Gaza
y Cisjordania, espacios donde se manifiestan algunas de las
principales expresiones de la disputa estratégica regional.
Es por ello que Israel continúa desarrollando intensas operaciones
militares en la Franja de Gaza y Cisjordania, al tiempo que lleva a
cabo incursiones periódicas en territorio sirio.
Es mantener viva la llama de la guerra en la que
tanto le costó comprometer a Washington.
Como una hiena, no soltará esas
pantorrillas...

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La permanencia de posiciones israelíes en ciertas áreas
del sur del Líbano, justificadas por consideraciones de
seguridad, constituye uno de los aspectos más
controvertidos de la guerra. Si una situación análoga
involucrara a Hezbolá ocupando territorio israelí bajo
argumentos comparables, es razonable suponer que la
reacción mediática, diplomática e internacional sería
escandalosa. En las últimas décadas, las principales
incursiones militares transfronterizas han sido llevadas
a cabo por Israel en territorio libanés - durante la
invasión de 1982 y la posterior ocupación del sur del
país hasta 2000, en la guerra de 2006 y en las
operaciones más recientes - mientras que no ha existido
una ocupación equivalente de territorio israelí por
parte del Líbano o de Hezbolá. |
Pero en las últimas semanas pareciera haber otro "ambiente" en la
"realidad operativa" del escenario Medio Oriente.
Y no estamos hablando únicamente de la valiente
solidaridad iraní para con Hezbolá y el pueblo libanés, ni con sus
potentes misiles o la firmeza con la que se aferra al control del
Estrecho de Ormuz.
Se sucedieron una serie de escaladas cuidadosamente planificadas
que, por cierto, dieron cuenta de la fragilidad del poder coercitivo
estadounidense y de cómo ese instrumento vanagloriado de seguridad
montado desde 1991, al finalizar la Guerra del Golfo, ya no
funciona.
Con algunas dosis de cinismo ilustrado, e intentos de marcar la
cancha, Trump pretende imponer un alto el fuego en Ormuz; desde hace
un tiempo su obsesión.
Pero los israelíes boicotean continuamente
cualquier negociación con sus ataques indiscriminados en Líbano,
atento a que Irán marcó, como uno de sus "10 puntos", que toda
solución debe ser regional.
Trump viene planteando estos puntos:
-
Irán debe abrir el Estrecho de Ormuz sin
recibir tarifas. Pero Irán ha enfatizado que, primero,
Estados Unidos debe levantar el bloqueo del Golfo de Omán, y
recién allí abrirá el estrecho según sus acuerdos
predeterminados. Estos acuerdos podrían ir desde la
supervisión e inspección de barcos hasta la provisión de
servicios y seguridad.
-
Irán debe desmantelar o destruir sus
reservas de uranio enriquecido. Los iraníes directamente
desconocen esa exigencia..
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El 31 de mayo, mientras fuerzas estadounidenses atacaban
la costa iraní del Estrecho de Ormuz, Trump presionaba
con su apertura total y la entrega inmediata de todo el
uranio enriquecido. |
Por el contrario, Irán solicita como condición sine qua non
para iniciar conversaciones sobre Ormuz y asuntos nucleares:
-
La liberación inmediata de 12.000
millones de dólares en activos congelados para Irán.
-
Alto el fuego en Líbano.
El principal negociador iraní en Islamabad,
Mohammad Bagher Ghalibaf, no se hizo ilusiones tampoco.
Sostuvo en X que Irán debe prepararse para una
guerra, y únicamente el vencedor de ella impondrá condiciones:

El 29 de mayo,
Mohammed
Bagher Ghalibaf
manifestó la inflexible postura iraní.
De hecho, en un movimiento histórico, Irán amenazó a Israel con
ataques en represalia si tocaban Beirut. Los funcionarios iraníes
también hicieron un llamamiento a los palestinos para una
insurrección, algo sin precedentes.
El portavoz del ejército iraní, brigadier general Abolfazl
Shekarchi sostuvo que:
El régimen agresor y asesino de niños
sionista, aprovechando la oportunidad de alto el fuego y la
flagrante invasión del territorio libanés, ha derramado la
sangre de más de 3.000 personas inocentes, incluidas mujeres y
niños.
