P: ¿Estamos viviendo ahora uno
de esos Saltos?
R: Sí...
La era anterior, la de los mercados o la
globalización, comenzó alrededor de 1990, cuando la Unión
Soviética se desintegró, cayó el Muro de Berlín y
China aceleró su política de
apertura.
Esa etapa duró hasta, aproximadamente, el
2020.
Ahora estamos en una nueva era y, en términos
del orden mundial, las reglas han cambiado. Antes, se basaban en
la globalización, el libre
comercio y la eficiencia.
Ahora, se trata más bien de un
mundo multipolar:
de comercio justo además de libre
comercio y de resiliencia además de eficiencia...
P: ¿Cómo encaja la Guerra en
Oriente Próximo en esa transición?
R: Forma parte de una serie de eventos
geopolíticos.
Porque no solo es Irán, sino muchos otros que
hemos visto en los últimos meses y años, que refuerzan nuestra
visión de que ya estamos en una nueva era, en la que los países
y empresas, no solo en Asia, sino en todo el mundo, van a pensar
aún más en cómo reforzar sus cadenas de suministro y
diversificarlas para gestionar su dependencia de una
geografía o proveedor concreto.
A: La Guerra ha
golpeado a Asia en un momento en que el mundo ya abrazaba el
proteccionismo, de los aranceles de
Trump al 'made
in Europe' de Bruselas.
¿Qué estaba pasando
en el Comercio Global antes de Irán y qué va a ocurrir ahora?
R: Es una gran pregunta.
Antes de la guerra, ya había mucho debate
sobre la desglobalización, pero lo que está ocurriendo
ahora es más una reconfiguración que un
desacoplamiento.
Analizamos varias métricas del comercio
global.
Una de ellas es la distancia geográfica
del comercio, y mide la distancia física que recorren los
bienes.
Esa distancia ha aumentado de forma
constante, así que podemos argumentar que el mundo está cada
vez más conectado y que la globalización continúa,
pese a todas las noticias sobre reshoring,
offshoring, nearshoring...
Eso no está ocurriendo a escala global.
Pero existe otra métrica, la distancia
geopolítica del comercio, que mide hasta qué punto los países
que comercian entre ellos están alineados geopolíticamente.
Cuantificamos la posición geopolítica de las
distintas economías según sus patrones de voto en la ONU.
Esa distancia sí ha caído,
alrededor de un 7% desde 2017, lo que significa que los países
comercian cada vez más con socios geopolíticamente más
cercanos.
P: ¿Ocurre lo
mismo con la Inversión?
R: Absolutamente.
De hecho, la distancia geopolítica de la
inversión extranjera directa cayó aún más, un 13%. Es dos veces
más que en el comercio, porque el dinero se mueve más rápido que
las redes físicas.
P: El Gobierno
español defiende un acercamiento de Europa hacia China, ¿cree
que sería favorable para los Intereses de la UE?
R: Europa lidia con una doble presión.
La primera es que sus compras a China crecen,
pero sus ventas a este país no aumentan al mismo ritmo.
Y la segunda es que las exportaciones
europeas a Estados Unidos tampoco aumentaron de forma
significativa, entre otras cosas, por los aranceles.
Europa exportó muchos productos farmacéuticos
y oro como medida de anticipación en previsión a mayores
aranceles. Excluyendo eso, las exportaciones europeas a EE.UU.
no crecieron materialmente.
Esa es la doble presión de Europa.
En el automóvil, por ejemplo, las ventas
europeas a China y EE.UU. han caído, y Alemania ya importó más
coches chinos de los que exportó a China.

Jeongmin Seong
P: ¿Y si hablamos
de España?
R: España es un caso interesante porque China fue el
socio comercial de mayor crecimiento para España, tanto en
exportaciones como en importaciones.
Hubo un crecimiento de dos dígitos en las
ventas de España hacia China, por ejemplo en cobre o productos
agrícolas.
España está proporcionando insumos a China
para que esta pueda desempeñar su papel como fábrica del mundo,
y ahora como fábrica de fábricas.
La clase media china está creciendo y demanda
productos mejores y diferentes, y España ha estado exportando
productos como el cerdo para satisfacer esa creciente demanda.
P: Las fábricas
españolas hablan de 'coopetition', la mezcla de competencia y
cooperación con China. ¿Funciona ese modelo?
R: Sí, puedes aprovechar la fortaleza
de China en cualquier cadena de valor, como las renovables.
Puedes invitar inversión extranjera directa
y, a la vez, construir un ecosistema de fabricación doméstica
para, después, añadir más valor.
Por un lado, suministrar y atender la
demanda interna; por otro, usar esa capacidad para atender
la demanda externa.
Ese es el manual que China y los llamados
tigres asiáticos han estado utilizando:
invitar inversión foránea y emplearla
como capital semilla para construir su propio ecosistema
manufacturero.
P: ¿Quién está
ganando la Batalla de la I.A.?
R: La historia de
la I.A. siempre ha sido una
historia de disrupción y de competitividad nacional.