Mientras tanto, los gobernantes de los países
occidentales han optado por el silencio o el apoyo a estos
crímenes antihumanos.
La continuación de tales crímenes, añadió, no
será tolerable para las fuerzas armadas de la República Islámica
de Irán.
El 1° de junio, Irán anunció la suspensión de las
conversaciones indirectas con Estados Unidos, condicionando su
reanudación al cese de las masacres en Líbano y a la retirada
israelí de los territorios ocupados.
En paralelo, si ello no ocurría inmediatamente,
prometieron un bloqueo total del estrecho de Ormuz y restricciones
en el acceso a Bab el-Mandeb, en la entrada del mar Rojo (lo cual
acaba de suceder).
Asimismo, los iraníes reiteraron que la "tregua"
con Israel colapsaría y que intervendrían decididamente en
solidaridad con los libaneses.
Esas duras advertencias de Irán hicieron que Trump tuviera un
ataque de nervios y llamara telefónicamente a Netanyahu
espetándole:
Estás loco. Habrías estado en la cárcel si no
fuera por mí. Yo soy quien te salvó. Ahora todo el mundo te odia
y todo el mundo odia a Israel por tu culpa.
No sabemos si existió ese calibre de epítetos, o
si es una maniobra para lavar la imagen de Trump, al que muchos
sindican como un títere de Netanyahu.
La conversación, al menos, sí tuvo lugar...

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Donald Trump afirmó haber mantenido una conversación
"muy productiva" con Benyamin Netanyahu, en la que
sostuvo públicamente que no habría presencia de tropas
israelíes en Beirut y que, según contactos indirectos,
Hezbolá tampoco llevaría a cabo ataques en ese contexto. |
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Donald Trump afirmó haber empleado términos
particularmente duros al dirigirse a Netanyahu. Sin
embargo, ello no parece haber producido efectos
tangibles. Las operaciones israelíes sobre el Líbano
continuaron con la misma intensidad y capacidad
destructiva que habían caracterizado las fases
anteriores del conflicto. |
Resulta llamativa tanto la aparente dureza que Trump exhibe
ahora hacia Netanyahu como la renovada disposición de
Washington a tratar con cautela y deferencia a un país que, hasta
hace poco, era presentado como la mismísima Encarnación del
Mal, a quien se le atribuyeron las intenciones más agresivas
y desestabilizadoras.
Extraño cambio de postura:
de exigir su "exterminación como
civilización", de hacerlo blanco de una campaña atroz de
bombardeos que incluyó la eliminación de su Líder Supremo y la
neutralización de altos cuadros políticos y militares... a
negociar un acuerdo consensuado.
De promover una violenta insurrección interna
a considerarlos un gobierno legítimo.
De incurrir en episodios particularmente
despiadados, como la muerte de 168 estudiantes menores en Minab,
a querer incluso compartir el control del Estrecho de Ormuz.
En ese contexto, el brusco cambio de tono
resulta, cuando menos, difícil de conciliar con la retórica y las
acciones que habían caracterizado la etapa previa del conflicto.
¿A qué se deberá?
¿Es únicamente por la resiliencia y
resistencia iraní?
¿O ha ingresado un nuevo recurso, aún oculto,
entre las posibilidades de acción?

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El misil balístico más avanzado de Irán es el
Jorramshahr-4. Capaz de llevar múltiples ojivas y con un
rango de 2.000 kilómetros. Este sería seguramente el
misil indicado para una carga nuclear. Su nombre alude a
la ciudad que Irán recuperó de Irak en 1982 después de
brutales combates. Fue llamada "La Ciudad de la Sangre"
y como Stalingrado, se convirtió en el símbolo
definitorio de la resistencia iraní y la eventual
victoria. |
Según
Johnson y Escobar,
no existen dudas acerca de la causa del repentino comportamiento
moderado de Trump...
Ambos sostienen que el presidente iraní,
Masoud Pezeshkian, transmitió al primer ministro pakistaní,
Shehbaz Sharif - convertido en el principal canal indirecto con
Washington - una detallada hoja de ruta sobre la respuesta que
adoptaría Teherán en caso de que se intensifiquen los ataques contra
Irán o sus aliados regionales, consistente en:
-
Retirada inmediata de las negociaciones
de paz nuclear en curso (paso ya dado).
-
Abandono total del marco del futuro
Tratado Nuclear.
-
Detonación de un dispositivo nuclear
en territorio iraní, ejecutada no como arma de guerra, sino
como una demostración innegable de la capacidad soberana y
el control absoluto sobre la escalada del conflicto.
Es importante destacar este hecho:
entre los días 31 de mayo y 3 de junio,
Estados Unidos bombardeó radares, centros de control de drones y
otras instalaciones militares iraníes en Goruk, Sirik y la isla
de Qeshm, aparentemente, para sondear la capacidad de lucha
iraní (para no perder la costumbre, en medio de negociaciones).
En respuesta, Irán lanzó misiles balísticos y
drones contra bases estadounidenses en Kuwait y Bahréin, y
algunos misiles antibuque contra buques estadounidenses en el
Golfo de Omán.
|
Misiles balísticos iraníes Jeibar Shekan parten hacia
sus objetivos en Kuwait y Bahréin. Al menos uno de los
proyectiles iba adornado con una calcomanía en la que
figuraba Trump con el rostro magullado sobre un Estrecho
de Ormuz clausurado, acompañado por la inscripción en
farsi e inglés: "Hasta que el último soldado
estadounidense abandone la región". |
Tras esos ataques y represalias para forjar la agenda
estadounidense, aparentemente, vino la advertencia iraní sobre
el artefacto nuclear...
Y llegó cierta calma desde Washington...
Israel no pareció otorgar credibilidad a la advertencia, o bien
decidió desestimarla. De manera implícita, también ignoró el
(supuesto) pedido de Trump de abstenerse de atacar Beirut.
En consecuencia, entre el 7 y el 8 de junio de
2026, Tel Aviv llevó a cabo una intensa campaña de bombardeos contra
los suburbios meridionales de Beirut, una acción que, según la
interpretación iraní, implicó el cruce de una de sus "líneas rojas".
La respuesta iraní no se hizo esperar.
Teherán lanzó una salva de aproximadamente 10
misiles balísticos contra objetivos situados en el norte de
Israel.
Pero casi inmediatamente dio por concluida la
represalia.
|
Una multitud congregada en Teherán el 7 de junio observa
el paso de los misiles dirigidos contra el norte de
Israel. A medida que los proyectiles atraviesan el cielo
nocturno, los presentes reaccionan con vítores y
muestras de exaltación colectiva. |
Israel respondió pocas horas después mediante ataques sobre
territorio iraní, dirigidos contra emplazamientos militares y
lanzadores de misiles ubicados en las regiones occidental y central
del país.
De este modo, ambos Estados protagonizaron un
nuevo intercambio directo de fuego, aunque de una intensidad
considerablemente menor que el observado en fases anteriores del
conflicto.
Estados Unidos, por su parte, no participó con nuevos ataques
directos durante ese episodio específico.
Washington optó por intervenir principalmente
a través de canales diplomáticos, buscando contener una escalada
adicional.
En términos estrictos,
ello evidenció una divergencia operativa
dentro de la coalición: durante la última semana no se produjo
ningún ataque conjunto o simultáneo de Estados Unidos e Israel
contra Irán, sino acciones diferenciadas y ejecutadas de manera
independiente por cada actor.
Llamó poderosamente la atención la declaración de
Netanyahu al explicar la,
"represalia de la represalia" pues dijo que
lo hicieron ¡para evitar "un ataque nuclear" de Irán...!
|
Netanyahu afirmó que el ataque israelí evitó una amenaza
nuclear iraní. Sin embargo, también podría interpretarse
como un intento de comprobar hasta qué punto Irán
dispone realmente de las capacidades estratégicas que
dice poseer. |
En honor a la verdad, Netanyahu viene sosteniendo ese argumento
desde 1996, cuando asumió por primera vez el cargo de primer
ministro.