Pero desde la perspectiva del comercio
empezamos a ver su impacto. El año pasado, a pesar de los
aranceles, el comercio creció más rápido que su trayectoria
histórica, y uno de los grandes impulsores fue la I.A..
Contribuyó aproximadamente a un tercio del
crecimiento del comercio global.
En Estados Unidos, de hecho, impulsó dos
tercios del crecimiento comercial, porque construyó el 50% de la
capacidad global de centros de datos.
Muchas economías avanzadas, incluida España, están envejeciendo
muy rápidamente.
El crecimiento de la productividad
probablemente sea el factor más importante de su crecimiento
económico. Nuestra investigación muestra que la I.A. puede
contribuir hasta un 3,4% anual al crecimiento de la
productividad en un escenario alto.
Por lo tanto, la capacidad de desarrollar y
desplegar I.A. será muy, muy crítica para el crecimiento
económico de un país como España.
P: ¿Cree que la
Guerra en Irán puede cambiar la foto del Comercio Mundial, por
ejemplo, redirigiendo la inversión a los sectores más seguros?
R: Sí. Esto ya estaba ocurriendo incluso antes de esta
guerra.
Alrededor del 75% de la inversión extranjera
directa fue a lo que llamamos sectores que moldean el futuro,
frente al 50 o 55% de antes
del Covid.
Básicamente,
datos, infraestructura de I.A. y
manufactura avanzada de semiconductores y baterías.
También a los recursos que alimentan estos
sectores como los minerales críticos.
La reconfiguración geopolítica hacia esos
sectores ya está ocurriendo y, dada la situación geopolítica,
seguramente se acelerará aún más.
P: ¿Son
los Minerales Críticos un
cuello de botella para el crecimiento de aquellos países que no
los poseen?
R: Si miras el comercio global, alrededor del 10%
corresponde a lo que llamamos comercio altamente concentrado, es
decir, productos cuya cadena de suministro depende en más del
90% de solo tres países o menos.
Las tierras raras forman parte de ese 10%,
pero hay muchos otros, como la soja o los equipos de
semiconductore.
En esta nueva era, en la que la resiliencia
importa, muchos países están pensando cómo diversificar su
cadena de suministro más allá de estas áreas altamente
concentradas.
P: ¿Tiene China
margen suficiente para capear el Shock Energético del cierre de
Ormuz?
R: China ha estado usando un enfoque de todo a la vez en
materia de energía.
En la era anterior disfrutábamos de
abundancia energética gracias al fácil acceso a combustibles
fósiles. En la nueva, no solo China sino el mundo entero tiene
que equilibrar prioridades: suministro, asequibilidad y
seguridad energética.
Y ese ha sido el enfoque de China.
Por un lado, los combustibles fósiles siguen
desempeñando un papel muy importante, incluido el carbón, donde
China tiene mucha oferta doméstica.
Al mismo tiempo, Pekín ha liderado la
instalación de renovables. Probablemente dos tercios del
despliegue global de solar y eólica lo concentró China.
Ha redoblado esfuerzos en renovables y es muy
fuerte en toda la cadena de valor, y también lo es en energía
nuclear.
Básicamente, China está utilizando todos los
cilindros de su portafolio energético porque hay una correlación
muy fuerte entre el suministro de energía y el crecimiento
económico.
P: En Términos
Comerciales, ¿qué ventaja tiene España?
R: España puede posicionarse como un socio fiable de
diversificación para el mundo.
No necesita competir en manufactura de muy
bajo coste, sino que puede apuntar a segmentos específicos donde
construir sus fortalezas, por ejemplo, la cadena de valor del
vehículo eléctrico, de las renovables o segmentos específicos de
farmacéutica o equipos industriales.
Y luego están los servicios. El turismo es
enorme, pero puede extraer más valor, ofreciendo un turismo de
mayor valor añadido. Y también está la I.A..
Una ventaja de España es el talento:
tiene talento con un coste competitivo a
nivel global.
P: Si hablamos de
Competitividad, uno de los grandes desafíos de Europa es crear
grandes empresas capaces de Competir Globalmente, pero hay
barreras regulatorias, incluso Políticas...
R: Sí. Creo que, por un lado, ese es un bloqueo que los
policy makers y las grandes instituciones deben
replantearse.
Por otro lado, están todos los mecanismos de
financiación. Las grandes empresas no nacen grandes el primer
día: necesitan empezar siendo pequeñas.
Por eso es clave construir un ecosistema
vibrante de
startups y financiación de
capital riesgo.
Las startups europeas empiezan aquí,
pero luego tienden a irse a Estados Unidos porque allí hay un
mercado más grande y un ecosistema mucho más maduro.
Es fundamental pensar cómo construir ese
ecosistema también en Europa.
Y en particular en España, donde la
proporción de pequeñas y medianas empresas es más alta que en
otras economías europeas.
Por tanto, en España la pregunta crítica es
cómo crear empresas grandes, productivas y competitivas a nivel
global.
Esa es una cuestión aún más importante para
vosotros.