Durante décadas ha advertido sobre la inminencia
de una capacidad nuclear militar iraní y ha invocado esa amenaza
como una de las principales justificaciones de sus políticas de
seguridad y de sus posiciones beligerantes hacia Teherán.
No debería sorprender...
No obstante, si la
información difundida por Johnson y
Escobar terminara
confirmándose, podría estarse configurando una situación análoga a
la parábola de "Juanito y el lobo".
Tras años de advertencias reiteradas que no
llegaron a materializarse, existe la posibilidad de que esta
dinámica de confrontación sostenida termine convirtiendo aquella
predicción en una profecía autocumplida:
precisamente como consecuencia de los
esfuerzos destinados a impedirla.
De todos modos, la lógica detrás de esa conducta
no resulta evidente.
Si el objetivo fuese evitar una eventual
represalia nuclear iraní, cabría preguntarse por qué insistir
precisamente en aquellas acciones que Teherán ha identificado como
"líneas rojas".
¿Qué sentido tendría profundizar la escalada
mediante ataques sobre Beirut?
¿Atraer el fuego nuclear?
Una posible interpretación es que la dirigencia
israelí no considere creíbles tales advertencias y asuma que Irán
carece aún de la capacidad o de la voluntad política para llevarlas
hasta sus últimas consecuencias.
Otra lectura, más arriesgada, sería que
determinados sectores busquen poner a prueba esos límites, forzando
una respuesta que permita determinar hasta qué punto las amenazas
iraníes corresponden a capacidades reales o son una disuasión
retórica.
Desde esta perspectiva hipotética, Irán podría optar por abandonar
el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y realizar una
prueba nuclear en su propio territorio, con el propósito de
comunicar de manera inequívoca un cambio en su postura estratégica.
Una detonación subterránea de baja potencia
constituiría, en este razonamiento, una señal de disuasión dirigida
tanto a Israel como a Estados Unidos, destinada a transmitir que
futuras acciones militares contra Irán implicarían riesgos
sustancialmente mayores para la estabilidad regional.
Naturalmente, semejante decisión tendría consecuencias diplomáticas,
económicas y militares de enorme magnitud, además de alterar
profundamente el equilibrio estratégico de Oriente Medio.
¿Cómo habría obtenido Irán el arma nuclear
operativa?
¡No se trata únicamente de enriquecer uranio!
¡Hay que poseer el dispositivo de detonación!
Según Johnson y Escobar los dispositivos de
detonación fueron adquiridos de un tercer país con capacidades
comprobadas en este ámbito.
Conociendo la "historia
misilística" en común de Irán y Corea del Norte, y a
sabiendas que el diminuto país asiático se retiró del TNP
[2] para fabricar sus propios misiles nucleares, no
resultaría descabellado que de allí surgiera ese material sensible.
Podría ser casualidad pero...
¿Quién ha visitado Pyongyang los días 8 y 9
de junio, cuando se desmadró de nuevo la situación en Medio
Oriente?
Pues nada menos que el presidente chino Xi
Jinping, quien no visitaba a su vecino desde hacía siete años.

|
El
Líder Supremo Kim Jong-un toma las manos del presidente chino Xi
Jinping durante la visita de éste último a Corea del Norte.
|
Demás está decir que
Corea
del Norte, la nación rebelde que ha decidido conservar el
poder atómico para enfrentar el acoso estadounidense y de sus
férreos aliados Japón y Corea del Sur, viene siendo un eslabón
fundamental - desde mi punto de vista - en la triangulación de la
ayuda china a Rusia en su Operación Militar-Especial.
Y no tiene ningún prurito en eso de molestar el
"orden internacional" vigente (occidental), dado que su sociedad es
prácticamente impenetrable a las revoluciones de color, gracias a su
homogeneidad ideológica y racial y su endogamia.
Por supuesto, una demostración nuclear por parte de Irán quebraría
el marco mundial de la no-proliferación, pero esa coyuntura ya había
sido vulnerada flagrantemente por Israel, en Medio Oriente (1973),
India y Pakistán, casi simultáneamente, en el subcontinente indio
(1998), y recién al final, Corea del Norte, en el Extremo Oriente
(2006).
Raramente es Corea del Norte el anómalo en esta
ecuación. Los otros tres poco se nombran.
Si Irán se nuclearizara, el "riesgo
sistémico" de un desequilibrio regional sería invocado,
especialmente por el Occidente Colectivo, con tonos
cercanos al escándalo.
Se hablaría del inminente Holocausto o de la
supuesta maldad inherente del "régimen terrorista de los
ayatolás".
Pero la realidad es que, una vez ocurrido el
fait accompli, ese escenario podría incluso terminar siendo
aceptado y comprendido.
Irán no se habría nuclearizado por una voluntad
expansiva propia, sino como respuesta a una presión estratégica que
lo empujó a buscar una paridad disuasiva - una "Destrucción Mutua
Asegurada" - con Israel.
Al mismo tiempo, para evitar que los demás
actores relevantes de la región percibieran esa nueva situación como
una amenaza directa, podría articularse un esquema de seguridad más
amplio en torno a,
Pakistán - ya potencia nuclear - junto con
Turquía, Egipto y Arabia Saudita.
Estos cuatro han mantenido conversaciones fluidas
desde el inicio de esta guerra, tanto, que fueron quienes lograron
impulsar un cese de hostilidades (asumido por Estados Unidos, con
vaivenes, desde el 8 de abril).
Desde esa hipótesis, estas cuatro naciones firmarían un pacto de
defensa nuclear como reaseguro defensivo contra Irán (con la plena
aceptación de Irán, pero previa extirpación de bases estadounidenses
hostiles).
De hecho, el primer paso ya lo dieron saudíes y
pakistaníes el 17 de septiembre de 2025, cuando suscribieron su
Acuerdo de Defensa Mutua Estratégica con la cláusula de,
"un ataque contra uno es un ataque contra
ambos".
Aclaro:
ese pacto no hacía mención a ninguna
limitación, vale decir, incluía la defensa nuclear...

|
El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, abraza al
príncipe heredero saudita, Mohammed bin Salman, tras
firmar un pacto de defensa conjunto en Riad, Arabia
Saudita. |
Si Trump dispone de información fehaciente que indique que
Irán ha tomado la decisión política de avanzar hacia un arsenal
nuclear operativo, ello podría ayudar a explicar su aparente interés
en reducir la escalada y sus tensiones con Netanyahu.
El problema es que Israel persigue objetivos que
exceden la mera neutralización del programa nuclear iraní.
La guerra está vinculada a la aspiración de
neutralizar la influencia regional de Irán y de las organizaciones
alineadas con Teherán, el "Frente de la Resistencia".
Una conclusión prematura del conflicto podría
dejar intactas estructuras de poder que Israel considera amenazas
estratégicas de largo plazo.

|
De manera recurrente, Netanyahu apeló en sus discursos a
una dicotomía moral que presentaba a Israel como
encarnación de "la civilización" y "el bien", frente a
Irán y sus aliados, caracterizados como representantes
de "la barbarie" y "el mal". En su intervención ante la
Asamblea General de las Naciones Unidas del 27 de
septiembre de 2024, exhibió dos mapas titulados "The
Blessing" ("La Bendición") y "The Curse" ("La
Maldición"). En el primero, representó a Israel - sin
distinguir los territorios palestinos ocupados - junto
con varios Estados árabes, vinculados por el corredor
económico India–Oriente Medio–Europa (IMEC), como
expresión de un futuro de prosperidad e integración
regional. En el segundo, identificó a Irán y a los
integrantes de la denominada "Media Luna Chiita" como
una fuerza desestabilizadora que amenazaba el orden
regional e internacional. |
Además, el nacionalismo israelí concibe el conflicto como parte de
un proyecto regional más amplio, orientado a consolidar una posición
de predominio israelí en Oriente Medio ("Pax Hebraica") o de un
proyecto estatal encaminado a la construcción de un "Gran Israel".
Esto último aparece constantemente como idea
gráfica en determinados grupos ideológicos y religiosos afines el
gobierno.

|
El "Gran Israel" es un proyecto
irredentista-imperialista que tiene lugar en algunos
trasnochados pensamientos basados en seudo-preceptos
religiosos. Algunos aseveran que el
sionismo-revisionismo hasta reinterpretó las dos bandas
azules de la bandera israelí diciendo que representan el
río Nilo y el río Éufrates. |
Si Trump realmente quisiera contener a Israel, debería abandonar la
teatralidad de las declaraciones altisonantes y condicionar - o
incluso suspender, la ayuda militar estadounidense.
En segundo lugar, debería avanzar hacia una
distensión con Irán mediante la devolución de los activos iraníes
congelados y, posteriormente, aceptar el hecho consumado de que
Teherán ejerce jurisdicción sobre los sectores del Estrecho de Ormuz
que se encuentran dentro de sus aguas territoriales conforme al
derecho internacional.
Pero nada de eso sucederá porque las élites
sionistas manejan todos los resortes clave de la
gobernabilidad estadounidense (Congreso, Massmedia, Beltway,
Sillicon Valley) y se guardan para sí
los archivos Epstein.
En consecuencia, los combates han recrudecido.
De manera evidente, Irán viene actuando con una nueva doctrina
militar que le permite realizar ataques preventivos y actuar en
cualquier lugar donde la Resistencia esté amenazada.
Se terminó el "umbral inferior" por el cual
una provocación en los márgenes impedía una reacción del centro.
Irán acaba de optar por retomar la guerra activa.
Eso significa que Irán considera llevar la
guerra a gran escala nuevamente.
Ya no hay "repudios" dialécticos o respuestas
materiales extremadamente limitadas.
Y uno podría especular...
Si esa es la opción que acaba de tomar Irán para
no ser llevados como tantas veces al engaño, a la dilatación de
soluciones o al terreno del "umbral inferior",
¿Qué se guarda bajo la manga?
¿Sólo sus misiles y drones?
¿Solamente la encarnizada resistencia de
Hezbolá, hutíes y milicias iraquíes amigas?
Aun no lo sabemos.
Lo cierto es que la coalición israelo-estadounidense se bambolea
entre las concesiones reales a la medida iraní - no aquellas basadas
en expectativas sobredimensionadas - y la posibilidad de enfrentarse
a una reanudación de la acción militar (las "negociaciones mediante
bombas", tan del gusto
del psicópata
Hegseth).
Esa frustración de no poder torcerle el brazo a
Irán está llevando la situación hacia la segunda opción.
Pero la postura de Irán sigue siendo firme e
inflexible.
No cederá su control sobre el Estrecho de
Ormuz y no entregará, bajo ninguna circunstancia, su uranio
enriquecido a Estados Unidos.
Y dirá que todo acuerdo es regional.
Así las cosas, los combates empiezan a trepar en
intensidad y gravedad: el 9 de junio,
Trump acusó a Irán de haber derribado
un helicóptero Apache (sin víctimas) sobre el Golfo de Omán.
Irán lo negó. Todo indicaba que es una excusa
para emprender una serie de ataques.
Estos llegaron indefectiblemente, contra
radares, equipos de comunicación y una estación de
desalinización en el puerto de Sirik.
Irán respondió disparando unos 20 misiles y
drones contra instalaciones estadounidenses en Kuwait, Jordania
y Bahrein.
Este sería el momento indicado para que Irán
demuestre que tiene armamento nuclear, pero aún no lo devela (o peor
aún, no lo tiene).
La cuota de ambigüedad que separa - o confunde -
dichos y hechos, realidades y versiones, mitos y evidencias,
constituye uno de los rasgos definitorios de esta guerra.
El académico iraní-brasileño Nima R. Alkhorshid planteó
recientemente a Pepe Escobar una pregunta sumamente
interesante:
si Irán está empleando con eficacia sus
capacidades convencionales y ha logrado frustrar todos los
objetivos de la coalición israelo-estadounidense,
¿por qué insistiría Teherán en revelar
pruebas de posesión de armas nucleares...?
La respuesta sería:
¡porque no nos toman en serio...!
Irán habría deslizado esa posibilidad porque las
provocaciones no se detienen, las negociaciones nunca son serias y
no se admite la "realidad sobre el terreno".
La dirigencia iraní ya cree que existe un ciclo
sin fin donde la única salida sería la nuclearización y la
destrucción mutua asegurada. Entiéndase:
Estados Unidos vulneró constantemente su
propia ficción de alto el fuego.
Israel jamás respetó la continuidad regional
y pulverizó Líbano.
Asimismo, ambos no se ponen de acuerdo sobre
sus intereses - discuten y patalean - pero siguen coalicionados
y en colaboración íntima.
La simbiosis enloquecedora entre Israel y Estados
Unidos contra Irán es una réplica de la sostenida entre
Ucrania y Estados Unidos
contra Rusia...

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El periodista y analista geopolítico brasileño Pepe
Escobar y el ex analista de la CIA y exfuncionario de la
Oficina Antiterrorista del Departamento de Estado de
Estados Unidos Larry C. Johnson, actualmente consultor
internacional y editor del sitio Sonar21, han sostenido
que Irán ya dispone de armamento nuclear o se encuentra
muy próximo a adquirirlo. |
La escalada probablemente sea vista por Trump como una maniobra
táctica para forjar "negociaciones" (léase, imposiciones que puedan
ser "vendidas" como victoria).
Pero Teherán lo ve como mala fe estratégica.
Israel la ve como su oportunidad histórica.
¿El resultado de esta convergencia?
Irán irá a la guerra, esta vez, por decisión
propia...
Más allá de lo que asevere Escobar o
Johnson, a estas alturas, la cuestión central ya no parece ser
si Irán posee efectivamente un arma nuclear o si se encuentra a
semanas, meses o años de obtenerla.
Lo verdaderamente relevante es que la posibilidad
ha comenzado a condicionar el comportamiento de todos los actores
involucrados.
En estrategia, las percepciones suelen ser tan
importantes como las capacidades reales, y la mera sospecha de una
nuclearización iraní está alterando cálculos políticos,
militares y diplomáticos desde Washington hasta Tel Aviv.
La paradoja está allí.
Durante décadas, Israel y Estados Unidos
justificaron buena parte de su política hacia Irán en la
necesidad de impedir que Teherán alcanzara la capacidad bélica
nuclear.
Sin embargo, las presiones acumuladas, las
operaciones de cambio de régimen, los asesinatos selectivos y la
guerra abierta de 2026 podrían haber creado precisamente los
incentivos que antes no existían.
Si ello ocurriera, Oriente Medio ingresaría en
una etapa completamente distinta.
La discusión dejaría de girar en torno a cómo
impedir la nuclearización iraní para pasar a cómo gestionar sus
consecuencias.
Como sucedió anteriormente con,
-
Israel
-
India
-
Pakistán
-
Corea del Norte,
...el debate moral sería rápidamente reemplazado
por la lógica fría de la disuasión y el equilibrio de poder.
Referencias
-
La palabra árabe fatwa (فتوى)
significa literalmente "respuesta jurídica" o "dictamen
legal". Es emitida por un especialista en derecho islámico
(muftí) sobre una cuestión religiosa, moral, social o legal.
No equivale necesariamente a una ley ni tiene siempre
carácter obligatorio. Su autoridad depende de quién la emite
y de la comunidad que la reconoce. En algunos casos una
fatwa puede ser simplemente una orientación religiosa;
en otros, si proviene de una figura de gran prestigio o
autoridad política, puede tener importantes consecuencias
prácticas.
-
Corea del Norte se adhirió al Tratado
de No Proliferación Nuclear (TNP) en 1985 bajo presión
de la Unión Soviética. Sin embargo, durante los años noventa
surgieron disputas con el organismo de inspección nuclear,
la OIEA. En 1993, atento a las presiones estadounidenses de
bombardeo e invasión, Corea del Norte anunció su intención
de retirarse del tratado, aunque luego suspendió esa
decisión en el marco de negociaciones con Estados Unidos. La
situación volvió a deteriorarse a comienzos de la década de
2000 y, finalmente, Corea del Norte declaró su retirada
efectiva del TNP en enero de 2003. Así, Corea del Norte se
convirtió en el único país que se adhirió al TNP y luego
anunció formalmente su retirada.
|